Día 22 — La sorpresa pidió permiso. Europa le enseñó el reglamento.
Reportando desde la cabina oficial de la banqueta, donde la jerarquía también trae guardaespaldas.
España goleó 3–0 a Austria. Portugal venció 2–1 a Croacia. Suiza eliminó 2–0 a Argelia.
Tres partidos. Tres victorias europeas.
Después de ver caer a Alemania y Holanda, Europa regresó peinada, abotonada y con ganas de fingir que nunca había perdido el equilibrio.
Ayer cayó el prestigio. Hoy vino a cobrar.
España no discutió el pronóstico. Lo convirtió en marcador. Austria llegó con posibilidades. España las fue archivando una por una. Tres goles después, la sorpresa seguía esperando afuera, revisando si había llenado correctamente el formulario. España no jugó contra Austria. Jugó contra cualquier posibilidad de explicación.
Luego Portugal. Croacia resistió, compitió y perdió 2–1. En cuanto terminó el partido, comenzaron las palabras de siempre: fin de ciclo, despedida, generación agotada. Croacia perdió por un gol.
Los comentaristas comenzaron a jubilar una época completa. La edad aparece cuando pierde el veterano. Cuando gana, se llama experiencia.
Portugal avanzó. Croacia se fue. Y el futuro volvió a declararse vencedor después de utilizar durante noventa minutos todo lo que había aprendido del pasado.
Finalmente, Suiza derrotó 2–0 a Argelia. Sin escándalo. Sin ceremonia imperial. Sin que el torneo detuviera la música para anunciarlo. Suiza avanzó mientras la cámara buscaba una estrella más famosa. Argelia quedó eliminada. El marcador registró dos goles. No registró el viaje, la gente, las expectativas ni todo lo que desaparece de la transmisión cuando una selección deja de ser contenido disponible.
Así funciona el relato: unas selecciones reciben análisis; otras reciben resultado.
El marcador dijo quién se fue. La narración decidió cuánto importaba.
España impuso. Portugal sobrevivió. Suiza cumplió. Austria, Croacia y Argelia hicieron maletas.
La sorpresa llegó al estadio. Esta vez no encontró asiento.
Reportó El Tamaláctico, desde la cabina oficial de la banqueta.
Europa se tambaleó hace tres días. Hoy goleó, avanzó y pidió que borraran las imágenes.
Se tenía que decir y se tamaleó.
Jorge Hernández. Traductor y profesor universitario. Licenciado en Lingüística Aplicada por la UANL. Recibió la maestría en Estudios Hispánicos por la Universidad de Illinois en Chicago. Desde 1988 radica en Estados Unidos. Autor de la obra de teatro El desdén con el desdén (1993) y de los poemarios Laberinto de errores (1993), Las palabras no se agotan por su nombre (2008) y los perros locos (2016). Fue incluido en las antologías Voces en el viento (1999), En el ojo del viento (2004), Tercer encuentro de poesía joven de la frontera norte (1987) y Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (1997).

