Con los ojos llenos de fútbol: Alemania trajo abolengo. Paraguay trajo puntería

Día 19 — No te oigo, Europa. ¿Traes huaraches?

 

Reportando desde la cabina oficial de la banqueta, donde el prestigio entra con traje y los penales lo mandan a caminar.

Brasil venció 2–1 a Japón. Sufrió, corrigió y siguió. Cuando Brasil gana apretado, se habla de oficio. Cuando Japón pierde por uno, se habla de dignidad. La jerarquía también tiene departamento de redacción.

Brasil sobrevivió. Japón tuvo que conformarse con haber jugado bien, esa medalla invisible que siempre entregan los eliminados.

Después llegó Alemania. Empató 1–1 con Paraguay. Y en los penales, 4–3 para los sudamericanos. Alemania llegó con cuatro estrellas, archivo histórico y suficiente autoridad para llenar tres documentales. Paraguay llegó con cinco disparos desde once metros.

La historia pesaba más. La pelota no pidió la báscula.

Alemania trajo abolengo. Paraguay trajo puntería. Durante 120 minutos fueron iguales. Después, una tanda reorganizó la jerarquía mundial sin pedir permiso al museo. Mañana hablarán de crisis, reconstrucción, identidad perdida y fin de ciclo. Hoy bastó un penal fallado. Primero fue el disparo. Después llegó la filosofía nacional.

Y cuando Europa todavía estaba explicando a Alemania, apareció Holanda. Empató 1–1 con Marruecos. Penales: 3–2 para los africanos. La Naranja Mecánica llegó hasta la tanda. Ahí se le acabó la garantía.

Holanda tuvo posesión, tradición y una escuela futbolística con nombre propio. Marruecos tuvo tres penales que entraron.

La teoría ocupó la cancha. La puntería ocupó la siguiente ronda.

Dos potencias europeas se fueron el mismo día. Paraguay y Marruecos avanzaron. Entonces comenzaron las palabras de emergencia: sorpresa, batacazo, hazaña, accidente. Como si ganarles a ciertas selecciones todavía necesitara una nota aclaratoria. Cuando gana Europa, confirma. Cuando pierde, sorprende. El rival parece competir también contra el diccionario.

No te oigo, Europa. ¿Traes huaraches?

Porque hoy el camino siguió para Paraguay y Marruecos. Alemania y Holanda trajeron historia. La historia no convirtió sus penales.

El prestigio llegó en botines. El presente salió caminando en huaraches. Y tampoco conviene inventar que todo estaba escrito.

Paraguay no ganó porque representara una esencia más valiente. Marruecos no avanzó porque el destino hubiera firmado una revancha continental. Ganaron porque acertaron más veces desde el punto penal. Eso basta.

La épica llegará después a ponerle música, bandera y cámara lenta. El penal decidió quién seguía. La épica ya estaba redactando por qué tenía que ocurrir.

Europa no perdió su historia. Perdió dos tandas.

Paraguay y Marruecos no pidieron permiso para entrar en el relato. Tiraron mejor.

Reportó El Tamaláctico, desde la cabina oficial de la banqueta.

Primero fue el disparo. Después, la explicación. El gol marca el partido. La épica corrige el acta.

Se tenía que decir y se tamaleó.

 

 


Jorge Hernández. Traductor y profesor universitario. Licenciado en Lingüística Aplicada por la UANL. Recibió la maestría en Estudios Hispánicos por la Universidad de Illinois en Chicago. Desde 1988 radica en Estados Unidos. Autor de la obra de teatro El desdén con el desdén (1993) y de los poemarios Laberinto de errores (1993), Las palabras no se agotan por su nombre (2008) y los perros locos (2016). Fue incluido en las antologías Voces en el viento (1999), En el ojo del viento (2004), Tercer encuentro de poesía joven de la frontera norte (1987) y Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (1997).