Bad Bunny en el Super Bowl o de la alegría como acto político

El significado del show de Bad Bunny en el half-time del Super Bowl no va de si te gusta o no su música, de si te gusta o no el reguetón. Frente al amenazante contexto que nos atraviesa a todos los migrantes latinoamericanos (en diversas intensidades, seamos documentados o no), este espectáculo ha ofrecido una respuesta inteligente y valiente. Frente al terror y la violencia de un régimen que ensombrece nuestra cotidianidad con una carga brutal de ansiedad y miedo, ha salido Bad Bunny a cantar completamente en español en el principal evento de la televisión estadounidense. Han sido trece minutos de un recorrido por los diversos trabajos de la comunidad latina en los Estados Unidos, por los recuerdos de las explotaciones a las que ha sometido históricamente el colonialismo a Puerto Rico y toda América Latina, por los apagones que aún afectan a la isla y, en un movimiento vertiginoso, nos ha llevado a una fiesta de matrimonio. 

Lo que no nos imaginábamos: hemos visto cantar y bailar salsa a Lady Gaga. Una de las mayores artistas pop contemporáneas adapta una de sus canciones al ritmo latinoamericano. La salsa irrumpe en el cuerpo del inglés. Lo interviene. Lo hace bailar.

Este show ha sido una explosión de alegría que lejos de ser puro entretenimiento, puede leerse como una forma de intervención política. Bailar en un contexto de terror,  se vuelve un acto político. No es un gesto superficial, es una manera de dar la cara frente a la represión y esos discursos del miedo que buscan dejarnos paralizados. Pensar esta alegría como un modo de hacer política, nos hace evaluar cómo se mueven los afectos y cómo estos pueden convertirse en resistencia y una forma de quebrar esa parálisis provocada por un sistema que busca aturdirnos y aislarnos. Frente a lo tanático que envuelven los discursos autoritarios, se ofrece una danza de vida plena de ritmo, alegría y goce. 

Cerca de la celebración por los 250 años de su fundación, esta tarde de domingo se manifestó una disputa por lo que entendemos por esta AMÉRICA. “God Bless America”, dijo Benito Ocasio al final de su presentación, y expandió el sentido de la frase, desestabilizó la América-USA al enumerar todos los países de América Latina, desde el sur hasta Canadá. Una América que baila y no se deja amedrentar. Seguimos aquí.

 


Claudia Salazar Jiménez. Escritora, profesora universitaria y gestora cultural peruana. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y es Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Nueva York (NYU). Profesora de literatura y escritura creativa en la Universidad Politécnica del Estado de California. Ha editado antologías como Voces para Lilith, Escribir en Nueva York y Pachakuti feminista. Su primera novela, La sangre de la aurora fue galardonada en 2014 con el premio «Las Américas» de Narrativa Hispanoamericana. También publicó la colección de cuentos Coordenadas temporales, así como la novela histórica juvenil 1814. Año de la independencia. Recientemente ha publicado Migrar y otras artes. Escritos fuera de lugar, un texto híbrido sobre su experiencia migratoria. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués, polaco, árabe, alemán, italiano y noruego. Actualmente, trabaja y vive entre Los Ángeles y la ciudad de Nueva York.