Bad Bunny: lo marginal en el centro

La primera vez que escuché la palabra “bad bunny” me imaginé, justificadamente, un conejo satánico. Luego supe que era un reguetonero cuando escuché a una sobrina cantar “si tu novia no te [what?] el [WTF?]”. Cuando mis oídos ochenteros se recuperaron de ese asalto, con menos ganas lo busqué… hasta el día que ví el sketch en SNL con Pedro Pascal (Claudia) y Marcelo Hernández (Luis), donde Benito encarna a la hermana de Claudia (mamá de Luis). Tanto Claudia como su hermana no están contentas con la white girlfriend que Luis ha traído a casa. Un sketch brillante, donde toda la conversación entre las hermanas es en español, pero las últimas dos palabras de cada oración son en inglés. Nepo baby. Bisexual barista. Flat butt. Booty call. Sneaky link. Bad Bunny me pareció tan simpático que comencé a ponerle atención. Después de todo, SNL siempre ha tenido el dedo en el pulso de la música popular.

De repente, Bad Bunny estaba hasta en la sopa. Aunque me he abierto más a su música, por mucho que quiera darle al perreo, yo soy más de la onda de Juanga, Flans, Emmanuel y Mijares (I <3 80s!). Pero lo que Benito Antonio Martínez Ocasio hizo en los Grammy’s no solo fue histórico, fue hermoso y valiente. Tras meses de ataques de la derecha por ser el artista seleccionado para animar el medio tiempo del Super Bowl; tras advertirle a los críticos que tenían cuatro meses para aprender español; tras amenazar que saldría luciendo un vestido (cosa que para mi está chida, pero para los MAGA es peor que hacerse de la vista gorda con una red de pedófilos); con elegancia y humildad aceptó el Grammy al mejor álbum utilizando las palabras de Cristo. PERIOD.

Cinco días más tarde, Bad Bunny, vestido de blanco como el profeta, salió a dar un masterclass en cómo contar una historia destacando las contribuciones de un pueblo, de un país y de un continente. Entre el laberinto de cañas de azúcar, Pedro Pascal bailando en la casita, la boda, el Grammy que le dio al niño que no era Liam Cornejo, Ricky Martín, Lady Gaga y un desfile de banderas, Bad Bunny sacó la latinidad de los márgenes y la puso en el centro. Al final, no era necesario hablar inglés (yo no entendí la mitad de lo que cantó). No se puso un vestido. Aprovechó el momento para armar una fiesta, demostrando que los latinos somos americanos y que este espacio que ocupamos también es nuestro.

 


Carolina A. Herrera (Monterrey, Mexico) ha escrito dos novelas. #Mujer que piensa y Flor de un árbol raro (El BeiSMan Press, 2016 y 2021). Su obra de teatro “Sacrificios” fue ganadora del festival “Inicios” auspiciado por CLATA. Sus cuentos y ensayos han aparecido en una decena de antologías de escritores en Estados Unidos. Es coorganizadora de la Feria del Libro de Chicago y Directora de El Beisman punto com.