Día 23 — La pelota jugó. El cliché pidió micrófono.
Reportando desde la cabina oficial de la banqueta, donde todavía se puede decir “hoy” sin convertirlo en el día de hoy.
Australia y Egipto empataron 1–1. Después llegaron los penales. Egipto ganó 4–2 y avanzó.
En el campo, dos selecciones buscaban seguir vivas. En la cabina, ambas intentaban trascender de cara a la siguiente instancia.
Egipto avanzó. El idioma necesitó tiempo extra.
Australia no intentaba empatar. Buscaba remontar el marcador adverso. Porque decir “empatar” ocupa poco espacio y todavía deja tiempo para describir el partido.
La narración prefirió utilizar ese espacio.
Después, Argentina venció 3–2 a Cabo Verde. La favorita sufrió.
Cabo Verde compitió. Y el narrador informó que había demasiada intensidad dentro del terreno de juego.
No mucha intensidad. Demasiada.
Y no simplemente en el campo. Dentro del terreno de juego.
Gran desempeño dentro del terreno de juego. Afuera, todavía no tenemos reporte.
Argentina no atacó. Se proyectó de cara al marco rival. Cabo Verde no estuvo cerca de empatar. Estuvo cerca de hacer historia y trascender.
¿Trascender qué? No se aclaró. Pero la palabra llegó con saco, corbata y voz grave.
Argentina ganó por un gol. La transmisión ganó por acumulación de solemnidad.
Finalmente, Colombia venció 1–0 a Ghana. Un partido cerrado. Un gol. Un boleto. Y suficientes frases para llenar dos conferencias.
Colombia no defendió una ventaja. Supo gestionar los tiempos del encuentro.
Ghana no buscó el empate. Intentó generar situaciones de peligro de cara a la portería contraria. La portería propia, por fortuna, nunca fue una opción.
Colombia controló el partido. Los comentaristas controlaron menos la oración.
El jugador no hizo un buen partido. Tuvo un gran desempeño dentro del terreno de juego.
El equipo no ganó hoy. Consiguió la victoria el día de hoy.
Y el analista, satisfecho, declaró: “Soy de los que pienso…”
La concordancia fue eliminada antes que Ghana.
Después apareció la palabra ceremonial: trascender.
Todos querían trascender. Egipto, Argentina, Colombia. También Australia, Cabo Verde y Ghana.
Nadie explicó si trascender significaba avanzar, ganar, destacar, emocionar o conseguir contrato europeo.
Pero sonaba importante. Y eso, en televisión, también cuenta como estadística.
Cuando faltó precisión, sobró análisis. Cuando faltó una palabra sencilla, apareció “trascender”.
Egipto avanzó por penales. Argentina sobrevivió. Colombia ganó por la mínima. Tres partidos tensos. Tres equipos clasificados.
Y una jornada completa narrada como si cada saque de banda fuera una cumbre diplomática.
Reportó El Tamaláctico, desde la cabina oficial de la banqueta.
La pelota cruzó líneas. Los jugadores superaron rivales. El micrófono siguió perdido dentro de la oración.
Se tenía que decir y se tamaleó.
Jorge Hernández. Traductor y profesor universitario. Licenciado en Lingüística Aplicada por la UANL. Recibió la maestría en Estudios Hispánicos por la Universidad de Illinois en Chicago. Desde 1988 radica en Estados Unidos. Autor de la obra de teatro El desdén con el desdén (1993) y de los poemarios Laberinto de errores (1993), Las palabras no se agotan por su nombre (2008) y los perros locos (2016). Fue incluido en las antologías Voces en el viento (1999), En el ojo del viento (2004), Tercer encuentro de poesía joven de la frontera norte (1987) y Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (1997).

