{"id":2348,"date":"2025-09-16T19:25:12","date_gmt":"2025-09-16T19:25:12","guid":{"rendered":"https:\/\/www.elbeisman.com\/v2\/?p=2348"},"modified":"2025-09-16T19:25:12","modified_gmt":"2025-09-16T19:25:12","slug":"el-blues-de-la-linea-roja-de-julio-rangel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elbeisman.com\/v2\/2025\/09\/16\/el-blues-de-la-linea-roja-de-julio-rangel\/","title":{"rendered":"El blues de la l\u00ednea roja de Julio Rangel"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>El Blues de la l\u00ednea roja,<\/strong><\/em> de Julio Rangel<br \/>\nEditorial Residuos, 203 p\u00e1ginas. ISBN 979-8-218-58893-9<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La reciente publicaci\u00f3n de Julio Rangel, <em>El blues de la l\u00ednea roja<\/em>, le da seguimiento a la que quiz\u00e1 es la menos conocida creaci\u00f3n literaria en Chicago en espa\u00f1ol, el ensayo o la cr\u00f3nica. Las entradas que conforman esta obra combina la reflexi\u00f3n personal con referencias, alusiones y citas a las artes y al pensamiento filos\u00f3fico, la sociolog\u00eda y la psicolog\u00eda, la cultura popular, con \u00e9nfasis en el comentario social y observaciones sobre ciertas situaciones y condiciones de vida en la Ciudad de los Vientos.<\/p>\n<p>Tan solo en las primeras entradas de este <em>ride<\/em> por la \u201cl\u00ednea roja\u201d, es evidente que Julio Rangel nos revela que su tr\u00e1nsito urbano es un intento por darle sentido a toda una gama de instancias de vida, manifestando su propio <em>estar<\/em> en un incesante viaje en el que pareciera que <em>la vida est\u00e1 en otra parte, <\/em>frase de la novela de Kundera que ocupo para aludir a la casi desesperada b\u00fasqueda de sentido en una vida sin sentido.<\/p>\n<p>Quiero explayar sobre el comentario anterior para explicar el adjetivo \u201cdesesperada\u201d que utilic\u00e9. En <em>Walden<\/em>, el formidable ensayo esencial del trascendentalismo estadounidense, como frase cabal de lo que es contrario a lo trascendental, Thoreau nos recuerda que \u201cLa mayor\u00eda de los hombres lleva vidas de silenciosa desesperaci\u00f3n\u201d. Es necesario comprender que lo conocido como normalidad, s\u00f3lo se refiere, superficialmente a lo que es simplemente la norma. Pero individuos pensantes y sintientes como Julio Rangel, no son\u00a0 \u201cnormales\u201d en ese sentido, sino personas que no se empecinan en las dolencias y carencias f\u00edsicas o materiales personales, sino que se dedican a describir y expresar su visi\u00f3n de mundo sobre cuestiones vivenciales, literarias, art\u00edsticas y espirituales: aquellas instancias que les recuerdan que son seres transitorios, no s\u00f3lo f\u00edsica pero tambi\u00e9n existencialmente.<\/p>\n<p>Este tr\u00e1nsito intelectual de Rangel incluye una interesant\u00edsima entrada sobre <em>Walden <\/em>(la que bien pudo haber sido la primera, a modo de bienvenida hist\u00f3rica) en la que muy oportunamente se describe el impacto que tuvo el ferrocarril en la vida de los citadinos del siglo XIX:<\/p>\n<p><em>Hay en Walden un pasaje famoso, las p\u00e1ginas en que Thoreau relata la diaria maravilla de ver pasar el tren. El ferrocarril se adentra en el paisaje como una intrusi\u00f3n ac\u00fastica y visual de dimensiones \u00e9picas. Con casi un terror sagrado, Thoreau alude a una bestia mitol\u00f3gica, un \u201ccaballo de hierro\u201d que por las colinas hace resonar el eco de su resoplido como el trueno, \u201chaciendo sacudir la tierra\u201d y exhalando fuego y humo por sus orificios nasales.<\/em><\/p>\n<p>Debo agregar que a partir de esta referencia hasta casi el final, todas las entradas se refieren a lo que bien puedo llamar \u201cla abolici\u00f3n del tiempo y el espacio\u201d: tema central de lo que supongo es un ensayo extenso que el autor dividi\u00f3 en segmentos, y los que aluden y citan varias obras de conocidos autores, describiendo el impactante efecto que tuvo la incorporaci\u00f3n del reloj en la vida cotidiana, la Revoluci\u00f3n Industrial, el tren y el autom\u00f3vil (cuando \u201cel silbato de la f\u00e1brica es quien ahora marca el \u00e1ngelus\u201d).<\/p>\n<p>Es notable c\u00f3mo Rangel persiste en la met\u00e1fora extendida del tr\u00e1nsito en tren y el pasaje de las etapas tanto hist\u00f3ricas como vivencias individuales, como si fueran rodajes de cine vistas a trav\u00e9s de la ventanilla. La conclusi\u00f3n inevitable es que la concepci\u00f3n del tiempo, el espacio y nuestra existencia en s\u00ed est\u00e1 determinada por fuerzas motrices ajenas, porque seguimos viviendo en un mundo ancho y ajeno.<\/p>\n<p>Siendo m\u00e1s puntual en esta aproximaci\u00f3n de la obra y a la semblanza personal, es evidente que el autor es tambi\u00e9n otro sujeto-objeto de su propio tr\u00e1nsito. Admiro la tenaz capacidad de ponderar entre las estaciones de un tren que, de hecho, nos transporta de casa al trabajo, del trabajo a casa, especialmente durante aquellos primeros <em>jales<\/em> de migrantes en condiciones tan inciertas y por debajo del potencial que se tiene. Rangel define la experiencia de esta manera:<\/p>\n<p><em>El callej\u00f3n sin salida de la rutina atenaza al trabajador como una intuici\u00f3n para la que no siempre tiene palabras. A menudo es esta la melancol\u00eda del trabajador citadino: se sabe el h\u00e1mster en la rueda, sin agencia para romper el ciclo mani\u00e1tico. Esta noci\u00f3n implica una oscura fuerza externa, el cient\u00edfico que observa los trabajos del roedor en el laberinto.<\/em><\/p>\n<p>Las entradas de este viaje interior tambi\u00e9n comprenden aspectos personales, que definen c\u00f3mo hemos tambi\u00e9n recorrido las mismas estaciones otros escritores latinoamericanos radicados en Chicago. Entre l\u00edneas podemos ver c\u00f3mo la intuici\u00f3n y el conocimiento se vuelve una lucha para mantenerse a flote, para no hundirse uno en la zozobra social, para no terminar siendo derrelictos humanos, como tantos indigentes que pernoctan en los vagones del Elevado que intermitentemente baja al subterr\u00e1neo. \u00bfAcaso no son \u00e9stas otras \u201cnotas del subsuelo\u201d de aquel existencialista que se nos adelant\u00f3 a viajar en su propio t\u00fanel?:<\/p>\n<p><em>Cuando el tren deja la claridad del espacio abierto y se sumerge en la oscuridad de la tierra, un fantasmag\u00f3rico mundo de reflejos aparece en las ventanillas; a manera de pantalla, sobre el fondo negro del t\u00fanel, la luminosidad fluorescente de los vagones proyecta en los cristales una mir\u00edada de rostros cuyo rango va de la expresi\u00f3n inquieta a la m\u00e1s indolente neutralidad, pasajeros ce\u00f1udos concentrados en la lectura, el destello de quien ha le\u00eddo algo muy gracioso en su tel\u00e9fono y a veces estalla en la carcajada, la expresi\u00f3n fatigada de quien trabaja los largos turnos que la vida laboral impone. <\/em><\/p>\n<p>Lo notable en Rangel es que en ning\u00fan momento expresa su propio adolecer, la soledad, la desesperanza que alguna vez sufri\u00f3: templanza, recato, simpleza y sosiego, conllevan este trasbordo. A veces noto cierto desapego de la realidad descrita, de pronto hasta una rendici\u00f3n a ya por fin formar parte de la hipertrofia, sin caer, por supuesto, sin convertirse en un urbanoide aut\u00f3mata. Veo que m\u00e1s bien se entrega a vivir sin otros apetitos, m\u00e1s los que le han sustentado desde su ni\u00f1ez y juventud. Reconozco al hombre aparentemente estoico ponderando con su mirada fija a trav\u00e9s de la ventanilla de un vag\u00f3n de la \u201cl\u00ednea roja\u201d, analizando su presente tanto como transport\u00e1ndose a su pasado.<\/p>\n<p>Quienes tenemos experiencias y vivencias similares en esta ciudad, conocemos muy bien el \u201cblues\u201d y sus desoladores acordes, sus gemidos y voces declives: la aflicci\u00f3n como energ\u00eda productiva y creativa, para no caer en la indigencia o llevar una vida indigna. A saber cu\u00e1ntos de nosotros tambi\u00e9n alguna vez dormimos en uno de los vagones del tren. A saber cu\u00e1ntos nos perdimos y en vez de llegar a casa fuimos a dar al umbral de un <em>ghetto<\/em> o a nuestro Mictl\u00e1n interior, o a una escena m\u00edtica en busca de nuestra \u00cdtaca, nuestro para\u00edso perdido. En entradas varias, Rangel, nos lleva a su pueblo natal y nos relata sus experiencias:<\/p>\n<p><em>Para el ni\u00f1o que fui, viajando en autobuses destartalados que iban de un poblado a otro, con campesinos que sub\u00edan y bajaban a lo largo de la carretera, alguna gallina viva asomando la cabeza de un morral de ixtle y ocasionales cajas de cart\u00f3n atadas con mecate por todo equipaje, el mundo que aparec\u00eda tras la ventanilla era un r\u00edtmico eslabonamiento de lo familiar y lo impredecible. As\u00ed me recuerdo en aquellos desplazamientos primeros por la monta\u00f1osa geograf\u00eda huasteca: de pueblo en pueblo por carreteras que serpentean en cerradas curvas, entre neblinas que ocultan precipicios.<\/em><\/p>\n<p>Es esencial mencionar que este <em>tour<\/em> migrante aborda y analiza \u2014adem\u00e1s de obras de cine, artes pl\u00e1sticas, ensayos sociol\u00f3gicos y literarios\u2014, temas cruciales, como las condiciones sociales de los <em>homeless<\/em> (los sinhogar), la labor de los activistas latinos estadounidenses y latinoamericanos que han luchado por una vida digna, y especialmente las condiciones de vida de los trabajadores migrantes: todo esto en una met\u00e1fora extendida en la que los personajes mencionados transitan en trenes y buses por la ciudad de Chicago y toda el \u00e1rea metropolitana.<\/p>\n<p>Julio Rangel ha sido uno de los m\u00e1s asiduos columnistas que se han dedicado al periodismo cultural en varias revistas culturales escritas en espa\u00f1ol en la ciudad de Chicago. Fue uno de los fundadores de la revista Contratiempo, la de m\u00e1s longevidad, y hasta la fecha es uno de los m\u00e1s importantes colaboradores.<\/p>\n<p>En cuanto a los aspectos formales y las observaciones en su cuaderno de viaje, concuerdo con la opini\u00f3n del escritor peruano Marco Escalante (otro excelente ensayista residente en Chicago), quien en el pr\u00f3logo aduce certeramente que las entradas \u201clas estaciones\u201d son marginalia, apuntes en cuadernos, memorias escarbadas.<\/p>\n<p>Estas observaciones son de incisiva intuici\u00f3n anal\u00edtica de nuestra traves\u00eda en una ciudad que ha sufrido mutaciones sociales y demogr\u00e1ficas forzadas, gentrificaci\u00f3n, desalojos y deportaciones. Varias entradas se dedican a sus entrevistas con activistas sindicales latinos, pero tambi\u00e9n realiza referencias hist\u00f3ricas a las condiciones laborales en la ciudad de los <em>big shoulders<\/em> que alguna vez describi\u00f3 Carl Sandburg:<\/p>\n<p><em>La ciudad era entonces un semillero de activismo socialista y anarquista que ve\u00eda en Chicago un terreno promisorio de utop\u00edas. Primero habitado por alemanes e irlandeses, posteriormente por checos, eslovacos, lituanos, hoy son mayormente mexicanos quienes pueblan el barrio. <\/em><\/p>\n<p>Me parece significativo que la primera publicaci\u00f3n en forma de libro de Rangel, sea una especie de bit\u00e1cora. Y creo que no es fortuito. Los inmigrantes escritores de varias partes del mundo, generalmente dan inicio a su quehacer con memorias de experiencias personales. Lo que en ingl\u00e9s se conoce como \u201cliteratura \u00e9tnica\u201d est\u00e1 habitada hasta la plenitud de cuadernos de viaje y diarios escritos con fines literarios o simplemente autobiogr\u00e1ficos: llegada y adaptaci\u00f3n, para luego culminar con la reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Las observaciones y reflexiones sobre la vida citadina y las artes forman parte de este tr\u00e1nsito que se estructura no en cap\u00edtulos, sino en entradas se\u00f1aladas con simples asteriscos; algo que me parece muy af\u00edn y representativo de la met\u00e1fora del viaje en tren y sus diferentes estaciones.<\/p>\n<p><em>El blues en la l\u00ednea roja<\/em> de Julio Rangel no tiene destinaci\u00f3n o conclusi\u00f3n alguna, porque bien sabemos que cuando nuestro viajero llegue a la \u00faltima estaci\u00f3n de la l\u00ednea, <em>el agente<\/em> lo va a despertar de su periplo virtual, para que evac\u00fae el tren; y nuestro persistente cronista, muy rampante, saldr\u00e1 del vag\u00f3n, subir\u00e1 las escaleras al puente y pasar\u00e1 al lado opuesto de la plataforma, para abordar el otro tren que va de regreso, y viajar\u00e1 de vuelta, a la faena de transportarse y seguir viviendo y cont\u00e1ndonos su visi\u00f3n de mundo con m\u00fasica de <em>blues<\/em> de fondo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Le\u00f3n Leiva Gallardo <\/strong>(Amapala, Honduras, 1962) Narrador y poeta. Autor de las novelas <em>Guadalajara de noche<\/em>, <em>La casa del cementerio<\/em> y <em>Profesor de humanidades. <\/em>De su obra po\u00e9tica figuran <em>Breviario<\/em>, <em>Tr\u00edptico: tres lustros de poes\u00eda<\/em> y <em>La \u00faltima estaci\u00f3n <\/em>(2023). Leiva Gallardo radica en Chicago donde tambi\u00e9n se ha destacado como ensayista de temas literarios, arte y \u00f3pera, colaborando en las principales revistas culturales en espa\u00f1ol de la ciudad: <em>Contratiempo<\/em> y <em>El BeiSmAn.<\/em> Su obra tambi\u00e9n se ha publicado en revistas internacionales como <em>Plenamar<\/em> (Rep. Dominicana), <em>El escarabajo<\/em> (El Salvador) y Revista Car\u00e1tula (Nicaragua).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Blues de la l\u00ednea roja, de Julio Rangel Editorial Residuos, 203 p\u00e1ginas. 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