{"id":1743,"date":"2021-04-21T21:19:59","date_gmt":"2021-04-21T16:00:00","guid":{"rendered":""},"modified":"-0001-11-30T00:00:00","modified_gmt":"-0001-11-30T00:00:00","slug":"pacto-de-honor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.elbeisman.com\/v2\/2021\/04\/21\/pacto-de-honor\/","title":{"rendered":"Pacto de honor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align:start\">&nbsp;<\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Entraron caminando despacio con sus cuerpos encogidos por el tiempo, su piel arrugada y reseca y sus cabellos albos. &Eacute;l llevaba un pantal&oacute;n de mezclilla desgastado y demasiado grande para su cuerpo enflaquecido. Ella, de estatura m&aacute;s peque&ntilde;a, pose&iacute;a unos lindos ojos pispiretos y una sonrisa que trasluc&iacute;a una bondad contagiosa. Llevaba dos trenzas cruzadas formando una corona en la parte superior de su cabeza y sobre su falda, un mandil plagado de manchas que ni el agua y el jab&oacute;n quitar&aacute;n nunca. Sus pasos eran peque&ntilde;os y cuidadosos. &Eacute;l la llevaba tomada del brazo para sostenerla y ella le explicaba en voz alta cuanto ocurr&iacute;a en el trayecto. Los ojos de ella hab&iacute;an perdido claridad y nitidez mientras que los o&iacute;dos de &eacute;l escuchaban solo murmullos lejanos. Dos cuerpos en un solo cometido. &Eacute;l sus ojos, ella sus o&iacute;dos.<\/span><em>Sobreviviremos juntos, siempre juntos, a pesar de todo.&nbsp;<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Parec&iacute;an decirle al mundo.<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Iban a inscribirse para obtener una beca para personas mayores. Mil trescientos cincuenta pesos mensuales para cada uno: una fortuna a su buen decir. Me avisaron que saliera a conocerlos y hablar con ellos. Igual que a mis compa&ntilde;eras, me hechizaron las expresiones de su cara, las palabras suaves y agradecidas y, en especial, sus manos entrelazadas. Quedamos en mandar a las trabajadoras sociales para hacer el estudio socioecon&oacute;mico en su domicilio que, en realidad, no hac&iacute;a falta: la pobreza y el abandono eran manifiestos, pero est&aacute;bamos obligadas a hacerlo.&nbsp;&nbsp;<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Al d&iacute;a siguiente asistieron las j&oacute;venes de trabajo social. Al poco rato regresaron con el estudio terminado y varias fotograf&iacute;as. La casa era un peque&ntilde;o espacio que ten&iacute;a un cuarto con un peque&ntilde;o ba&ntilde;o que no funcionaba y ellos usaban de bodega para guardar chucher&iacute;as y vejestorios. Se ba&ntilde;aban, de vez en cuando, con un trapo y una palangana usando el agua del fregadero de la cocina. En un balde acumulaban excrementos y orines que diario sacaban a la alcantarilla o enterraban bajo tierra en el traspatio de la casa. La cocina era min&uacute;scula y ten&iacute;a lo m&iacute;nimo indispensable: una estufa, un peque&ntilde;o y viejo refrigerador y un trastero con algunos enseres.&nbsp;<\/span><em>F&iacute;jese en la foto del techo del interior de la casa,&nbsp;<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">me dijo una de ellas interrumpiendo mi lectura del estudio. Al principio pens&eacute; que eran manchas de alg&uacute;n tipo de moho negro que pon&iacute;an en peligro la salud de los mayores<\/span><em>. &iexcl;No son hongos, son nidos de viudas negras<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">! me explic&oacute; ella a&uacute;n impresionada. No puede ser, contest&eacute; asustada. De inmediato amplifiqu&eacute; la foto en el tel&eacute;fono digital. Ah&iacute; estaban, ape&ntilde;uscadas, vivarachas, alegremente acomodadas en las esquinas y avanzando cada vez m&aacute;s hacia el centro de ese territorio tan extenso como invitador.<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Me horroric&eacute;. Pregunt&eacute; qu&eacute; pod&iacute;amos hacer. Suger&iacute; fumigar la casa y que se fueran unos d&iacute;as a un asilo mientras se hac&iacute;a la limpieza pertinente y se arreglaban el escusado y la regadera. Ellas lo hab&iacute;an pensado primero y lo hab&iacute;an propuesto, pero la pareja se neg&oacute;. Nada mas aceptar&iacute;an ayuda con el arreglo del ba&ntilde;o.&nbsp;<\/span><em>Nosotros tenemos un pacto con ellas, g&uuml;erita, no las tocamos y ellas no nos molestan. De vez en cuando bajan, pero nunca nos han picado. Si las fumigamos entonces s&iacute; se van a enojar y no queremos eso. Ellas tambi&eacute;n son animalitos del Se&ntilde;or,&nbsp;<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">respondieron.<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Dos semanas despu&eacute;s, cumplidos los requisitos y hechos los tr&aacute;mites pertinentes obtuvieron la pensi&oacute;n. Cuando les lleg&oacute; el primer pago, volvieron a la oficina. Todos nos alegramos de verlos. Entraron, como la primera vez, tomados del brazo y con la lentitud de quien lleva caminando una pertinaz vida de trabajo. De nuevo, ella repiti&eacute;ndole cerca del o&iacute;do lo que escuchaba y &eacute;l sosteni&eacute;ndola del brazo para que sus pasos fueran en la direcci&oacute;n correcta.&nbsp;<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><em>Venimos a darles las gracias. Este dinero ser&aacute; de mucha ayuda; nuestros hijos no tendr&aacute;n que mandar tanto.&nbsp;<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Con la aprehensi&oacute;n que me caracteriza<\/span><em>&nbsp;<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">volv&iacute; a preguntar si estaban seguros de no requerir la fumigaci&oacute;n, incr&eacute;dula de su pacto con aquellos ar&aacute;cnidos aposentados en su techo e incapaz de entender esa domesticaci&oacute;n mutua.&nbsp;<\/span><em>No es necesario, do&ntilde;ita, nos llevamos bien con ellas, de verdad. Y si alg&uacute;n d&iacute;a nos pican, pos ya&acute;star&iacute;a de Dios. Ojal&aacute; nos muerdan a los dos.&nbsp;<\/em><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">Se despidieron sonrientes con palabras colmadas de gratitud, sin darse cuenta de todo lo que les qued&aacute;bamos a deber.<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>\r\n\r\n<p style=\"text-align:start\"><span style=\"font-size:medium\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\"><span style=\"color:black\"><span style=\"font-family:Calibri,sans-serif\">En cada paso que daban con esos cuerpos viejo que resguardaban a unas almas j&oacute;venes, me llegaba una oleada de sensaciones a las que no pod&iacute;a darles nombre, como si hubiera descubierto una dimensi&oacute;n distinta en la naturaleza o hubiera presenciado un milagro.<\/span><\/span><\/span><\/span><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entraron caminando despacio con sus cuerpos encogidos por el tiempo, su piel arrugada y reseca y sus cabellos albos. \u00c3\u2030l llevaba un pantal\u00c3\u00b3n de mezclilla desgastado y demasiado grande para su cuerpo enflaquecido. 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