Con los ojos llenos de fútbol: los que le apostaron a Francia también salieron dormidos

Día 34 — La notaría abrió temprano y el Coco pidió palco

 

Francia salió dormida. España no. España salió con acta, sello, folder beige y esa paciencia de quien no viene a jugar un partido: viene a cerrar un trámite.

La aduana francesa, que contra Marruecos había puesto cara de frontera, hoy dejó la caseta sola.  España pasó caminando.

Primero con Oyarzabal desde el punto penal. Después con Pedro Porro, que puso el segundo sello en el expediente.

Francia quería final. España quería control. Y cuando España quiere control, la pelota deja de ser pelota y se convierte en documento notariado. Pase. Firma. Sello. Gol. Otro pase. Otra firma. Gol. Francia miraba. España archivaba.

Los que le apostaron a Francia también salieron dormidos. Dormidos de ranking. Dormidos de Mbappé. Dormidos con esa idea tan cómoda de que el favorito siempre despierta. Pero no despertó.

Mbappé corrió, pero no incendió. Dembélé buscó, pero no rompió. Olise apareció por ratos, pero el partido ya iba en ventanilla tres.

Y España hizo lo más cruel que se le puede hacer a un favorito: no escandalizarlo. Administrarlo. Cuando te golean, puedes decir accidente. Cuando te controlan, tienes que admitir que alguien leyó mejor el manual.

Francia llegó con credencial de favorito. España le pidió identificación, comprobante de domicilio y dos goles de garantía. La semifinal olía a choque continental. Terminó oliendo a oficina pública. Y mientras Francia buscaba café, España ya estaba en la final.

Ahí es donde el Mundial cambió de género. Pasó de trámite europeo a tráiler global. Porque apenas España cerró la notaría, la cámara empezó a buscar otra cosa. Messi. Infantino. El VAR. La última escena. La estampita.

Todavía no se juega Inglaterra contra Argentina, pero el Mundial ya huele a producción ejecutiva. No digo que FIFA esté preparando una final para Messi. Digo que el tráiler ya viene editado. España ya puso la notaría. Ahora falta saber si del otro lado llega el grey flannel inglés o la estampita argentina.

Inglaterra aparece con Bellingham, ese muchacho que no entra al área: presenta solicitud formal de gol. Kane llega como quien viene a cobrar una deuda antigua. El equipo entero parece diseñado por una sastrería que aprendió presión alta.

Argentina llega con Messi. Que ya no necesita correr todo el partido. A estas alturas Messi juega con gravedad: la pelota lo busca, la cámara lo busca y el meme lo encuentra aunque esté parado tomando aire. Ese es el poder. No pedir la escena. Hacer que la escena se arrodille. Y por eso la sospecha llega antes que el silbatazo.

Porque FIFA ha trabajado demasiado para que hasta la justicia parezca patrocinada. No hace falta gritar conspiración. Basta mirar el decorado. Semifinal. Último baile. Audiencia global. Infantino sonriendo como gerente que ya vio el comercial. VAR calentando con incienso, audífono y cara de protocolo.

La Mano del Coco fue mito. La Mano de Me$$i sería producción ejecutiva.  Aquella mano venía del chamoco. Ahora podría venir del VAR, con patrocinador, cámara lenta y música de despedida. Una pelota que pega en quién sabe dónde. Una pausa larga. Tres repeticiones. Un comentarista diciendo “hay chequeo completo”. Y alguien en la cabina, con voz de museo: “Estamos presenciando la historia.”

No sabemos si habrá milagro. Pero FIFA ya parece tener lista la estampita.

Francia se durmió. España abrió temprano. Inglaterra plancha el traje. Argentina prende la veladora.

Y el chamoco, muy profesional, ya pidió palco.

Reportó El Tamaláctico, desde la cabina oficial de la banqueta. Se tenía que decir y se tamaleó.

 


Jorge Hernández. Traductor y profesor universitario. Licenciado en Lingüística Aplicada por la UANL. Recibió la maestría en Estudios Hispánicos por la Universidad de Illinois en Chicago. Desde 1988 radica en Estados Unidos. Autor de la obra de teatro El desdén con el desdén (1993) y de los poemarios Laberinto de errores (1993), Las palabras no se agotan por su nombre (2008) y los perros locos (2016). Fue incluido en las antologías Voces en el viento (1999), En el ojo del viento (2004), Tercer encuentro de poesía joven de la frontera norte (1987) y Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (1997).