Fue en el 2016, en plena recta final de las elecciones, y sin saberlo estábamos presenciando el inicio de una etapa sociopolítica que volvería a repetirse en el 2024. En ese contexto, con un discurso político cargado de ataques contra los mexicanos (y un montón de otras minorías), mi esposa —la poeta mexicana Rossy Lima— y yo, un estadounidense de ascendencia mexicana (o mejor dicho, un mexicano nacido en Estados Unidos), tuvimos una conversación una noche sobre el estado de la literatura latina y la forma en que nuestras historias han sido marginadas en este país. Hablábamos de cómo, históricamente, los medios han presentado nuestras narrativas de manera superficial e incompleta en el mejor de los casos, o distorsionadas intencionalmente.
Mientras yo me quejaba de la falta de espacios que promovieran nuestra literatura, Rossy, muy fiel a su manera de ser, me dijo algo directo: “¿Y por qué no creas tú una plataforma?” Así nació Latino Book Review. Ese mismo año nos propusimos crear un espacio de multimedios que asegurara que nuestras voces tuvieran un hogar no solo en Estados Unidos, sino también a nivel global.
Con el tiempo, se volvió evidente que la urgencia de visibilizar las voces latinas no hacía más que crecer. Hoy, nuestras historias enfrentan amenazas cada vez más fuertes dentro del clima sociopolítico actual. La literatura latina, en particular, ha sido blanco de ataques sin precedentes, impulsados por políticos y sistemas que buscan silenciar estas voces. No se trata solo de marginarlas, sino de borrarlas por completo, usando incluso herramientas legales para prohibir libros que hablan de lucha, identidad y resistencia.
Un ejemplo claro fue lo que ocurrió en Arizona en el 2010, cuando se aprobó una ley que terminó prohibiendo el programa de Estudios México-Americanos en las escuelas públicas. Esto llevó también a la censura de obras de renombre como Woman Hollering Creek and Other Stories de Sandra Cisneros, Borderlands de Gloria Anzaldua, Bless Me, Ultima de Rudolfo Anaya, Como agua para chocolate de Laura Esquivel, Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, el Zorro de Isabel Allende, y muchos otros. La justificación fue que esos libros promovían resentimiento racial o ideas inapropiadas. Sin embargo, años después, un juez federal determinó que esa ley tenía una intención discriminatoria y la declaró inconstitucional.
Aunque esa decisión fue un paso importante, el daño ya se había extendido. En todo el país comenzaron a aparecer más casos de censura. Solo en el otoño del 2022, se registraron casi mil quinientos casos de libros prohibidos en escuelas, afectando cientos de títulos distintos. La mayoría de estas prohibiciones apuntaban a historias de personas de color y de la comunidad LGBTQ+. Como ya no se puede censurar abiertamente por razones de identidad, ahora se usan otros argumentos como contenido explícito o lenguaje ofensivo.
En Texas, por ejemplo, en el 2024 entró en vigor una ley que prohíbe actividades relacionadas con diversidad, equidad e inclusión en universidades y escuelas públicas. Esto ha tenido un impacto directo en programas, oficinas y esfuerzos que antes apoyaban a comunidades diversas. Y Texas no es el único caso. Muchos estados han aprobado o están considerando leyes similares, lo que ha generado cierres de centros culturales, despidos y la eliminación de espacios de apoyo para estudiantes.
Todo esto puede parecer sacado de una novela distópica, pero es la realidad actual. Estas leyes no solo afectan la diversidad cultural, también limitan la libertad académica y castigan a quienes intentan fomentar empatía y justicia social.
Por eso, hoy más que nunca, es urgente proteger y promover nuestra literatura. Precisamente porque en esas historias está la memoria de las luchas de nuestros antepasados, porque enseñan a nuestras comunidades a unirse frente a la injusticia, y porque inspiran a las nuevas generaciones a defender los derechos humanos y civiles. Eso es lo que representa Latino Book Review.
Desde que empezó, este proyecto se ha construido sobre la fuerza y la resiliencia de nuestra herencia. Lo que comenzó como una iniciativa personal se ha convertido en un movimiento impulsado por la comunidad. Hoy por hoy es una plataforma que no solo difunde el trabajo de autores latinos, sino que también reta e inspira tanto a escritores como a lectores dentro y fuera del país.
Hemos tenido la oportunidad de crear bases de datos culturales y literarias, destacar el trabajo de más de 500 autores y artistas a través de reseñas y artículos, además de crear un podcast y una revista literaria anual que se encuentra en más de 20 universidades en el país, incluyendo a Stanford y MIT. También hemos podido entrevistar a figuras importantes como Isabel Allende, Julia Álvarez, Sandra Cisneros, Cristina Rivera Garza, Mayra Santos Febres, Reyna Grande, entre muchas y muchos otros. Igualmente, y más importante aún, seguimos apoyando a voces y talento nuevo, porque en ellos se encuentra el fruto de lo que hacemos. Ellos son el fruto.
Mirando hacia adelante, nuestra meta es amplificar estas voces a nivel global, romper fronteras y compartir historias que conecten distintas culturas. Como fundador y editor, me llena de orgullo lo que hemos logrado como comunidad y me emociona lo que viene.
Pero también es inevitable reflexionar sobre el momento que vivimos. El crecimiento del extremismo político y las divisiones sociales hacen difícil imaginar un final cercano a la persecución cultural y política de nuestra literatura. Sin embargo, venimos de gente que resistió y mantuvo vivas nuestras historias, y esa misma fuerza sigue en nosotros.
Hoy, la literatura latina en Estados Unidos no es solo parte de nuestra historia e identidad, es una guía viva en la lucha por preservar nuestro legado. Por eso es importante seguir apoyando activamente a autores, revistas, librerías independientes y proyectos que amplifican estas voces. Depende de nosotros asegurarnos de que estas historias sigan vivas, inspirando a futuras generaciones y ayudando a construir una sociedad más justa, equitativa y consciente.
Texto leído durante la Feria del Libro Chicago 2026 en el panel Letras en la frontera: San Antonio.

Tercer día de la Feria durante la mesa Letras en la frontera: San Antonio
Gerald A. Padilla. Editor, traductor, educador y promotor cultural. Es el fundador y editor en jefe de Latino Book Review, fundador de Jade Publishing y cofundador del Centro Latir. Ha sido juez en dos ocasiones de los Scholastic Writing Awards, celebrados en Carnegie Hall en Nueva York. Es ganador del premio Spirit of MLK Exemplary Award otorgado por Texas A&M University—Corpus Christi por su labor en la promoción del arte, la literatura y la cultura Latinx. También es ganador del premio Corpus Christi Under 40 Award.

