La ciudad de Chicago, históricamente reconocida como un puerto de llegada, un nexo ferroviario y un pulmón industrial, ha sumado a su fisonomía una identidad inmaterial pero poderosa: la de ser el epicentro de la resistencia y la creación literaria en español en el Medio Oeste de Estados Unidos. La Feria del Libro de Chicago 2026, celebrada entre el 7 y el 9 de mayo, no fue simplemente un evento de mercado editorial, sino una manifestación de lo que significa habitar una lengua en la diáspora. Bajo el lema “Libertad, cultura y comunidad”, este encuentro transformó los espacios del Instituto Cervantes y la imponente Regenstein Library de la University of Chicago en un foro donde la palabra escrita se convirtió en un acto de presencia política y cultural. A lo largo de estas jornadas, se hizo evidente que el español en Estados Unidos ha dejado de ser una lengua de supervivencia doméstica para consolidarse como una lengua de prestigio académico, innovación estética y cohesión comunitaria.
La inauguración en el Instituto Cervantes marcó el tono de lo que sería una celebración de la multiplicidad. Con las palabras de bienvenida de figuras clave como Carolina Herrera, directora de EL BEISMAN, y David Woken, bibliotecario de la University of Chicago, se subrayó la importancia de las alianzas institucionales para sostener la cultura. La presencia de la cónsul Reyna Torres Mendívil y de representantes de la UNAM Chicago y FEDECMI evidenció que la literatura es un esfuerzo colectivo que trasciende fronteras nacionales. En esa primera noche, la mesa titulada “Tender puentes con palabras: leer en el siglo XXI”, permitió desgranar la poética de Francisco Navarro Ruiz, cuya obra se presenta como un mapa de la memoria emocional. Navarro Ruiz, con su vasta trayectoria, recordó que la poesía no es un ornamento, sino un lenguaje de precisión que permite nombrar lo indecible de la experiencia humana. Su intervención, junto a la de Kadiri Vaquer Fernández y Julia Santibáñez, planteó una pregunta fundamental: ¿cómo leemos hoy, cuando nuestra atención está fragmentada por la tecnología y nuestras identidades están moldeadas por el desplazamiento? La respuesta, articulada a través de la lírica, fue que la lectura sigue siendo el último refugio de la introspección frente al ruido del mundo contemporáneo.
Al trasladarse las actividades a la Regenstein Library el viernes 8 de mayo, la feria adquirió una dimensión profundamente intelectual. La jornada matutina profundizó en la “Escritura desde el yo”, donde se analizó la narrativa de autores que problematizan la construcción de la identidad en contextos de vulnerabilidad. Un punto focal fue el análisis de la narrativa migratoria de Socorro Venegas. Su obra, que transita entre la memoria y la ficción con una delicadeza quirúrgica, fue objeto de un escrutinio crítico que resaltó su capacidad para explorar el duelo y la infancia desde la periferia. Venegas propone una literatura donde lo cotidiano se vuelve fantástico a través del lenguaje, y donde el cuerpo femenino es el territorio principal de la narración. En diálogo con Claudia Castillo y María Luisa Ortega Hernández, se discutió cómo el relato personal se convierte en un documento social cuando se escribe desde la migración; no es sólo la historia de una persona, sino la crónica de una comunidad que busca nombrar su desarraigo y su agencia en un entorno que a menudo intenta asimilarlos sin comprenderlos.
Uno de los debates más técnicos y vanguardistas de la feria ocurrió durante las ponencias sobre la intersección de la inteligencia artificial y la edición independiente. En este panel, especialistas como Jenny Lizárraga y Carlos Tapia Vaca exploraron cómo los algoritmos de procesamiento de lenguaje natural están transformando la labor del editor y el traductor. Lejos de una visión apocalíptica, los ponentes analizaron a “la máquina” como una herramienta de curaduría de datos que puede ayudar a sellos independientes a identificar nichos de lectores y a optimizar la distribución de libros en español en territorios angloparlantes. Sin embargo, se mantuvo un rigor ético al señalar que la chispa creativa y la sensibilidad cultural, especialmente en la traducción de modismos y matices identitarios, siguen siendo un terreno exclusivamente humano. Esta revisión detallada de la tecnología editorial subrayó que la edición independiente en Estados Unidos, liderada por figuras como Gerald A. Padilla y Jenny Lizárraga, debe abrazar la innovación para competir en un mercado globalizado, pero manteniendo la soberanía sobre el contenido y el mensaje político de sus obras.
La tarde del viernes se centró en la literatura infantil y juvenil. Con la participación de especialistas como Juana Inés Dehesa Christlieb, se discutió la necesidad de “heroínas respondonas” y narrativas que desafíen los estereotipos de género desde la temprana edad. Se analizó cómo la literatura para jóvenes en español debe ser un espacio de validación lingüística; para un estudiante que está aprendiendo el idioma, o para un hablante de herencia que intenta recuperarlo, el libro debe funcionar como un espejo donde su realidad sea dignificada. La discusión se expandió hacia la noción de cuerpo y disidencia, donde Bel Olid y Sylvia Aguilar Zéleny aportaron una perspectiva crítica sobre cómo la lengua española puede ser un espacio de acogida para las identidades no binarias. La poética de la disidencia aquí no se limita al contenido, sino que se infiltra en la forma misma del lenguaje, desafiando las estructuras gramaticales tradicionales para dar cabida a una existencia más fluida y plural.
El sábado 9 de mayo, la feria ofreció la señal más clara de esperanza para el futuro con el conversatorio “Compartir, pertenecer y defender: estudiantes de herencia en Chicago”. En un diálogo interacadémico moderado por Lizette Arellano, estudiantes de la University of Chicago y Northwestern University, como Katherine Olivares Guzmán, Ariana Frida Avila, Mia Mendoza, Cynthia Cárdenas, Omar Medina y Laura Ramírez, reflexionaron sobre la construcción de una voz propia mientras se preserva la autenticidad. Los jóvenes dialogaron sobre el papel del español como catalizador de comunidad y creador de espacios de pertenencia, reivindicando la lengua como una fuente de orgullo, memoria y agencia cultural dentro de las instituciones universitarias. Esta sesión representó un relevo generacional necesario, demostrando que la lengua heredada es el motor de una nueva identidad bicultural que reclama su lugar en la vanguardia intelectual del país.
Este punto álgido se complementó con la discusión sobre la preservación de la memoria a través de la arquitectura del libro. La literatura, en este sentido, se entiende como un acto de justicia histórica que combate el borrado cultural.
El éxito y la profundidad de esta feria son el resultado de la visión y el trabajo incansable de un equipo organizador excepcional. Maya Piña, cuya trayectoria como activista y gestora cultural ha sido pilar en publicaciones como EL BEISMAN y Contratiempo, aportó una sensibilidad combativa para asegurar que la feria fuera un espacio de inclusión y diversidad. Junto a ella, Naida Saavedra, voz fundamental del #NewLatinoBoom, y Carolina Herrera, premiada narradora y directora de EL BEISMAN, diseñaron una programación que equilibró el rigor académico con la pasión creativa. Asimismo, la labor de Verónica Moraga Guerra, fundadora de El Cafecito, fue vital para conectar la teoría universitaria con la práctica comunitaria, reafirmando que la cultura sólo florece cuando hay puentes sólidos entre la academia y la comunidad.
Finalmente, el panel sobre las “otras ferias” permitió un conversatorio de gran escala donde Dejanira Álvarez Cárdenas de la FILNYC y Alfredo Ávalos Lara de la Feria de San Antonio discutieron junto a los organizadores locales la necesidad de un corredor literario nacional. La conclusión fue que Chicago no funciona como una isla, sino como un nodo vital de un archipiélago cultural. La gestión cultural y el activismo de figuras como Roxyo Sounds, junto a la investigación de académicos como Rubén Medina y Rocío Ferreira, convergen en la meta de asegurar que el español sea una lengua de creación literaria y poder intelectual. La Feria del Libro 2026 dejó claro que somos una comunidad letrada que entiende la palabra como su herramienta de transformación más potente. Al cerrar estas jornadas, queda un sentimiento de gratitud y una certeza: las páginas leídas y los diálogos sostenidos sobre “la máquina”, la identidad y los archivos son las semillas de una nueva etapa de la cultura hispana en el norte. La palabra ha sido el puente que nos permitió cruzar el abismo para encontrarnos en la orilla de la autorrepresentación. Chicago volvió a ser, por tres días, la capital de nuestra lengua.

Segundo día de la Feria durante la mesa Semillas y letras: libros para niños y jóvenes.
Esmeralda Mora Roldán. Educadora y autora de gran relevancia en el ámbito juvenil. Originaria de Apetlanca, Guerrero, México, ha sido reconocida internacionalmente como finalista del Global Teacher Prize 2026 y fue nombrada Maestra del Año en Illinois. Con un doctorado en Educación y una maestría en Literatura Latinoamericana, su labor se centra en la literatura para aprendices de idiomas, creando historias que desarrollan la fluidez lingüística mientras celebran la identidad cultural y la inclusión. Sus obras publicadas incluyen: Los quince de Raquel (Wayside Publishing, 2022), Adelita y la Revolución Mexicana (Acento Latino, 2023), El Cucuy: Un monstruo misterioso (Voces, 2024), El 6 de enero (2025) y Sofia in Chicago (2026).

