Espectros, fotografías, revistas y niebla: la propuesta de Luis Alejandro Ordóñez

Aquí no encontrarás a Weeping Sally de Luis Alejandro Ordóñez
Ars Communis Editorial, Chicago, 2023. 134 páginas, ISBN 978-1735029283

 

Al empezar a leer la novela Aquí no encontrarás a Weeping Sally (Ars Communis, 2023) me tropecé con una Sayona. Y digo una Sayona porque no es cualquier otra, es la Sayona de Chicago. Seguí con la lectura y me encontré con Weeping Sally, la novia que llora a orillas del Lago Michigan el día de su boda bajo un cielo ennegrecido por la neblina y los malos augurios. En este momento debería hacer una pausa y una aclaración. Realmente no me conseguí ni a la Sayona de Chicago ni a Weeping Sally. Lo que me encontré fueron sus historias contadas a pedazos, a destiempo, a varias voces y manos. En su novela, Luis Alejandro Ordóñez hace una propuesta atrevida y eficiente al mezclar cuentos de espectros que se trasladan por el continente como así lo hacen los inmigrantes que llegan a Chicago tratando de ocupar un lugar propio.

“No fue hasta que la niebla levantó que pudieron encontrar el velo flotando en el lago” (39).

Aquí no encontrarás a Weeping Sally es la tercera novela de Ordóñez y no deja de ser una oferta con sustancia que a la vez se sustenta en el acto de escribir. En El último New York Times (SEd, 2018) y Si me muero, abre estos archivos (SEd, 2021) Ordóñez también se ha aproximado al oficio de la escritura y lo ha establecido como uno de los ejes en los que se desarrolla la trama. La primera novela se trata del periodista encargado de escribir una edición única del New York Times para hacer feliz al viejo Rockefeller todas las mañanas hasta su muerte. En la segunda, a través de correos electrónicos y archivos digitales, se presenta la historia de un escritor que no logra publicar su obra puesto que fallece. Ambas novelas exponen además la relación del acto de escribir con el trabajo, con los contratos que hay que cumplir y con la identidad que se forma alrededor de los escritores por ser la escritura, precisamente, su oficio. La tercera novela de Ordóñez se vislumbra dentro de las exigencias de editores de revistas literarias, la presión de las fechas de publicación y la necesidad de escribir textos que atraigan a lectores hambrientos de entretenimiento. Más aún, en esta ocasión Ordóñez va más allá (o al más allá) e incorpora la creación de leyendas de espíritus que nos persiguen desde Latinoamérica y nos acompañan adonde lleguemos, a Chicago, a orillas del Lago Michigan; historias que se mezclan con maldiciones locales como la de los Chicago Cubs, o las perpetuadas por gánsters del Midwest a mediados del siglo XX que dan pie a persecuciones, fracasos artísticos, compromisos fallidos, desapariciones de obras literarias, olvidos de escritores que alguna vez tuvieron un nombre dentro de su comunidad.

“Mike Wells no volvió a escribir nunca más y nadie volvió a leer algo escrito por él” (65).

Creo que lo extraordinario de esta historia es la manera tan exacta en la que está contada. La novela está dividida en capítulos, cada uno con un título y narrador propios. Aparecen nombres claves como Raphaella, Porras y Cañas, que ayudan a entender o trastocan la ilación de los hechos. Es menester de los lectores ponerse las pilas y enlazar los cabos que va soltando el autor. La cuestión es que esto no es tan fácil porque hay historias dentro de las historias, cuentos dentro de otros cuentos, leyendas transmitidas oralmente a través de generaciones y de migrantes que van y vuelven, que están y desaparecen, que se convierten en fantasmas o en sujetos de la migra. Un capítulo, podremos descubrir más adelante, puede ser una historia de ficción publicada en una revista ficticia —valga la redundancia— para revivir la obra literaria desaparecida de Mike Wells, un autor en ciernes del pasado. Uno de los narradores, quizás el personaje principal, sin nombre, y coordinador de una sección de la revista Caracruz, intenta descubrir la verdad, quiere desligarse de la ficción porque lo de él son las historias de suspenso pero verificables y se dispone a seguir los pasos que por Chicago diera Lea Suárez, colaboradora de la revista y una persona de la cual descubrió que no sabía absolutamente nada. Tratar de dar con el paradero de Lea Suárez, la cual a su vez buscaba a la Sayona y a Weeping Sally, le abrirá un panorama a este narrador, quien no descansará hasta encontrarlas a todas a través de mapas, archivos de bibliotecas y fotografías. 

“En el momento de cropear alguna foto, con toda seguridad el fotógrafo se encontrará con su presencia” (123). 

Aquí las imágenes se empañan en la memoria, las fotografías se vuelven borrosas aunque se vea el velo de una novia expectante o la mano de una fotógrafa nupcial, quizás diluida en esa misma niebla del lago que se lleva amores truncos y negocios oscuros. El final de Aquí no encontrarás a Weeping Sally tal vez no sea el que nos esperamos como lectores consentidos por las series de crime fiction modernas que satisfacen nuestra necesidad de resolver un crimen, de presenciar la veracidad de los hechos. Sin embargo, el final de esta novela es el desenlace perfecto que nos regala Luis Alejandro Ordóñez en esta realidad distópica que vivimos, en la que ni archivos ni fotografías pueden probar lo que tenemos ante nuestros ojos.

 


Naida Saavedra escribe ficción y crítica literaria. Entre sus publicaciones se destacan el libro de cuentos Desordenadas (SEd, 2019), el libro de ensayo #NewLatinoBoom: cartografía de la narrativa en español de EE UU (El BeiSmAn PrESs, 2020), y la novela Overworked (El BeiSmAn PrESs, 2025). Vive en Massachusetts, donde es profesora de literatura latinoamericana y latinx en Worcester State University.