Veinte canciones en desamor: la ironía en la noche

Veinte canciones en desamor: la ironía en la noche

 

Veinte canciones en desamor y un poema sosegadoFebronio Zatarain
La Zonámbula (Colección Pausa Poética), 2015, 52 páginas, ISBN 978-6079193713

 

Veinte canciones en desamor y un poema sosegado, debo admitirlo, fue un título que me inquietó. Sin conocer la poesía de Febronio, sentí que era una referencia demasiado grande en la que los poemas naufragarían. Sin embargo, leí las primeras cuartillas y me engancharon. Olvidé la magnitud del título y comencé a adentrarme en un mundo cotidiano de autobuses y parques de ciudad, cenas recalentadas y canciones de piano bar. Dejó de incomodarme y comprendí que únicamente era el pretexto para reunir este grupo de poemas. Así seguí en la lectura de un libro ligero en su forma pero hondo en su emoción; justo como son las entrañables canciones populares.

Cito:

El reloj digital marca las 9 AM
y es de noche

Dichos versos aparecen en las primeras páginas y me resultan fundamentales, pues marcan la pauta para entender la melancolía que impregna el libro. El día a día intervenido por la nostalgia, luchando contra el desamor para conciliar un mismo espacio. El mundo interior del poeta (siempre de noche) haciendo disonancia con el mundo exterior.

Para mí la luna es un lugar, cita Febronio. Acertado pie poético para ejemplificar esta tristeza que no es de nadie sino de los desamorados. De nadie sino de los autistas, ingenuos, soñadores. Los que han velado su eternidad deletreando un mismo nombre y no han aprendido aún (y nunca aprenderán, no quieren aprender, no lo hacen para eso) a decirlo sin quemarse los labios. La noche se lleva dentro; la noche como la luna es una condición del alma.

Pero la tristeza y la soledad no empañan el libro por completo. Al contrario, hay un segundo elemento que me parece aún más importante: la ironía. Un sabor agridulce que equilibra y matiza. Pena que se canta sin miedo a causar lástima. Pena que se goza en cada brindis. Pena que se llora a carcajadas.

Cito:

Yo caía
Caía
cerré los ojos
y me entregué a ese atemorizado goce
de la infancia
en la rueda de la fortuna

Singular metáfora. Y es que hay en el libro algo de complicidad. Una queja que bien se sabe culpable, reconoce su culpa y entre dientes dice: lo volvería a hacer. ¿Qué es el amor sino un secuestro? y ¿qué es el desamor sino puro síndrome Estocolmo?

La ironía recorre el libro como hilo conductor, pero se va profundizando en ella. A tal grado que la voz poética roza la estética del patetismo; y esto es lo que más me gusta del libro. Una sincera cotidianidad, sin fingir apariencias, sin miedo a perder la dignidad. Yo, lector, me siento descubierto en muchos versos y sonrío en silencio por la valentía del que habla. Porque no todos y no siempre (aunque quisiéramos) tenemos franqueza tal.

Que si brinda a solas con su transparencia. Que si gastó todos los días de enfermedad en su trabajo por ella. Que si encuentra su rostro en cada plato que enjuaga. Que si no se lava los dientes para evitar mirar el cepillo que la trae de regreso a su memoria. Así es la realidad de los que se van con el amor aunque se mueran.

Me resulta difícil tratar verso por verso en poemarios en los que se plantea una unidad temática y cada poema le va sumando al anterior para lograr un fin común. Sin embargo, no puedo pasar de largo por algunas líneas sin reconocer un brillo especial. Aunque hay muchos momentos en el libro citaré uno, a mi parecer una de las puntas más altas alcanzadas por este cancionero.

Cito:

El consuelo de mi tristeza
es ella misma
camina por el apartamento
garba
dolorosa
sin lágrimas 

A medianoche
la saco a satisfacer su necesidad
de ver avenidas
por las que no avanzan coches
sino viento

Ahora nos encaminamos
a una banca frente al Michigan
la invito a que se siente
pero ella salta
y se vuelve toda el agua

No queda en duda la calidad de los versos. La emoción. La sinceridad. La certeza. El corazón. No puedo aportar mucho más después de haber citado versos tan exactos. No puedo y no debo, pues Febronio como todo buen poeta, se presenta a través de su poesía sin dar explicaciones.

Por último, el libro cierra con una sección reflexiva, filosófica. Un poema sosegado en búsqueda de su propia soledad dentro de él y dentro de los otros. La conexión con toda una ciudad que le rodea y le va detonando conclusiones humanas. Contemplativo y ensimismado, en medio del otoño logra su propia primavera y con el recuerdo ya lejano de aquella mujer, llena sus pulmones de aire, lo suelta lentamente, y finalmente calla. 

Un bonus track para las 20 canciones que le anteceden, la música se va alejando, haciendo un fade out en el que yo lector cierro el libro y junto a Febronio lleno mis pulmones de aire, lo suelto lentamente, y finalmente callo.

 

∴ 

Enrique Carlos. Poeta y crítico jalisciense nacido en 1988 su poemario más reciente es El show de los muertos.

Febronio Zatarain presentará el performance Veinte canciones en desamor y... Ayotzinapa
Domingo 24 de abril en Citlalin, Chicago

 

 

 

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