Reforma migratoria, ¿una promesa republicana?

Reforma migratoria, ¿una promesa republicana?

Recientemente los miembros del Partido Republicano acudieron a un retiro espiritual. ¿El objetivo? Contemplar una serie de principios en torno a una eventual reforma migratoria. Concluido el encierro, John Boehner, presidente de la Cámara Baja, ofreció una rueda de prensa durante la cual se le notó conmovido por la epifanía que logró esclarecerle algo que hasta entonces él sólo sospechaba: que su partido carece de todo principio.

Anteriormente, el Partido Republicano ya se había reunido en Aspen, Colorado. De esa mística cumbre rescatamos el siguiente texto.

 

Raúl Labrador en Aspen

Después de la tremenda paliza recibida en las elecciones de noviembre pasado, los líderes del Partido Republicano acudieron a un retiro espiritual en las nevadas cumbres de Aspen. Es bien sabido que, para exorcizar demonios y despejar la mente, no hay nada más propicio que el gélido viento de las alturas, los cielos azules, el oxígeno puro. El alpinismo es una manera de alcanzar un elevado grado de conciencia. Mas, una vez que se encontraron ante la imponente altura de las montañas, los republicanos (pasaditos ya de años y de peso), desistieron de su épico plan. Pero eso no les impidió presenciar a algunos intrépidos alpinistas cuyas hazañas admiraron con pasmo desde la comodidad de sus alcobas.

La agenda con la que llegaron estaba bastante cargada: había que reconstituir las bases del partido, analizar la trayectoria de la derrota, determinar cómo demonios se les había ocurrido postular a un candidato solipsista cuya plataforma se reducía a un enredado soliloquio de cifras y vituperios. Pero, sobre todo, uno de los temas que se abordarían en dicha cumbre (cuyos desgarrados ayes y angustiosas mea culpas, nos dicen, estremecieron las cúspides aledañas) era qué hacer para recuperar el voto hispano.

En Aspen, los abanderados de la hispanidad fueron tres: el congresista Raúl Labrador, de Idaho, Marco Rubio, senador por la Florida y Ted Cruz, senador por Texas. Su tema, la inmigración. A continuación presentamos una traducción abreviada del discurso pronunciado por el congresista.

 

Labrador:

Señores, yo, siendo apenas un jovencito –hijo de madre soltera y nuevo a una ciudad desértica y remota: la antípoda del paraíso caribeño de mi infancia–, experimenté de primera mano las carencias, las tribulaciones y los retos de la vida del inmigrante. El destino me depositó en Las Vegas, lugar donde tuve la siguiente epifanía: el Sueño Americano no existe; es decir, esa idea que arde con ansia febril en la mente del desventurado, esa fantasía proyectada en un distante horizonte cual antesala a una mejor vida, no es tal. Muy al contrario, esa elevada idea vulgarmente conocida como el Sueño Americano es una realidad tangible, una realidad tan concreta como esas ásperas agujetas con las que debemos levantarnos cada vez que el destino   —siempre ecuánime en la impartición de adversidades— nos pone a prueba.

Esto lo aprendí desde temprana edad por medio de la observación directa. Desde entonces he tratado que mi actuar en el mundo sea consecuente con los principios de la libertad y la busca de la felicidad que son la quintaesencia de nuestro pueblo. Dios ha querido que, de todas las naciones del mundo, la nuestra sea la de mayor abundancia, una nación esmerada en la equidad y respetuosa de la ley; en suma, una nación de derechos y libertades sin precedentes en la historia humana.

Darme cuenta de todo esto en mis años mozos (a los dieciséis) infundió en mí un gran fervor y un profundo respeto por esta patria nuestra. Y así, llegado el momento, juré, en la privacidad de mi conciencia —que es donde los verdaderos compromisos se forjan—, dedicar mi vida a la preservación y el avance de dichos principios. Porque, señores, ser ciudadano americano, saberse acreedor de este gran privilegio, ya sea por cuestión del azar o por la infinita gracia Dios, no es cualquier cosa.

 Hoy, décadas después de aquella revelación de mi adolescencia, me presento ante ustedes, convocado por los líderes del Partido Republicano. Nuestro tropiezo en las recientes elecciones ha incitado varias inquietantes: ¿qué hacer para recuperar el voto hispano? ¿cómo convencer a esa creciente minoría de que sus prioridades son las nuestras, nuestros valores los suyos? ¿cómo reclutar a sus jóvenes votantes? ¿cómo reparar el mal causado por la dañina retórica anti-inmigrante empleada en la campaña electoral y que la comunidad hispana recibió como una bofetada? ¿cómo borrar de un pueblo embriagado de memoria el recuerdo, el oprobio de la auto-deportación articulado en un momento de suma lucidez?

Después de haber vivido en un estado fronterizo y haber dedicado quince años de mi vida profesional a temas migratorios, la conclusión a la que he llegado, es que, en efecto, nuestro actual sistema de inmigración está roto. Si fuese una persona, yo lo compararía con un enfermo grave en una cama de hospital. Pero, a diferencia de lo que los demócratas proponen, yo creo que someterlo a una intervención quirúrgica integral sería un grave error. Incluso en las manos más diestras, el bisturí en ocasiones exacerba las condiciones en lugar de mejorarlas. ¿Cuál es el legado de ese gran esfuerzo de 1986 sino este enfermo del que ahora hablamos? Así pues, yo me opongo a toda medida que requiera terapia intensiva o pretenda alcanzar soluciones rápidas y mágicas. Permitamos que la convalecencia de nuestro enfermo sea gradual y tome su propio curso.

Así, mi solución consiste en tres pasos sencillos pero eficaces: 1) Militaricemos la frontera sur. Durante toda mi juventud fui testigo de la estela de destrucción que las hordas de ilegales dejaban a su paso en las comunidades fronterizas y la cual, me dicen, ha empeorado con el auge del narcotráfico proveniente de México. Pactemos un acuerdo que termine con la anarquía y reestablezca el orden, que les devuelva la confianza y tranquilidad a los habitantes de la frontera. 2) Permitamos el libre tránsito de trabajadores. La mano de obra, parte esencial de nuestra economía, debe ser regularizada. Debemos implementar un programa de trabajadores huéspedes que les permita a los millones de personas que ahora residen ilegalmente en nuestro entorno una manera digna de retornar a sus países de origen, solicitar dicho permiso y regresar una vez que se les ocupe en la cosecha de alimentos o en empleos temporales. Y, debido a que han violado las leyes de un pueblo que es respetuoso de las mismas, debe quedar claro que bajo ninguna circunstancia se les puede extender el privilegio de la ciudadanía americana. Ser americano, lo reitero, es un privilegio y un regalo de Dios, y otorgar nuestra ciudadanía a aquellos que se han mofado de ella sería malbaratarla y atentar contra nuestros principios. 3) Hagamos el mejor uso de nuestros recursos existentes. Canalicemos de mejor manera el uso de las Visas para la Diversidad: retengamos el talento que se cultiva en nuestras universidades. Nuestras aulas están atiborradas de brillantes jóvenes provenientes del exterior (de China, de la India, de Turquía) que comparten nuestros valores, nuestra fe en el futuro, en el progreso, en el bienestar colectivo y, sobre todo, en el apego a la ley. Desafortunadamente, una vez que concluyen sus estudios y buscan echar raíces en nuestro entorno, dichos jóvenes quedan aterrados ante una enredada burocracia que les impide establecerse permanentemente en el sitio que durante su formación académica han llegado a considerar su hogar propio. Y así se da una fuga de cerebros, pues deciden regresar a sus lugares de origen. O, peor aún, optan por migrar a otros países con leyes migratorias menos laberínticas, países que les ofrecen un mejor porvenir.

Señores, dados tales motivos, próximamente estaré presentando en el pleno del Congreso una iniciativa de ley que reestablezca el orden en la frontera sur, que permita a los trabajadores temporales un modo digno de ir y venir según lo dicte la oferta y demanda de empleo y que impulse, fomente y recompense el talento extranjero en nuestras universidades. Cuento con su voto.

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Después del vergonzoso revés (flip-flap) de John Boehner en días recientes, de inmediato traté de ubicar el resto del discurso de Raúl Labrador en línea. Pero dicho texto, así como los principios del Partido Republicano, ya se había esfumado. (N. del T.)

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José Ángel N., autor de Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant. To read an excerpt of Illegal, press the link. 

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