Poemas de Juana Iris Goergen

Poemas de Juana Iris Goergen

-4-

Fuego amotinado

 

La mujer no existe, la mujer no tiene palabras”
Jacques Lacan, Seminarios

 y porque sí, y ¿por qué no?, y porque el tiempo es una hoguera sin substancia en el rumor de las sienes plateadas del empeño. Su mano izquierda se detiene en la neblina extraña de verse sorprendida, masticando palabras, como si fueran uvas, pan caliente o carne cruda. La repiten sus actos para colmar vertientes de certidumbres mínimas, acunando en sus manos más allá de la página, plantas y minerales, agua fresca, o quizá un viento suave bajando la llanura. Suspendida en la hoja gota a gota, no alza ojos y oculta la mirada, alerta en el sudor la ceja izquierda. Entonces fue la luz. El fuego amotinado. El grito de los pájaros. El tajo de la niebla en el costado. Ahora está en todas partes y en ninguna, se ha perdido a sí misma en el pequeño orbe de un poema. Navega desde el vientre espuma de palabras y tiembla y teme y espera agazapada que cese el sueño de cubrirle susurros por lo bajo: “Escribe libros”, dice, “Piérdete en la torre de Babel, en la resurrección de Lázaro”; “Cuenta tus neuronas cerebrales”; “Averigua cuántas vueltas al mapa puedes dar al tiempo que te resta”; “Construye un ataúd a la medida de tu muerte, a la medida de tus muertos”, dice. Y ella, terca bestia su lengua de sujeto verboso y complemento, pide piedad para el ojo que no se ve a sí mismo y empieza a criar raíces en el pecho, porque ha encontrado la palabra perfecta. Existe y es mujer. Es ánfora henchida de palabras. Es irreverente. Ha parido un poema. 

de La celda de Lilith

 

 

-5-

 

Triunfo del sodomita

 

‘los ángeles no tienen sexo, no”
Manual de estudio Bíblico

 

 

En esta pobre ciudad, todo es lamento y caricia detenida. 

Al volverme, desnudo, el roce del destello a la intemperie,
vi al ángel destructor, Luz que se abisma,
lujuriar con su mirada mi tembloroso falo sorprendido.

Él, en un fulgor de alas dobló el cuerpo. 

Yo, con temor y suavidad de plumas, acaricié el vacío en su 
entrepierna y la dorada curva de su espalda.
Irreverente, separé sus nalgas. 

Mañana los ángeles, se rebelarán en el cielo.

de La celda de Lilith

 

 

 

-6-

 

Lobo estepario

 

Aquí la cicatriz de la panza rasgada. 

Allá la tentación y el bosque.

Caperuza vestida en puti-rojo y abuelita tragada sin pensar,
y joven cazador y viejo lobo feroz y miedo sempiterno de las niñas.

Allá la panza abierta.

A él pobre hombre lobo enamorado, que sólo quería olerla, verla mejor,
contemplarla de cerca y a pequeña mordida en la entrepierna,
comerla despacito, sintiéndola temblar bajo su fuerza.

Aquí de vuelta a las estepas, no aúlla.

Menos lobo y astuto cada noche,
lame su cicatriz y se lamenta.

 

de La celda de Lilith

 

♦ ♦ ♦ 

Juana Iris Goergen (Puerto Rico). Poeta. Profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad San Vicente DePaul en Chicago. Es autora de los poemarios Nosotros los otros (1996) Between the Heart and the Land/Entre el corazón y la tierra (2001), y Generación (2001), entre otros. Ha editado las antologías: Susurros para disipar las sombras (2012) y Rapsodia de los sentidos (2013).

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