Mujer de tres lenguas

Mujer de tres lenguas

El siguiente texto forma parte de la serie «Transformar el silencio: ensayando la sororidad en la literatura», curada para El BeiSMan por Melanie Márquez Adams, Daniela Becerra y Violeta Orozco —una colección de ensayos que establecen e invitan a un diálogo entre escritoras de diversos países, trayectorias y generaciones.

 

 

El 31 de diciembre de 2011 envueltos en la fría bruma de la Sierra Norte de Oaxaca elevábamos eufóricos los globos de papel de china que cada término de año sobrevuelan la comunidad de Tlahuitoltepec, haciendo las veces de oráculo del año nuevo venidero. Esa noche reinaba la algarabía porque al día siguiente, Sofía Robles Hernández, asumía la presidencia municipal.

Por primera vez en la historia, Santa María Tlahuitoltepec tendría como líder a una mujer no mixe, pero sí hablante de la lengua ayuujk, del castellano y el zapoteco; su lengua materna. Ataviada con su blusa bordada, una amplia falda con espiguillas que forman holanes, un ceñidor bien atado, huaraches de piel y un rebozo de bolita que la envolvía, desafiaba una tradición al mismo tiempo que ponía en alto el papel de las mujeres mixes. El 1 de enero de 2012, esta mujer trilingüe recibía, como todo mixe que se vuelve autoridad, un bastón de mando, las llaves del palacio municipal, una cajetilla de cigarros y una botella de mezcal; símbolos de autoridad, trabajo, palabra y fuerza. En una cancha atestada de gente, se entonaron el himno nacional mexicano y el himno de la nación mixe para seguir con música de banda que no dejó de sonar. La fiesta se prolongó con comidas, discursos, baile de autoridades y repartición de tepache como marca la costumbre. Sofía, junto con otras cargueras y cargueros, se convertía en kutunk (cabeza de trabajo) y velaría todo ese año por los intereses del pueblo de sus hijos: los habitantes de Tlahuitoltepec.

Sofía, mujer de estatura pequeña y linaje serrano, tiene una larga trayectoria de lucha por los derechos de las mujeres. Un camino bien andado por suelos accidentados de trabajo comunitario que empezó décadas atrás desde su natal San Francisco Cajonos y que continúa ahora, después de haber servido como presidenta. Digo “servir” porque dentro de los Sistemas Normativos Indígenas, antes llamados Usos y Costumbres, un cargo implica prestar un año de tu vida al servicio de la comunidad. Un cargo no es pagado e incluye más sacrificios que remuneraciones. De los 570 municipios oaxaqueños, 418 se rigen por este sistema de gobiernos autónomos con diferentes formas de organización interna.

En Tlahuitoltepec, la asamblea, que es la máxima autoridad comunitaria, propuso el nombre de Sofía meses antes de terminar el 2011 y ella, que bien pudo defenderse para evitar el nombramiento como suele responderse, hizo de tripas corazón para detentarlo con aplomo, sorteando las vicisitudes que dicho emprendimiento supondría. Lejos de ser una mujer deslenguada y fiel a su lucha por la participación femenina al interior de los pueblos indígenas, asumió un compromiso comunal en lengua extranjera, compartiendo la palabra, el trabajo y el wïnxatsy o tepache ritual. 

Su historia, como la de muchas mujeres en Oaxaca pertenece a un tiempo presente, pero en un espacio que sigue siendo, a ojos de muchos, “muy otro”. Sofía es pionera, andariega, soñadora que materializa y madre que apapacha. Aceptar un cargo fue para ella la oportunidad de servir desde dentro haciendo y consolidando el modo de vivir comunitario, que tanto defienden los ayuujk. Así como la recuerdo aquel primero de enero sonriente recibiendo su bastón de mando, también en mi memoria aparece afanada en el acarreo de baldes de agua durante la SEVILEM (Semana de Vida y Lengua Mixes) o dirigiendo una cocina comunal para alimentar a un centenar de comensales. 

Extranjera, como Aspasia de Mileto, siguió sin titubear a su compañero Floriberto Díaz por tierras mixes, aprendió otra lengua, crío tres hijos y asumió, en su momento y sin él, el cargo que la comunidad le demandaba. Imparable, con voz suave y contundente que invita al diálogo, ha sabido servir, demandar, trabajar y defender infinitas causas que atañen a los pueblos indígenas de México. Sus hijos han seguido su ejemplo, cada uno, cumpliendo cargos cuando les toca, desarrollando su profesión y el vivir comunitario a su modo. Tajëëw tiene su convicción, Tona su parsimonia y en Konk,grabada está su sonrisa. Tan distintos los tres y tan Sofía todos.

Es así que, en tres lenguas, esta mujer de pies ligeros y paso apresurado, promueve programas, crea espacios de opinión, defiende contiendas y trabaja codo a codo con cientos de mujeres en temas de derechos sexuales y reproductivos, incidencia y participación política generando cambios sustanciales en los pueblos de Oaxaca. Tristemente, su Pericles feneció antes de tiempo. Si bien a su lado acompañó cabalmente los cargos comunitarios que los Usos y Costumbres le marcaron a él, al quedar viuda, no se concedió ni un instante de tregua redoblando el trabajo conjunto que con Floriberto había fraguado. Así, la organización Servicios del Pueblo Mixe (SER Mixe) creció y gracias a su impulso, siguió acompañando a autoridades municipales y agrarias, a grupos de productores y organizaciones de mujeres con la convicción del reconocimiento de los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Fácil no ha sido, desgastante mucho; retador siempre. En Tlahuitoltepec, prima el poder comunal, el trabajo comunal, la fiesta comunal y el territorio comunal. Cumplir un cargo es una obligación y se considera un servicio comunitario que está ligado al uso de la tierra. Aunque es el hombre quien generalmente presta un servicio, no se debe dejar de lado que, en este Sistema, la cooperación, la ayuda mutua y otras formas de reciprocidad tienen gran protagonismo y en ellas, mujeres y hombres están incluidos por igual. En este sentido, el carguero recibe el apoyo de su esposa quien, sin tanto protagónico público, juega un papel fundamental para el cumplimiento del cargo, pues es ella, quien realiza el trabajo en la cocina para desplegar la ritualidad asociada y otras demandas comunitarias.

Durante su año de cargo, Sofía, mujer viuda, contó con el apoyo de otra maravillosa mujer, su hija Tona, que durante ese año, dejó a un lado sus proyectos personales para hacer las veces de esa compañera imprescindible in situ auxiliando el cargo de su madre. Sin duda, un cambio en las formas tradicionales, pero que a la vez, permitió su reproducción y existencia. Una dupla femenina que vivirá en la memoria del pueblo. 

Irene Vallejo sostiene que “el poder y la palabra, esos hermanos mellizos, se han abierto a muchas mujeres” y nos muestra historias de la Grecia clásica donde figuran Aspasia, Lala y Hortensia. Sofía, nuestra zapoteca-mixe, cuyo nombre es un remanente griego que nos llega allende los mares de occidente, es ejemplo de mujeres de sabiduría, contadas y contundentes, cuya lengua polífona es nuestra herencia de voz; el oráculo que hoy podemos y queremos elevar.

 

 

Convocamos a las escritoras de todas las latitudes y generaciones a que nos envíen sus contribuciones ensayísticas, híbridas y experimentales para continuar la conversación. Email de contacto: melmarquezescritora@gmail.com

 

 

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