La Danza Azteca en Chicago: Al menos flores, al menos cantos

La Danza Azteca en Chicago: Al menos flores, al menos cantos

Huitzilihuitl, segundo tlatoani (gobernante) de México-Tenochtitlan 1397–1417.

Para entender la Danza Azteca primero hay que entender tres historias que son relevantes para los que practican esta tradición ceremonial del antiguo México.

Tres historias

La primera historia es esta.

Al consumarse la conquista de México-Tenochtitlan en 1521, el español Hernán Cortez mando pedir a los reyes españoles que le enviaran unos evangelizadores para impartir la religión católica a los infieles que acababan de conquistar.

Doce fueron los primeros frailes franciscanos que llegaron a la Nueva España en 1524 para implantar la nueva religión católica a la población vencida.

Los primero que hicieron los frailes fue empezar a construir conventos y pedir a los hijos de los príncipes que les proporcionaran a sus hijos para educarlos en la nueva fe y forma de vida. Pronto, a parte de la instrucción, los frailes se dieron a la tarea de destruir los templos y figuras de los antiguos dioses aztecas.

A los jóvenes de la nobleza y demás jóvenes macehuales se les instruyó a que dilataran a sus padres que aún practicaban la antigua religión de sus antepasados.

Aparte de los franciscanos luego acudieron a la Nueva España otras órdenes religiosas como los dominicos, agustinos y jesuitas que al parecer hicieron lo mismo en diferentes partes del antiguo México. En muchas ocasiones construyeron templos católicos en donde antes había pirámides donde los naturales adoraban a sus dioses y a las fuerzas que les daban aliento y vida.

La segunda historia tiene que ver con la matanza del Templo Mayor.

La Fiesta de Toxcatl se celebraba cada año en el Templo Mayor en donde la gente hacía una pasta de semillas de chicalote y construía una imagen de su dios tutelar Huitzilopochtli. En 1520, estando Hernán Cortes ausente enfrentando a Pánfilo de Narváez en la costa, los aztecas pidieron permiso para celebrar esta fiesta que era como su Resurrección, como la Pascua para los católicos de hoy.

Cuando la fiesta estaba en su zenit y los cientos de danzantes, muchos que habían ayunado por veinte días, hacían sus bellas danzas, los españoles, a cargo de Pedro de Alvarado, cerraron las salidas del Templo Mayor y masacraron a los danzantes y les cortaron las manos a los que tocaban los huehuetls, los tambores.

Este hecho está implantado en la mente de todo danzante azteca hoy en día y es transmitido a través de las Mesas (o grupos) de Danza de México y ahora del exterior.

La tercera historia que todo danzante debe saber es esta que tomó lugar en el antiguo Querétaro.

Cuenta la leyenda que el 25 de julio de 1538 los últimos chichimecas y otomíes que combatían a los españoles en el Cerro de San Gremal en Querétaro de pronto vieron una cruz en el cielo, la cual se implantó luego en una bandera que llevaba un español a caballo. Al ver la cruz en el cielo los guerreros naturales exclamaron “Ometeotl!” y los españoles “Él Es Dios!” y la cruenta batalla cesó, mientras la sangre corría hasta el arenal.

Los nativos chichimecas entonces pidieron que se les construyera una cruz de cantera a la cual venerar danzando. Desde entonces los danzantes aztecas y naturales honran la Cruz de Sangremal como reliquia sagrada a la cual le danzan cada año por horas y horas.

 

La danza azteca

Ahora sí, hablemos de la danza Azteca y su camino así al futuro, como si fuera una serpiente que regenera su propia vida y rehúsa extinguirse.

La danza azteca ha sobrevivido hasta hoy gracias en parte a los antiguos jefes y danzantes que fueron preservando los pasos y ritmos de estas danzas. Luego, con la llegada de las órdenes religiosas, estas les fueron permitiendo a los naturales incorporar algunas danzas a las celebraciones católicas a través de los años.

Pero a través de los trescientos años que duró la Nueva España los huehuetls, los atuendos y hasta los copillis (coronas de plumas que erróneamente se les nombran penachos) fueron prohibidos como “cosas del demonio” por los españoles.

Después de la Independencia varios grupos conformados en cofradías o Mesas comenzaron a preservar la danza azteca en México. La organización de estos grupos obedeció a formas o términos militares aunque el propósito era rendir culto a los antiguos dioses aztecas y preservar sus danzas.

Por ejemplo, la Mesa de la Virgen de San Juan de los Lagos, a la que algunos grupos de Chicago están ligados, fue fundada en 1922 por el General de Danza Ernesto Ortiz Ramírez.

Los términos de los puestos de autoridad en una danza son los siguientes: el capitán, sargento, alférez, regidora, sahumadora (también conocida como Malinche) y los macehuales (danzantes), también conocidos como guerreros.

Es difícil explicar la danza Azteca a los que nunca la han visto y nunca la han practicado. En forma de metáforas, lo mejor que se puede decir es lo siguiente.

La danza azteca es una meditación en movimiento, un regocijo, una oración, una plegaria móvil, un salmo azteca hecho danza, una alabanza a nuestros antepasados, una energía compartida, un agradecimiento a la Madre Tierra, una meditación con conchas de armadillo y el sonido sonoro de los huehuetls y de los ayoyotes.

 

Los danzantes rinden homenaje a Tonantzin, nuestra venerada Madre Tierra, los católicos a la Virgen María.

 

La danza brinca a Estados Unidos

De México la danza Azteca atravesó la frontera gracias al interés de los jóvenes que militaban en el Movimiento Chicano.

La Danza Azteca llego a Estados Unidos en 1970 vía el suroeste del país después que los grupos de danza de Florencio Yescas y de Andrés Segura, dos capitanes de esta tradición, fueron invitados por los activistas Chicanos a que les enseñaran las antiguas danzas.

En esa época de la década de 1970 hubo un resurgimiento y deseo de los chicanos de acercarse a la espiritualidad de sus antepasados.

La Danza Azteca viajó por lo que se conoce como Aztlán, los antiguos territorios que le pertenecían a México, para luego brincar a algunas ciudades del Medio Oeste, como Chicago, Joliet, Waukegan y Aurora.

Hoy en día inclusive hay grupos de Danza Azteca en ciudades al este del país, como Nueva York y otras.

 

A la batalla mi capitán

La Danza Azteca llegó a Chicago a la mitad de la década de 1990 cuando Roberto Ferreyra, miembro de la Mesa de San Juan de los Lagos y del Santo Niño de Atocha, comenzó a dar clases de Danza Azteca en Casa Aztlán.

De ahí surgió un grupo que él nombró Nahui Ollin y que con el tiempo, ya para finales del 2005, tenía cerca de 25 a 30 miembros. De este grupo matriz surgió el grupo Nahualli, que optó por ser independiente de Nahui Ollin.

Nahui Ollin ensayó en Casa Aztlán desde 1996 hasta el 2006 cuando al ver que la población mexicana era cada día menor en Pilsen, el grupo se mudó a ensayar en el Centro de Recreación Tepeyac, en la 24 y Albany, en La Villita.

Ahí el encargado de organizar los ensayos fue Jorge Nieto, un danzante que aparte organizaba el Vía Crucis de Pilsen y que acaba de fallecer el 14 de febrero de este año. Después de un tiempo ahí, yo, Antonio Zavala, mi esposa Mago Zavala y Fabiola Ávila y su esposo Ángel Barajas nos regresamos a ensayar de nuevo a Casa Aztlán.

Después de un año, Ávila y Barajas decidieron comenzar un grupo de ensayo en Schaumburg, Illinois, en donde ellos vivían.

Mago y yo, por nuestra parte, continuamos en Casa Aztlán hasta noviembre de 2013 cuando se dio la desagradable noticia que se perdió la hipoteca y cerraron ese centro tan útil para la comunidad.

Mientras tanto Jorge Nieto había decidió separarse de Nahui Ollin y comenzar su propio grupo Kalpulli Macuil-Xochitl. Mago y yo, por nuestra parte, aunque no rompiendo totalmente con Nahui Ollin, decidimos formar nuestro propio grupo Coyolxauhqui Danza Azteca.

 

La Danza Azteca lleva a sus practicantes a rescatar su legado cultural.

 

Hay otros grupos de danza

Hay otros grupos de Danza Azteca no afiliados a Nahui Ollin como el de Rosa Gaytán llamado Ocelotl Cihuacoatl y el de Claudia Bravo, quien estaba primero con Nahualli. También hay un grupo en Joliet afiliado al General de Danza Miguel Alvarado, finado, y el cual tiene linaje directo con los grupos de México en el Distrito Federal.

En Waukegan, Blue Island y en Aurora hay un grupo en cada ciudad. Al parecer existen aproximadamente diez grupos, incluyendo Chicago. Si asumimos que en cada grupo hay unos diez danzantes, se puede calcular el número de danzantes en el área metropolitana de 80 a 100 danzantes.

Los grupos de danza, por separado y a veces en alianza con otros, danzan en los pow wows de Mokena, Dekalb y Naperville. También en los festivales de verano y en las iglesias católicas cada diciembre.

Los grupos también danzan en los clubs de cuadra, fiestas de los inmigrantes que suelen traer iconos religiosos de sus pueblos para venerarlos y en diferentes procesiones como el Día de los Muertos.

La Danza Azteca, aparte de ser una disciplina física, es una forma cultural y una espiritualidad fuera de las paredes y dogmas de la iglesia católica.

Al comienzo se saluda al este, oeste, sur, norte, arriba y al centro. Luego antes de empezar y al terminar una danza, se pide un permiso. Esto se hace danzando y al ejecutar este permiso se hace una cruz con los pies en el centro del círculo de danza, justo frente al huehuetl.

Para sus practicantes, la danza azteca no es un “show” folklórico ni se aprende para exhibirse o lucirse. Se danza como una forma de rendir tributo a los dioses de nuestros antepasados y regresar a una espiritualidad propia que existía antes de la llegada de los españoles.

La danza azteca tiene algunas similitudes con la religión católica: ambas dan crédito a un Dios, un Dador de la Vida. En la Danza Azteca se llama Ometeotl, un dios dual que no es hombre ni mujer y que está junto y cerca de todas las cosas. En la religión católica se venera a un profeta llamado Jesús que es tres personas a la vez: Hijo, Padre y Espíritu Santo.

En la práctica la Danza Azteca tiene una relación simbiótica con la iglesia católica aquí en Chicago y en México.

Aunque independiente de la iglesia, los grupos de Danza Azteca son requeridos (contratados o invitados) por las iglesias católicas para danzar ahí cada 12 de diciembre, día en que se honra a la Virgen de Guadalupe. Mientras la iglesia católica honra a la Virgen María, los danzantes honran a Tonantzin, la Madre Tierra y deidad de los aztecas.

De esta manera las dos tradiciones religiosas se juntan, se funden y mientras la iglesia católica le da a entender a sus fieles, descendientes de los aztecas, que esta se cerca a sus raíces, los grupos de danza introducen la tradición azteca a más gente y al mismo tiempo van ganando más adeptos.

 

El activista Carlos Montes durante una ceremonia en Casa Aztlán. El grupo de danza Nahui Ollin lo bendice con copal.

 

No eran tan diferentes

Al llegar a México-Tenochtitlan los frailes religiosos descubrieron que su religión no era tan diferente a la de los aztecas. Los aztecas también creían en la expiación de los pecados, en la resurrección y un mundo después de la muerte. He aquí un relato de lo que pasó entre los frailes y un sacerdote azteca.

Los aztecas que sobre vivieron protestaron cuando los frailes franciscanos empezaron a atacar a los dioses y la religión de los aztecas. Durante unos coloquios o diálogos con los frailes, los aztecas hablaron pero luego trajeron a un sacerdote azteca que les explicó sobre su forma de vida. Estos diálogos permanecieron en secreto en el Vaticano hasta 1924. De 30 capítulos solo 14 fueron descubiertos.

He aquí una breve cita de uno de ellos de lo que contesta un sacerdote azteca a los frailes católicos y lo cual tiene el mismo sentido religioso de los conquistadores:

“Era doctrina de nuestros mayores que son los Dioses por quien se vive… ellos nos merecieron (con su sacrificio nos dieron vida). ¿En qué forma, cuándo, donde? Cuando aún era de noche. Era su doctrina que ellos nos dan su sustento, todo cuanto se bebe y se come, lo que conserva la vida.”

Luego de refutar a los frailes la opinión de que los indígenas no son cultos, no son civilizados, el sacerdote azteca, les dijo lo siguiente:

“Nosotros sabemos a quién se debe la vida, a quién se debe el nacer, a quién se debe ser engendrado, a quién se debe el crecer, cómo hay que invocar, cómo hay que rogar. Oíd señores vuestros, no hagais algo a nuestro pueblo que le acarré la desgracia, que lo haga perecer…”

 

Un pasado que no está del todo muerto

La danza azteca es un remanente, de una civilización original, que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos. Los que la practican pasan por una transformación cultural y espiritual que los regresa a su ser original, su rostro original, para usar una frase del budismo. La danza reafirma la identidad indo/mexicana de sus practicantes y fomenta el redescubrimiento y valorización de un pasado que aún no está del todo muerto y que quizás nunca lo estará.

Como en el Zen, la Danza Azteca no se puede explicar, se tiene que experimentar para conocer lo que es.

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Antonio Zavala. Periodista, es también danzante y dirige el grupo Coyolxauhqui Danza Azteca.

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