¡Ay amor: si yo tuviera cuatro vidas...!

Me leí el libro completito sin haber escuchado una sola canción del disco compacto, sin haber bailado una sola pieza, sin haberme “contaminado de sudores, de olores, de movimientos de cadera... de vida” —como sugiere Laura Esquivel en su prólogo. Tal vez por eso yo no puedo juzgar a La ley del amor como se lo merece...

Humberto Gamboa Semillas culturales