San Cristóbal y el turismo zapatista

San Cristóbal y el turismo zapatista

Zapatismo por aquí, zapatismo por allá. Ya bastante se ha hablado, escrito y discutido sobre el tema. Ya muchos lo tienen digerido y desechado o vomitado. Otros apenas lo han escuchado. Hay quienes le conocen de primera mano y les es una forma de vida, hay quienes lo conocen superficialmente pero se autodenominan doctos al respecto. De todo hay en la villa del zapatismo, por ser tan incluyente y por no hacerle el feo a nadie más que al mal gobierno y a sus ejecutores.

No pretendo explicar ni dar a conocer lo que ya se sabe, lo obvio, sí, el zapatismo es un movimiento que nos ha abierto los brazos a todos, pero no todos han querido participar de él, o al menos no activamente, algunos participan de manera simbólica, en el sentido estricto de la palabra. Paseemos por las calles del centro de San Cristóbal de las Casas, la cuna del movimiento zapatista, y digo cuna, porque fue aquí donde se recostó una vez que nació, ya que su proceso de gestación en realidad ocurrió en el corazón de las comunidades indígenas aledañas. ¿Qué sucede en el centro de esta bella e histórica ciudad colonial que ha recibido el título honorífico de “Pueblo mágico”? ¿Dónde radica realmente su magia?

Este lugar está lleno de visitantes que vienen aquí por diversos motivos, el más predominante es el turismo en su más puro estado. Existe el llamado turismo zapatista, el cual es una excelente idea ya que los turistas consumen productos elaborados por zapatistas, y esto implica ganancias para ellos. Todos ganan. Pero la situación no es tan simple como aparenta. El turismo zapatista en este pueblo mágico se divide en dos principales vertientes: los turistas interesados superficialmente en el movimiento, y los turistas “politizados”. Ambos tipos abundan aquí, sin embargo esta crítica se dirige a los que integran la primera vertiente. La bienintencionada acción de acercarse a ciertas localidades chiapanecas con la finalidad de aprender, conocer y vivir la experiencia del zapatismo es aplaudible, admirable. Los habitantes de este mundo nos encontramos desamparados y a la deriva, necesitamos una guía, no precisamente líderes, pero es importante que hagamos un camino hacia la independencia y la autonomía, hacia la soberanía y la libertad, y si alguien ya ha andado dicho camino es aceptable que sean guías para los que aún no lo hacen. ¿Pero qué hay de aquellos que se conforman con portar playeritas con el rostro del “ya finado”, como dicen, sup Marcos? ¿O de aquellos que compran postales, paliacates y cuanto souvenir les ofrezca el mercado sancristobalense de objetos relacionados con esta lucha? La ideología zapatista no va de la mano con el consumismo, lo menciono por si a alguien se le había escapado este punto. En Chiapas sí hay zapatismo para llevar, pero no únicamente en figuritas de guerrilleros. Podrá argumentarse que la importante derrama económica que implica el turismo zapatista beneficia considerablemente a los comerciantes indígenas, en su mayoría tzotziles que deambulan por la ciudad de San Cristóbal, sin embargo, nos topamos con otras dos realidades: no todos estos indígenas son zapatistas, y no todos los que hacen turismo zapatista compran directamente sus productos a quienes los elaboran, sino que lo hacen a través de algún intermediario, entiéndase algún mestizo, que puede o no formar parte del movimiento y que posee algún local comercial, si esta persona es parte del movimiento es un hecho que al menos una porción de sus ganancias serán destinadas a la causa, si este comerciante no está interesado en el movimiento sino en vender y ganar, pues no hay mucho que aclarar al respecto. La buena intención del turista no habrá rendido frutos. Con esto no estoy diciendo que quien no es zapatista no merece vender sus productos, solo quiero enfatizar lo siguiente: muchas veces el desconocimiento del turista acerca de lo que consume y de quién lo obtiene, lo lleva a creer que está colaborando económicamente para la construcción de una causa, cuando en realidad sus recursos no se acercaron ni remotamente a quien deseaba beneficiar. Bueno, eso en el caso de que el consumo haya sido un pretexto para ayudar, pero como mencionaba más arriba, el turista superficial no viene con intención de colaborar sino de posar, literalmente. Se da por bien servido si salió en la foto junto a un cangurero tzotzil (se les denomina cangureros a los vendedores que cargan consigo una cajita de madera repleta de cigarros, dulces y gomas de mascar y que vendiendo esto se ganan la vida). Este tipo de turista regresa a su país, o estado, o ciudad de origen, satisfecho y alardeando sobre su contacto con la lucha zapatista, sobra mencionar que dicho contacto se limitó a tomar fotografías, comprar souvenirs y sostener una que otra charla pseudointelectual al respecto con otro bonche de turistas.

Moraleja: Como el zapatismo otorga y recibe, enseña y aprende, construye y es construido, la comunidad turística en el municipio de San Cristóbal de las Casas, o al menos esa parte que tenga la intención de relacionarse con el movimiento zapatista debe estar consciente de que para concretar dicha relación hay que dar y también hay que recibir, ¿y qué es lo que se da? No solamente recursos económicos, se pueden aportar creatividad, ideas, compañía, vigilancia, solidaridad, difusión. ¿Y qué es lo que se recibe? Se recibe acogimiento, conocimiento, experiencia colectiva, experiencias individuales. ¿Y para qué se da y para qué se recibe? Reitero, el zapatismo es para llevar, se lleva a donde uno camina, se habla, se comparte, se supera el ímpetu teórico y se lleva a la praxis. El que se acerca al movimiento y se empapa de él, tiene el deber moral de empapar a los otros. No solo hay comunidades indígenas en Chiapas, las hay en todo el país, y todas resisten, no todos los indígenas son zapatistas, pero todos viven el atropello a sus derechos humanos más básicos. El zapatismo puede hacer cambios en el mundo entero, está probado. El que viene a Chiapas a vivir “la experiencia zapatista” tendrá que salir del bar, de la librería, del café, posteriormente tendrá que salir del centro de la ciudad para acercarse a las colonias populares, luego tendrá que salir del municipio para internarse en la comunidad, en el caracol y entonces regresar al lugar de donde vino, para poder así transmitir el mensaje de cambio y lograr una verdadera transformación. El zapatismo no es para permanecer únicamente donde nació y presentarse como un producto comerciable, es para transportarse y para esparcirse como una semilla, que más adelante a base de esfuerzos y voluntades conjuntas fructificará en puntos distintos del planeta, dará vida a una realidad distinta, porque como dice la frase ya casi vuelta cliché, no solamente otro San Cristóbal, ni solo otro Chiapas sino: Otro MUNDO es posible.

 

Julia Cristina Mena Violante. Traductora y profesora de inglés desde hace casi diez años. Actualmente estudiante de la licenciatura en derechos humanos por la UNACH y realizadora de performance callejero con alto contenido social.

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