Por los 15 (Y LOS 30)

Por los 15 (Y LOS 30)

Lucha por los 15, en Chicago. -©Jorge Mújica Murias

No pocas han sido las luchas sindicales de los trabajadoras mexicanos en Estados Unidos a través de los más de100 años de historia de nuestra comunidad en estas tierras del Medio Oeste estadounidense.

Aunque el primer papel del obrero mexicano en Chicago haya sido de esquirol hace casi cien años, cuando los sindicatos comenzaban a organizarse en el sur de la ciudad, en las metalúrgicas y los rastros, no faltan ejemplos de organización avanzada.

En la década de 1930, por ejemplo, los sinaloenses y duranguenses en Nuevo México fundaron su propia organización, el Sindicato de Mineros Mexicanos, ante el rechazo de los organizadores güeros que los rechazaban en el Sindicato United Mine Workers.

Años después, el legendario César Chávez organizaría a los trabajadores agrícolas, lucha que atrajo la atención nacional hacia la lucha de este sector obrero.

En épocas más recientes, sindicatos como UE, United Electrical workers; Workers United, herederos de las luchas de las costureras y textileras y SEIU, trabajadores de los servicios, entre otros, han organizado trabajadores mexicanos con relativo éxito. A pesar de ello, no más de un 8 o 10 por ciento de trabajadores a nivel nacional está organizado, y los promedios entre los mexicanos son aún menores. 

Pero últimamente los trabajadores están buscando y aceptando nuevas formas de organización. 

Algunos notables e históricos ejemplos son la “huelga sin sindicato” de 110 trabajadores de Cygnus, durante 15 días, cuando el patrón pretendía despedirlos. Sin sindicato y sin contrato, pero al calor de las marchas inmigrantes de 2006, sostuvieron una línea de protesta frente a la empresa hasta lograr su reinstalación.

Pocos años después, 200 trabajadores de Republic Windows and Doors, en su mayoría mexicanos, ocuparon su planta para evitar que su dueño fraudulento la liquidara. Su lucha los llevó hasta la creación de una cooperativa, y al patrón a una condena de cárcel de varios años.

Hoy, a falta de sindicatos, grupos de obreros han encontrado el apoyo de Centros de Trabajadores, organizaciones híbridas entre grupo comunitario y un grado menos que un sindicato, para luchas sencillas, como el robo de salarios, y hasta complicadas, como un salario mínimo de 15 dólares por hora.

Ahí destaca, precisamente, el Comité de Chicago de Organización Obrera, que ha logrado aglutinar en apenas un año, desde noviembre de 2011, a cientos de trabajadores que han declarado otras tantas huelgas “individuales”. Por 24 horas, abandonan el trabajo con advertencia a los patrones de que están luchando por su derecho a sindicalizarse y por un salario mínimo de 15 dólares por hora. En su absoluta mayoría, los patrones no han podido tomar represalias debido al alto grado de organización obrera.

Pero en ocasiones, por ejemplo contra algunos trabajadores de McDonald’s que participan en la “Lucha por los 15”, las empresas han respondido verificando (ilegalmente por cierto, pero con el respaldo que da ser una millonaria corporación), la documentación migratoria de los trabajadores.

Ahí se combina, involuntariamente, la lucha por la reforma migratoria que le proporcione documentos al trabajador migrante y la lucha obrera que lo dote de condiciones dignas de trabajo. Ninguna puede funcionar completamente sin la otra. Una lucha por 15 dólares de salario mínimo es insostenible sin una legalización para los 11 millones de inmigrantes, entre ellos los 9 millones que son trabajadores activos. Sin una base pareja e igualitaria de donde partir, millones no podrían elevar su nivel de lucha. Irónicamente, los papeles no aumentan automáticamente los salarios, de manera que los 30 o más millones de trabajadores mexicanos o descendientes de mexicanos en Estados Unidos siguen teniendo una tarea pendiente.

En su favor, por ejemplo, el centro de trabajadores Arise Chicago logró este año apoyar la sindicalización de dos grupos de trabajadores en Chicago que originalmente querían solamente resolver problemas salariales. Sus demandas transitaron rápidamente de lo económico simple hacia una solución a más largo plazo.

Los dos grupos son “mixtos” indocumentados, legales y hasta ciudadanos, pero su lucha es la misma.

Y en un caso sin precedente, Arise logró que un juez de inmigración detuviera la deportación de un trabajador para que pueda (literalmente), “defender su caso de robo de salarios ante el Departamento del Trabajo”.

La lucha se anuncia larga, pero al parecer las soluciones creativas están del lado de los trabajadores inmigrantes. De hecho, posiblemente de su creatividad dependa su éxito. Pensar fuera del esquema legal estadounidense puede resultar una ventaja.

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Jorge Mújica. Periodista. Reside en Chicago y es autor de la columna "México del Norte".

 

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