Narcocultura

Narcocultura

 

Todos cometemos errores y uno de mis últimos fue no haber confiado en Shaul Schwarz. Schwarz, un fotoperiodista israelí, hizo un documental llamado Narcocultura, que yo pensé estaba abigarrado de clichés. Pero ahora que lo he visto en YouTube, sé que Schwarz se aleja de Malverde y de otros lugares comunes y, en su lugar, consigue retratar a ese México del razonamiento del zig zag: el que sufre y rechaza la violencia, mientras el otro la venera.

Narcocultura confronta el diario trajinar de Richi Soto, un perito del Servicio Médico Forense de Ciudad Juárez, y de Édgar Quintero, un cantante de narcocorridos que vive en Los Ángeles. Soto nos enseña cómo los vivos estamos en manos de los narcos, o sea de los muertos y Quintero, como todo cantante del movimiento alterado que se precie de serlo, convierte la muerte y la tragedia en dinero. Soto ve cómo son asesinados sus amigos y Quintero le canta a tipos que matan y procrean a toda hora, como si fueran el registro civil. 

Mientras miraba el documental, recordé que historias de este tipo las han escrito colegas intrépidos: Marcela Turati, Sandra Rodríguez, Javier Valdez, Diego Enrique Osorno y un puñado más que suelen rifársela en la línea de fuego. Pero la fuerza que tienen las imágenes en Narcocultura me ha llevado a cavilar que quizá las palabras no han sido suficientes para mostrarle a la gente el horror en el que seguimos hundidos. También he discurrido que los extranjeros, hasta ahora, han sido los únicos en meterse con sus cámaras de video hasta la cocina del narco. No es una crítica. Al contrario. Si ellos consiguen grabar ese mundillo, que vengan más documentalistas y cuenten, como lo hizo Schwarz, que en México hay ciudades donde los jóvenes padecen el síndrome Soprano —entiéndase Culiacán o Durango—. Que digan, también, que hay lugares donde tanto muerto ya no cabe en los cementerios ni en las estadísticas. O que, como Quintero, hay cantantes del movimiento alterado que andan empistolados, que creen que la mafia es su profesión y la ley su contrincante, que se las pegan de chacalosos porque están bien recomendados, o que salen al escenario empecherados o con una bazuca al hombro. Me cae que otra cosa era el Chalino Sánchez.

Narcocultura nos restriega nuestra derrota ante el crimen (y el crimen abarca a los políticos, a los empresarios, al ejército, a la Marina, a la policía y a todo aquel que le saca provecho al negocio de las drogas). Nuestra derrota incluye hoy que el Estado haya alentado una guerra entre civiles y narcos en Michoacán. Derrota es la guerra que ocurre hoy día en Tampico y que el gobierno diga que no pasa nada, que son hechos aislados. Derrota fue ver marchas a favor del Chapo Guzmán. Derrota es que en Juárez haya tenido que ganar el cártel de Sinaloa para que la violencia amainara. Derrota es que cada vez en los medios ya no se hable de las matanzas y desaparecidos. Derrota es que haya sido encontrado un hombre ejecutado en Azcapotzalco. Derrota es que la apología se dispare y el miedo nos desampare.

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Alejandro Almazán. Estudió comunicación en la UNAM. Ha colaborado en Reforma, Milenio y El Universal y el semanario Emeequis. Es tres veces Premio Nacional de Periodismo en Crónica. Autor de Gumaro de Dios, El Caníbal, Placa 36, Entre Perros y El más buscado. @alexxxalmazan

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