Las dos caras de ‘El vestido de la reina kitsch’

Las dos caras de ‘El vestido de la reina kitsch’

El vestido de la reina kitsch de Miguel de la Cruz

Brown Buffalo Press, Santa Fe, 2019. 85 páginas, $10.00, ISBN-13: 978-0999031490

 

 

Las fronteras se ven más claras mientras más lejos estemos de ellas. De cerca, lo que separan se nos muestra no pocas veces idéntico, no pocas mimetizado. Miguel de la Cruz nació en El Paso, Texas, vive en Las Cruces, Nuevo México, escribe en español y los textos de su libro El vestido de la reina kitsch (Brown Buffalo Press, 2019) se mueven con tal desparpajo que la frontera termina pareciéndonos y apareciéndose como una de esas imágenes de Escher donde el comienzo es el final y pasar de un lado a otro y viceversa es la misma acción continuamente repetida. Sin embargo, ese continuo a veces tiene partes bien definidas, como las dos caras de un disco de vinilo; no en balde, el libro está dividido en Lado A y Lado B.

En estilo y estructura bien podríamos ubicar a De la Cruz en la tradición de la microficción latinoamericana, con Juan José Arreola y Julio Cortázar como referencias directas en su imaginario, tal como lo muestra el cuento Rocamadour, donde el bebé de la Maga le sirve para ejecutar una especie de vano desquite frente al destino. Pero la realidad de la frontera se impone con sus ritmos y temas endémicos.

En El vestido de la reina kitsch hay cuentos como “Velarde”, de gente que llega a la frontera para en algún momento tratar de cruzarla; cuentos como “Al sol seguía” y “Lucía”, de personas que cruzan la frontera pero no pueden dejar atrás el otro lado; cuentos como “Civismo” y “Cubículo”, de latinos de segunda o posterior generación; y cuentos como “Friendly Fire” y “Party Crasher”, donde la convivencia en la frontera lleva inevitablemente a la confrontación.

Sin embargo, cuentos como “Carta a un héroe”, “Thoughts and Prayers”, “Lady Liberty”, el que le da nombre al volumen, o incluso “Libélula”, a pesar de su referencia a Comala; responden a una identidad propia de la frontera, donde convivencia e intercambio dan origen a una realidad nueva e independiente, que no es posible explicar sumando elementos de uno y otro lado. Demasiadas generaciones han cruzado en ambas direcciones y ese flujo deja sedimentos que a la larga producen tierra firme y fértil.

La frontera también es siempre una realidad política, eso lo sabe bien De la Cruz, y sobre todo sabe que la realidad fronteriza en la actualidad está caricaturizada en forma de muro, por eso se presenta en cuentos como “Donald, el pato” y “Junkies”.

Mención aparte merece la edición. El volumen publicado por Brown Buffalo Press es lindo y está muy cuidado, con ilustraciones de Jair Tapia tanto en la tapa como en el interior del libro. Brown Buffalo Press es una editorial reciente que muestra apenas tres libros en su página web. Ojalá publiquen mucho más con esta calidad.

Volviendo a la reina kitsch, Miguel de la Cruz nos brinda un mundo donde el cruce es una forma de permanencia y donde la frontera se hace tan ancha como para volverla apenas metáfora de una tradición que le debe tanto a cada lado que vuelve fútil cualquier intento de determinar orígenes, deudas o porcentajes.

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