La obra de Rebecca Wolfram: entre la modernidad y la barbarie

La obra de Rebecca Wolfram: entre la modernidad y la barbarie

Esta metáfora podría llevarse al contexto de la plástica. La obra no solo debería invitarnos a la contemplación sino cimbrar el alma gélida hasta penetrar los confines del espíritu. La obra plástica de Rebecca Wolfram es esa punta de lanza invernal que pincha la conciencia. Cada una de sus obras crea una eufonía con trazos, texturas, matices e ideas. La totalidad de su obra plástica conforma un hilo visual que se mueve entre el tiempo y el espacio, la prehistoria y la modernidad, la civilización y la barbarie. Su destino estaba trazado en el universo de la creación y las artes, desde temprana edad tanto las letras como la plástica fueron su pulsión. La obra literaria de Saul Bellow la llevó a las aulas de la Universidad de Chicago donde se graduó del departamento de Artes Visuales en la convulsiva década del setenta. Durante tres décadas, enseñó inglés a inmigrantes que recién habían llegado a Chicago. Después de clases, regresaba a casa y en la soledad de su estudio se dedicó a ir plasmando su obra pictórica. El corpus visual de Wolfram abarca pintura, dibujo, arte objeto, instalación. Pinta al filo entre la forma y el fondo. Sus pinceladas y texturas son continuidad de las pinturas rupestres en la cueva de Maltravieso y también alcanzan la contemporaneidad y el ingenio de Käthe Kollwitz y Kara Walker. Los motivos que habitan la pintura de Wolfram cuestionan jerarquías, invitan a la experiencia cognitiva, a la vivencia sensorial y a descolonizar la enajenación. No obstante sus cuadros no son panfletos. A través del color, el dibujo y la transfiguración de siluetas, Wolfram manifiesta la expresión más elevada de la condición humana: el espíritu. Walter Benjamin imagina lo que mira el Ángel de la Historia: “En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar”. Ese es su acercamiento al monoprint Angelus Novus, de Paul Klee. “El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido.” Un huracán intentará arrastrar al ángel; para él “este huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. El Ángel de la Historia de Benjamin y la obra de Rebecca Wolfram se reflejan. Basta asomarse a la ventana, abrir el periódico, recorrer con el pulgar la pantalla del smartphone para descubrir el estado político y socio-económico del mundo así como la crueldad del ser humano con el reino animal. Se ha abusado del concepto de modernidad para justificar la opresión y la barbarie. En esta época postmoderna de ángeles caídos, la obra de Rebecca Wolfram deviene en un destello de esperanza. Present Continious, 2016. FRANKY PIÑA es gestora cultural, activista por los derechos de la comunidad transgénero, escritora apasionada del arte y directora editorial de El BeiSMan. En Chicago, ha sido cofundadora de revistas literarias como Fe de erratas, zorros y erizos, Tropel y contratiempo. Es coautora del libro Rudy Lozano: His Life, His People (1991). Participó en las antologías Voces en el viento: Nuevas ficciones desde Chicago (1999) y Se habla español: Voces latinas en USA (2000). Ha editado varios catálogos de arte: Alfonso Piloto Nieves Ruiz: Sculpture (2014), Barberena: Master Prints (2016) Raya: The Fetish of Pain (2017), Wolfram: We Are Capable People (2019), entre otros.

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