La Iglesia del profeta Facundo

La Iglesia del profeta Facundo

 

La iglesia del Profeta Facundo de los Últimos Días del Planeta Tierra se fundó en la pequeña aldea de Ikal, departamento del Quiché, Guatemala. Eso fue después de que el profeta Facundo realizara dos milagros a los habitantes maya de esa pequeña aldea en el 2015.

El primer milagro fue realizado al campesino Yaxkin Koj a quien se le había perdido una vaca, la única que poseía y la que planeaba entregar como dote cuando su hija Astil se casara. Con mucha devoción y con gran angustia, Yaxkin le rezó al profeta Facundo y la vaca regresó dos días después al corral de piedra del cual se había escapado. El mismo corral que está al lado de la choza de Yaxkin y de su humilde familia.

El milagro se realizó a un año de que los miembros de la aldea de Ikal se enteraran de la muerte del profeta Facundo Cabral, un argentino errante.

Un año antes, en el mes de noviembre 2014, los naturales Akbal Canastuj y Coatl Pérez, ambos de la aldea de Ikal, habían viajado a la insigne y magistral ciudad de Guatemala. Su pequeña aldea de Ikal está localizada a pocos kilómetros de la antigua ciudad de la Santa Cruz del Quiché. Como es la costumbre local, los dos hombres se fueron caminando por la carretera. Aceptaron aventones de los camiones de carga que pasaban por la carretera que ondea entre las montañas.

Fue en la ciudad de Guatemala, la capital del país, que Akbal y Coatl aprendieron algo revelador que transformó sus vidas.

Fue ahí que ellos conocieron de la muerte del cantor argentino Facundo Cabral que al parecer lo habían matado por error. El incidente había ocurrido el 9 de julio de 2011 mientras él viajaba rumbo al aeropuerto en un auto conducido por otra persona. El profeta tenía 74 años de edad.

Akbal y Coatl se deprimieron al conocer que el cantante había terminado así. Pero no se sorprendieron mucho, ya que, a Jesucristo, el hijo de Dios, también lo habían crucificado los reaccionarios que se oponían a los cambios sociales de la época. Como dicen por ahí, los corderos siempre lavan con su sangre las manchas de los pecadores.

Fue en el mercado Central de la ciudad de Guatemala que un joven turista estadounidense, vestido con pantalones de mezclilla desgarrados de las rodillas, le regaló a Akbal y a Coatl unos MP3’s con el repertorio completo de Facundo Cabral, un poeta que iba de ciudad en ciudad por el mundo cantándole a la luz primaveral de la solidaridad humana.

Fue de regreso a su aldea de Ikal, allá en donde las montañas sueñan despiertas y los árboles respiran vida, que Akbal y Coatl pasaron días enteros escuchando y analizando las canciones y letras de Facundo Cabral.

Al final, ambos indígenas concluyeron que Cabral, quien había empleado el canto y la música para transmitir su sabiduría, era en realidad un profeta moderno, quizás el Kukulcán que había regresado a las tierras ancestrales de los hombres y mujeres mayas.

Fue por este tiempo que se realizó el primer milagro de Yaxkin y el cual se le atribuyó al profeta Facundo.

En otra ocasión, dos mujeres maya estaban platicando sobre el cantor cuando de pronto escucharon un rayo rugir sobre las montañas. Les pareció extraño porque no estaba lloviendo. Las dos mujeres tomaron esto como una señal divina y es ahí que ambas decidieron buscar una forma de honrar al profeta.

Xareni y Lool Beh, las dos mujeres, de inmediato fueron a consultar a los ancianos sabios de la aldea y explicaron todo sobre el cantante. Después de escucharlas, el consejo de ancianos decidió que se fundara la Iglesia del Profeta Facundo de los Últimos Días del Planeta Tierra.

—Pero esperemos algún otro milagro antes de construir la iglesia, —dijeron los ancianos mayas a Xareni y a Lool Beh—. Si es la voluntad de la Madre Tierra, construiremos su iglesia en esta, la tierra del quetzal, donde el tiempo va y vuelve en círculos eternos y en donde la memoria de la Tierra es preservada.

Y fue así que en la aldea de Ikal los hombres y mujeres mayas esperaron otro milagro de Facundo Cabral.

Un tiempo después se desbordó el ríko Chixoy durante una fuerte tormenta. Esto causó que las comunidades ribereñas no pudieran cruzar y es cuando unos campesinos le rezaron al profeta Facundo rogándole los ayudara para que no se perdieran las vidas de los naturales que estaban siendo amenazados por las crecientes aguas del río.

Después de lanzar sus plegarias al cielo, asombrosamente las aguas del río disminuyeron de inmediato y los vecinos maya pudieron cruzar el río sin tener que perder la vida.

Fue después de este segundo milagro atribuido al profeta que se empezó a construir la nueva iglesia, la cual les tomó un año completar. La iglesia la conformaban una casa larga con un bello portón de caoba tallado. En su interior hay un altar con una imagen del profeta y filas de bancas de madera para aproximadamente cincuenta personas.

En 2016, se inauguró la iglesia y es obvio que se dedicó al profeta, pero su segundo nombre, ese de iglesia de los Últimos Días del Planeta Tierra, obedece a la elección de Donald Trump, presidente estadounidense.

Los ancianos sabios de la aldea de Ikal sabían, de alguna manera u otra, que con la ascensión de Trump al poder, el fin de los días del planeta Tierra estaban contados.

Con la iglesia los moradores de la aldea encontraron su centro, por decirlo así y se convirtieron más creativos, compasivos y se dieron cuenta de que siempre iban a perdurar sobre la Tierra, aunque otras civilizaciones se destruyeran.

La estructura jerárquica de la iglesia es simple y es algo que al profeta Facundo le hubiera gustado. Itzamma es el sacerdote que lidera la iglesia; en maya, su nombre significa el elegido. Este sacerdote es el que oficia las misas. Hay otro sacerdote que está encargados de cuidar los textos del profeta: Yumil es su nombre y es quien asiste en todo al Itzamma.

Los residentes de Ikal y de aldeas vecinas están muy contentos con su iglesia. Muchos tienen fotos de Cabral en sus chozas. Otros se alientan con escuchar las canciones del profeta.

Los servicios religiosos son cada domingo y los anuncian dos horas antes con un caracol desde lo más alto de la aldea.

El inicio del servicio consiste en traer las reliquias del profeta al altar. Estas incluyen una foto del cantor y filósofo con barba, una guitarra de madera que significa su espíritu creador y un bastón que simboliza todos los senderos por los que el profeta atravesó para llevar y ofrecer sus conciertos llenos de esperanza y solidaridad con los habitantes del planeta.

Dos miembros indígenas de la congregación están a cargo de la primera y la segunda lectura del cancionero. Casi siempre consiste en citar las palabras o letras de las canciones de Cabral, El Profeta, como le llaman.

En una reciente primera lectura se le dio voz a las palabras del profeta que dicen: “La sociedad actual está tan mal, tanto por las fechorías de los malos, como por el silencio de los buenos”.

Durante la segunda lectura, un niño maya ofreció las palabras del profeta de la canción “Vuele Bajo”. El niño pronunció las palabras: “Vuele bajo porque por abajo está la verdad. Esto es algo que los hombres no aprenden jamás”.

Luego, el niño citó al profeta otra vez: “Diógenes cada vez que pasaba por el mercado se reía porque decía que le causaba mucha gracia y a la vez le hacía muy feliz ver cuántas cosas había en el mercado que él no necesitaba. Es decir que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita”.

Después de la segunda lectura, el Itzamma predica el evangelio a los feligreses basándose en las enseñanzas del profeta. Antes de empezar, el sacerdote dice tres veces “Pobrecito mí patrón” a lo cual la congregación responde: “Piensa que el pobre soy yo”.

Luego, el Itzamma recoge las enseñanzas y andanzas del itinerante trovador a quien sólo le basto una guitarra y una mochila para distribuir su sabiduría a los miles de personas que asistieron a sus conciertos.

El Itzamma casi siempre menciona que el profeta se puso al lado de los que buscan la justicia y la paz. El gran Itzamma ruega a los asistentes que sean sencillos y sabios como el profeta.

Si el sacerdote está bastante inspirado, a veces recita algunos párrafos del manuscrito sagrado titulado “No estás deprimido, estas distraído”.

Al final del servicio, cada congregante le dice a otro “In lak ech” que significa “Yo soy otro tú” y el otro contesta: “Hala ken” que significa “Tú eres otro yo”. Luego los congregantes se dan el saludo de la paz.

Los habitantes de la aldea están felices con la iglesia del profeta, a la cual ellos acreditan ser más creativos y centrados en su trabajo. Solo quisieran que otras aldeas y pueblos indígenas también lo fueran.

El otro día, el Itzamma recibió a una comitiva de cinco mayas que vinieron a Ikal a pedir que se les permita construir una sede de la Iglesia del Profeta Facundo de los Últimos Días del Planeta Tierra en otro departamento lejano de Guatemala.

—Sus palabras son palabras de vida —dijo uno de los visitantes refiriéndose al profeta Facundo— y queremos crecer escuchándolas.

—Así será —dijo el Itzamma—, así será.

 

“La Iglesia del Profeta Facundo” es un relato de ficción. Es un tributo a Facundo Cabral, que el autor imaginó y es que muchos sí lo vieron como un profeta en La Tierra. El relato surge a partir de su muerte en Guatemala. Al autor le interesó imaginar que sus enseñanzas no terminan con la muerte del cantautor y el presente relato fue una forma de hacerlo patente. El cuento es parte de un libro nuevo de relatos.

1 Comment

  • carlos Arango 3 weeks ago

    Hola me gusta esta correlación de ideas entre los mayas, el poeta que cantaba, asesinado por confusión de mucha coca en el cerebro de los que lo mataron y el eclipse universal con el triunfo de Trump, fin del mundo dice el escritor, arrollados por la pandemia en efecto, lo místico es para combatir el miedo, pero no combate la ignorancia y la vida es lo rescatable. Antonio Zavala en hora buena, escritos pandémicos yo diría.