La deconstrucción de María Mínguez Arias en Nombrar el cuerpo

La deconstrucción de María Mínguez Arias en Nombrar el cuerpo

 

Nombrar el cuerpo de María Mínguez Arias
El BeiSmAn PrESs, Chicago, 2022. 180 páginas, ISBN 979-8847581844

 

 

Nombrar el cuerpo (El BeiSmAn PrESs, 2022) es el segundo libro de María Mínguez Arias. El primero es una novela titulada Patricia sigue aquí (Editorial Egales, 2018). Entre los cuatro años que separan sus dos obras yo he podido establecer una relación cercana con la autora, la cual se inició con el descubrimiento de su novela y se ha sustentado por el trabajo que ambas hacemos para difundir la voz de la mujer que escribe en español en Estados Unidos. Dirán que por mi cercanía literaria a Mínguez Arias no debería escribir una reseña de su obra pero el caso es que este “es un libro sobre el cuerpo. El tuyo” (13). Estas palabras las dice Anjanette Delgado en el prólogo. También lo dice la autora en el epílogo: “Con la escritura de este libro quise trazar un mapa del cuerpo, pero el resultado va más allá: es un diagrama para el futuro. Para nuestro futuro. El de mi cuerpo y el mío. El de tu cuerpo y el tuyo. El de todas” (176). Si este libro habla de mi propio cuerpo, me dispongo a adentrarme en este y a gozarlo. Por ello, este acercamiento puede tornarse en una reflexión íntima.

Lo primero que hay que decir es que Nombrar el cuerpo es una obra híbrida. Dista de la ficción y se sumerge en el ensayo personal, en un diálogo interno –mas no monólogo— en el que Mínguez Arias sostiene los 50 años de vida que lleva y enaltece el cuerpo que le ha permitido llegar a esa edad. Por otro lado, en la segunda parte del volumen Mínguez Arias nos regala una serie de poemas que en conjunto llevan el nombre de “Poética vertebral”. Tanto en narrativa como en poesía, la autora examina las bases de su propio ser que la han mantenido de pie por medio siglo. La voz poética pasa a ser su propia voz.

 

“Vertí la tinta

sobre un cuerpo

 

para que lo leyeran

en estas páginas” (163).

 

Estos versos perfectos son los que condensan la esencia de la obra y los que me hacen prenderme de su columna. Mínguez Arias lleva a cabo una deconstrucción de sí misma y reconoce el sostén de su vida; al mismo tiempo, esa deconstrucción se transforma en el pilar de su libro. Cuando me encuentro con la “Metadata del sostenimiento”, una retahíla de palabras repetidas que advierten el posible desplome de un cuerpo y suponen un soporte, son esos vocablos reiterados que me traen de vuelta al suelo, que me recuerdan adónde está mi territorio: autonomía, maternidad, sangre, dignidad, lenguaje, alianza, lucha. 

Nosotras, las mujeres, vivimos supeditadas al alcance que pueda tener nuestro cuerpo en todo sentido. El conglomerado de órganos, músculos y huesos que nos envuelve resulta ser el factor usado por el poder hegemónico para identificarnos; según los demás somos simplemente un conjunto de células que debe llevar a cabo ciertas tareas: embarazarse, parir, trabajar con las manos, sudar, permanecer silente, ser usurpado. Mínguez Arias reconoce esta imposición en la historia de su vida moldeada por diversas capas que al fin y al cabo se resumen en la corporalidad. A lo largo de los ensayos y los poemas se resaltan temas tan personales como el síncope vasovagal con el que vive la autora, el ataque de tos que le duró varios meses a raíz de la propuesta de invalidación del matrimonio igualitario en California, los temblores que sufre, la golpiza de la que fue víctima hace varias décadas. De igual forma, la pandemia del coronavirus revienta en 2020 y afecta a todos los cuerpos del planeta. Mínguez Arias se abre ante las páginas para indagar el miedo y las restricciones que amedrentan su cuerpo en plena pandemia, ese que ya ha vivido un sinfín de imposiciones.  

Puedo decir con certeza que al leer Nombrar el cuerpo nos adentramos en el mundo de la autora y en el nuestro. Las mujeres no somos idénticas, el cuerpo de la mujer no es solo uno; Mínguez Arias reflexiona sobre el suyo mientras incorpora aspectos de su vida que se relacionan con ella misma y con su entorno: ser mujer, queer, madre, artista, escritora, inmigrante, bicultural, bilingüe; padecer de síncope y temblor, sangrar, sentir dolor, amar.

 

“En la pausa rehabilitadora de la media tarde

me sobresalta el crujido

de mi propia piel

 

Me habla desde el quebranto

 

Me cuenta que no es fácil

ser envoltorio

de mujer” (156).

 

Es difícil ser mujer, lo sé yo, lo sabemos todas, lo dijo Sor Juana Inés de la Cruz, lo dijo Virginia Woolf. Ahora lo dice María Mínguez Arias y es trascendental que lo repita, lo hace desde su propia deconstrucción. 

En la deconstrucción intervienen varios factores siendo el lenguaje uno preponderante. El título de este libro nos avisa que habrá una discusión y manejo de las palabras en conexión directa con la corporalidad. La importancia de las palabras no solo radica en su significado; el hecho de decirlas hace que trasciendan, es eso lo que Mínguez Arias destaca a lo largo de su obra. El ensayo “Maternar de incógnito” cuestiona la disparidad que supone ser madre y profesional a la vez en Estados Unidos. El cuidado de criaturas es costoso y en muchos casos la mujer trabaja sólo para pagarlo. Es una realidad que no tiene sentido. Mínguez Arias reflexiona sobre la soledad que acompaña el ser madre. Me miro a mí misma, a mi propio cuerpo del que salieron otros seres y lo corroboro: ser madre en este país es estar sola. “Estados Unidos no es país para madres trabajadoras” (106). Hay un desamparo y una melancolía al maternar en destierro; hay silencio. La autora establece una consigna ante esto y concluye que hay que nombrar el maternaje. “Porque lo que no se nombra no existe, propongo sacar al maternaje del armario laboral e incluirlo en nuestros currículos; propongo abandonar el maternaje desde el silencio y nombrarlo, nombrarlo, y nombrarlo” (109-10). 

Es precisamente a través del lenguaje que María Mínguez Arias logra reconocer y reconstruir su corporalidad a los 50 años, un medio siglo que a su vez ha estado dividido por tierras y continentes, por lenguas y culturas.

 

“A partir de mañana

habré vivido más tiempo en Estados Unidos

que en mi país 

 

El cuerpo

cansado de cargar

me pregunta

si España

nos pesará menos” (162).

 

La España de Mínguez Arias le pesa a ella y a su cuerpo, la España distante que alimenta la nostalgia y nutre las raíces de sus hijes; la Venezuela mía me pesa a mí y a mi cuerpo, la Venezuela que ya no existe igualmente nutre. Por las palabras de la autora me conecto con su materia y con la mía, a través del lenguaje nos volvemos comunidad, hermanas, nos tomamos de la mano, caminamos unidas en sororidad. Lecturayescritura, manifiesto, ruidosysilencios, lenguaje, lenguaje, lenguaje. Con ello nombramos el cuerpo.