‘La chica más pop de South Beach’, de Pedro Medina León

‘La chica más pop de South Beach’, de Pedro Medina León

La chica más pop de South Beach, de Pedro Medina León
Sudaquia Editores, 2020, 160 páginas, $17.99, ISBN 978-1944407544

 

Tres preocupaciones comparten los personajes de Pedro Medina León en su reciente libro de cuentos La chica más pop de South Beach (Sudaquia, 2020). Esas preocupaciones son hacer el laundry, pasar solos Navidad y elegir la mejor música para cada momento de sus vidas. Pueden sonar muy vanas, pero son, en realidad, un resumen muy efectivo de su condición de migrantes, la mejor manera de dibujarlos desde la ficción. 

Los personajes de Medina León no son cualquier migrante, sino latinoamericanos avecindados en Miami, casi siempre sin papeles que amparen su condición. Quienes hayan vivido en esta ciudad por años, quienes hayan llegado con pocas maletas y el dinero contado para rentar un efficiency por algunos meses, saben que los que retrata el autor son efectivamente los tres desvelos más comunes de los recién llegados: dónde hacer el laundry en casas diminutas que casi nunca tienen patios, cómo pasar en soledad la Navidad sin deprimirse demasiado por la lejanía de la familia, mientras se elige la música que mejor mitigue todas esas soledades.

El soundtrack que Medina León pone a cada uno de sus cuentos oscila entre lo mejor del rock en español, entiéndase Calamaro, Charly García, Los Fabulosos Cadillac, pasando por Bob Marley, Nirvana y una Patti Smith que repite “Frederick” hasta el infinito desde un disco viejo. A propósito de esta constante alusión a la sonoridad de cada escena, Medina León confiesa: “Cuando vivía en South Beach, salía con mi libreta y música en los oídos a ver la vida pasar, y prácticamente todas las canciones que se mencionan en el libro fueron el soundtrack de las vidas de las personas que veía y a quienes les construía historias”. 

Algunos cuentos giran explícitamente en torno a la música, como es el caso de “Polaroids”, especie de postales donde se presenta a “Nata, la cantante, la chica más pop de South Beach”, a la banda Pistolas Rosadas, al bar Al Capone, protagonistas y espacios imprescindibles para comprender no solo el universo de este volumen, también ese que el escritor se ha dado a la tarea de construir en los últimos años con sus novelas Marginal, Varsovia y Americana. Otros, como “La remerita de los conciertos”, condensan la incapacidad de una pareja para permanecer junta a pesar de todos los gustos compartidos. El sueño cumplido de acceder a un concierto de Calamaro es, paradójicamente, la despedida final: ella ha decidido casarse con su jefe americano para arreglar sus papeles de residencia en Estados Unidos, y el enamorado sabe que solo puede aceptar la decisión con resignación.

La mayoría de los personajes de estos cuentos evitan luchar contra lo inevitable al no sentirse dueños de sus vidas. “Señorita rocanrol” condesa, en ese sentido, todo el espíritu del libro, tanto musical como temático, y está habitado por una de las historias más atractivas del conjunto. La trama es como sigue: Andrea se decide a viajar de Lima a Miami, con una visa de turista. Después de bregar por algunos trabajos en Miami Beach, donde la contratan sin hacer demasiadas preguntas sobre su estatus legal, empieza a sentirse en casa. Amuebla el efficiency donde vive, compra una guitarra, organiza en el Al Capone el festival Sobe Rocks. Hasta que, en el momento en que parece estar más cerca de cierto espejismo del sueño americano, recibe una carta que rompe con todos sus planes.

La linealidad que caracteriza a la mayor parte de la narrativa de Medina León convierte cada uno de estos cuentos en una postal de Miami. La voz narrativa guía al lector a través de mínimos detalles que, por muy sencillos que parezcan, solo pueden comprenderse en su magnitud cuando se entiende que son rasgos distintivos de la ciudad y de una parte de su gente: “Había una época en que Clarita y yo pasábamos las tardes de los lunes frente a las lavadoras y secadoras del Coin Laundry y siempre nos topábamos con Solís, un peruano que llevaba su ropa sucia en una mochilita”.

En su “Kind of Prólogo”, el autor explica el origen de las diferencias estructurales y temáticas de sus cuentos: “Algunas versiones similares de estos relatos aparecieron publicadas en antologías, en algún trabajo en solitario, o inspiraron el pasaje de una obra o una obra completa. De acá han salido novelas; en Marginal, por ejemplo, Carmona es el personaje central, y de ‘Camagüey’ nació mi novela Americana”. El uso desenfadado del Spanglish como lenguaje es otra de las características de toda la obra de Medina León. Como he sugerido antes, el autor asume a Miami como sello sin cortapisas.

Sería interesante ver algunos detalles corregidos en próximas ediciones del libro. Por ejemplo, el cuento “Noche de poesía y rosas”, que gira en torno a un misterioso poeta de Tamaulipas, acaso debería estar ubicado antes de “Señorita rocanrol”, donde se comenta la misteriosa desaparición del mismo personaje. Este cambio es productivo sobre todo si se comprende al libro como parte de ese universo literario creado por el autor. Las conexiones entre las historias de La chica más pop de South Beach son múltiples. De ahí que, cuando se leen, develen hilos mucho más diversos que tejen un panorama de seres marginales.

En Spotify se ha creado una lista con las canciones que se mencionan de una u otra forma en el libro. Se puede usar como banda sonora mientras se lee, aunque cada lector tendrá que llenar estas historias con sus propias selecciones. La lista se titula “La chica pop” y puede escucharse aquí. Música de fondo para los cuentos y personajes de Medina León que habitan un Miami vivo y veraz, que dan rostro a la ciudad, mientras caminan, comen y lloran tanto bajos las luces de neón como entre los callejones más oscuros.

 


 

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