Elvira Arellano y “La imagen del inmigrante”

Elvira Arellano y “La imagen del inmigrante”

Foto: Steve Liss/Medill

Erick Zorn, del Chicago Tribune, nos dice que Elvira Arellano es un mal símbolo y una mala imagen para la causa de la reforma migratoria. Entonces preguntémosle a Zorn: ¿quién puede ser un buen símbolo?, ¿la esposa que tiene tres hijos ciudadanos y el marido deportado y aun así sigue callada?, ¿el joven que estudió hasta la high school y no puede continuar debido a su situación legal y se queda recluido en su cuarto?, ¿los que son deportados luego de dejar sus mejores años en los Estados Unidos y ahora viven en el bordo de Tijuana?

Zorn quisiera que los inmigrantes, sin excepción, sigan viviendo bajo el temor permanente de perder el trabajo en caso de levantar la voz. Quisiera que seamos respetuosos de la ley cuando la ley es parcial, siempre subordinada a los vaivenes del mercado y de los intereses de la grandes corporaciones. Qusiera que sigamos siendo siendo dóciles frente a una cifra dolorosa: dos millones de deportados en los seis años de la Administración Obama.

Después de las marchas de marzo y mayo del 2006 se hablaba de la necesidad de no salir más a las calles para no despertar la animosidad de los congresistas y los senadores. Nos olvidamos que la lógica de ellos, y de Zorn, es otra. Su lógica es la de respetar el libre tránsito de productos pero no de personas.

Ya en el 2007 el único grupo en Chicago que no dejaba caer el debate de la reforma migratoria era el de Elvira Arellano. La mayoría de los líderes levantaron velas y regresaron a sus capillas.

Hay una pintura del Greco que lleva por título El hombre de la mano en el pecho. La postura y los ojos penetrantes del personaje nos hablan del sentido del honor. Lo mismo veo en la foto de Elvira que publica el Tribune.

Las acciones de Elvira y de los Dreamers nos vuelven a cuestionar y a sacudir. Nos piden salir a la calle. Depertar de ese letargo en el que hemos estado desde mayo del 2006. Recuperar como comunidad migrante el sentido del honor.

Raúl Dorantes. Escritor y dramaturgo, reside en Chicago. En el 2013 publicó su primera novela De zorros y erizos.

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