Conversaciones y encuentros en Tres Américas (parte III, c)

Conversaciones y encuentros en Tres Américas (parte III, c)

—Tercera parte: entrevistas en la revista tres américas

(parte iii)

 

Y ahora: A manera de Colofón:

SALVADOR CALVO: PINTAR ES DIALOGAR Y TRASCENDER

por Alejandro Ferrer Fernández

 

Salvador Calvo saca su cajetilla de cigarrillos negros y la pone sobre la mesa como diciendo aquí estoy. Yo saco la mía, rubios fuertes y acepto el desafío: vamos a fumar hasta que el humo nos salga por los codos y a conversar de pintura hasta que nos echen del Main Café en Evanston.

Salvador nació en España en la zona de Málaga y por ende cecea al hablar, aunque tiende a la ese predorsal de los andaluces. Está casado con Cheryl, una distinguida abogada bilingüe y tienen dos niñas en edad escolar. Es alto, inteligente y de agradable presencia. Tiene un ojo azul y otro café que lo diferencia del 99.9 por ciento de la humanidad.

Le pregunto por qué pinta y me clava el ojo azul:

“Bueno, la respuesta a esa pregunta puede ser muy extensa; se podría escribir libros intentando responderla y así y todo se corre el riesgo de no contestarla satisfactoriamente. En todo caso, digamos que la pintura llena el vacío que existe en la vida de uno. El arte es algo muy espiritual. Creo que pinto para comunicarme conmigo mismo. Este es un diálogo maravilloso, vital. Una vez logrado, es necesario trascender, o sea, llegar a los demás: cumplir la función social...”

Salvador —le interrumpo—, eso me suena un tanto poético. Vuelve a mirarme, esta vez con el ojo café y casi como retándome me acusa de andar siempre buscando la anécdota literaria. Me da una filípica acerca de las diferencias entre la pintura y la literatura que apartan nuestra entrevista hacia lugares y tiempos lejanos. Cuando en el curso del monólogo menciona la Hermandad Prerrafaelita de Inglaterra, le pregunto si lee mucho sobre arte.

“Toda literatura relacionada con el tema es de vital importancia para un pintor. Cada vez que puedo, leo historia y crítica de arte.”

¿Cuál podría ser un libro básico para aprender acerca de arte?

“Como ya se sabe, existen en el mundo casi tantos libro sobre crítica e historia del arte como cuadros; pero en este momento se me viene a la mente un libro escrito por el crítico inglés Herbert Read llamado Arte y sociedad que me atrevo a recomendar como fundamental; por lo menos para iniciarse.”

La obra pictórica de nuestro invitado “se ciñe a una visión universalista aunque con profundas raíces y matices culturales”. Me cuenta además que tuvo comienzos de tipo clasicista y que más adelante pasó por un postimpresionismo cezanniano. Le pregunto si alguna vez cayó en la tentación abstracta y apurando el cuarto cigarrillo y el tercer café me dice que sí, que tuvo “un período abstracto seguido por otro de figuración fantástica de matiz surrealista, hasta llegar a mi obra actual”.

¿Y cómo es su obra actual? Es evidente en sus cuadros la fusión de lo orgánico y geométrico en una perspectiva ilusoria. Al margen de esta observación comienzo a sentir la remota sensación de estar navegando en aguas ajenas, desconocidas y temo no estar entendiendo o interpretando correctamente sus cuadros. Salvador viene a rescatarme:

“Mi obra intenta motivar tanto la sensibilidad estética como el pensamiento. Quiero expresar los conflictos propios del ser humano: la problemática íntima del hombre y su tiempo.”

Salvador Calvo nació en 1948 y ya a los 20 años ganaba premios en concursos de pintura realizados en Ronda, Málaga y otros lugares. En 1979 sus trabajos son seleccionados para participar en el prestigioso concurso de pintura Francisco de Goya en Madrid y en otros similares, en Alicante, Ávila, Valencia y Ciudad de Manzanares. Ese mismo año es seleccionado como uno de los artistas andaluces a presentarse en Madrid; y además representa a España, junto a otros, en una muestra de pintores españoles que se exhibe en países europeos del este. En Estados Unidos ha realizado exposiciones en el Sharon Hesch Fine Art, en East-West Contemporary Art y otras galerías, universidades y bibliotecas; y muchos de sus cuadros han sido adquiridos por instituciones públicas y privadas, como la corporación Borg Warner de Chicago, el banco Hispanoamericano de Madrid, la Duquesa Margot Sempere de Madrid y otros. El cenicero está casi lleno. Perdí la cuenta, pero creo vamos empate en nuestro duelo. Pedimos el último café y le pregunto por sus comienzos.

“Vivía en el campo. Como no tenía hermanos ni había chicos en los alrededores, tenía que jugar solo. Mi juego favorito era desplegar la imaginación; jugaba con las formas. Me hacía mis propias pistolas, automóviles, animales. Constantemente dibujaba. Las líneas fueron mis amigos de la infancia.”

Esta última oración me suena definitivamente poética pero no me atrevo a mencionársela. Le pido que hablemos del proceso creativo. ¿Cómo nacen sus cuadros, qué sucede cuando termina una obra?

“El proceso varía. En cualquier actividad artística es diferente. Digamos que, en general, se comienza por buscar un germen, un embrión que va a desembocar en una obra. La idea surge en la construcción misma del cuadro. Casi siempre, cuando se quiere llevar a cabo una idea preconcebida, ésta termina por esclavizar el resultado artístico. Existen suficientes ejemplos de arte malogrado a partir del sometimiento de la libertad creativa a la idea establecida a priori. La pintura por encargo es uno de ellos.”

Me da más explicaciones y sin darme cuenta, de pronto estamos hablando de líneas curvas y rectas, de cuán vivas están, de cuanta carga psicológica llevan, del simbolismo que pueden cargar sobre sus delicados hombros; y comienzo a comprender lo complejo y maravilloso de la pintura, del arte.

Me cuenta de los sentimientos de angustia y alegría que produce un cuadro terminado, y cómo se vuelve a cero: a ese punto donde nuevamente la necesidad de comunicar comienza a pesar. Imagino que no es ni más ni menos que la esencia de la vida; un terminar que nunca termina; algo así como el coronel Aureliano Buendía y sus pescaditos de oro o el Quijote de la Mancha y su recorrido en busca de aventuras.

Ya fumamos hasta por los codos y ahora nos echan del café. Nos vamos por la calle hablando de lo mal que hace el cigarrillo, de que hay que cuitear, del parche famoso que te satura de nicotina y —como buenos hipocondríacos— caminamos convencidos de que esa será una larga noche de insomnio gracias a la magia de la cafeína. Salvador Calvo me dice, al despedirnos, que aquella fue una buena conversación y yo lo felicito por la magnífica interpretación que hizo de José Emilio Pacheco para nuestra portada. Más tarde, en la oscuridad de mi dormitorio, con los ojos abiertos de par en par en busca del sueño, pienso que nuestra revista ha ganado otro buen amigo.

 

 

Conversaciones y encuentros en Tres Américas” (parte I)

Primera parte: Pequeñas historias de la revista Tres Américas

 

Conversaciones y encuentros en Tres Américas” (parte 2)

Segunda parte: Pequeños duendes y ángeles de la Revista

 

Conversaciones y encuentros en Tres Américas” (parte III)

Tercera parte: entrevistas en la revista tres américas (parte i)

Tercera parte: entrevistas en la revista tres américas (parte ii)

Tercera parte: entrevistas en la revista tres américas (parte iii)

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