Amazon Graveyard

Amazon Graveyard

 

Our passion for pioneering will drive

us to explore narrow passages, and,

unavoidably, many will turn out to be

blind alleys.

~Jeff Bezos

 

Yes, thank you, we’ll be there this afternoon.

Make sure you don’t forget the two forms of ID.

Yes, of course, we won’t forget.

Colgué inmediatamente y le dije al Gordo que se apurara que ya pronto teníamos que reportarnos a trabajar. Era la primera vez que trabajaba tomando el nombre de alguien más, era como usurpar las vivencias de alguien, volcar mi persona en el existir de otro. El Gordo de Ralf sabía que lo que hacíamos estaba mal, pero en la Amazonía todo se vale, por lo menos eso era lo que se me había dicho.

—Órale cabrón, me llamaron de Amazon, ¡chíngale que se nos hace tarde!

—No mames, ¿de Brasil?

—No, güey, de Amazon, la bodega que está a la salida del pueblo.

—¿Y qué vamos a hacer allá?

—¡Qué chintolas sé yo! Creo que necesitan gente para que descarguemos y carguemos camiones.

—¡Pero estamos de vacaciones, cabrón!

—Decimos vacaciones porque no tenemos trabajo, pero tenemos que pagar el siguiente semestre, así que chíngale que tenemos que ir a la bodega hoy por la tarde.

—¿Cuánto nos falta para completar lo del semestre?

—Yo diría que como unos 2,500 por cabeza.

—No mames, lo bueno es que es el último año y ya.

—Sí, pero hay que terminar de pagar antes de que comience el semestre y así no preocuparnos de eso.

 

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Por la tarde ya habíamos llenado todo el papeleo. La burocracia para entrar a ese trabajo era exhaustiva. Un nombre por aquí, un número de seguro social por acá, el historial laboral. La petición de información era exagerada, y todo eso, para levantar unas cajas. En ese instante no sabía realmente a dónde nos metíamos. Amazon tenía que contratar más de 50 empleados temporales para trabajar el turno de noche, que en inglés tiene más sentido con su nombre ‘graveyard shift’:turno de panteonero (traducción absolutamente irreverente)Los primeros días no fueron tan malos. Entramos con un grupo de jóvenes que también ambicionaban una quincena segura por algunos meses. Al principio todos parecían amigables, amenos.

Hey, what’s your name?

Le di el primer nombre que me vino a la mente.

Tito, yours?

I’m Vincent. But you can call me Vinnie.

—Órale, nice to meet you Vinnie. Look, that’s Ralf.

Sup, man.

Nice to meet ya, Ralf.

Vinnie parecía que estaba fuera de sí. Había algo que no cuadraba bien. Le pregunté a Ralf y me hizo un gesto de tampoco saber y dejé de pensar en eso. A la entrada de la bodega estaba una fila completa esperando pasar por los detectores de metales. Era una fila con cuerpos que caminaban a una distancia mínima entre sí para comenzar a trabajar el turno de noche.

—Oyes güey, no se te hace que están todos medio dormidos.

—Sí, parecen muertos.

—¿Cómo van a estar muertos güey?

—Son zombis, cabrón.

—¡No mames!

Me quedé con esa imagen toda la tarde. La bodega toda estaba pensada y materializada a partir de la noción de tener partícipes que engranan sus vidas al ritmo de esa jungla. Lo más impresionante del lugar eran las bandas y las cajas que continuamente pasaban de un lugar a otro. Un constante camino de paquetes que llevaban el mandato de una serie de números. La sistematización del movimiento me sofocaba un poco, hasta que logré acostumbrarme al paso.

La primera noche no fue muy difícil. Tuve que aprender a encajar en la maquinaria de Amazon. Primero me dieron una pistola para localizar mercancía y un carrito; me dieron el título de picker. En la zona oeste de la bodega estaban todas las particiones donde los pickers iban por la mercancía que les dictaba su aparato que sabía dónde cada una de las cosas estaba en ese lugar. De cuando en vez quise buscar dónde se almacenaban los libros, pero pocas veces pude encontrar alguno que no fuera de autoayuda o de recetas de cocina. El libro había muerto. Así me lo aseguró un compañero cuando le pregunté dónde se almacenaban los libros en ese lugar.

—Cabrón, ¿ya viste?

Ralf apuntó a unos tipos que iban a toda velocidad con su carrito lleno de cajas. Uno iba bailando. Pensé que iba escuchando música, pero no vi ningunos audífonos. La música la escuchaba, estoy seguro. Los pasos imitaban a Michael Jackson en su Thriller.

—¿Qué onda con ese?

—‘Ta volando.

Me di cuenta de que ellos no estaban con nosotros. Habían llegado a la misma hora que nosotros. Habían seguido el mismo entrenamiento que nosotros. Habían marchado los mismos pasillos buscando cajas, como nosotros. Pero ellos estaban en otra línea de tiempo. Eran unos zombis en anfetaminas. Sus posturas indicaban que estaban bajo la influencia, pero parecían felices y trabajaban a un ritmo mucho mayor que al nuestro. Quise evitarlos, pero todos los pasillos llegaban al mismo lugar. A la línea de embarque.

Sup brotha?

Nada.

Isn’t this job great?

It sure is!

This is the best job I’ve had.

Sonreí y no dije nada. Según él, se había sacado la lotería y quién era yo para contradecírselo. ¡Pinche madre! El engranaje laboral le había hecho pensar que estaba en la panacea de la época del silicio. Los pasos en esa bodega los sentía como sentía el caer de la gota en la clepsidra vieja. Me encontré mucho tiempo sin hablarle a nadie. Pensando. Meditando. Buscando al que movía los hilos del yo. Cada minuto que pasaba intentaba conversar con quien podía. Las conversaciones no iban a ningún buen puerto.

Hey there!

Sup?

Igual intentaba hablar con los muertos vivientes. Pero nada. No conseguía que dijeran mayor cosa. Muchas voces tenían la amargura acumulada por las largas horas que trabajaban de noche. Las voces roncas y lerdas eran el rastro del polvo y aceite perpetuado en el mausoleo de las bandas elásticas. El ciclo de vida no era otro que el movimiento generado por una economía digital, etérea, casi inexistente para los que acarreábamos los productos. Entre las voces hubo una que cimbró y me dejó estupefacto parado sobre el frío y sombrío cemento sepulcral de Amazon.

What are we doing here?

Callé y seguí caminando.A picture containing comb, grate

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“Amazon Graveyard” forma parte de la colección de cuentos Mosh Pit (Aduana Vieja, 2022)