De los peces la sed

Silvia Goldman. Foto: Rafael Ortiz

 

por Juana Iris Goergen

De los peces la sed de Silvia Goldman
Chicago/Oaxaca: Pandora/Lobo estepario, 2018, 80 páginas, $10.00, ISBN 978-1940856353

La niña en la foto de portada que acompaña De los peces la sed, ha tiempo que no está. La niña en la ‘foto’ hecha de palabras que emerge en este poemario, ha tiempo que ha crecido, pero la esencia de estos procesos —el nacer, el desaparecer, el crecer— sólo es posible transmitirla o compartirla en toda su hondura y con un sentido pleno en la poesía contundente de este poemario que Sarli Mercado en su prólogo, denomina “río”.

Ciertamente como dijo el poeta, “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir….” Sin embargo, la voz lírica en este poemario enfoca no el proceso del pez que se mueve o se desliza nadando, sino la sed que en las primeras dos partes del poemario convive con lecturas: como en el poema “death does not do exchanges (Eli dixit)” (me decís que en los ojos vivos de Orfeo//quedaron atrapados los ojos muertos de Eurídice//y que en los ojos muertos de Eurídice todavía corre Orfeo vivo); con estados de ánimo: ejemplificado en poemas como “en una piel una niña” (la niña hecha nunca tomará la flor si no conoce a la niña//que se deshace en su piel sólo para conocerla) y en el poema “por qué me he vuelto fanática de las series de televisión” (porque algo le pasa al recuerdo con las series//se lo puede tocar con muchas palabras//menos con los ecos espinosos de su palabra origen); y con  sombras del pasado: en poemas contundentes como “madre” (se la unta sobre el brazo del herido//se la prende con el cuerpo que entra al mar//…se la pone en cajón// se guardan sus huidas); “manual de instrucciones para ser mama” (lo primero que tenés que saber es que no sirve de nada este manual// …lo más esencial de este manual//es que vas a tener que buscar la manera//de poder decir y escuchar tu nombre particular//repetírtelo una y otra vez), y el poderosísimo poema “lo que soy” (papá dice que soy una yegua). Tómense estos versos como muestra de un estilo depurado y conciso, de una escritura tan aguda como cristalina, que prescinde de adherencias innecesarias usando sólo el lirismo necesario para seguir leyendo con la sensación de estar siempre instalado en el corazón de lo que nos regala el Poema. No hay escapatoria sensorial y por eso estas dos partes hay que leerlas despacito, de a pasitos, tomando descansos entre un poema y otro. No es función de la literatura dar respuestas sino hacer preguntas y en De los peces la sed,  (I-yo me tomo tu sed  y II-miedo a decir agua sin peces) necesitamos tiempo para poder degustar a plenitud la sensación de que al cuestionarse a sí misma, la voz lírica nos cuestiona y nos deja en un proceso indagador de nuestras memorias más íntimas en un viaje cómplice a lo íntimo del ser.

La tercera parte del poemario III-eran pájaros como es indicado desde el título, va a levantar vuelo hasta mostrar la culminación de una estética entre el realismo y la meditación, dibujando los límites de la mirada de un sujeto lírico tamizado por la ternura: hacia un mundo que se levanta —de amantes, peces alados que en realidad son pájaros— (qué es lo que nuestras alas levantan//…si hoy no somos más que pájaros//y hacemos viento en la piel// para que los dedos sepan cuándo correr); por el amor: hacia un mundo nítido, de salidas profundas y superficie sólida —el amado, sujeto alado que aparece cargado de pájaros— (por eso los quiero cerca//tus pájaros//visitando el rumor// de mi mirada); y por la compasión: hacia sí mismo —el sujeto lírico vuelve la mirada compasiva hacia sí— (y me abro en las puertas// y hago varios recorridos hasta llegar a vos//…son la quietud y el movimiento// del agua en la única flor// erecta en la mesa.)

Así la fuerza catártica de la palabra alcanza a iluminar lo vivido, la huella del pasado contrasta con la tersura del presente, con lo tangible y lo incorpóreo del amor y la maternidad. En De los peces la sed, el liricismo que comienza desde el diseño de portada —hermosamente concebida por la poeta venezolana Oriette D’Angelo— nos recuerda el movimiento de las olas del mar, las ves venir y retirarse cargadas de espuma, una representación del mundo donde siempre esperamos ver los peces o los pájaros pero quedamos atrapados en los ojos de la niña que aprieta un perrito entre sus manos. De los peces la sed nos reclama, nos atrapa porque venimos de allí de ese ayer y ese ahora. La maestría poética de Silvia Goldman, es hacernos sentir prisioneros de un vaivén hipnótico, primigenio para luego permitirnos alzar vuelo. Como por arte de magia los peces encuentran su contrapartida en los pájaros. ¡Gracias Silvia Goldman por la creación de un espacio salvador posible!

 

Dos poemas de Silvia Goldman.

Juana Iris Goergen, DePaul University, (Puerto Rico). Poeta. Profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad San Vicente DePaul en Chicago. Es autora de los poemarios Nosotros los otros (1996) Between the Heart and the Land/Entre el corazón y la tierra (2001), y Mar en los huesos (2018), entre otros.

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