Siegfrido en el Lyric Opera de Chicago

Siegfried en el Lyric Opera de Chicago. Foto: cortesía

Siegfried es la tercera de las cuatro operas que componen la tetralogía de El Anillo de los Nibelungos de Richard Wagner, y si usted se pregunta si es la versión operática de El señor de los anillos de Tolkien (o de Peter Jackson para los que se fueron derechito a Netflix), advierto que no lo es… pero sí lo es, pues Tolkien se basó en Wagner, y Peter Jackson se basó en Tolkien y muy probablemente Game of Thrones de George R.R. Martin (via Random House o HBO) es otro de sus descendientes. Lo segundo que voy a enfatizar sobre esta gran opera es que dura cinco horas, es decir, no es para principiantes. Si usted nunca ha ido a la ópera, no comience aquí.

El primer acto comienza con Mime el nibelungo (la raza enana de la mitología germánica) y quien ha criado a Siegfried, forjando una espada para que su entenado mate al dragón que custodia “el anillo” y después deshacerse del muchacho. Mime se entera por Woltan (el rey de los dioses) que solo la hoja forjada por “el que no conoce el miedo” (el propio Siegfried) será capaz de hacerlo con los restos Nothung, la espada que pertenecía al padre del joven protagonista. El escenario es una enorme pared blanca pintarrajeada con crayola donde se observa el nombre de Siegfried, el sol, un dragón y otros motivos dibujados por una mano infantil. El travieso Siegfried regresa del bosque y aquí comienza un intercambio entre los dos tenores (Brukhard Fritz en el papel de Siegfried y Matthias Klink como Mime) donde queda patente la arrogancia del muchacho y los planes de Mime. No se qué me decepcionó más, ver a Fritz vestido exactamente igual que el Chavo del Ocho o su voz, que no podía competir con la de Klink… o será que estaba sentada muy atrás. Me pareció que no proyectaba bien, pero aun así, el primer acto es uno lleno de color y movimiento, donde entran y salen mimos con cajas de Amazon para que Siegfried arme una fragua y pueda forjar la espada que su difunto padre sacó alguna vez de una piedra (y no es Arturo, el de las leyendas inglesas, lo que me lleva a pensar que la espada en la piedra es un tema que predomina en otras mitologías).

El segundo acto comienza en el bosque, cerca de la cueva del dragón, con Woltan, en una magnífica interpretación del barítono Eric Owens y Alberitch (Samuel Youn), el creador del anillo y hermano de Mime, a quien éste último le quiere quitar el poder. Luego aparece el enorme dragón, Fafner, y Siegfried se enfrenta a él hasta que lo poncha, literalmente. Ya llevamos tres horas de opera y todavía tengo ánimo de continuar escuchando la hermosa música de Wagner y las magníficas voces del elenco, pero nunca hay más de dos actores en escena, y solo los mimos que entran y salen a iluminar el escenario le dan un movimiento. Siento un bostezo que me quiere salir por los ojos y trato de disimularlo.

El tercer acto abre con el mano a mano entre Wotan y Erda, la diosa de la tierra (la impresionante Ronnita Miller), quien aparece coronando un volcán dibujado en metros y metros de tela que los mimos mueven rítmicamente (reminiscente del paracaídas de Gymboree). Ellos son los padres de Brünhilde, la valkiria que Siegfried encuentra momentos después profundamente dormida. Es aquí donde la soprano Christine Goerke nos deleita con la potencia de su voz, pero después de una hora de “te quiero, no te quiero, soy diosa, no quiero ser humana, pero te quiero, cómo le vamos a hacer” con el no muy sexy Siegfrido… confieso que mi cabeza bamboleó. Aún así, en este tercer acto, escrito doce años después de los dos primeros, se revelan las notas wagnerianas más reconocibles. Alguien me dijo alguna vez que no le gustaba la opera porque “te hacen el cuento muy largo”, y Siegfried peca de esto, pero no hay manera de modificarlo. Wagner escribió una opera de cuatro horas (cinco con los intermedios) y cada nota es imprescindible. Siegfried es una ópera para conocedores o fanáticos de las óperas de Wagner.

 

Siegfried en Lyric Opera de Chicago hasta el 16 de noviembre a las 6:00 pm.

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

 

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