Russian Doll o las muchas muertes de Nadia

 

*SPOILER ALERT*: Antes de leer la siguiente reseña recomiendo que vean la serie (ocho capítulos de 25 minutos), pero si son de los que no ven nada si no se los recomiendan, entonces por medio de la presente me libero de toda responsabilidad si les echo a perder la historia. Procedamos.

Nadia (Natasha Lyonne), una programadora de videojuegos, se mira en el espejo del baño de su amiga Maxine (Greta Lee en un papel robaescenas), quien le ha organizado una fiesta por su cumpleaños. Al salir del baño, el guateque está en su apogeo y Nadia se mueve entre los invitados hasta llegar a la cocina donde se encuentra Maxine. Ésta la felicita con brazos abiertos, le pasa un churro y le pregunta si se está divirtiendo. Tras darle el toque, Nadia, con el sarcasmo que la caracteriza, le contesta que a los 36 ya se está “asomando al precipicio de su mortalidad y eso es ¡mucho más divertido!” Max le espeta que se calme pues le está cocinando un “fucking chicken!” Este intercambio se repetirá una y otra vez, en diferentes versiones, y ahí observaremos la transformación interna de Nadia. Nadia, con su enorme y rizada cabellera roja, su fuerte acento neoyorquino y su adicción al cigarro, es una mujer soltera, aficionada al alcohol, a las drogas recreativas e incapaz de sostener una relación duradera. Está muy preocupada porque Oatmeal, el gato que vive con ella part-time (divide su tiempo entre su casa y la tiendita del barrio), no aparece desde hace tres días. Esa noche, después de tener sexo con uno de los invitados de la fiesta, sale a comprar cigarros, alcanza a ver a Oatmeal del otro lado de la calle, corre por él, la atropella un taxi y muere.

Corte a:

Nadia, una programadora de videojuegos, se mira en el espejo del baño de su amiga Maxine… y aunque la premisa es reminiscente de Groundhog Day (donde el nefasto Phil Connors debe revivir el mismo día y transformarse para poder lograr que la chica se enamore de él), Nadia no solo debe reevaluar su vida, sino descubrir qué está pasando, es decir, resolver el problema del “reinicio de secuencia”. La primera vez que “reinicia” piensa que todo ha sido una alucinación producida por el churro de Maxine (“Tiene cocaína, al estilo israelita”), pero muy pronto se da cuenta de que, no importa lo que haga, la muerte la acecha ese día, y al alcanzarla, despierta frente al mismo espejo y sale a la misma fiesta y Maxine acaba haciendo una referencia al pollo. En esta versión, los acordes de I’ve Got You Babe, han sido reemplazados por Gotta Get Up, una cancioncita pegajosa de Harry Nilson (1971) que hace las veces de disparo de salida.

El nombre Russian Doll alude a la tradicional Matrioshka, una muñeca de madera hueca, que a su vez alberga a otra, y ésta a otra, hasta llegar a la última, la más pequeña. Es el mismo concepto de lo que en literatura conocemos como caja china y así es como se desarrolla la trama de la serie. En cada reinicio, la historia comienza en el baño y en cada reinicio Nadia descubre algo nuevo que la lleva en otra dirección. Al principio Nadia busca la respuesta en elementos externos o sobrenaturales, pero hasta que se topa con Alan (Charlie Barnett), un muchacho que padece de su misma condición, comienza a ver hacia adentro, y es entonces cuando la historia comienza a abordar las grandes preguntas. ¿Quién soy? ¿Por qué estamos aquí? ¿En qué consiste ser un buen amigo? ¿Qué le debemos a nuestros seres queridos? ¿Qué nos hace humanos? ¿Porqué, a pesar de estar tan conectados a todo, estamos tan desconectados de los demás? Es un indigente, Horse, que se le aparece a Nadia en la calle todas las noches, el único con la lucidez suficiente para sugerirle que le permita cortarle el cabello. Un cabello rizado y rojizo que heredó de su madre, un cabello que su madre admiraba.

Nadia y Alan deben reiniciar una y otra vez hasta encontrar el glitch proverbial en su programa de vida y hacer los ajustes necesarios para que corra bien. Deberán hacer equipo y confiar en el otro para luchar contra los fantasmas del pasado que los acechan y que no les permiten vivir el presente. Russian Doll es una comedia que aborda la naturaleza de los traumas que nos impiden amarnos a nosotros mismos y que con frecuencia conducen a los excesos o a la depresión y los trata como lo que son, una parte de nosotros, algo con lo que todos lidiamos tarde o temprano. Natasha Lyonne, con su voz aguardientosa, e increíble capacidad para la comedia física, más que una brisa fresca, es un huracán histriónico. Producida por la propia Lyonne, Amy Poehler y Leslye Headland, Russian Doll es una serie escrita por mujeres, realizada por mujeres, y no se si es por eso que me ha gustado tanto, pues captan la feminidad de tantas maneras… todas reales, todas maravillosas, algunas trágicas. Pero es esa primera imagen de Lyonne en el espejo, la imagen con la que reinicia una y otra vez, mirándose a sí misma, con el delineador a todo lo que da, y esos ojos entre hartos y retadores, esa es una imagen que he visto miles de veces en el espejo. Es el look universal femenino de “¿Y ahora qué?” Russian Doll… imperdible.

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

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