ROMA de Alfonso Cuarón

Yalitza Aparicio, Cleo, en ROMA de Alfonso Cuarón

Existe, en la tradición intelectual mexicana, una arraigada y desafortunada tendencia en cuanto a su población indígena: la idealización o el silencio. Dos ejemplos de esto, provenientes de mediados del siglo pasado, son Ixca Cienfuegos, que en la obra de Fuentes funge como la conciencia del país entero, y “una” sirvienta, cuya anónima presencia Paz reconoce, pero a quien le niega un nombre propio. No es distinto lo que ocurre en las artes plásticas y visuales, desde los murales de Rivera hasta la representación romántica del indígena en la época dorada del cine mexicano. Ya sea en un extremo u otro, el intelectual mexicano se ha empeñado en mostrar o hacer desaparecer al indígena según lo exija su obra.

La propuesta de Alfonso Cuarón es mucho más sencilla. En Roma, el objetivo del director es mostrarnos a Cleo como una persona real y ordinaria. Y, si bien Cuarón le asigna a su protagonista el más trillado de los papeles, el de la empleada doméstica, también es cierto que lo hace no con el fin de perpetuar una imagen denigrante ni estereotípica. Al mostrarnos a Cleo como parte central del seno familiar, Cuarón rompe con el imaginario del modelo tradicional mexicano, rechaza la imagen preconcebida del indígena e incursiona en la dimensión humana de su protagonista. Cleo cumplirá a cabalidad las obligaciones de su papel como sirvienta, pero su verdadera labor es muy otra. Más que funcional, su labor consiste en mantener unida a una familia fracturada, a una familia que se está resquebrajando. Baste observar cómo, a falta de atención materna, Cleo está a cargo de nutrir el espíritu, de desatar la imaginación y garantizar el equilibrio emocional de los hijos de un matrimonio venido a menos.

Cleo bien podrá fungir como columna vertebral de una familia en crisis, pero es también una persona susceptible a fallas humanas. Buena parte de la discordia conyugal recae sobre ella y su falta de atención, por ejemplo, con la limpieza del excremento del perro, que no en pocas ocasiones puede apreciarse cubriendo el piso de la cochera, o aplastado bajo la suela de un zapato, motivo que el matrimonio en su momento le recrimina. Pero quizá el mayor error de Cleo sea el enamorarse del hombre equivocado, lo cual desata una cadena de eventos que le sirven a Cuarón para explorar temas pertinentes, entre ellos la masculinidad tóxica del hombre mexicano.

A final de cuentas, con las trágicas consecuencias del equivocado amor de Cleo, Cuarón parece estar planteando una cuestión mucho más grave e inquietante: la supervivencia de la clase acomodada mexicana sigue dependiendo del sacrificio indígena, de vidas desechables.

José Ángel Navejas. Llegó a Chicago en 1993, donde ha vivido desde entonces. Su libro autobiográfico Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant (University of Illinois, 2014), aparecerá en traducción al español en 2019. En la actualidad es candidato a doctorado en literatura latinoamericana por la Universidad de Illinois en Chicago.

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