Las criadas

Las criadas de Jean Genet, dirigida por José Burgos y puesta en escena por Repertorio Latino Theater Company. Foto: cortesía

Por Antonio E. Del Toro

La ciudad de Chicago está pasando por un nacimiento de artes escénicas en español como nunca se había visto; cosa que se debe apoyar. En el transcurso de la temporada otoñal 2018, se han establecido nuevos teatros, nuevas escuelas de actuación, las cuales están produciendo eventos que abarcan desde monólogos hasta musicales. Sin embargo, también están surgiendo obras que van más allá del uso de las tablas como un medio de entretenimiento, apelando a las sensibilidades de un público que demanda poesía y no sólo diversión.

Repertorio Latino Theater Company se atrevió a montar una obra que cumple con estas características. Alejándose de la comedia y de la danza, obliga al espectador a acurrucarse dentro de la filosofía y a cobijarse con las incomodidades de las divisiones socioeconómicas mostradas en la literatura de mediados del siglo XX, Las criadas de Jean Genet fue un excelente preámbulo al teatro de lo absurdo. El drama es complejo y exige la atención absoluta de la audiencia, la cual es pagada con una exposición poética del clasismo y la modernidad francesa en la década de 1940.

El montaje de Las criadas bajo la dirección de José Burgos es un trabajo minimalista en cuanto al uso mesurado de efectos de sonido e iluminación; la magia del teatro en este caso se fundamenta en lo actoral. El escenario se aleja del cubo típico y opta por una plataforma hexagonal que inmiscuye a la audiencia dentro de la obra y crea una intimidad entre las actrices y el público, rompiendo la pared entre espectadores y elenco; el auditorio se transforma en testigo ocular de un crimen, cómplices y no nada más mirones, así cumpliendo con la función artística del teatro, la retroalimentación enérgica, rebasando el mero espectáculo y transportándonos a un juego de poder perverso entre la clase opulenta y sus subalternos.

La obra se mantiene en pie debido a la labor de las actrices: Paula Aguirre (Clara), Mafer Roussell (la Señora) y Andrea Leguizamón (Solange). El elenco traslada y conmueve al público, exponiendo la complejidad de la condición humana de una manera actoral sin depender de los trucos técnicos o la ambientación. Hay varios inconvenientes en la obra, pero abordaré dos.

El primero, que genera un bajón de calidad y un rechinar de nuestras capacidades auditivas, fue el innecesario uso del dialecto de Castilla, no sólo porque desentona, sino porque se emplea erróneamente. Los errores gramaticales no son culpa de la actriz mexicana; sospecho que es producto de una mala traducción del libreto o una pobre adaptación directoral. Sin embargo, esto se puede corregir fácilmente al permitirle usar su dialecto natural. Las hermanas marginadas se apegan a sus respectivos acentos, una al argentino y la otra al colombiano y no les quita presencia escénica. El personaje de la Señora perfectamente puede acoplarse al léxico de la clase alta mexicana. Es urgente que se efectúe ese cambio para utilizar las facultades actorales de Mafer al máximo y así eliminar esa distracción. Ella es la que tiene mayor formación académica como actriz y no se le está aprovechando.

El segundo inconveniente que se tiene que analizar es la ejecución del monólogo de Solange; la culminación existencial de un ser fragmentando y disfuncional queda plano. Se tienen que eliminar los gritos de la primera parte de la obra para acentuar el desplome de la cordura que se expone en la segunda. Las emociones están demasiado elevadas durante el curso del soliloquio, necesita bajar de vez en cuando para permitirle un suspiro al público. Esta sección es el mayor reto de la obra, es la parte más delicada y se tiene que manejar con suma cautela. Andrea hace hasta lo imposible para desplazarse de un polo emocional al otro, yendo desde la risa enfermiza hasta las lágrimas. Hay instancias en las que se percibe un doble caos; el del personaje y el de la actriz tratando de mantener varias emociones fuertes en crescendo en un monólogo que sobresale por extenso. Andrea ha crecido muchísimo como actriz y su rango de actuación continua extendiéndose. Sin embargo, hay una apelación gratuita al grito no solo en esta obra sino en muchas otras obras que se han presentado recientemente en Chicago. Es necesario auxiliarse del manejo de los tonos, de los titubeos, de los gestos, temblores del rostro, mesurar las pisadas; al igual que en la música, los silencios en el teatro acrecientan el arte. Con un grito se tilda un clímax, con dos se salta una corazonada, ya con tres o más me mandan a la algarabía de un mercado.

La obra es recomendable postula una propuesta teatral más elevada a la del teatro que estamos acostumbrados a ver en la comunidad hispana de Chicago. Las criadas nos incita a un acercamiento a un teatro más moderno, apegado al existencialismo. José Burgos ha tomado un riesgo que no solo se debe de respetar y reconocer, sino apoyar. Así es como el teatro en español puede dar sus grandes saltos.

 

Las criadas continuará su temporada en este nuevo espacio teatral hasta el 16 de diciembre en 3622 S. Morgan St. Chicago, IL en el corazón de Bridgeport. Los boletos están disponible en internet a través de Brown Paper Tickets.

Antonio E. del Toro nació en Guadalajara. Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

 

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