Fernando del Paso, forever

por Humberto Gamboa

Un día de noviembre de 1992, deambulando por los amplios pasillos de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara (FIL) me topé de frente con la figura entrañable del escritor Fernando del Paso. Me emocioné hasta los huesos. Lo reconocí inmediatamente por las fotos suyas publicadas en Proceso y en las solapas de sus libros. Quise acercármele pero dudé, por mi extrema timidez. Lo estuve siguiendo un buen trecho, y por fin, armándome de valor, me atreví a importunarlo. Le dije que era su lector muy agradecido, que su libro Palinuro de México (1977) lo llevaba en el alma, y que leía con devoción cada artículo suyo que aparecía en Proceso y en otras revistas. Me pidió que lo acompañara un rato y (mientras caminábamos) le contara un poco de mí y de lo que hacía en Chicago. Le dije de mi oficio de librero y de mis empeños con mis amigos en sacar una revista. Le regalé un ejemplar que llevaba del número 4 de tres américas (dedicada a José Emilio Pacheco) y le señalé que en la revista teníamos un pequeño espacio (Azul) dedicado a los niños, distinguido por su color. Me preguntó Del Paso si yo sabía que él mismo había publicado un libro de poesía para niños. Le dije que por supuesto, señor Del Paso, su De la A a la Z por un poeta (1988). Y él me dijo bueno, pues Ediciones ERA me acaba de publicar otro de esos libritos (Paleta de diez colores) y quizás les pueda interesar alguno de esos poemitas para su revista. ¡De mil amores, señor Del Paso!, le contesté. Pues entonces vámonos ya con mi querida amiga Neus Espresate (directora de ERA) para que de una vez sepa ella que usted y sus amigos cuentan con mi autorización para reproducir lo que quieran… y por favor Humberto: no vuelva a llamarme señor Del Paso, dígame Fernando a secas, ¿le parece bien? Tragué saliva de gusto.

Cuento esta anécdota sólo para ilustrar la sencillez y la calidad de persona que fue este bello y sabio hombre de letras. El gran renacentista: poeta, ensayista, dramaturgo, dibujante, pintor, locutor de la radio BBC de Londres, diplomático, académico, y uno de los mayores novelistas del siglo XX, gloria de México y del mundo (Premio Cervantes 2015). Su deceso, ocurrido el 14 de noviembre de 2018, me ha dejado conmocionado. Leyendo Proceso en línea, me he venido a enterar de su fallecimiento en la ciudad de Guadalajara. Tenía mi ilusión de volver a verlo y escucharlo el próximo 27 de noviembre en la FIL, donde estaba programada su participación en un tributo a Juan José Arreola (él es coautor del hermoso libro Memoria y Olvido, Vida de J.J. Arreola contada a F. del Paso, 1994). Ahora seguramente el homenaje los incluirá a ambos. Será una velada triste. Después de 15 años sin ir yo a esta Feria del Libro, mi mayor placer iba a ser divisar desde una butaca en el auditorio al gentil y muy querido Fernando. Ahora viajará conmigo a la FIL y a todas partes.

Para aquellos infortunados que no conocieron nuestra añorada fugaz revista tres américas, y como mínimo tributo a nuestro inolvidable autor, reproduzco ahora los dos poemitas que nos regaló don Fernando, aparecidos en la sección Azul del número 5 de tres américas, con fecha de Verano 1993. Son como son todos los niños, como quiso ser siempre don Fernando: muy chiquitos, alegres y explosivos. Van entonces dos de esos colores de su paleta: EL AMARILLO “Son/ un solo sol,/ cuando son un solo brillo,/ el oro y el amarillo.” y EL ROJO “El rojo apagado/ se hace rojo vivo/ de unos labios prendado,/ a una boca prendido.” (Paleta de diez colores, ERA/CIDCLI). También como mínimo homenaje anexo (¿otra vez?) una antigua notita mía sobre su magistral Noticias del Imperio. La redacté para que coincidiera con la tradición de las fiestas mexicanas en Chicago, un 5 de mayo ya muy lejano. Y finalmente les ruego un minuto de silencio, y luego un gran aplauso, forever and ever, para don Fernando del Paso.

Chicago, 18 de noviembre de 2018

Noticias del Imperio de Fernando del Paso

La caída del último imperio mexicano

Para mi querida Estela, en nuestro Aniversario

Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, Editorial Diana, 1987

“Yo soy mamá Carlota. Ellos, los mexicanos, me hicieron su madre, y yo los hice mis hijos. Yo soy Mamá Carlota, madre de todos los indios y todos los mestizos, madre de todos los blancos y los cambujos, los negros y los saltapatraces. Yo soy Mamá Carlota, madre de Cuauhtémoc y La Malinche, del cura Hidalgo y Benito Juárez, de Sor Juana y Emiliano Zapata. Porque yo soy tan mexicana, ya te lo dije, Maximiliano, como todos ellos. Yo no soy francesa, ni belga, ni italiana: soy mexicana, porque me cambiaron de sangre en México”.

Nos encontramos en Bélgica, en el Castillo de Bouchout, en 1927. La espectral figura que así delira, en aquel desolado castillo, es María Carlota Amelia Victoria Clementina, hija de Leopoldo, Príncipe de Sajonia-Coburgo y Rey de Bélgica, prima de la reina de Inglaterra, Emperatriz de México y de América. Tiene ochenta y seis años de edad y sesenta de vivir en silencio. En aquel año, su último sobre la tierra, rompe su mutismo y dialoga interminablemente con el fantasma de su adorado Max. A través de su soliloquio reviviremos el espectáculo de lo que fue el último imperio mexicano.

María Carlota es apenas un pálido recuerdo de aquella mujer ambiciosa que desembarcara en Veracruz el 28 de mayo de 1864, al lado de su esposo Fernando Maximiliano José, Archiduque de Austria, para tomar posesión del trono de México. Es la última sobreviviente de aquella aventura infame, cuando los sueños imperialistas de Napoleón III, de Francia, fueron desquebrajados por la férrea voluntad de un pueblo y la dignidad y sabiduría de su presidente: don Benito Juárez.

El escritor Fernando del Paso, quizá el más laborioso y brillante de todos los novelistas mexicanos contemporáneos, dedicó 10 años de su vida a investigar minuciosamente uno de los periodos más críticos de su país, los años conocidos como de la intervención francesa, cuando la joven República Mexicana se vio amenazada por la invasión de tropas extranjeras. El óptimo resultado de su tarea lo tenemos hoy a la vista: Noticias del Imperio, una de las novelas más fascinantes aparecidas en las últimas décadas, publicada por primera vez en 1987.

No es la primera vez que la tragedia de Maximiliano y Carlota ocupa la imaginación de un escritor. Otro mexicano, Rodolfo Usigli, escribió su drama Corona de sombra, en 1943, basado en ese hecho histórico. Y también, como anota Del Paso, existe media docena de poemas escritos por autores europeos, y hasta una obra de teatro, Juárez y Maximiliano, escrita por un austriaco, Franz Werfel. Pero sin duda alguna, es Fernando del Paso quien somete el tema hasta sus últimas consecuencias.

La exhaustiva investigación de los personajes de la tragedia aportó un sinfín de detalles interesantes que la historia oficial jamás menciona. Algunos chuscos, quizá intrascendentes, pero que exhiben el aspecto humano de los emperadores; por ejemplo, el hecho de que la primera noche que pernoctara la pareja imperial en el castillo de Chapultepec, su cama estuviera plagada de chinches, obligando a Maximiliano a dormir sobre el único mueble libre de los insectos: una mesa de billar. Y los arrebatos de celos de Carlota, enterada de las constantes infidelidades de su marido. El éxtasis del emperador ante el descubrimiento de la maravillosa flora y fauna mexicana. Y su deseo sincero de sentirse mexicano, y de ser aceptado como tal, llegando al extremo inaudito de aparecer en público vestido de charro.

La figura de Benito Juárez que retrata Fernando del Paso es verdaderamente inolvidable. Aquí, el Benemérito de las Américas, aparece investido de un gran sentido del humor, restándose importancia en lo personal, pero siempre consciente del enorme peso de sus responsabilidades. Los diálogos con su secretario nos revelan muchos de los aspectos de su vida privada, y al mismo tiempo nos indican los posibles motivos de las acciones que se vio obligado a emprender, tales como el no perdonar la vida de Maximiliano, al caer éste preso de las fuerzas republicanas.

A la famosa Batalla de Puebla, ocurrida el 5 de mayo de 1862, donde el invicto ejército francés sufriera tremenda derrota, asestada por las tropas del general Ignacio Zaragoza, se le ha concedido —a juicio de Del Paso— valor excesivo. Durante el curso de sus investigaciones, cayó en sus manos el diario del coronel Francisco Troncoso, referente al otro sitio de Puebla, ocurrido un año después, en 1863. En una entrevista publicada en La Jornada, en octubre de 1993, Del Paso contaba al periodista Martín Solares: “Vi que era necesario que el pueblo se diera cuenta de que la verdadera lucha heroica de los mexicanos no fue el 5 de Mayo, sino los 62 días del sitio de Puebla (del 17 de marzo al 19 de mayo de 1863) que, como digo ahí, a final de cuentas la ciudad tuvo que ser tomada colonia por colonia, manzana por manzana, calle por calle, casa por casa y, a veces, cuarto por cuarto”.

Desmitificar algunos pasajes de la historia no significa de ninguna manera atentar contra los valores nacionales, como podrían pensar algunos puristas despistados. Es saludable crear el debate en torno a figuras y hechos históricos. Y Del Paso lo logra de una manera efectiva e inteligente. En toda su obra narrativa, en sus dos novelas anteriores (José Trigo, 1966, y Palinuro de México, 1977) y en la que hoy nos ocupa, aparece como constante su análisis de las sociedades, su radiografía implacable del poder.

En Noticias del Imperio, Fernando del Paso examina las verdaderas motivaciones de los franceses, que justificaban la invasión del territorio mexicano con el pretexto de “salvarlo” de la nefasta influencia anglosajona, apelando a su “latinidad”. Tal es el origen del nombre que América Latina ostenta hasta la fecha. También cabe destacar que, dentro de esta voluminosa novela (670 páginas en esta edición), aparecen insertados algunos magistrales relatos que muy bien pudieran leerse independientemente, sin perder sustancia ni originalidad. Tal es el caso, por ejemplo, del regocijante capítulo “Seducciones: ¿Ni con mil Avemarías?”

Pero es la voz adolorida de Carlota la que imprime el verdadero carácter de la obra. Es su locura, provocada por el derrumbe del imperio, y las palabras finales de Maximiliano, antes de morir fusilado en el Cerro de las Campanas, lo que nos conmueve.

“Sentémonos a contar tristes historias de muertes de reyes”, reza el estribillo shakespeariano. Sentémonos pues, y escuchemos el delirio sin fin de la última emperatriz de México:

“Yo tengo alas de ángel; me crecieron anoche mientras soñaba contigo, mientras te imaginaba. Porque yo no soy nada si no invento mis recuerdos. Porque tú no serás nadie, Maximiliano, si no te inventan mis sueños… El otro día vino el mensajero disfrazado de Benito Juárez y tenía, entre las manos, la tapa de un cráneo que rebosaba de sangre. Era la sangre, me dijo, de todos los mexicanos que habían muerto durante la Intervención y el Imperio”.

 

Publicado en el semanario ¡Éxito! en su edición del 5 de mayo de 1994

Humberto Gamboa. Nació en Durango, en la navidad de 1954, en un pueblito llamado La Purísima, localizado a 50 kilómetros de Santiago Papasquiaro, la cuna de los Revueltas. La primera vez que oí de esa familia debe haber sido en 1962, durante una de mis frecuentes vistas a Santiago, donde mi hermano Fidel estudiaba su secundaria. Caminando un día por esas calles con mi madre, descubrí, incrustada en la pared de una casa que lucía pobre y abandonada, una vieja plaquita donde aún podía leerse: “Aquí nacieron los Revueltas, orgullo de México y del Mundo”. En agosto de 1968, cuando me fui a estudiar a la Ciudad de Durango fue cuando realmente caí en cuenta de la enorme importancia de José Revueltas. El Movimiento Estudiantil había llegado a la provincia y Durango estaba, como el resto del país, convulsionado. Su nombre estaba en boca de los manifestantes y en los diarios. Después de Tlatelolco, muchos jóvenes comenzamos a leer con fervor a José Revueltas. Durante 33 años, Gamboa fue librero (6 en la librería Europa y 27 en Tres Américas) y, al mismo tiempo, durante 10 años se dedicó a escribir reseñas de libros y entrevistas en la revista Tres Américas y en el semanario ¡Éxito!

 

5 replies
  1. Marc Zimmerman
    Marc Zimmerman says:

    totalmente encantador, eso de nuestro querido comentaria-librero Humberto. Asi que ya ha caido otra gran figura del panteon mexicano del siglo XX. Solamente unos nos quedan y no duran mucho mas. Asi es, Marc Z.

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  2. Alejandro Ferrer
    Alejandro Ferrer says:

    Gracias a El Beisman por publicar este maravilloso homenaje de Humberto Gamboa a Fernando del Paso.

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  3. David Arenas
    David Arenas says:

    Muy estimado Primo, cada que tengo placer de leer algo que escribes, me siento a la vez chico y orgulloso al mismo tiempo. Me encanta la prosa en castellano y me recuerda que, conforme pasan los anos, menos lucido soy en ella. Gracias y sigue escribiendo.

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  4. Pepe ArenasL
    Pepe ArenasL says:

    Mis condolencias, -a quien en mi opinion- es uno de los Mexicanos que mejor borda el Castellano: mi entranable y admitado primo Humberto Gamboa Arenas, por la perdida de su apreciado colega
    Por otra parte me hago uno con la idea arriba expresada por parte de uno de los mas elocuentes y respetados maestros del microfono del sur de California; Juan Manuel Arenas Cano, cuando senala como no apreciada en toda su magnitud la obra literaria de Humberto.
    Un abrazo, impregnado de admiracion, a estos dos suigeneris maestros de la tinta y el papel y del microfono.

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