José José se murió, se murió

por Carolina Herrera

 

José José, el Príncipe de la canción (y santo patrón de las borracheras), se integró al más allá este sábado, después de años de padecer cáncer de páncreas, y haber perdido la voz como resultado del alcoholismo. En el momento en que me enteré de su muerte, activé Spotify, encontré el playlist “Canciones para la peda”, saqué una cerveza del refrigerador y canté sus éxitos a capella. Acompañada de mi sobrina de 24 años —residente de la CDMX, quien seguía de cerca la reacción en redes sociales de sus amigos y diciendo cada vez que comenzaba una nueva canción “¡Ahora sí voy a llorar!”— pasamos un par de horas recordando a un artista que desde aquella presentación de “El Triste” en el Festival de la Canción Latina (que luego se convertiría en el OTI), donde dejó al público setentero con la boca abierta, se integró al consciente colectivo como el adalid del amor desesperado de generaciones mexicanas de parranderos, incluyendo a los post-millenials gracias a YouTube.

José Rómulo Sosa Ortiz, nacido en 1948, hijo de un tenor de opera y una pianista de conservatorio, recibió una educación musical clásica e incursionó en el canto en forma profesional a los 15 años. Poco después, consiguió grabar su primer sencillo bajo el nombre de Pepe Sosa. Sobra decir que no pegó y ¡qué bueno!, porque José José es el único artista latinoamericano cuyo nombre es resultado de una feliz repetición que no funciona con ningún otro nombre. ¿Se imaginan a un Julio Julio? ¿Juanga Juanga? ¿Chente Chente? Así como no es posible imaginar esto, tampoco es fácil decir “¡qué buena borrachera!” sin que, avanzada la fiesta, comiencen las notas de “La nave del olvido”, “Si me dejas ahora”, “Amar y querer”, etc. (si no hubo por lo menos una canción de José José, ¿fue buena la borrachera? Reflexionen.) Escucho los “Grandes Éxitos” y esto me lleva a pensar en los compositores de su época: Roberto Cantoral, Armando Manzanero, Rafael Pérez Botija, Manuel Alejandro y el propio Juan Gabriel, cuando se cantaba al amor, al desamor, a la infidelidad, y la metáfora era sutil, pero contundente. Me pregunto si en realidad la música que hoy se escucha en la radio (donde todo es obvio y vulgar), es una evolución natural de la balada que dominó el mercado latinoamericano hasta los noventa, o es el hijo tonto. El reguetón, donde todo es una referencia a los aparatos reproductores femeninos o masculinos, los glúteos y las glándulas mamarias, y las intenciones son burdas y directas, es el resultado de una sociedad que solo quiere gozar, y no sufrir. Una sociedad en una búsqueda constante de la gratificación sexual y sensorial inmediata, sin formar los lazos afectivos que producen el desasosiego y desamparo que hacían de José José, el gurú del amor desesperado y por eso lo invitábamos a la fiesta, para recordarnos, inteligentemente, que amar (sufrir) y querer (gozar) no es igual. Para acompañarnos a confesar lo que sobrios no podríamos hacer: te amo, te extraño, te sufro, me lastimaste, me arrepiento, soy rependeje (nótese lenguaje inclusivo), háblame, perdóname, perdóname, perdóname. José José, seguirá siendo para muchos, el compañero fundamental de la quinta ronda, cuando ya relajados y desinhibidos, los sentimientos nos tocan el alma y nos inundan los recuerdos, y con un poco de suerte cantamos sus canciones —con el corazón en el cogote— rodeados de amigos que nos acompañan y reafirman que no estamos solos (aunque también lo hagamos cuando nadie nos ve). José José, fundamental. Por eso me dio gusto escuchar a una muchachita de 24 años decir que sus amigos estaban llorando por su muerte. Eso quiere decir que los millenials también sufren y me queda la esperanza de que el reguetón efectivamente sea un defecto que se puede corregir, o una distracción pasajera. José José, transcendental.

Me lo imagino llegando al infierno con una botella de [insertar bebida favorita] y a San Pedro viendo desde arriba, bastante aburrido, tararaendo las notas de “He renunciado a ti”, pues ningún músico que haya alcanzado fama internacional se va derechito al cielo. El camino artístico está sembrado de tentaciones y José José sucumbió a todas. José José, continuará repitiéndose mientras haya alcohol y corazones rotos. José José, para siempre. ¡Salud! ¡Salud!

CAROLINA HERRERA (Monterrey, México) Licenciada en Ciencias Jurídicas, Universidad Regiomontana (1989), Master en Escritura Creativa, Universidad de Salamanca, (2019).  #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016) es su primera novela y obtuvo el primer lugar del International Latino Book Award en la categoría Mejor Primera Novela (Mariposa Award) y Mención Honorífica en la categoría Mejor Novela – Romance. Ha participado en las antologías Ni Bárbaras, ni Malinches (Ars Comunis Editorial, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s de Chicago (El BeiSMan Press, 2018) y Lujuria (serie Pecados Capitales, Editorial Abigarrados, 2019). Miembro del Consejo Editorial de El BeiSMan. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois. 

1 reply
  1. Zoraya
    Zoraya says:

    Excelente reflexión y que desde allá arriba o abajo, José José y Juan Gabriel ayuden a corregir este desvarío de ausencia de sutileza en la nueva música; o mínimo las canciones de los inolvidables germinen en los jóvenes!

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