El teatro en español y sus tendencias en Chicago

Stefanie Jara (Junior), Alba Guerra (Fanny), y Oswaldo Calderón (Narrator) en Casa Propia de Dolores Prida, dirigida por Sándor Menéndez para Aguijón Theater. Foto: Carlos Garcia

por Raúl Dorantes

La comunidad latina de Chicago es esencialmente performática, producto del bagaje cultural indígena, africano y español. Vemos situaciones teatrales en la Parada Puertorriqueña y el Desfile de la Independencia, en los vía crucis de abril y los ritos pentecostales, en las quinceañeras y el ecuavóley de los ecuatorianos, en los conciertos del Tri y los festivales de cumbia. Ir de este teatro al otro, al que se hace sobre las tablas.

En el teatro en español que se realiza en Chicago se pueden percibir cinco tendencias: a) obras clásicas de Europa y de América Latina; b) costumbrista, que nos muestra situaciones ocurridas en pueblos de América Latina; c) teatro de carpa, influenciado sobre todo por cómicos mexicanos como Cantinflas o Manolín; d) performance, que incluye textos originales, no narrativos, que apuestan a la abstracción; y e) inmigrantista, que maneja contextos propios de los barrios hispanos de Chicago. Una tendencia complementa a las otras. Es novedad que se presenten en varios puntos de la ciudad y que haya público para cada una de ellas.

En los países latinoamericanos, cuatro de estas tendencias ya estaban establecidas como género o subgénero, con sus temáticas y contextos. Acaso sólo la inmigrantista busque establecerse. Los que participamos de esta tendencia nos hemos nutrido del saber teatral que ha llegado desde Colombia, México, Cuba, Argentina, etc. Aquí vimos obras por primera vez.

Es importante que haya encuentro con el misterio. Este se logra cuando los espectadores ríen en el teatro, y dicha risa se vuelve una sola. También cuando se preocupan o se indignan los espectadores, y un mismo gesto se dibuja en cada rostro. Si además de vivir una emoción, reflexionan, entonces la experiencia es espiritual e intelectual. Y si de además se llenan de silencio, la experiencia se vuelve total. Esto se puede lograr en cualquiera de las cinco tendencias. Tanto el teatro de carpa como el perfomance nos pueden dejar en el umbral del misterio. Estar ahí es lo que vuelve una obra universal.

En el teatro, como en la política o la educación, se reproduce el esquema patriarcal. Hay un individuo que tiene el don de la creatividad y el talento para escribir o dirigir. Los créditos en el programa de mano aparecen de manera jerárquica por su orden de importancia, que va desde el director y el dramaturgo hasta los operadores de luces y sonido.

Casa llena de Ceviche en Pittsburgh del dramaturgo José Castro Urioste puesta en escena por Teatro Tecolote y dirigida por Roma Díaz. Foto: Rafael Ortiz

En el área de Chicago hay por suerte media docena de directores teatrales de habla hispana, hombres y mujeres que se formaron mayormente en las escuelas de artes escénicas de Bogotá, Santo Domingo o Ciudad de México. Cabe aclarar que no son directores de tiempo completo. Las horas libres las utilizan para trabajar en sus propios proyectos  y siguiendo las tendencias que ya conocían en su país de origen.

Un texto teatral tiene un formato y un ritmo específicos. El director lee el trabajo del dramaturgo; ya en la producción, sustenta su labor en un método o una teoría. En Chicago hay clases en inglés de dramaturgia y de dirección, pero el español exige su propio latido. La tendencia inmigrantista, para que se realice, ha tenido que inventar la rueda. Dar palos de ciego. A veces esos palos han pegado en la piñata; a veces no.

En Colectivo El Pozo hemos visto la necesidad de escribir y dirigir en grupo. Existen el texto y la intención de montar cierta obra. Generalmente presento yo un libreto. Antes de elegir al elenco, el libreto se pule en varios talleres. La versión que se presenta al elenco de ninguna manera es definitiva. Pues los actores habrán de participar en la precisión de los parlamentos.

Nunca hay un plan detallado de lo que va a suceder en el escenario. Eso se va dando en el camino y entre todos. Yo he sido la cara de Colectivo El Pozo y he asumido cierto rol de dirigencia, acaso porque he dedicado tiempo a pensar en los rasgos existenciales de la inmigración. Eso ha ayudado a verbalizar algunos conceptos de escenografía o de efectos de sonido, pero no todos. La verdad es que luego del estreno de Allá en San Fernando y Camazotz nadie en la parte actoral o técnica (ni yo mismo) sabía quién había agregado qué cosa. Este tipo de escritura y de dirección tal vez sean elementos del teatro inmigrantista.

En los afiches y programas de las tres últimas producciones no han aparecido los nombres de un dramaturgo ni de un director. Desde nuestra primera obra, De camino al Ahorita, fuimos adoptando un esquema colectivo, acaso matriarcal, en el que un actor, una maquillista o uno de los escritores ha propuesto el desplazamiento o el tono de cierta escena; si se ve que funciona es aceptado. De lo contrario, alguien más propone otro trazo. Esto requiere la madurez tanto de A como de B para no generar conflicto y seguir creando. Pues la obra está por encima de una opinión particular o de un rol definido. La obra es la madre que nos alimenta y que se diluye entre nosotros.

No dudo que para las otras tendencias lo prioritario es también la obra. Imagino que tienen sus propias dinámicas. Me limito a compartir la nuestra.

Una tendencia no anula a la otra. Las cinco se retroalimentan. Esperemos que surjan otras. Harían mal los performistas si exigieran abstracción a los que hacen teatro de carpa o que éstos demanden el uso del albur a los performistas. Haríamos mal los que hacemos teatro inmigrantista si no reconocemos lo que nos ha dado origen.

Acaso un día, como en Los olvidados de Buñuel, se logren conectar las tendencias y presenciemos una obra con elementos de lo clásico, la carpa, lo costumbrista y el perfomance.

La comunidad hispanohablante de Chicago vive un buen momento para realizar una jornada de reflexión sobre lo que se ha hecho en las tablas a lo largo de tres o cuatro décadas. Asimismo, hay las condiciones para llevar a cabo un festival de teatro y performance que tenga como prioridad los trabajos de las compañías locales. Ojalá se logre.

 

Camazotz de Colectivo El Pozo. Foto: Cortesía

Raúl Dorantes. Llegó a Chicago a finales de 1986. Desde 1992 se ha dedicado a la publicación de revistas culturales: Fe de erratas, Zorros y erizos, Tropel, Contratiempo El BeiSMan. En la actualidad es director del Colectivo El Pozo y es autor de la novela De zorros y erizos.  Ars Communis Editorial publicó su colección de cuentos Bidrioz y recientemente publicó su segunda novela: El blues de Roma.

 

 

 

 

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *