West Side Story

West Side Story en el Lyric Opera de Chicago

por Carolina Herrera

 

Como cada año, para cerrar la temporada de ópera, el Lyric Opera of Chicago nos ofrece un musical y este año ha sido el turno del clásico del teatro musical estadounidense, West Side Story, la trágica historia de un par de enamorados que luchan contra los suyos para poder estar juntos. ¿Suena familiar? La obra es una reinterpretación de Romeo y Julieta, en donde Verona ahora es un barrio de Nueva York, Julieta es María, una joven puertorriqueña y Romeo es Tony, un joven de origen polaco ex-miembro de una pandilla. María es hermana de Bernardo, el líder de la pandilla opuesta y quiere que ella se case con Chino, su mejor amigo.

West Side Story, llevada al teatro en 1957, basada en un libreto de Arthur Laurents, música de Leonard Bernstein y Steven Sondheim, y coreografiada por Jerome Robbins es una amenaza triple, pues los actores no solo deben actuar y cantar, sino también bailar. La coreografía de Robbins es una mezcla de jazz y ballet, con ritmos latinos que representan la fusión del encuentro de dos culturas. El racismo y sus consecuencias es el tema que permea la historia de amor, cosa que, tristemente, continua siendo tema el día de hoy.

La acción se desarrolla en un escenario impresionante que representa “el barrio”, donde el balcón de Romeo y Julieta es ahora una escalera de escape, y no por eso la escena donde Tony y María se confiesan su amor, deja de destilar miel. Mikaela Bennett en el papel de María y Cori Cott, como Tony, fascinan con su voz al interpretar “Tonight” (Esta noche) y “María”, una balada que se queda flotando en el aire tiempo después de haber terminado. Amanda Castro, en el papel de Anita, la novia de Bernardo (papel que le valió a Rita Moreno el Óscar por mejor actriz de reparto), se lleva la noche con su potente voz, habilidad histriónica y capacidad para bailar lo que le pongan.

El primer acto es uno plagado de canciones conocidas, baile y color y desde el momento en que Bernardo le dice a su hermana que quiere que se case con su amigo  se adivina que la historia va a acabar en tragedia. El segundo acto afloja un poco, pero concluye la historia como está previsto… alguien se va a morir. West Side Story es una historia de odio y violencia, disfrazada de historia de amor… ¿o al revés? Ya no sé. ¡Muy buena!

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

Sandra Cisneros y Fernando Flores

Sandra Cisneros

por Tanya Victoria

American Writers Museum en Chicago cumple su segundo aniversario el jueves 16 de mayo. Esta noche tienen una invitada de lujo, Sandra Cisneros, La Santa Patrona de las Chingonas. Sandra es ampliamente conocida por su novela The House on Mango Street, publicada en 1984 , seis millones de copias vendidas, traducida a 20 idiomas, The House in Mango Street es parte del programa académico de escuelas secundarias y preparatorias en el país. Sandra es la escritora chicana que muchos queremos ser, además de escribir apoya a escritores emergentes con sus dos fundaciones sin fines de lucro, Macondo Foundation y Alfredo Cisneros del Moral Foundation. Esta noche Fernando Flores acompaña a Sandra en una plática que promete enriquecernos culturalmente, hacernos parte de sus historias y adentrarnos en mundos paralelos. Fernando presenta su libro Tears of the Trufflepig que Sandra define como de otra galaxia. El libro Fernando se sitúa en una tercera frontera entre México y Estados Unidos donde los narcóticos son legales, el tráfico de animales en vías de extinción es el mayor problema. Después de la conversación entre los autores, Sandra y Fernando firmarán libros y darán autógrafos.

La cita es en American Writers Museum a las 6:30pm en 180 Michigan Av. Suite 300 Chicago IL60601.

 

Tanya Victoria. De La Ciudad de México. Reside en Chicago desde 1998. Trabaja como coordinadora de programas que promueven la cultura y conservación para la educación infantil. Trabajó en la Sociedad de Zoológicos de Chicago. Estudió en la Sociedad General de Escritores Mexicanos (SOGEM) y escribe para Contratiempo desde 2001.

 

La Traviata

La Traviata en el Lyric Opera de Chicago. Foto: Cortesía

por Carolina Herrera

Las románticas notas del preludio al primer acto de La Traviata de Giuseppe Verdi, comienzan a flotar sobre un hermoso telón de encaje celeste que sirve de filtro para mirar dentro de la recámara de Violetta, una cortesana (las escorts del XIX), quien, ayudada por su empleada Anina, se viste para una fiesta que ha organizado en su casa, tras recuperarse de una enfermedad.

El telón se levanta y se transforma rápidamente en el área donde se desarrolla la fiesta y ahora observamos una mesa que se desborda de pasteles y confites sobre una pared blanca. Los invitados llegan luciendo vestidos de colores, pelucas estrambóticas y algunos hasta máscaras, sirviendo no solo de reparto sino de adornos de alto impacto visual. Sus sombras se proyectan contra la enorme pared blanca dándole a la escena un aire fellinesco y es aquí donde comienza el conflicto de la historia. Alfredo Germont (el tenor italiano Giorgio Berucci), un joven aristócrata, se ha enamorado de Violetta (encarnada por la coloratura soprano rusa Albina Shagimuratova) y ésta se debate entre las declaraciones de amor de Alfredo y la vida de placer que hasta entonces ha llevado. Violetta, decide aceptar el amor de Alfredo y la hermosa voz de Shagimuratova se alza en el escenario al cantar la primer aria de la noche.

Giuseppe Verdi se basó en La dama de las Camelias del francés Alejandro Dumas hijo, para escribir una tragedia de amor clásica, donde los enamorados no pueden estar juntos y justo cuando parece que todo se va a resolver, ella muere. La producción del Lyric Opera es una explosión de color, luz y sombras que solo puedo describir con una palabra que no tiene traducción en español: whimsical, que es algo entre lo fantástico y lo caprichoso, lo colorido y lo novedoso. En el segundo acto, tras la intervención del padre de Alfredo (el tenor Zeljko Lucic) quien ha convencido a Violetta de dejarlo para preservar el honor de la familia, los enamorados asisten a una fiesta por separado. El tapiz rojo y negro de la pared que encuadra el escenario da una sensación de exceso y decadencia que se acentúa con el vestuario del ensemble, los toros danzantes y los magos, en un desfile de luces y sombras que podría compararse con los altibajos del amor.

La tragedia de La Traviata —la mujer caída— es un drama del siglo XIX que resuena en el XXI pues aunque las formas han cambiado y supuestamente nos hemos “liberado”, una mujer independiente todavía es vista con cierta sospecha y a veces hasta lástima. Y mejor aquí le paro porque ya me estoy enojando… La Traviata en el Lyric es una puesta visual y musicalmente impactante que no deja de asaltar y sorprender de principio a fin.

 

La Traviata se presenta en el Lyric Opera de Chicago hasta el 22 de marzo.

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

Elektra en el Lyric Opera de Chicago

Lyric Opera of Chicago presenta una de las obras más distintivas del canon operístico, Elektra. A principios del siglo XX, Hugo von Hofmannsthal escribió el libretto y Richard Strauss escribió la partitura musical en Dresde. La violencia y la brutalidad musical es contundente, la cual marcha en harmonía con la poesía lírica a lo largo de la trama. La ópera dura aproximadamente 100 minutos ininterrumpidos, compuesta por cuatro escenas mayores cada una incluye su respectiva conclusión climática. Elektra está inspirada en la mitología griega, particularmente en la tragedia Electra de Sófocles, pero la adaptación operística sigue los estilos expresionista y modernista.

La trama toma lugar en el palacio de Agamemnon donde Elektra (Nina Stemme) deambula sufriendo la muerte trágica de su padre mientras trama su venganza contra los malhechores que usurpan la corona, Klytämnestra (Michaela Martens) y Aegisth (Robert Brubaker). Elektra vive los retos y las miserias de la condición humana, analizando los horrores y castigos que rigen su existencia a manos de una familia disfuncional. La joven anti-heroína atesora el hacha que mató a su padre, en su delirio confabula un complot con sus hermanos Chrysothemis (Elza Van Den Heever) y Orest (Iain Paterson) para vengar al rey. Elektra exhibe homicidios, destierros, pecaminosidad y venganza dentro de una aristocracia venida a menos.

El trabajo actoral es excepcional, altamente catártico y transciende a una elegancia inolvidable dentro de un ámbito en tinieblas con sombras peligrosas en cada esquina. Hay belleza dentro de los aspectos más mórbidos de la existencia. La victoria de Elektra surge en su dualidad dramática y musical, es prudente destacar dos participes de alto renombre: El director de orquesta, Donald Runnicles y la actriz Nina Stemme debutan en Lyric Opera of Chicago con esta presentación engrandeciendo sus ya impresionantes trayectorias. Runnicles fue nominado al Grammy por su labor Janáček’s Jenůfa en 2015 y se ha especializado en la obra de Richard Wagner y Richard Strauss. El papel protagónico de Elektra lo interpreta la actriz Nina Stemme, galardonada con el premio Birgit Nilsson. La actriz Stemme, ha sido considerada un tesoro nacional su tierra natal, Suecia.

La escenografía consiste de la fachada del palacio de Agamemnon, un lugar gris, lleno de escombros, un sitio donde las sombras son personajes y accesorios estéticos, elementos excelentes para contrastar la sangre que inunda el escenario. El manejo de luces es impecable. La obra es un maratón de canto que mantiene un nivel pasional constante de principio a fin. Los efectos especiales aunque son limitados logran promulgar los impactos sensoriales que aterran y deslumbran al público. Esta puesta en escena es formidable y la recomiendo, es toda una experiencia. Los vestuarios, la orquesta, la coreografía todo es mesurado y presentado de una manara nítida y sofisticada.

Elektra concluirá su temporada el 22 de febrero, 2019. Para mayor información visite www.lyricopera.org.

Antonio E. del Toro nació en Guadalajara. Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

 

Russian Doll o las muchas muertes de Nadia

 

*SPOILER ALERT*: Antes de leer la siguiente reseña recomiendo que vean la serie (ocho capítulos de 25 minutos), pero si son de los que no ven nada si no se los recomiendan, entonces por medio de la presente me libero de toda responsabilidad si les echo a perder la historia. Procedamos.

Nadia (Natasha Lyonne), una programadora de videojuegos, se mira en el espejo del baño de su amiga Maxine (Greta Lee en un papel robaescenas), quien le ha organizado una fiesta por su cumpleaños. Al salir del baño, el guateque está en su apogeo y Nadia se mueve entre los invitados hasta llegar a la cocina donde se encuentra Maxine. Ésta la felicita con brazos abiertos, le pasa un churro y le pregunta si se está divirtiendo. Tras darle el toque, Nadia, con el sarcasmo que la caracteriza, le contesta que a los 36 ya se está “asomando al precipicio de su mortalidad y eso es ¡mucho más divertido!” Max le espeta que se calme pues le está cocinando un “fucking chicken!” Este intercambio se repetirá una y otra vez, en diferentes versiones, y ahí observaremos la transformación interna de Nadia. Nadia, con su enorme y rizada cabellera roja, su fuerte acento neoyorquino y su adicción al cigarro, es una mujer soltera, aficionada al alcohol, a las drogas recreativas e incapaz de sostener una relación duradera. Está muy preocupada porque Oatmeal, el gato que vive con ella part-time (divide su tiempo entre su casa y la tiendita del barrio), no aparece desde hace tres días. Esa noche, después de tener sexo con uno de los invitados de la fiesta, sale a comprar cigarros, alcanza a ver a Oatmeal del otro lado de la calle, corre por él, la atropella un taxi y muere.

Corte a:

Nadia, una programadora de videojuegos, se mira en el espejo del baño de su amiga Maxine… y aunque la premisa es reminiscente de Groundhog Day (donde el nefasto Phil Connors debe revivir el mismo día y transformarse para poder lograr que la chica se enamore de él), Nadia no solo debe reevaluar su vida, sino descubrir qué está pasando, es decir, resolver el problema del “reinicio de secuencia”. La primera vez que “reinicia” piensa que todo ha sido una alucinación producida por el churro de Maxine (“Tiene cocaína, al estilo israelita”), pero muy pronto se da cuenta de que, no importa lo que haga, la muerte la acecha ese día, y al alcanzarla, despierta frente al mismo espejo y sale a la misma fiesta y Maxine acaba haciendo una referencia al pollo. En esta versión, los acordes de I’ve Got You Babe, han sido reemplazados por Gotta Get Up, una cancioncita pegajosa de Harry Nilson (1971) que hace las veces de disparo de salida.

El nombre Russian Doll alude a la tradicional Matrioshka, una muñeca de madera hueca, que a su vez alberga a otra, y ésta a otra, hasta llegar a la última, la más pequeña. Es el mismo concepto de lo que en literatura conocemos como caja china y así es como se desarrolla la trama de la serie. En cada reinicio, la historia comienza en el baño y en cada reinicio Nadia descubre algo nuevo que la lleva en otra dirección. Al principio Nadia busca la respuesta en elementos externos o sobrenaturales, pero hasta que se topa con Alan (Charlie Barnett), un muchacho que padece de su misma condición, comienza a ver hacia adentro, y es entonces cuando la historia comienza a abordar las grandes preguntas. ¿Quién soy? ¿Por qué estamos aquí? ¿En qué consiste ser un buen amigo? ¿Qué le debemos a nuestros seres queridos? ¿Qué nos hace humanos? ¿Porqué, a pesar de estar tan conectados a todo, estamos tan desconectados de los demás? Es un indigente, Horse, que se le aparece a Nadia en la calle todas las noches, el único con la lucidez suficiente para sugerirle que le permita cortarle el cabello. Un cabello rizado y rojizo que heredó de su madre, un cabello que su madre admiraba.

Nadia y Alan deben reiniciar una y otra vez hasta encontrar el glitch proverbial en su programa de vida y hacer los ajustes necesarios para que corra bien. Deberán hacer equipo y confiar en el otro para luchar contra los fantasmas del pasado que los acechan y que no les permiten vivir el presente. Russian Doll es una comedia que aborda la naturaleza de los traumas que nos impiden amarnos a nosotros mismos y que con frecuencia conducen a los excesos o a la depresión y los trata como lo que son, una parte de nosotros, algo con lo que todos lidiamos tarde o temprano. Natasha Lyonne, con su voz aguardientosa, e increíble capacidad para la comedia física, más que una brisa fresca, es un huracán histriónico. Producida por la propia Lyonne, Amy Poehler y Leslye Headland, Russian Doll es una serie escrita por mujeres, realizada por mujeres, y no se si es por eso que me ha gustado tanto, pues captan la feminidad de tantas maneras… todas reales, todas maravillosas, algunas trágicas. Pero es esa primera imagen de Lyonne en el espejo, la imagen con la que reinicia una y otra vez, mirándose a sí misma, con el delineador a todo lo que da, y esos ojos entre hartos y retadores, esa es una imagen que he visto miles de veces en el espejo. Es el look universal femenino de “¿Y ahora qué?” Russian Doll… imperdible.

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

House of Broken Angels, Urrea’s new novel

 

by Antonio Zavala

 

The character Big Angel is the long-standing patriarch of a large Chicano family in Luis Alberto Urrea’s new novel The House of Broken Angels, but he is dying of cancer. So, he gathers his extended family for a last ‘good-bye-see-you-in-the-beyond’ blast in San Diego, California.

However, before the party can take place, America, Big Angel’s mother, passes away and now the entire family has to pay their respects at her funeral and celebrate his birthday bash the next day.

Urrea’s new novel then follows the close to sixty members of the Miguel Angel de la Cruz, aka as Big Angel, clan for those two days as sons, daughters, half-brothers, cousins and grandchildren all fly or drive to San Diego to pay their final respects to the two family members.

Big Angel, who is 70-years-old, is a bigger than life character who moves north to the United States early in his life and later brings his wife Perla with him. Starting at the bottom, Big Angel eventually becomes a cyber systems manager at the Pacific Gas and Electric Company before retiring. In fact, Big Angel was so punctual and diligent that his co-workers called him The German.

These two traits remain with Big Angel into the present and should any family member arrive late anywhere, Big Angel is sure to call it to their attention.

Over the two days of the funeral for the 100-year-old matriarch and the birthday celebration for Big Angel, the extended family members interact, solidify their relationship as a Chicano family and here and there its members develop new hates, pass around “chismes”, fuel jealousies and try to rekindle old romances.

Big Angel has a half-brother, part Mexican and part Anglo, named Angel Gabriel who is an English professor in Seattle. He is called Little Angel. He is the son of their Mexican father, Don Antonio de la Cruz and a white American woman named Betty.

Big Angel is the father of three: Lalo who has completed his service with the military, a daughter named Minerva who is called Minnie; and a son named Braulio, who was killed years earlier due to street violence.

Author Urrea in this epic novel pays homage to Mexican families this side of the border and their marginal status in a white society bent on seeing families such as Big Angel’s as outsiders.

Mexican American families, Urrea seems to say, share traditional values such as honor, work, truth and loyalty and hold on to their dreams just like all American families do.

Chicano and Mexican American families in the United States are not new but American literature and the film industry has done its best to ignore them. In fact, Chicano families (remember that maxim that says we didn’t cross the border, the border crossed us) have been around since even before the US-Mexican War. All Mexicans in the United States, I must point out, are not recent arrivals to American society.

Urrea, of course, needs no introduction to serious readers. He has written such popular novels as The Hummingbird’s Daughter, Queen of America, Into the Beautiful North and the 2015 short-story book The Water Museum.

He is also the author of the landmark book The Devil’s Highway A True Story, a 2004 Pulitzer Prize finalist. It’s a true story about how a band of coyote smugglers got lost in the Arizona desert in 2001 and caused the death of 14 immigrants from Central Mexico.

Urrea is the son of a Mexican father and an American mother and has told the media his latest book was inspired by the death of his older half-brother, Juan Urrea, who died three years ago of cancer just as he was about to reach his 74th birthday.

His brother Juan had a farewell party with all his relatives who knelt and kissed his hand as if he was, indeed, the godfather of the clan. Luis Alberto was in doubt about how to remember and honor his carnal or brother when a fellow writer, Jim Harrison, told him “Sometimes God hands you a novel. You have to write it.”

And so, Urrea did. And Urrea has said it’s all fiction, except the fact that he did lose his half-brother, so that readers are not led to believe that all that he wrote in House of Broken Angels did take place.

Unbeknown to most Chicanos and Mexican Americans in the Chicago area, Urrea teaches creative and non-fiction writing at the University of Illinois at Chicago (UIC), a few short blocks north of Pilsen, something he has been doing for close to twenty years now.

On a September day I met Luis Alberto in his office with the help of Marta Ayala, Community Affairs Specialist with the Latin American Studies Department at UIC. He was friendly, amiable and very witty. Later he allowed me to visit his class.

During the class, Urrea and the students were discussing second-person narratives they had written. He was at the top of his game discussing literature, point of view, colloquialisms and a recent trip he had taken to New York to talk about diversity.

I told Urrea I was not the ambassador for the entire Mexican community but that I, nevertheless, was glad he was here and writing such interesting books.

Antonio Zavala is a Chicago journalist and writer. He is the author of Pale Yellow Moon, a collection of 15 short stories and also of Memorias de Pilsen, a non-fiction book of memoirs about Chicago’s Pilsen neighborhood. Zavala, originally from Coeneo, Michoacan, Mexico, is busy working on another book of short stories.

 

ROMA de Alfonso Cuarón

Yalitza Aparicio, Cleo, en ROMA de Alfonso Cuarón

Existe, en la tradición intelectual mexicana, una arraigada y desafortunada tendencia en cuanto a su población indígena: la idealización o el silencio. Dos ejemplos de esto, provenientes de mediados del siglo pasado, son Ixca Cienfuegos, que en la obra de Fuentes funge como la conciencia del país entero, y “una” sirvienta, cuya anónima presencia Paz reconoce, pero a quien le niega un nombre propio. No es distinto lo que ocurre en las artes plásticas y visuales, desde los murales de Rivera hasta la representación romántica del indígena en la época dorada del cine mexicano. Ya sea en un extremo u otro, el intelectual mexicano se ha empeñado en mostrar o hacer desaparecer al indígena según lo exija su obra.

La propuesta de Alfonso Cuarón es mucho más sencilla. En Roma, el objetivo del director es mostrarnos a Cleo como una persona real y ordinaria. Y, si bien Cuarón le asigna a su protagonista el más trillado de los papeles, el de la empleada doméstica, también es cierto que lo hace no con el fin de perpetuar una imagen denigrante ni estereotípica. Al mostrarnos a Cleo como parte central del seno familiar, Cuarón rompe con el imaginario del modelo tradicional mexicano, rechaza la imagen preconcebida del indígena e incursiona en la dimensión humana de su protagonista. Cleo cumplirá a cabalidad las obligaciones de su papel como sirvienta, pero su verdadera labor es muy otra. Más que funcional, su labor consiste en mantener unida a una familia fracturada, a una familia que se está resquebrajando. Baste observar cómo, a falta de atención materna, Cleo está a cargo de nutrir el espíritu, de desatar la imaginación y garantizar el equilibrio emocional de los hijos de un matrimonio venido a menos.

Cleo bien podrá fungir como columna vertebral de una familia en crisis, pero es también una persona susceptible a fallas humanas. Buena parte de la discordia conyugal recae sobre ella y su falta de atención, por ejemplo, con la limpieza del excremento del perro, que no en pocas ocasiones puede apreciarse cubriendo el piso de la cochera, o aplastado bajo la suela de un zapato, motivo que el matrimonio en su momento le recrimina. Pero quizá el mayor error de Cleo sea el enamorarse del hombre equivocado, lo cual desata una cadena de eventos que le sirven a Cuarón para explorar temas pertinentes, entre ellos la masculinidad tóxica del hombre mexicano.

A final de cuentas, con las trágicas consecuencias del equivocado amor de Cleo, Cuarón parece estar planteando una cuestión mucho más grave e inquietante: la supervivencia de la clase acomodada mexicana sigue dependiendo del sacrificio indígena, de vidas desechables.

José Ángel Navejas. Llegó a Chicago en 1993, donde ha vivido desde entonces. Su libro autobiográfico Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant (University of Illinois, 2014), aparecerá en traducción al español en 2019. En la actualidad es candidato a doctorado en literatura latinoamericana por la Universidad de Illinois en Chicago.

Por amor a ROMA

De izquierda a derecha, Yalitza Aparicio, Diego Cortina Autrey y Marina De Tavira en una escena de ROMA.

por Carolina Herrera

Para los que crecimos en México en la década de los setenta, ROMA es una especie de elegía a un pasado que solemos ver con lentes color de rosa. Ese fue el primer acierto de Cuarón, mostrar el pasado en blanco y negro, sin sentimentalismos: un pasado donde quizás los padres estaban juntos, los abuelos vivos, y los hermanos eran nuestros mejores enemigos. Cuarón lo presenta como lo que fue. Un pasado plagado de detalles que te jalan los hilos del corazón, porque lo reconoces casi como el tuyo, pero también tocado por la tragedia, tanto personal como histórica, que los seres humanos tendemos a editar para evitar el dolor. Es la historia de dos Méxicos y de dos mujeres que viven en la misma casa, pero que habitan dos mundos diferentes. Es una historia de contrastes.

La primera escena muestra un piso de loza por donde corren los créditos y sabiendo que la película trata sobre una empleada doméstica, intuí lo que venía: agua. Ese piso se debe barrer y trapear (aunque parezca que está limpio), y luego, reflejado en el charco que ha dejado el cubetazo, un avión que atraviesa el cielo de este a oeste. Cuarón nos invita a un viaje al pasado plagado de sucesos cinematográficos, televisivos, políticos y musicales que sirven como refuerzos de la memoria, necesarios especialmente, cuando se trata de recordar las tragedias que nos marcan.

ROMA se sitúa a finales de 1970 y cuenta la historia de Cleo (Yalitza Aparicio) y la familia para quien trabaja, compuesta por Sofia (Marina de Tavira en una gran actuación) y Antonio, sus cuatro hijos, la abuela Teresa y el perro, Borras. Entre Cleo y Adela (la otra muchacha), se encargan de los quehaceres del hogar y de atender a la familia en su casa de la colonia Roma, donde, a pesar de los amplios espacios interiores, tiene una cochera demasiado estrecha que alberga al perro y es depósito de cacas y frustraciones familiares. ROMA muestra a dos mujeres en crisis y cómo la enfrenta cada una. Mientras Sofía se encierra en su recámara, llora, se emborracha y grita ―al fin y al cabo, es la señora de la casa―, Cleo aborda su problema con esa mezcla de resignación y vergüenza que se espera de los de su condición. Los grandes alardes emocionales son exclusivos de “la patrona”, no de la empleada.

Es la historia de cómo, para variar, los hombres abandonan a las mujeres para perseguir sus “sueños”, y cómo las mujeres “recogen el mugrero que dejan” con “lo que hay”. Unas se desquitan con el coche y la servidumbre, y otras ―calladitas, calladitas― lo transforman en amor, como Cleo. Porque ROMA es eso, es un testimonio del amor y la devoción que le tienen los que sirven a las familias que los emplean y que pocas veces se admite o reconoce públicamente. Cleo ama a esos niños como si fueran suyos y los niños la quieren a ella como a una segunda madre. Sofía lo sabe y por muy patrona que sea, también es una mujer en crisis, capaz de reconocer y empatarse con el dolor de otra mujer y ayudarla. La película podría resumirse en una oración: los hombres son unos cabrones, pero mejor evito las generalizaciones porque conozco como a tres que no. Me gusta más: las mujeres, unidas, somos invencibles.

ROMA es una historia de amor: de amor a la familia, al prójimo, a nuestro género. Con ROMA, Alfonso Cuarón se alza por encima de sus two amigos, pues, como dice René mi hermano: “Guillermo del Toro está al servicio de sus monstruos, Alejandro González Iñárritu está al servicio de su ego, y Alfonso Cuarón está al servicio del cine.” ¡Bravo Cuarón!

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

 

Palabras Chicagüenses

Por Miguel Méndez

Palabras migrantes: 10 ensayistas mexican@s de Chicago, compilador: José Ángel N.
El BeiSMan PrESs, Chicago, 2018, 164 páginas, $15.99, ISBN 978-1728700441

Monsiváis después de una visita a Chicago se preguntó “¿por qué seguir escribiendo en español? ¿Cuál podría ser el propósito de la literatura en español en Chicago?” Y sobre todo: “¿Qué pasa, cuando se escribe en español?” Desde un punto lingüístico y cultural es inevitable no escribir en lengua materna y todo esto tiene sus raíces en la identidad y en el acto de inmigrar a otro lugar donde uno se encuentra solo y tiene que aprender a encontrarse a uno mismo, y es en las letras donde el ser inmigrante —en este caso mexicano— llega a refugiarse y comprender su propia cosmovisión de este lado de la frontera. Palabras Migrantes 10 Ensayistas mexicanos de Chicago, es precisamente esto: un encuentro con el ser migrante mexicano. Este libro de ensayos nos abre la puerta y nos invita a esta cosmovisión literaria naciente, la cual no se debe ignorar.

El mexicano, es un inmigrante con una identidad formada que en el arribo se convierte en algo conflictivo, y en este paso transitivo se topa con la soledad. Para Octavio Paz la soledad es la definición absoluta de la conciencia. El sentirse solo es la prueba infinita de que el hombre existe y de alguna manera tiene que hacerse presente en su alrededor. Es por esto que esta compilación de ensayos nos muestra una forma diferente de percibir la experiencia migrante, no sólo como un efecto de transición cultural sino como el proceso por el cual se alcanza una identidad mexicana afuera de Mexico. No solo se trata de decir: “yo soy mexicano”. Más bien se trata de alcanzar la libertad para afirmar “yo soy Mexicano Chicagüense”. El mexicano aún sabiéndose perdido en una tierra nueva, sabe exactamente de dónde es. Es más, tal vez sabe muy bien que su única manera de regresar es a través de la muerte. Aún cuando estas incertidumbres, parecen que invaden las páginas de este libro, no son más que un intento por comprender su existencia literaria a la manera que Paz, Fuentes, Monsiváis y Vasconcelos lo han hecho: A través de la palabra. Y sobre todo a través de la palabra escrita en español. Estos escritores mexican@s no están haciendo un reclamo, es más bien una invitación a conocer estas voces literarias, a pesar del estado político que se vive en Estados Unidos y del sentimiento antimexicano que se ha gestado en los últimos años. Sin embargo, propongo que en estos momentos la mejor forma de rebeldía es hablar y escribir en español. Palabras Migrantes, como el Hutizil en aquella leyenda maya, ya hizo su parte.

La literatura en español en chicago aún es un movimiento naciente. Palabras Migrantes, ha dejado su siembra, ahora les tocará a los escritores jóvenes seguir regando esta milpa de literatura que se les está dejando. El español y la literatura están vivos y en esa búsqueda eterna de la identidad y del arte muchas veces son estos los que nos encuentran a nosotros.

 

Miguel Méndez. Fronterizo (Cd Juárez/El Paso). 1991. Vive en Chicago. Obtuvo una licenciatura en literatura latinoamericana en Northeastern University, y actualmente estudia la maestría en letras hispánicas en Loyola University Chicago. Es maestro de español. Ha participado en lecturas de poesía y publicado en varias revistas del área.

 

El teatro en español y sus tendencias en Chicago

Stefanie Jara (Junior), Alba Guerra (Fanny), y Oswaldo Calderón (Narrator) en Casa Propia de Dolores Prida, dirigida por Sándor Menéndez para Aguijón Theater. Foto: Carlos Garcia

por Raúl Dorantes

La comunidad latina de Chicago es esencialmente performática, producto del bagaje cultural indígena, africano y español. Vemos situaciones teatrales en la Parada Puertorriqueña y el Desfile de la Independencia, en los vía crucis de abril y los ritos pentecostales, en las quinceañeras y el ecuavóley de los ecuatorianos, en los conciertos del Tri y los festivales de cumbia. Ir de este teatro al otro, al que se hace sobre las tablas.

En el teatro en español que se realiza en Chicago se pueden percibir cinco tendencias: a) obras clásicas de Europa y de América Latina; b) costumbrista, que nos muestra situaciones ocurridas en pueblos de América Latina; c) teatro de carpa, influenciado sobre todo por cómicos mexicanos como Cantinflas o Manolín; d) performance, que incluye textos originales, no narrativos, que apuestan a la abstracción; y e) inmigrantista, que maneja contextos propios de los barrios hispanos de Chicago. Una tendencia complementa a las otras. Es novedad que se presenten en varios puntos de la ciudad y que haya público para cada una de ellas.

En los países latinoamericanos, cuatro de estas tendencias ya estaban establecidas como género o subgénero, con sus temáticas y contextos. Acaso sólo la inmigrantista busque establecerse. Los que participamos de esta tendencia nos hemos nutrido del saber teatral que ha llegado desde Colombia, México, Cuba, Argentina, etc. Aquí vimos obras por primera vez.

Es importante que haya encuentro con el misterio. Este se logra cuando los espectadores ríen en el teatro, y dicha risa se vuelve una sola. También cuando se preocupan o se indignan los espectadores, y un mismo gesto se dibuja en cada rostro. Si además de vivir una emoción, reflexionan, entonces la experiencia es espiritual e intelectual. Y si de además se llenan de silencio, la experiencia se vuelve total. Esto se puede lograr en cualquiera de las cinco tendencias. Tanto el teatro de carpa como el perfomance nos pueden dejar en el umbral del misterio. Estar ahí es lo que vuelve una obra universal.

En el teatro, como en la política o la educación, se reproduce el esquema patriarcal. Hay un individuo que tiene el don de la creatividad y el talento para escribir o dirigir. Los créditos en el programa de mano aparecen de manera jerárquica por su orden de importancia, que va desde el director y el dramaturgo hasta los operadores de luces y sonido.

Casa llena de Ceviche en Pittsburgh del dramaturgo José Castro Urioste puesta en escena por Teatro Tecolote y dirigida por Roma Díaz. Foto: Rafael Ortiz

En el área de Chicago hay por suerte media docena de directores teatrales de habla hispana, hombres y mujeres que se formaron mayormente en las escuelas de artes escénicas de Bogotá, Santo Domingo o Ciudad de México. Cabe aclarar que no son directores de tiempo completo. Las horas libres las utilizan para trabajar en sus propios proyectos  y siguiendo las tendencias que ya conocían en su país de origen.

Un texto teatral tiene un formato y un ritmo específicos. El director lee el trabajo del dramaturgo; ya en la producción, sustenta su labor en un método o una teoría. En Chicago hay clases en inglés de dramaturgia y de dirección, pero el español exige su propio latido. La tendencia inmigrantista, para que se realice, ha tenido que inventar la rueda. Dar palos de ciego. A veces esos palos han pegado en la piñata; a veces no.

En Colectivo El Pozo hemos visto la necesidad de escribir y dirigir en grupo. Existen el texto y la intención de montar cierta obra. Generalmente presento yo un libreto. Antes de elegir al elenco, el libreto se pule en varios talleres. La versión que se presenta al elenco de ninguna manera es definitiva. Pues los actores habrán de participar en la precisión de los parlamentos.

Nunca hay un plan detallado de lo que va a suceder en el escenario. Eso se va dando en el camino y entre todos. Yo he sido la cara de Colectivo El Pozo y he asumido cierto rol de dirigencia, acaso porque he dedicado tiempo a pensar en los rasgos existenciales de la inmigración. Eso ha ayudado a verbalizar algunos conceptos de escenografía o de efectos de sonido, pero no todos. La verdad es que luego del estreno de Allá en San Fernando y Camazotz nadie en la parte actoral o técnica (ni yo mismo) sabía quién había agregado qué cosa. Este tipo de escritura y de dirección tal vez sean elementos del teatro inmigrantista.

En los afiches y programas de las tres últimas producciones no han aparecido los nombres de un dramaturgo ni de un director. Desde nuestra primera obra, De camino al Ahorita, fuimos adoptando un esquema colectivo, acaso matriarcal, en el que un actor, una maquillista o uno de los escritores ha propuesto el desplazamiento o el tono de cierta escena; si se ve que funciona es aceptado. De lo contrario, alguien más propone otro trazo. Esto requiere la madurez tanto de A como de B para no generar conflicto y seguir creando. Pues la obra está por encima de una opinión particular o de un rol definido. La obra es la madre que nos alimenta y que se diluye entre nosotros.

No dudo que para las otras tendencias lo prioritario es también la obra. Imagino que tienen sus propias dinámicas. Me limito a compartir la nuestra.

Una tendencia no anula a la otra. Las cinco se retroalimentan. Esperemos que surjan otras. Harían mal los performistas si exigieran abstracción a los que hacen teatro de carpa o que éstos demanden el uso del albur a los performistas. Haríamos mal los que hacemos teatro inmigrantista si no reconocemos lo que nos ha dado origen.

Acaso un día, como en Los olvidados de Buñuel, se logren conectar las tendencias y presenciemos una obra con elementos de lo clásico, la carpa, lo costumbrista y el perfomance.

La comunidad hispanohablante de Chicago vive un buen momento para realizar una jornada de reflexión sobre lo que se ha hecho en las tablas a lo largo de tres o cuatro décadas. Asimismo, hay las condiciones para llevar a cabo un festival de teatro y performance que tenga como prioridad los trabajos de las compañías locales. Ojalá se logre.

 

Camazotz de Colectivo El Pozo. Foto: Cortesía

Raúl Dorantes. Llegó a Chicago a finales de 1986. Desde 1992 se ha dedicado a la publicación de revistas culturales: Fe de erratas, Zorros y erizos, Tropel, Contratiempo El BeiSMan. En la actualidad es director del Colectivo El Pozo y es autor de la novela De zorros y erizos.  Ars Communis Editorial publicó su colección de cuentos Bidrioz y recientemente publicó su segunda novela: El blues de Roma.