Red Line Blues

Recientemente se publicó la antología Palabras Migrantes: 10 ensayistas mexican@s de Chicago. Esta colección, la primera en su clase —ciertamente en Chicago y probablemente en todo Estados Unidos— reúne a un grupo de mexican@s radicad@s ya de manera permanente y por varias décadas en una de las principales urbes estadounidenses. Como tal, representa también el esfuerzo conjunto de un grupo de autores ante una encrucijada sociopolítica. Son actores todos de un importante devenir, autores de su propia narrativa, agentes culturales en un momento de transición histórico, conscientes todos de sus circunstancias y su papel en el desarrollo y la evolución de una nueva cultura en Estados Unidos, un país donde, a pesar del hostil clima político actual, el idioma español se sigue afianzando, aunque no sin tensiones. Por lo tanto, una de las principales inquietantes que emanan de esta antología se plantea como una paradoja: ¿cómo ser mexicano y chicagoense al mismo tiempo? A manera de adelanto, El BeiSMan ofrece un fragmento de la crónica de Julio Rangel.

 

Foto del Chicago Subway de Harold Allen

El tren urbano, el metro de Chicago, es el lugar donde la gente puede coexistir al margen de su posición social, en un espacio neutro de convergencia y civilidad que evita en lo posible el contacto durante los minutos que dura el trayecto. Pero es también un termómetro social donde se materializa lo que existe como abstracción en el ciclo de noticias; donde los headlines que barremos del teléfono con el dedo índice encarnan testarudos. Donde las políticas de austeridad se visibilizan. El cierre de cinco centros de atención a la salud mental en 2015, que afectó a diez mil pacientes de bajos recursos en Chicago y la propuesta del gobernador Bruce Rauner de cortar 82 millones de dólares en programas de atención a la salud mental, los recortes en servicios sociales como albergues para la gente sin techo, el cierre de centros comunitarios de asistencia, todo eso en algún momento se hará presente en tu trayecto cotidiano.

Ves esa persona que duerme en la hilera transversal, ocupando cuatro asientos, el rostro cubierto con una lustrosa chamarra. De pie, a su alrededor, pasajeros jóvenes, yuppies que huelen a recién salidos de la ducha, miran distraídamente sus teléfonos, cumpliendo el pacto silencioso de no meterse en donde no los llaman. Ellos saben que hay una historia detrás de ese hombre, pero su mera presencia allí, durmiendo profundamente en hora pico, tiene un elemento desafiante que rebasa el impulso aparente de empatía. En ocasiones, el olor fétido que irradia un indigente crea un círculo vacío a su alrededor que aglutina a los pasajeros en la otra mitad del vagón.

 

 

El tren de Chicago es un espacio público, pero no es obviamente el ágora, ese lugar donde el pueblo debate asuntos sociales. Los cuerpos han sido reunidos por un flujo aleatorio de asuntos o por la agenda fija del trayecto diario. El tiempo y el espacio que dichos cuerpos comparten es un trámite requerido, un enlace entre los puntos A y B, un paréntesis forzoso que habrá de ser llenado con el impulso de la productividad (laptops desplegadas, libros de texto abiertos, las llamadas de negocios que ocasionalmente se imponen por sobre los amortiguados patrones rítmicos que escapan de los audífonos) o con el gratificante aturdimiento del ocio (los juegos en el teléfono, la mirada distraída a los periódicos).

Este es un ejemplo de lo que Marc Augé llama los ‘No lugares’, espacios transitorios marcados con un propósito utilitario, pero sin valor significativo.

Pero, a pesar de esos pactos de civilidad que lo convierten en un lugar de todos y de nadie, el transporte público es también un espacio de confrontación, donde un inesperado intruso perforará la burbuja protectora de tus audífonos o el monitor de tu laptop con el recordatorio de la precariedad, allí está la mendicidad que increpa tu privilegio con dramatismo o que susurra en una letanía sus carencias.

Es también el territorio del predicador, la persona que decide que este es el lugar perfecto para propagar el evangelio, dado que el público está indefenso y cautivo. Y por supuesto, necesitado de salvación.

 

 

Por la línea naranja hacia el sureste, bajo en Kedzie y avanzo hacia el sur por los bordes difusos entre Gage Park y Back of the Yards. Caminar por la retícula interminable de casas o andar por Kedzie, en ese tramo polvoso y congestionado bordeado de comercios, es la disyuntiva.

La mañana soleada se antoja tranquila entre las casas; gente mayor asoma cada tanto, algunos saludan. Es esa calma de los vecindarios durante el horario laboral, cuando sus moradores han salido a alimentar el dínamo del comercio cotidiano, a ofrecer sus servicios, a vender sus destrezas. El contraste al volver a la avenida es drástico: taquerías, talleres mecánicos, franquicias de comida rápida.

Fue precisamente el desarrollo de los ferrocarriles en la segunda mitad del siglo XIX y el perfeccionamiento del vagón frigorífico lo que llevó al florecimiento de las plantas procesadoras de carne en esta zona. A finales del siglo XIX y principios del XX el vecindario estaba habitado por diestros carniceros, pero más que un paraíso industrial, el periodo quedó fijado como una estampa dantesca: la imagen que Upton Sinclair creó en su novela The Jungle, que denunciaba las formas inhumanas de explotación a que eran sometidos los obreros. La ciudad era entonces un semillero de activismo socialista y anarquista que veía en Chicago un terreno promisorio de utopías. Primero habitado por alemanes e irlandeses, posteriormente por checos, eslovacos, lituanos, hoy son mayormente mexicanos quienes pueblan el barrio.

La situación en 2017 no se ve ideal tampoco para los trabajadores. Martín Atilano ha vivido en el área desde que llegó a la ciudad en 1987, procedente de su natal San Juan de los Lagos, Jalisco. Hoy trabaja como director de educación religiosa en la parroquia de San Gall, un populoso centro de convergencia comunitaria en el sureste de Chicago. Hace treinta años que llegó al vecindario, sus hijas nacieron aquí, conoce las dramáticas transformaciones de este barrio obrero.

—Aquí tenemos cerca la Nabisco, que de 1,200 empleos se deshizo de 600 para llevarlos a México, y pagar más barato sin ofrecer beneficios.

Menciona también la planta de pollos Tyson, en la esquina de avenida 43 y Ashland, en Las Empacadoras. Dice que allí se perdieron posiblemente más de cuatrocientos trabajos.

—Si sumas eso estamos hablando de mil familias de la comunidad que se quedaron sin empleo en los últimos dos años.

La conversación con Atilano fue sostenida en 2016, ocho años después de la crisis hipotecaria en Estados Unidos que repercutió en los mercados financieros de todo el mundo.

—Este es el barrio de todo el Medio Oeste donde más se sufrió. En los mapas se señalaba con un punto rojo las casas que se perdieron, y esta área se veía todo rojo.

Aunque el territorio del suroeste de la ciudad parece vasto y sobrepoblado, Atilano sabe de familias que se han ido a Texas, a Colorado, a la Florida a buscar trabajo.

—La comunidad tiene que organizarse para dar respuesta a los problemas de desempleo, de falta de vivienda.

Yo vuelvo a remontar las calles de regreso a la línea naranja. El tramo de Kedzie, bordeado por un strip mall al oeste y los amplios espacios de carga de Central Steel and Wire, la distribuidora de acero al este, enmarca la perspectiva que corta perpendicular el puente del tren. Como un fantasma deslavado viene a mi memoria la consigna aquella que profiere un activista obrero al final de The Jungle: “Chicago will be ours!” La frase desaparece como un eco melancólico entre los camiones de carga.

Presione el enlace para leer la presentación de José Ángel Navejas: “Palabras Migrantes: testimonio del espíritu en tránsito”.

Julio Rangel. Escritor mexicano residente en Chicago. Fue incluido en La densidad del aire, antología de cinco poetas publicada por la UNAM en su colección El ala del tigre. Publicó el ensayo “El arte objeto de Marcos Raya” en el libro Marcos Raya, y el ensayo “Certezas e intuiciones” en el libro René Arceo: Between the Intuitive and the Rational. Es cofundador de la revista contratiempo en Chicago.

Samir Amin: cambiando la geografía de la razón

Samir Amin

 

Lewis R. Gordon

Traducido por Alejandro de Oto

 

Samir Amin fue ganador de este año del Premio “Frantz Fanon Lifetime Achievement” de la Asociación Filosófica del Caribe. La ceremonia en la que recibió su placa se llevó a cabo en la Universidad Cheikh Anta Diop en Dakar, Senegal, en junio.

Al recibir su premio, Amin ofreció una emocionante reflexión sobre los desafíos políticos globales de hoy con un recordatorio de que la revolución no es un evento logrado de la noche a la mañana. Requiere una lucha comprometida a largo plazo.

Era apropiado que Amin fuera honrado de esta manera en una universidad que lleva el nombre de uno de los grandes revolucionarios africanos del siglo XX. También fue conmovedor porque a pesar de ser un africano de ascendencia egipcia y francesa, su corazón también se encontraba en Senegal, donde dedicó buena parte de su vida al Foro del Tercer Mundo que cofundó allí.

Que el lema de la Asociación Filosófica del Caribe sea “Cambiando la geografía de la razón” es también un testimonio de la influencia de Amir.

Su crítica del eurocentrismo inspiró a muchos intelectuales en todo el Sur Global. La Asociación Filosófica del Caribe no fue fundada como un espejo de las prácticas intelectuales en el Norte Imperial. Sus objetivos no fueron sólo valorar las ideas del Sur Global, o el lado de abajo de cierta euromodernidad, sino también para estimar el hecho de ser valorado por ese mundo.

Samir Amin estimaba ser valorado por un mundo cuyos objetivos trascendían la euromodernidad. Compartió el escenario esa noche con el famoso filósofo senegalés Souleymane Bachir Diagne, el economista y músico senegalés Felwine Sarr y el novelista y ensayista brasileño Conceição Evaristo.

No había forma de que ninguno de nosotros supiera que estábamos compartiendo un momento preciado en el último mes y medio de la vida de este gran intelectual. Samir Amin falleció el 12 de agosto, para consternación de tantos en todo el mundo.

Muchos obituarios se refieren a él como egipcio y marxista, pero como vimos en nuestro breve tiempo con él, también era un africano cuyas casas eran Egipto, Francia y Senegal, y, como intelectual, el mundo. Él era muy querido.

En su presentación de la conferencia de la Asociación Filosófica del Caribe “Samir Amin y el Futuro de la Filosofía del Caribe”, el sociólogo, filósofo y economista político de Antigua, Paget Henry, expresó, en nombre de todos nosotros, su aprecio por el trabajo pionero de Amin sobre la importancia del Tercer Mundo, ahora el Sur Global, los pueblos que se hacen cargo del camino de la historia.

La necesidad histórica no debe ser, como el filósofo alemán G.W.F. Hegel y muchos pensadores eurocéntricos confesaron, europea.

Amin entendió, en una larga tradición de pensadores africanos, la centralidad de lo contingente y lo incierto.

A diferencia de otros pensadores orientados al marxismo, muchos de los cuales esperaban una dialéctica de desarrollo lineal de los acontecimientos mundiales, Amin entendió, en una larga tradición de pensadores africanos, la centralidad de lo contingente y lo incierto.

No se pronostica que la única forma de transformar el futuro y producir condiciones de libertad es convertirse en personas de color con máscaras blancas.

La articulación de Amin de la dinámica de la dependencia, no solo en los arreglos económicos del colonialismo y el neocolonialismo, sino también en sus fundamentos culturales fue nada menos que una demanda para que las generaciones futuras construyan alternativas creativas para un futuro viable.

La placa que Amin recibió extendió esta observación de la siguiente manera:

L’ASSOCIATION CARIBÉENNE DE PHILOSOPHIE

décerne le 2018 Frantz Fanon Lifetime Achievement Award

à

SAMIR AMIN

pour votre excellent travail en économie politique

et en théorie pour être un chercheur de premier plan mondial, un constructeur d’institutions et un penseur radical engagé envers la dignité humaine, la liberté et la transformation révolutionnaire du savoir

En español: “A Samir Amin por su excelente trabajo en teoría política y economía política como investigador líder en el mundo, creador institucional y pensador radical comprometido con la dignidad humana, la libertad y la transformación revolucionaria del conocimiento”.

Samir Amin nació el 3 de septiembre de 1931 en El Cairo, Egipto. Sus padres eran médicos que, sin duda, le inculcaron un compromiso inquebrantable para sanar el mundo o, al menos, facilitar uno más sano.

Continuó su formación de posgrado en ciencias políticas, estadística y economía en París, Francia. Fue un militante a lo largo de sus años de estudio, durante los cuales se convirtió en miembro del Partido Comunista Francés.

Inauguró una influyente línea de estudios críticos del “subdesarrollo”.

Su tesis doctoral, con elementos que más tarde expandió y desarrolló, inauguró una influyente línea de estudios críticos del “subdesarrollo”, en la que se unieron posteriormente luminarias como Almícar Cabral, Frantz Fanon, Sekou Touré, Steve Bantu Biko, Walter Rodney, Thomas Sanakara, Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Sylvia Wynter y Angela Y. Davis. La gente no es subdesarrollada, todos están de acuerdo; se ve forzada a aparecer así.

A pesar de lograr su doctorado en economía en 1957, Amin no tomó al principio la ruta académica. Trabajó como investigador y asesor económico en Egipto y Mali antes de enseñar en Senegal y Francia desde 1963 hasta 1970, cuando se convirtió en el director del Instituto Africano de Desarrollo Económico y de Planificación en Dakar, Senegal, cargo que ocupó hasta 1980 cuando se convirtió en Director del Foro del Tercer Mundo en la misma ciudad.

Las contribuciones de Amin son sobre todo sus ideas. Sus libros y artículos son demasiado numerosos para mencionarlos en esta breve conmemoración. Las bibliografías de sus escritos están disponibles en varios sitios web, incluidos los Foros del Tercer Mundo. En su tributo, Vijay Prashad declara acertadamente:

En su libro más importante, La Acumulación a Escala Mundial: Crítica de la Teoría del Subdesarrollo (1974), que lo impulsó a la vanguardia de la teoría de la dependencia, Amin mostró cómo fluían los recursos de los países de la periferia para enriquecer a los países del núcleo a través de un proceso que llamó “renta imperialista”.

Muchas de las personas que usan el término “eurocentrismo” hoy en día no saben que fue acuñado por Amin en su libro que lleva ese nombre: L’eurocentrisme (1988).

En ese trabajo se centró en el capitalismo como un sistema cultural en lugar de un conjunto de expectativas algorítmicas basadas en el beneficio y la eficiencia, tal como lo propusieron sus defensores en microeconomía.

Hoy el término se usa a menudo sin una comprensión de las condiciones materiales del capital cultural, que revela la importancia continua de leer y volver a leer el pensamiento de Amin sobre el tema.

Que la expresión se despliegue en todo el mundo es un testimonio de lo que elucida y la presciencia de la visión de Amin.

Jeremy Glick, miembro del Comité de Premios de la Asociación Filosófica del Caribe, dijo esto, que se incluyó en la carta que Amin recibió el 1 de enero de 2018:

Samir Amin es para mí una figura como Gramsci o Fanon o The Beatles, alguien de quien he estado aprendiendo toda mi vida. De hecho, no puedo imaginar mi vida intelectual y política sin las intervenciones de Amin.

Muchos estarán de acuerdo. La ex presidenta de la Asociación Filosófica del Caribe Jane Anna Gordon y yo nos reunimos con Samir en su oficina en el centro de Dakar el pasado mes de junio justo antes de la conferencia en la que se lo honraba.

La oficina estaba debajo de su departamento en el Tercer Foro Mundial. Pasamos una tarde maravillosa discutiendo sus recuerdos de conversaciones y colaboraciones con grandes revolucionarios a quienes todos admirábamos, como Cabral, Fanon y Touré, cada uno de los cuales conoció personalmente, y luego pasamos a la situación global contemporánea.

Samir comentó sobre la situación contemporánea de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, los desafíos a la Unión Europea y la complejidad de lo que China está haciendo como líder mundial en este momento negativo de renovación de la acumulación primitiva. Hablamos sobre la anemia de muchos grupos izquierdistas nacidos de su alergia al poder.

Reflexionamos sobre el impacto de la posmodernidad en la vida política contemporánea, donde incluso hay fascistas posmodernos que reivindican el antiesencialismo y se unen en contra de su supuesta victimización.

Nos burlábamos de la tontería de enfrentarnos a la clase, el género y la raza, en lugar de pensar, como lo hizo Thomas Sankara, en su interconexión y múltiples formas de producción bajo el capitalismo global. Y hablamos sobre la importancia de entender la libertad y el florecimiento de la vida como objetivos políticos.

A Jane y a mí nos conmovió el regalo de un momento íntimo con un intelectual que simplemente es quien es y dice lo que piensa. Aunque hay muchos estudios y retratos que se han escrito sobre Samir Amin, y sin duda habrá muchos más por venir, lo que presenciamos fue una pasión central por la dignidad y el respeto a la vida marcada por la madurez y el coraje.

La Asociación Filosófica del Caribe y la Sociedad Filosófica de Senegal organizaron una celebración maravillosa después de que Samir y otros recibieron su premio.

La banda senegalesa Nakodjé cantó y tocó música en movimiento con una variedad de instrumentos tradicionales que atrajeron a todos a la pista de baile.

Se formó un círculo en el que saltaron muchos, incluidos Bachir y Conceição, para expresar su alegría y presentar su caso, en la danza, para la celebración continua de la vida.

Entre ellos estaba Samir, cuyo rostro revelaba la alegría y la luz de un corazón abrumado.

Aunque muchos de nosotros continuaremos leyendo sus palabras, aquellos de nosotros que tuvimos la buena fortuna de estar allí esa noche lo recordaremos en ese momento de una metáfora perfecta acerca de todo, que es la danza de la vida con la humildad y el compromiso con una causa que es mayor que nosotros y que siempre vale la pena luchar por ella.

 

Este breve video, ofrecido aquí con el permiso de Mireille Mendes-France, quien realizó la grabación, habla por sí mismo:

Este artículo se publica con la autorización de su autor.

Lewis Ricardo Gordon is Chairperson of the Awards Committee of the Caribbean Philosophical Association. He is Professor of Philosophy and Africana Studies, with affiliations in Caribbean, Latina/o, and Latin American Studies and Judaic Studies at the University of Connecticut at Storrs; Europhilosophy Visiting Professor at Toulouse University, France; and Nelson Mandela Visiting Professor of Political and International Studies at Rhodes University, South Africa. He is the founding President of the Caribbean Philosophical Association (2003–2008).