Destinos: Andares

Andares. Foto: Cortesía de Destinos

por Antonio E. Del Toro

 

El festival internacional teatral Destinos está aproximándose a su cierre, habiendo presentado un crisol de diversidad con sus obras. Una de ellas destacando por su minimalismo, Andares. El escenario consiste de un fondo abstracto, algunos props y tres actores acompañados por un músico de son jarocho, cada uno de ellos proveniente de distintas regiones de México.

La obra del joven director y dramaturgo Héctor Flores Komatsu es de un formato complejo, exponiendo varios hilos narrativos abarcando historias de creación, mitos, anécdotas modernas tanto como milenarias, conciencia, política, ecología, intimidades familiares y románticas junto con las luchas personales de diversos grupos vulnerables, frecuentemente abandonados por la sociedad. Es difícil discernir exactamente cuantos relatos están siendo narrados ya que la obra es sumamente dinámica y presenta una gran cantidad de información que se entreteje, formando una tela narrativa —o quizá un sarape. Sin embargo, no abruma al público. Al contrario, extiende la posibilidad de que estar perdido en la experiencia que es la vida no es algo necesariamente malo, ya que expone cómo estas culturas convergen en el caos hermoso y horrible que es México.

Andares es una puesta en escena muy humana que vincula la diversidad mexicana consigo misma y con el resto del mundo. La obra contiene elementos existencialistas que evocan empatía hacia las respectivas luchas presentadas que no son únicamente responsabilidad de los involucrados sino de todos, fomentando una hermandad. Lo mejor de la obra, más allá de su belleza narrativa, es lo simpático de sus personajes. Los temas son serios, pero de alguna manera el elenco: Josué Maychi, Domingo Mijangos, Lupe de la Cruz y Raymundo Pavón Lozano, logra presentar una obra llena de alegría, humor y canciones.

 

 

La obra es presentada mayormente en castellano con subtítulos en inglés y algunas porciones en wixarika, tzotzil y maya. Andares continuará su temporada en Chicago Shakespeare Theater hasta la conclusión del festival destinos el 27 de octubre, 2019. Para compra de boletos y más información visiten www.chicagoshakespearetheater.com.

ANTONIO E. DEL TORO (Guadalajara, México) Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

Destinos: Exquisita agonía

Exquisita agonía del Teatro Aguijón. Foto: Cortesía de Aguijón Theater

 

por Antonio E. Del Toro

 

El festival Destinos continua su temporada viento en popa con la obra Exquisita agonía en el teatro Aguijón. La obra está estrenando en la región del Medio Oeste y es el último trabajo del dramaturgo Nilo Cruz, autor galardonado con el premio Pulitzer. Una forma digna para celebrar el trigésimo aniversario de Aguijón Theater en Chicago.

La obra abdica de cursilerías y cosas excesivas para mantener una narrativa concisa y al punto. Todos sus elementos: luces, música y espacio escénico cumplen una función, son mesurados remilgosamente y ejecutados a la perfección bajo la dirección de Marcela Muñoz. La obra consiste en dos actos, donde se expone la lucha interna del joven Amer (Israel Balza) con su reciente trasplante cardíaco ortotópico. Por medio de esta operación, el Doctor Castillo (Elio Leturia) vincula al chico y a la viuda del donante, la cantante de ópera Millie Marcel (Rosario Vargas), para siempre. El primer acto es reflexivo en su naturaleza, presenta los respectivos matices filosóficos de cada personaje al enfrentarse con la propuesta de una nueva vida tanto como al luto interminable con la perdida de un ser querido.

En el segundo acto, el encuentro de las dos familias —aunque bienintencionado— revela algunos de los secretos más íntimos que algunos preferirían evadir. Así se va desenmascarando una realidad que rompe silencios y reabre viejas heridas más allá de las proporcionadas por el bisturí. Amer y su hermano Imanol (Sándor Menéndez) muestran una dinámica fenomenal como aliados enclaustrados en la residencia Marcel, enfrentándose a la excentricidades de Romy (Andrea Leguizamón) y Tommy (Víctor Salinas). Exquisita agonía emprende en una serie de giros inesperados acompañada de sus respectivos momentos cómicos que nublan la percepción de la idílica vida aristocrática, llevándonos a una conclusión climática impredecible.

 

Exquisita agonía mantiene el alto nivel de calidad que podría esperarse de un festival internacional de teatro como Destinos. La obra continuará presentándose hasta el 24 de noviembre para compra de boletos y más información visiten www.aguijontheater.org.

ANTONIO E. DEL TORO (Guadalajara, México) Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

Luisa Miller: una mujer en medio del mal cálculo de los hombres

 

por Yoandy Cabrera

 

La puesta de la obra Luisa Miller (1849) de Giuseppe Verdi bajo la dirección de la reconocida directora americana de ópera y teatro Francesca Zambello puede verse hasta 31 de octubre en la Lyric Opera of Chicago. En una representación que, a primera vista, parece seguir una puesta operística tradicional en el estilo y las formas, aparecen, sin embargo, en el diseño escenográfico, algunos guiños que rompen con la ilusión escénica: la estructura metálica en lo alto, totalmente visible al espectador, por la que se mueven los grandes cuadros que acompañan cada escena; los cuadros mismos que recuerdan la idea de representación, de artificio y de montaje; las grandes sombras reflejadas en el paisaje natural y romántico de fondo; los quiebres geométricos de ese mismo paisaje que, al abrirse por algunas de sus partes, permiten la entrada de otros personajes. Esas sistemáticas y más o menos sutiles rupturas de la ilusión teatral se van encauzando en una puesta que persigue contrastar el cálculo de ciertas acciones humanas y algunos de sus posibles resultados inesperados. Porque, a pesar de la maquinaria y el cálculo (parece decirnos la puesta desde la propia escenografía) siempre puede suceder algo imprevisto.

En la página 31 del programa de mano, en la nota de la directora, Zambello reconoce que la música de Verdi para esta ópera tiene enormes fuerza y color. Se trata de la décimo quinta ópera del compositor italiano, considerada una pieza de transición, anterior a su Rigoletto (1851) y a La traviata (1853). En la puesta de Luisa Miller para la Lyric Opera of Chicago el color musical antes mencionado se funde con los claroscuros, la tendencia a la penumbra y el diseño de luces, así como con la plasticidad de los paisajes y los cuadros. El libreto original de esta obra es de Salvadore Cammarano y está basado en Kabale und Liebe (Intriga y amor) del poeta y filósofo alemán Friedrich von Schiller.

Luisa Miller es una joven campesina con suerte, al menos eso parece al principio, pues su padre no quiere casarla con alguien por conveniencia. El señor Miller, un soldado retirado, respeta los sentimientos de su hija y no quiere comportarse con ella como un tirano. Pero Wurm la ama desde hace tiempo y, aunque no es correspondido, intentará hasta comprar al padre para que obligue a su hija a casarse con él. Luisa y Rodolfo se aman, pero este ha escondido su identidad, en realidad es el hijo del conde Walter. Por eso esta pieza de Verdi recuerda al ballet Giselle y a muchas otras piezas de la época en que el argumento y el conflicto tienen que ver con una joven humilde y de menor posición social que se enamora de un joven rico. Alguien podría argumentar que estos son los antecedentes de ciertos personajes propios del estilo hollywoodense, como pueden ser los que encontramos en Maid in Manhattan (2002), Monster-in-Law (2005) e incluso (salvando todas las distancias) Pretty Woman (1990). Pero, mientras las películas mencionadas son comedias, Luisa Miller sigue la línea trágica de Romeo y Julieta, con envenenamiento y muerte de los amantes incluidos.

Desde el inicio de la puesta, cuando todo parece idílico y feliz, el amor surge como un desajuste evidente por la reacción del coro que luego, sin embargo, celebra a la pareja de Luisa y Rodolfo. El padre muestra sus temores también desde sus primeras intervenciones. Ello, además, se ve reforzado por sus tonos bajos y el uso de los apartes. Los enamorados enfatizan desde el comienzo que están destinados a estar juntos, invocan a Dios en sus votos y creen que este ve con buenos ojos su relación. Temas como la paternidad, el destino, el amor familiar, el honor masculino y femenino, la nobleza y sus exigencias, el matrimonio y la comunicación humana son puestos en crisis y cuestionamiento a lo largo de esta historia. ¿Es un buen padre aquel que obliga o exige al hijo hacer lo que no desea aunque el progenitor considere que ello es lo adecuado y lo mejor para su hijo? ¿Hasta dónde el destino y los planes de Dios pueden ser intervenidos por las maquinaciones humanas? ¿Es posible algún tipo de comunicación o simplemente cada uno en este mundo sigue y persigue propósitos y metas sin escuchar a nadie? ¿Hay límite al querer lograr nuestros propósitos, aunque ellos impliquen dañar y hasta causar la muerte de los que amamos? Estas son algunas de las preguntas que propone la obra de Verdi. A la gente simple y más espontánea de la zona rural en la que viven Luisa y su padre se opone el encartonamiento y las poses estudiadas de la gente de la corte.

Uno de los más hermosos contrastes conceptuales y estéticos de esta ópera se evidencia en cómo cada uno de los personajes parece contar su conflicto y nada más, en apartes, en voces aisladas que, sin embargo, se fusionan y terminan siendo encarnaciones de la mejor armonía y de la más inesperada belleza. Hay, quizá, en la tozudez humana, un tono, un ritmo que se une incluso con el del enemigo. A esas contradicciones tributan también los mejores momentos musicales de esta ópera. Los contrastes de la plasticidad escenográfica evidentes en los cuadros alternados entre las escenas rurales y las cortesanas son continuados por la plasticidad coral y musical. La acción, las oposiciones dramáticas y los conflictos parecen conducir a momentos musicales de una altísima intensidad, que consiguen en el empaste colectivo un equivalente melódico del bosque romántico y lóbrego que se extiende al fondo de la escena. Es lo que Schieller entiende como uno de los objetivos del arte cuando este logra que “se convierta la áspera tensión en una suave armonía y que facilite la transición recíproca de un estado a otro”.

Desde su introducción musical, la orquesta estuvo impecable, conducida magistralmente por el italiano Enrique Mazolla, quien es especialista en repertorio francés y en la primera etapa creativa de Verdi. Las arias interpretadas por la soprano búlgara Krassimira Stoyanova (en el papel de Luisa Miller) se destacaron por su limpieza y dulzura. La cantante consigue en sus mejores momentos fusionar sentimiento, sinceridad y contención. Sufre de manera evidente, pero de forma comedida. El barítono hawaiano Quinn Kelsey (que interpretó al padre de Luisa) y el bajo-barítono americano Christian Van Horn (que interpretó al de Rodolfo), con actuaciones fabulosas, siguen la línea general de la puesta y el estilo: mostrar sinceridad en sus acciones y sentimientos, pero mantener control y comedimiento en el modo en que expresan sus pasiones y desvelos. Algo semejante se puede decir de la interpretación del bajo americano Soloman Howard (en el papel de Wurm): hay en sus tonos, en la mirada, en el modo en que une voz y gesto una mezcla de solemnidad, intensidad y contundencia. Todo ello permite que la propensión a los impulsos extremos de Rodolfo (interpretado por el multipremiado tenor maltés Joseph Calleja) sea más evidente. Semejante a las imágenes enmarcadas que se suceden de una escena a otra, la puesta es también una exposición de cuadros que se funden con los mejores momentos líricos, muchos de los cuales coinciden con el cierre de escena o de acto, en que las voces de los principales personajes y del coro se funden en una especie de paisaje musical perfectamente paralelo al bosque de fondo o a las tormentosas nubes de uno de los cuadros rurales.

El canto inicial sobre el matrimonio feliz y Dios termina siendo más bien un canto al mismo Dios ante la muerte y el suicidio. En medio de intereses de personajes nobles, las dos grandes víctimas de esta historia son Luisa y el padre, quienes solamente han intentado cuidar el uno del otro desde el principio de la obra. Son ellos los únicos que no maquinan ni manipulan, los que no tienen otro interés fuera del afecto mutuo y del respeto por la realización de quienes aman. Mientras ellos son capaces de sacrificarse por sus más cercanos, la diferencia con los demás personajes es precisamente que estos no quieren nunca sacrificar nada, pues creen que se lo merecen todo y que cualquier cosa vale si ello les permite conseguir lo que desean: el conde que su hijo se case con la duquesa, Wurm que Luisa lo acepte como esposo, e incluso Rodolfo que Luisa muera con él si ya no puede ser suya. Ese contraste entre campesinos y nobles, en que los segundos quedan tan mal parados, es fundamental en esta obra. Pero a pesar de las tan bien calculadas maquinaciones de los personajes nobles, hay siempre algo que se les escapa, hay algo oxidado en el andamiaje, no previsto en los desenlaces, como preludian los círculos metálicos de uno de los cuadros expuestos en la escena que, en su supuesta simetría, se entrecruzan y superponen de forma irregular a veces.

Lo que no han tenido en cuenta los grandes maquinadores de esta pieza es que Rodolfo (ese hombre de carácter iracundo e inestable desde el inicio, que estuvo a punto de matar a su amada antes de dejarla ir a la cárcel o que piensa en su propio suicidio en medio de otra situación límite) irá, como es de esperarse si se observa detenidamente su comportamiento desde el principio de la acción, hacia la solución más drástica. Como le han hecho pensar que ha sido manipulado por Luisa decide envenenarse y envenenarla. Y así lo hace. Pero, cuando ya no hay remedio, comprende que todo ha sido una estrategia de Wurm y su padre, y que Luisa siempre le ha sido fiel. Es ese impulso egoísta y vengativo el que pierde a Rodolfo, el que hace también que Walter vea morir a su hijo en el momento que debía estar casándose con la duquesa, en el que Wurm pierde no solo a Luisa sino su propia vida, en el que el señor Miller ve morir a su hija y en el que el propio Rodolfo se da cuenta de su más terrible crimen: matar a una mujer inocente.

Como ese largo brazo de hierro que se extiende por sobre el escenario, una especie de maquinaria silenciosa pero imponente, las acciones humanas en esta pieza nos recuerdan el modo retorcido y artificial (por calculado) en que el propio hombre puede conducirse a veces para manipular los sentimientos de otros, o para conseguir sus fines, aunque ello presuponga engañar y perjudicar a los que supuestamente ama. En esa planificación, en la arquitectura del engaño puede estar también el germen de la perdición de quien maquina. Los cuadros presentados en la zona rural van de un iluminado paisaje campestre a un cielo en tempestad desafiante. Los que aparecen en el ámbito cortesano van de una escena de caza al abstracto matemático mapa de anillas metálicas que se expanden por la superficie rectangular. Naturaleza en los cuadros rurales, búsqueda de sometimiento, violencia y planificación en los que se exponen en el castillo. Pero en la escena final volvemos al del cielo tempestuoso, porque todo cálculo y propósito estudiado, más que a un encuadre bien trazado, al venirse abajo, nos regresa, en esta obra, al caos y a la sombra.

 

Luisa Miller en el Lyric Opera of Chicago

 

YOANDY CABRERA (Cuba) Doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad Texas A&M y profesor de Español y Clásicas en Rockford University. Cursó estudios de Maestría en Filología Hispánica en CSIC-UNED y de Filología Clásica en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesor de Lenguas y Literaturas Clásicas, Gramática Española, Literatura Colonial y Poesía Contemporánea en la Universidad de La Habana, el Colegio San Gerónimo y la Televisión Cubana. Ha realizado la edición crítica de la poesía de Delfín Prats y de Félix Hangelini (ambas en Ed. Hypermedia, 2013). Colabora también como editor en las editoriales Verbum y Betania en Madrid, y como poeta y crítico de poesía en varias publicaciones periódicas. Ha estudiado y prologado, además, la obra de importantes autores hispanoamericanos como Damaris Calderón, Lina de Feria, Jesús J. Barquet, Magali Alabau y Luis Martínez de Merlo. Sus artículos aparecen en revistas especializadas como Guaraguao, IntiRevista de Estudios Hispánicos, Arbor y Caribe. En 2013 publicó el poemario Adán en el estanque (Ed. Betania) con prólogo de la helenista Elina Miranda. En enero de 2014 fue antologado en Katábasis. Siete viajeros cubanos sobre el camino (Ediciones La Mirada, Nuevo México), volumen lírico realizado por el escritor, crítico, investigador y profesor universitario Jesús J. Barquet y la poeta Isel Rivero. Es editor de la revista de crítica Deinós.

Luisa Miller at the Lyric Opera

Christian Van Horn, Krassimira Stoyanova, Quinn Kelsey. Photo: Lyric Opera of Chicago

 

by Carolina Herrera

 

In the finest tradition of Opera, Giuseppe Verdi’s, Luisa Miller has all the ingredients of a great tragedy. Star-crossed lovers, deceit, betrayal, murder, jealousy… all mostly due to parents wanting the best for their children, even if said offspring are not on board with the program.

The story opens brightly on a warm morning. Luisa, a peasant girl (played by the soprano, Cassimira Sotyanova) and Carlo (tenor, Joseph Calleja whose velvety voice is what amore sounds like), declare their mutual love among the village peasants. What Luisa doesn’t know is that Carlo is not really a peasant; he is actually Rodolfo, the son of Count Walter (bass, Christian Van Horn), who, unbeknownst to Carlo, has pledged him to marry the elegant and voluptuous, Duchess of Ostheim (mezzo-soprano, Alisa Kolosova). It all goes downhill from there, as Wurn, the Count’s steward (bass, Solomon Howard) is in love with Luisa and hurries to reveal Rodolfo’s shenanigans to his father. The cast’s powerful performances, including Miller’s (Luisa’s father played by baritone Quinn Kelsey), are worth pages and pages of praise (Van Horn and Calleja got, as far as I could tell, the most Bravo’s in the house), but I’d like to focus this time on the actual stage.

Designer Michael Yeargan sets the story against a sectioned wall that shows the shadowed outline of a mountain forest. A crane boom holding a huge frame pierces the right side of the wall and serves as set decoration, revealing different images as it turns to one side or the other when the scene changes. The wall’s sections lift and drop, to give way to set pieces (including the enormous horse where the Countess of Ostheim is perched when she shows up for the first time), strategically placed props and many-colored light. Lighting Designer Marc McCullough’s masterful use of light, softens the boom’s industrial feel. This “play” with light, provides the story’s atmosphere, casting shadows and, at times, using the ensemble to represent vignettes that add to the drama unfolding on stage. Thus, the set is also an important character that shines as much as the actors and singers.

Luisa Miller’s libretto was based on Schiller’s play “Intrigue and Love”, and was first presented in December of 1849. Although the story may seem passé, the premise has been very popular since then: bourgeois son falls in love with poor girl and fights his crazy mom/dad/aunt/uncle who will do everything to avoid the union. If you think this is an “old” story, just look at King Felipe of Spain, who married Letizia, an ordinary, middle-class girl, much to his father’s chagrin. If you are craving a big, beautifully set, telenovela-style drama, hurry up, because there are only two performances left (10/28 and 10/31)!

 

Luisa Miller at the Lyric Opera of Chicago

CAROLINA HERRERA. (Monterrey, Mexico). Juris Doctor, Universidad Regiomontana (1989), MA Creative Writing, Universidad de Salamanca (2019). Her first novel #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016), was awarded First Prize at the Latino Book Award, in the Best First Novel category, and Honorable Mention in the Best Novel – Romance category. She has been included in several anthologies, including: Ni Barbaras, ni Malinches (Editorial Ars Comunis, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s en Chicago (El BeiSMan Press, 2018), and Lujuria (Editorial Abigarrados, 2019). She’s a member of El BeiSMan’s Editorial Board. TEDx Speaker. She lives in Naperville, Illinois.

 

 

Teatro migrante y el salto del Jaguar

Camazotz de Colectivo El Pozo. Foto: José Almanza

por Raúl Dorantes

 

¿En qué momento se halla el teatro en español en Chicago? Esa es la pregunta con que se anunció uno de los paneles de la Tercera Feria del Libro. La respuesta es simple: en buen momento.

Hay una decena de compañías que van del teatro costumbrista a lo que podría acercarse al contemporáneo o vanguardista. Y si hace diez años sólo una compañía contaba con un teatro propio, hoy también cuentan con su espacio Repertorio Latino, Grin Light y Tariákuri.

El cuentista guatemalteco Augusto Monterroso dijo que siempre hay que agradecer a los que llegaron primero. Y antes de nosotros, en los años setenta, hubo compañías de teatro chicano, boricua, proletario, campesino, etc. Ellos nos trajeron el mito de Aztlán y la rebeldía taína. Así pusieron las primeras piedras.

Se puede decir que el teatro es un fin en sí mismo. En mi caso ha sido más un medio, de la misma manera que en los años noventa fueron un medio el producir revistas, escribir ficción o participar en talleres de lectura. Y paso a explicarme.

En el verano del 92 me asaltó con furia el ¿quién soy? Acababa de estar en México, de visita, y algo ya no encajaba. Seguía queriendo a mis hermanos, padres y amigos, pero algo se había movido. Parafraseando a Neruda: Nosotros, los de entonces, ya no éramos los mismos.

Para hablar de mi identidad latinoamericana, contaba con las novelas del Boom, la poesía de Vallejo, de Martí, Las venas abiertas de América Latina.

También tenía referentes para responder en qué consistía mi identidad mexicana: Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska…

Pero no encontré referentes para responder a esa pregunta desde mi identidad inmigrante. Frente a esa identidad sólo había un vacío incómodo, algo parecido al desamparo. El primer dios de los olmecas fue el Jaguar, y mi jaguar lo sentía lejos.

A mediados de los noventa, la migración latinoamericana en Chicago era un grupo vasto de hombres y mujeres que en principio no habían querido abandonar la ranchería o el pueblo. Su querencia era la que dejaban, no a la que llegaban.

Esa experiencia migratoria sólo se explicaba, y se sigue explicando, desde dos frentes: los números y las reivindicaciones políticas. ¿Cuántos inmigrantes cruzan cada año?, ¿cuántos son deportados?, ¿cuál es el monto de las remesas? Y si hablamos de las reivindicaciones, basta citar la amnistía para los indocumentados y la no separación de las familias.

Varios de los que publicábamos Fe de erratas nos dimos cuenta que había otros ríos por explorar y que la literatura era el medio idóneo. Uno de esos ríos era el hecho de que los inmigrantes latinoamericanos en Chicago ya rebasábamos el millón y de que teníamos iglesias, negocios, clubes de futbol, representantes en el Congreso, pero no teníamos un sólo cementerio. Era como si estuviésemos aquí para establecer las cosas de la vida, pero no las de la muerte. Era como si el imaginario nos ayudase sólo en nuestro paso por la tierra y no en la trascendencia.

Ya pasaron 25 años de la publicación del último Fe de erratas, ya rebasamos los dos millones y seguimos sin fundar un cementerio. Traer el Jaguar, sacarlo de nuestras tripas, que ruja en las planicies del Midwest, y nos devore hasta volvernos a sus entrañas.

Como el río de la muerte, había otros ríos profundos que demandaban nuestra atención: la idea del regreso, el cumplir con “nuestro papel de gente trabajadora y dócil”, las relaciones con esas otredades que encontramos en el trabajo y en la calle. Hoy, con el declive del modelo económico, habría que agregar otro tema: el fin de la migración latinoamericana. Acaso pronto salte el Jaguar, y junto con ese dios felino vengan Viracocha y la Virgen y Yemayá.

De la docena de mis amigos escritores, sólo dos compartían el interés por profundizar en estos temas: Franky Piña y Febronio Zatarain. Las conversaciones con Febronio nos llevaron a la escritura de una serie de crónicas y ensayos, en mancuerna, a lo largo de ocho años.

Vayamos al 2011. Más que en la novela y el cuento, encontramos en el teatro un medio para compartir estas inquietudes. En la segunda producción del Pozo, llamada De camino al Ahorita, comprendimos que dichas inquietudes no eran sólo de tres o cuatro gatos. Eran de una comunidad. Pues la asistencia rebasó las 600 personas. Desde ese 2011, cada producción ha seguido manejando la inmigración como temática y como contexto, y cada producción ha contado con un público amplio.

La propuesta de Colectivo el Pozo ha sido un cordón de tres cabos: la migración, el comentario politico y la experiencia de la nada. No es una propuesta que hayamos buscado. Como el tigre que abre la maleza con sus pasos, así nos fue llegando.

Nuestro objetivo en El Pozo ha sido la comunión. Hay comunión cuando los actores, la parte técnica y el público comparten la risa o un sentimiento triste. Pero hay una comunión mayor en los momentos de silencio colectivo. Cuando el tiempo queda suspendido y nos fugamos al centro de la historia. Ahí borramos nuestra individualidad y nos volvemos uno.

Además se ha logrado tener una dirección colectiva. Esto es algo que se puede alcanzar si hay química entre los que integran el elenco y la parte técnica. Hay ratos de caos, es cierto, pero cuando nos rendimos ante la obra surge una voz con la respuesta.

A veces los amigos nos sugieren que ya estuvo bueno con el tema de los inmigrantes, que ya cambiemos de canal. Por el contrario, este viaje apenas comienza. El Jaguar está al acecho, esperando.

¿Quiénes van a explorar con plenitud estas temáticas y estos contextos? Sospecho que eso le corresponderá a los hijos de ese pueblo que llegó desde el Anáhuac y el lejano Tahuantinsuyo. Seguramente los hijos abrirán los brazos para recibir el salto del Jaguar.

 

 

Juanjo López en Camazotz puesto en escena por Colectivo El Pozo. Foto: José Almanza

 

RAÚL DORANTES. Emigró a la ciudad de Chicago a finales de 1986. Desde 1990 hasta la fecha ha sido parte de los consejos editoriales de varias revistas literarias: Fe de erratas, zorros y erizos, Tropel y Contratiempo. Actualmente es parte del consejo editorial de El BeiSMan. En 2007 publicó un libro de cuentos titulado Vocesueltas, con un prólogo de don Luis Leal. En el mismo año, a través de la casa editorial de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Dorantes (en colaboración con su amigo Febronio Zatarain) publicó una colección de ensayos que lleva por nombre Y nos vinimos de mojados; el prólogo de este libro fue escrito por el gran cronista mexicano Carlos Monsiváis. En 2013 envió a la imprenta su primera novela: De zorros y erizos. En el terreno de la dramaturgia, la compañía de teatro Aguijón, asentada en Chicago, ha producido dos obras de Raúl Dorantes: Hasta los gorriones dejan su nido (en 2008) y El lunes de León Rodríguez (en 2009). En 2010, su obra De camino al Ahorita obtuvo el segundo lugar del certamen nacional Nuestra Voces, organizado por el reconocido Repertorio Español. En ese mismo año, Dorantes fundó Colectivo El Pozo, grupo teatral con el que ha producido siete de sus obras. En la actualidad Dorantes es profesor de literatura latinoamericana en Northeastern Illinois University. ​

 

Más te vale, Tina

 

Photo: Joseph Scherschel, Life Magazine

La Habana, Cuba, Septiembre de 1958

 

El viernes de la desaparición hizo tanto calor que los niños se quedaron dormidos más temprano que de costumbre. Esa noche, Diego llegó de trabajar pasadas las ocho y solo encontró a su madre esperándolo con la cena en la mesa de la cocina. “Tu mujer no ha regresado”, le dijo Delia, mientras picaba una sandía con la mano izquierda. Unos años antes, había sufrido una embolia que le había paralizado el lado derecho del cuerpo. “¿A dónde fue?”, contestó él, mientras extendía la mano para tomar un trozo de fruta. De un movimiento, Delia enterró el cuchillo en el pedazo de sandía, aniquilando en un instante el plan de su único hijo, y sin chistar le respondió: “Fue a comprar hielo hace tres horas. ¿Tú quieres un arrocito con pollo, mi amor?” Diego miró su reloj de pulsera, se aflojó la corbata y se sentó a comer. Se terminó el arroz con pollo, la yuca, los tostones, y después de rematar con tres rebanadas de sandía, decidió salir a buscarla. Seguro estaba en casa de Omaida, su mejor amiga, jugando cartas.

Omaida vivía a escasas dos cuadras, pero a pesar de que el día se extinguía, el calor no menguaba y el sudor comenzaba a brotarle por las sienes. Se arrepintió de no haber tomado la precaución de cambiarse la camisa por una guayabera. ¡Más te vale, Tina, que estés en casa de Omaida porque si tengo que caminar más con este calor te mato! ¡Te mato, Tina! Omaida le dijo que habían coincidido esa mañana en la escuela de los niños, como todos los días, y le aclaró que la jugada había sido la semana pasada. “El segundo viernes de cada mes, chico. Que por cierto, le fue muy bien, se llevó toda la plata. ¿Ya tú fuiste con Martica?” ¡Ay, pero tu vas a ver cuando yo dé contigo, Tina! ¡Mira que no decirme que te ganaste una plata! ¡Yo te mato, Tina! ¡Te mato!

En casa de Marta, Diego se metió hasta la cocina y se paró frente al abanico colocado sobre la mesa. Marta le sirvió un vaso de limonada y le platicó que la había visto el día anterior en el salón de belleza. “Nos hicimos la manicura y platicamos de pura bobería, que si los maridos, que si la suegra… ya tu sabes, es que con este calor no se antoja nada. Y pensar que en Argentina es invierno. ¿Tú puedes creer eso, chico? Yo no entiendo cómo es que allá está haciendo frío. ¿Ya tú fuiste con Lulú? Me dijo que le estaba arreglando unos vestidos.”  Diego se tomó la limonada de un trago y le pidió que le avisara si sabía algo de ella. ¡Yo partiéndome el lomo y tú haciéndote las uñas! ¡Mira que si andas contando nuestras cosas, yo te mato, Tina! ¡Te mato!

Lulú, la costurera del barrio, le comentó a Diego que, efectivamente, el día anterior había pasado a recoger unos vestidos. “Le tuve que meter en la cintura, chico. ¡Mira que se ha puesto flaca, pero todo le vino de maravilla! Tú tienes una mujer muy linda.” Diego sonrió a medias, le dio las gracias y salió del lugar. ¡Más te vale que hayas pagado con el dinero que te ganaste en el póquer y no con el gasto de la semana, Tina! ¡¿Pero dónde te has metido?! ¡Coño, Tina, te voy a matar!

Eran casi la once de la noche cuando volvió a casa. Traía pegado el sudor en la frente y en las axilas. Delia se había quedado dormida en el sillón de la sala y decidió dejarla ahí. Caminó por el pasillo de puntitas, para no despertarla, y justo cuando iba a llegar a su recámara, escuchó la voz de su madre. “¿Diego?” La frustración se le escapó por los hombros. No tenía ganas de platicar, pero ahora tendría que hacerlo. Volvió sobre sus pasos y le explicó con detalle la ruta que había tomado y el resultado de su investigación. Delia escuchó atenta, absteniéndose de hacer preguntas. Luego le pidió que la llevara a su cuarto, y así lo hizo. La ayudó a acomodarse en la cama y se despidió de ella con un beso. Antes de apagar la luz, Delia le dijo: “Tú tienes que ir a la policía, mi amor. Recuerda lo bien que se portó el comandante Medina aquella vez que la cogieron por manolarga.”

Recién bañado y refrescado, decidió continuar la búsqueda. Se subió al auto y se fue derechito a la comisaría temiendo que su mujer se hubiese metido en un lío y estuviera encarcelada. ¡Mira Tina, que si yo te encuentro presa otra vez…! ¡Te mato, Tina! ¡Te mato! El oficial que lo atendió le confirmó que Tina no estaba presa y que no podían hacer nada hasta pasadas 24 horas. “¡Coño, oficial! ¡En 24 horas se puede armar una revolución! ¡Exijo hablar con el Comandante Medina! El hombre lo miró con ojos cansados, “Mira, chico, el comandante Medina salió ayer de vacaciones y no regresa hasta dentro de un mes, pero si tu mujer no aparece para mañana, yo me encargo personalmente de buscarla”. Diego comenzó a pensar en lo peor.

Se detuvo en los hospitales temeroso de que hubiese sufrido un accidente. ¡Coño, Tina! ¡Qué los niños no se cuidan solos! ¡Cómo tú hayas andado de coqueta y te haya cogido una guagua cruzando la calle…! Ninguna mujer con las generales de Tina había ingresado en las últimas horas y le sugirieron ir a la morgue. ¡Más te vale que no estés muerta, Tina, porque entonces no voy a tener a quien matar!

Diego le pidió a Monsiváis, ex-compañero de secundaria y ahora médico forense, que le mostrara los cuerpos de las mujeres que había recibido durante la noche. Sabía que ninguno correspondía a la descripción física de Tina, pero no tuvo corazón para decirle que no. Eran tres. El último cuerpo asomaba una cabellera de rizos oscuros que creyó reconocer.  Diego Balart levantó la sábana y comprobó, con cierto alivio, que no era ella. “¿Tú también saliste a comprar hielo, putica?”. Monsiváis lo vio con un poco de lástima y le recomendó ir a la policía. “De allá vengo, mi hermano”. Diego continuó la plática con el doctor más que nada por el aire acondicionado y, un poco después, bastante refrescado, se despidió. Eran casi las ocho de la mañana y la brisa del Caribe que apenas le rozaba el cuello, anunciaba un día igual o más caliente que el anterior. ¿Pero dónde coño te has metido tú, Tina? ¡Mira que cuando te encuentre!

Llegó a la tienda del barrio y la empleada, una negra de tetas rebosantes y un culo todavía más espectacular que el de Tina, le dijo que su mujer había pasado por ahí, pero no había comprado hielo, sino cigarros. No sabía para donde había virado al salir. Todo esto se lo dijo con las tetas apoyadas en el mostrador. A Diego se le hizo un nudo en la garganta y con la voz cortada le dio las gracias y salió de ahí. ¡Ay, Tina! ¡Ay, Tina! ¡Ojalá tú estés muerta!

El olor a congrí tan temprano, lejos de reconfortarlo, le dio mala espina. Delia aplastaba unos tostones cuando escuchó a Diego entrar. Sin dejar de golpear los plátanos fritos, le dijo que había un telegrama urgente sobre la mesa de la entrada. El hombre tomó el sobre y se dirigió a la cocina. Se sentó en la mesa y leyó el telegrama en silencio, mientras Delia le daba un vaso de agua con hielo.  ME HE IDO CON MEDINA A BUENOS AIRES. STOP. NO NOS BUSQUES. STOP. CARIÑOS A LOS NIÑOS. STOP.

– ¿Qué es lo que dice, mi amor?

Diego, con las sienes empapadas de sudor, se bebió el vaso de agua de un solo trago, respiró profundo y se guardó el telegrama en el bolsillo de la camisa.

– Que regresa en un mes, mami.

 

 

CAROLINA HERRERA (Monterrey, México) Licenciada en Ciencias Jurídicas, Universidad Regiomontana (1989), Master en Escritura Creativa, Universidad de Salamanca, (2019).  #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016) es su primera novela y obtuvo el primer lugar del International Latino Book Award en la categoría Mejor Primera Novela (Mariposa Award) y Mención Honorífica en la categoría Mejor Novela – Romance. Ha participado en las antologías Ni Bárbaras, ni Malinches (Ars Comunis Editorial, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s de Chicago (El BeiSMan Press, 2018) y Lujuria (serie Pecados Capitales, Editorial Abigarrados, 2019). Miembro del Consejo Editorial de El BeiSMan. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

La obra de Rebecca Wolfram: entre la modernidad y la barbarie

Gilgamesh y Enkidu, primer encuentro. Detalle de la instalación Gilgamesh in the Accelerator Room en Elmurst College, 2011.

por Franky Piña

 

“Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro.”
Carta a Oskar Polla, Franz Kafka

 

Esta metáfora podría llevarse al contexto de la plástica. La obra no solo debería invitarnos a la contemplación sino cimbrar el alma gélida hasta penetrar los confines del espíritu. La obra plástica de Rebecca Wolfram es esa punta de lanza invernal que pincha la conciencia. Cada una de sus obras crea una eufonía con trazos, texturas, matices e ideas. La totalidad de su obra plástica conforma un hilo visual que se mueve entre el tiempo y el espacio, la prehistoria y la modernidad, la civilización y la barbarie.

Su destino estaba trazado en el universo de la creación y las artes, desde temprana edad tanto las letras como la plástica fueron su pulsión. La obra literaria de Saul Bellow la llevó a las aulas de la Universidad de Chicago donde se graduó del departamento de Artes Visuales en la convulsiva década del setenta.

Durante tres décadas, enseñó inglés a inmigrantes que recién habían llegado a Chicago. Después de clases, regresaba a casa y en la soledad de su estudio se dedicó a ir plasmando su obra pictórica.

El corpus visual de Wolfram abarca pintura, dibujo, arte objeto, instalación. Pinta al filo entre la forma y el fondo. Sus pinceladas y texturas son continuidad de las pinturas rupestres en la cueva de Maltravieso y también alcanzan la contemporaneidad y el ingenio de Käthe Kollwitz y Kara Walker. Los motivos que habitan la pintura de Wolfram cuestionan jerarquías, invitan a la experiencia cognitiva, a la vivencia sensorial y a descolonizar la enajenación. No obstante sus cuadros no son panfletos. A través del color, el dibujo y la transfiguración de siluetas, Wolfram manifiesta la expresión más elevada de la condición humana: el espíritu.

Walter Benjamin imagina lo que mira el Ángel de la Historia: “En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar”. Ese es su acercamiento al monoprint Angelus Novus, de Paul Klee. “El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido.” Un huracán intentará arrastrar al ángel; para él “este huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. El Ángel de la Historia de Benjamin y la obra de Rebecca Wolfram se reflejan.

Basta asomarse a la ventana, abrir el periódico, recorrer con el pulgar la pantalla del smartphone para descubrir el estado político y socio-económico del mundo así como la crueldad del ser humano con el reino animal. Se ha abusado del concepto de modernidad para justificar la opresión y la barbarie. En esta época postmoderna de ángeles caídos, la obra de Rebecca Wolfram deviene en un destello de esperanza.

Present Continious, 2016.

 

FRANKY PIÑA es gestora cultural, activista por los derechos de la comunidad transgénero, escritora apasionada del arte y directora editorial de El BeiSMan. En Chicago, ha sido cofundadora de revistas literarias como Fe de erratas, zorros y erizos, Tropel y contratiempo. Es coautora del libro Rudy Lozano: His Life, His People (1991). Participó en las antologías Voces en el viento: Nuevas ficciones desde Chicago (1999) y Se habla español: Voces latinas en USA (2000). Ha editado varios catálogos de arte:  Alfonso Piloto Nieves Ruiz: Sculpture (2014), Barberena: Master Prints (2016) Raya: The Fetish of Pain (2017), Wolfram: We Are Capable People (2019), entre otros.

 

The Barber of Seville

Adam Plachetka, Marianne Crebassa, Lawrence Browlee. Photo Credit: Lyric Opera

 

by Carolina Herrera

 

For the first time, I attended Opening Night at the Opera. I told my rookie companion to wear a jacket and to be prepared for lots of drama and at least one sad aria. Clearly, the only thing I knew about The Barber of Seville was that it was set in Seville, and of course, the famous Overture. Boy was I in for a surprise! But before I tell you my impressions about Rossini’s magnificent ouvre and the Lyric’s incredible production, let me talk about the fashion. Opening night is the night to keep your eyes extra-open. Old men in tuxedos accompanied by beautiful women in gowns are the norm, but there are also the fashionistas, the fashion-forwardistas, and some like me, who weren’t going to the ball, but thought best to put some bling because you don’t want people to think you missed the turn to Soldier Field. I saw turbans, long trains, kimonos, a lot of red and gold, but mostly, a lot of happy people basking in the greatness of the Lyric Opera’s lobby and the great performance ahead of us.

The Barber of Seville Overture played, and one of the most recognizable pieces of music prepared the audience for a real treat. Once it was over, the curtain was raised to show a beautiful set in warm tones and ironwork, reminiscent of a Spanish town. Lindoro (who in reality is Count Almaviva and performed by the powerful tenor Lawrence Brownlee) serenades Rosina at dawn and later recruits Figaro, the barber, to help him win her. I immediately recognized Adam Plachetka from his role as Papageno in The Magic Flute (2016) and was astonished by his ability to hit the right notes and make people laugh. Mr. Plachetka not only has an incredible voice, but a stage presence that is difficult to match.

The mezzo-soprano, Marianne Crebassa, in the role of Rosina mesmerizes with her voice and the ability to do “whatever I want with it”. Rosina lives with her guardian, an old, cranky man (the hilarious Alessandro Corbelli) who wants to marry her, and suspects that he is being two-timed. Figaro, a most resourceful barber, is also a matchmaker, which kind of makes sense, because who hasn’t confided their most intimate secrets to their stylist? Although this barber is of the proactive kind. What happens next is the equivalent of a long episode of I love Lucy, but in a great stage, with beautiful costumes, and wonderful music and singers. I never knew Opera could be so funny and spent the whole time laughing.

This is an opera for the whole family, that provides a light and fun perspective to a genre that is associated with drama and tragedy. If you have never been to the Opera, this is the place to start, and fortunately, opening night is only once a year, so you won’t have to wear a jacket, or too much bling, just please leave the Bears hoodie at home.

The Barber of Seville is a MUST for all Opera fans out there! You can take a rookie and they will enjoy it!

Playing until October 27.

The Barber of Seville at the Lyric Opera of Chicago

 

CAROLINA HERRERA. (Monterrey, Mexico). Juris Doctor, Universidad Regiomontana (1989), MA Creative Writing, Universidad de Salamanca (2019). Her first novel #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016), was awarded First Prize at the Latino Book Award, in the Best First Novel category, and Honorable Mention in the Best Novel – Romance category. She has been included in several anthologies, including: Ni Barbaras, ni Malinches (Editorial Ars Comunis, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s en Chicago (El BeiSMan Press, 2018), and Lujuria (Editorial Abigarrados, 2019). She’s a member of El BeiSMan’s Editorial Board. TEDx Speaker. She lives in Naperville, Illinois.

Destinos: Las delicadas lágrimas de la luna menguante

 

por Antonio Del Toro

 

El festival internacional de teatro latino en Chicago, Destinos (del 19 de septiembre al 27 de octubre), estrena su tercer año con una obra contundente, Las delicadas lágrimas de la luna menguante, de la dramaturga venezolana Rebeca Alemán, bajo la dirección de Iraida Tapias en el Steppenwolf Theater en Lincoln Park.

La obra consiste en la rehabilitación de una periodista, Paulina (Rebeca Alemán), luchando contra las adversidades de su condición física y el descubrimiento de acontecimientos dolorosos, tanto en el ámbito físico, personal y en la geopolítica de su país, el cual podría ser cualquier nación latinoamericana. La dramaturgia no arredre ante sus denuncias contra la corrupción junto a la violencia que la acompañan; el sufrir de los pueblos indígenas, los feminicidios y demás malestares sociales que agobian al continente. Es gratuito decir que la trama toma inspiración de eventos reales, ya que estos peligros son considerados cotidianos para una persona que ejerce en periodismo. Sin embargo, la obra exige que el espectador haga a un lado el cinismo y el desafecto de estos incidentes para que reflexione sobre el costo humano de la violencia normalizada, diseccionando los traumas y mostrando la devoción hacia la justicia social.

La escenografía es un espacio acogedor que consiste en una recámara que sirve como lugar de reposo al igual que un calabozo, donde Paulina contiende ante sus temores y las memorias elusivas de un pasado borroso. El escenario emplea unas ventanas que sirven como un proyector, empleando la técnica mixta de una manera elegante con sus transiciones entre sueños, recuerdos y el presente. La frustración y la confusión son una estática constante en la vida de Paulina que sobrelleva el peso de su rehabilitación con la ayuda de su mejor amigo, Rodrigo (Ramón Camín), quién posee secretos sobre los males de Paulina. La interacción entre ambos actores es de una dinámica formidable, la amplia trayectoria actoral de ambos reluce en Las delicadas lágrimas de la luna menguante, manteniendo al espectador cautivo con nostalgia y momentos conmovedores.

La producción no escasea de circunstancias sombrías, pero también tiene instancias de esperanza, mostrando la fuerza que ejerce la perseverancia y la importancia de los vínculos interpersonales entre estos confidentes que, a su propia forma, tratan de superar las condiciones que la corrupción y la violencia desenfrenada les han impuesto en sus vidas. Esta puesta en escena ha creado un precedente elevado para el resto de las obras participando en el festival de teatro Destinos.

 

Las delicadas lágrimas de la luna menguante surge de la organización sin fines de lucro Water People Theatre. La obra continuará su temporada hasta el 13 de octubre. Para más información y compra de boletos visiten www.steppenwolf.org. 

 

ANTONIO E. DEL TORO (Guadalajara, México) Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

El negro zumbón de Federico Palomera

 

por Carolina Herrera

 

El negro zumbón de Federico Palomera Güez
Editorial Karima (Julio 2, 2019), 217 páginas, ISBN-13: 978-8412075809

 

A poco menos de dos años de haber publicado la colección de cuentos El cuaderno del pendolista, Federico Palomera Güez se aboca al género de la novela con una historia centrada en un traductor y una bailarina, dos profesiones que conozco bien. Siendo traductora, me sentí identificada con las partes de la historia que describen los retos del que es bilingüe. En la editorial Boecio las cosas no marchan muy bien y le han encomendado a Jaime, el traductor de planta, que sea “el negro” de la biografía de Mitzuko, una bailarina de antecedentes exóticos, cuyas aventuras con algunos personajes de la high, son caramelo para las masas. La editorial apuesta a que la historia de Mitzuko los saque del apuro, pero Jaime no está muy convencido, sin reparar en el hecho de que la evolución del traductor a la escritura es algo natural y la literatura universal tiene grandes ejemplos (Borges, Cortazar, Navokov, Beckett, entre otros). Jaime acepta la comisión por necesidad, y se entrega al estudio de Mitzuko sin medir el magnetismo que un artista puede tener en un mero mortal.

El autor enhebra las historias del “negro” y de la bailarina, a manera de pas-de-deux, revelándose en mudas espaciales y temporales que, al principio, mueven la historia un tanto despacio, dada la cantidad de referencias históricas y culturales, pero conforme el lector se adapta a la estructura narrativa y va conociendo a los personajes, se torna más dinámica. Federico Palomera describe con destreza la fisonomía y los movimientos de Mitzuko, haciendo énfasis en la disciplina y el sacrificio que exige una carrera de ballet clásico (Madame Strepovna, la maestra de la bailarina, me recordó a mi propia maestra y los varazos que nos daba cuando relajábamos un músculo). Una bailarina de ballet es bailarina las 24 horas del día. Sus movimientos y sus alimentos son calculados, la disciplina es dios, y el sufrimiento tiene un solo fin, alcanzar la perfección del cuerpo y del arte. De alguna manera, los traductores (y los escritores), buscan ese ideal, tratando de cazar la palabra precisa, en pos de una perfección que los elude, pues el traductor es, por naturaleza, “traidor”.

Aunque los peligros a los que se enfrentan los protagonistas son más psicológicos y emocionales que físicos, El negro zumbón es una lectura interesante y en momentos divertida (hay un pasaje relativo al caviar muy gracioso). Es la historia de ella, más que de él, y el giro final brinda el impulso que debió haber llegado antes, dejándonos con un misterio por resolver.

Aprecio la dedicación y el trabajo de Federico Palomera, pero no sería honesta en mi reseña, si no apuntara lo que me preocupa de este libro: le faltó rigor editorial. Como escritor, uno revisa y revisa y revisa, y con frecuencia se nos van los dedos y se cansa la vista, pero eso lo remedia fácilmente un buen editor, cosa que no sucedió aquí. Es evidente que la casa editorial encargada de publicar la novela se limitó a reenviar el manuscrito a la imprenta sin darle una pasada. Las numerosas faltas tipográficas, desafortunadamente, entorpecen la lectura de una historia que hubiera resultado mucho más amena y fácil de leer. Federico Palomera Güez, es un autor para un lector  culto, es decir, es un escritor para ojos críticos y creo que las fallas en la edición impedirán que su historia se disfrute tanto como lo merece.

 

CAROLINA HERRERA (Monterrey, México) Licenciada en Ciencias Jurídicas, Universidad Regiomontana (1989), Master en Escritura Creativa, Universidad de Salamanca, (2019).  #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016) es su primera novela y obtuvo el primer lugar del International Latino Book Award en la categoría Mejor Primera Novela (Mariposa Award) y Mención Honorífica en la categoría Mejor Novela – Romance. Ha participado en las antologías Ni Bárbaras, ni Malinches (Ars Comunis Editorial, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s de Chicago (El BeiSMan Press, 2018) y Lujuria (serie Pecados Capitales, Editorial Abigarrados, 2019). Miembro del Consejo Editorial de El BeiSMan. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.