Más te vale, Tina

 

Photo: Joseph Scherschel, Life Magazine

La Habana, Cuba, Septiembre de 1958

 

El viernes de la desaparición hizo tanto calor que los niños se quedaron dormidos más temprano que de costumbre. Esa noche, Diego llegó de trabajar pasadas las ocho y solo encontró a su madre esperándolo con la cena en la mesa de la cocina. “Tu mujer no ha regresado”, le dijo Delia, mientras picaba una sandía con la mano izquierda. Unos años antes, había sufrido una embolia que le había paralizado el lado derecho del cuerpo. “¿A dónde fue?”, contestó él, mientras extendía la mano para tomar un trozo de fruta. De un movimiento, Delia enterró el cuchillo en el pedazo de sandía, aniquilando en un instante el plan de su único hijo, y sin chistar le respondió: “Fue a comprar hielo hace tres horas. ¿Tú quieres un arrocito con pollo, mi amor?” Diego miró su reloj de pulsera, se aflojó la corbata y se sentó a comer. Se terminó el arroz con pollo, la yuca, los tostones, y después de rematar con tres rebanadas de sandía, decidió salir a buscarla. Seguro estaba en casa de Omaida, su mejor amiga, jugando cartas.

Omaida vivía a escasas dos cuadras, pero a pesar de que el día se extinguía, el calor no menguaba y el sudor comenzaba a brotarle por las sienes. Se arrepintió de no haber tomado la precaución de cambiarse la camisa por una guayabera. ¡Más te vale, Tina, que estés en casa de Omaida porque si tengo que caminar más con este calor te mato! ¡Te mato, Tina! Omaida le dijo que habían coincidido esa mañana en la escuela de los niños, como todos los días, y le aclaró que la jugada había sido la semana pasada. “El segundo viernes de cada mes, chico. Que por cierto, le fue muy bien, se llevó toda la plata. ¿Ya tú fuiste con Martica?” ¡Ay, pero tu vas a ver cuando yo dé contigo, Tina! ¡Mira que no decirme que te ganaste una plata! ¡Yo te mato, Tina! ¡Te mato!

En casa de Marta, Diego se metió hasta la cocina y se paró frente al abanico colocado sobre la mesa. Marta le sirvió un vaso de limonada y le platicó que la había visto el día anterior en el salón de belleza. “Nos hicimos la manicura y platicamos de pura bobería, que si los maridos, que si la suegra… ya tu sabes, es que con este calor no se antoja nada. Y pensar que en Argentina es invierno. ¿Tú puedes creer eso, chico? Yo no entiendo cómo es que allá está haciendo frío. ¿Ya tú fuiste con Lulú? Me dijo que le estaba arreglando unos vestidos.”  Diego se tomó la limonada de un trago y le pidió que le avisara si sabía algo de ella. ¡Yo partiéndome el lomo y tú haciéndote las uñas! ¡Mira que si andas contando nuestras cosas, yo te mato, Tina! ¡Te mato!

Lulú, la costurera del barrio, le comentó a Diego que, efectivamente, el día anterior había pasado a recoger unos vestidos. “Le tuve que meter en la cintura, chico. ¡Mira que se ha puesto flaca, pero todo le vino de maravilla! Tú tienes una mujer muy linda.” Diego sonrió a medias, le dio las gracias y salió del lugar. ¡Más te vale que hayas pagado con el dinero que te ganaste en el póquer y no con el gasto de la semana, Tina! ¡¿Pero dónde te has metido?! ¡Coño, Tina, te voy a matar!

Eran casi la once de la noche cuando volvió a casa. Traía pegado el sudor en la frente y en las axilas. Delia se había quedado dormida en el sillón de la sala y decidió dejarla ahí. Caminó por el pasillo de puntitas, para no despertarla, y justo cuando iba a llegar a su recámara, escuchó la voz de su madre. “¿Diego?” La frustración se le escapó por los hombros. No tenía ganas de platicar, pero ahora tendría que hacerlo. Volvió sobre sus pasos y le explicó con detalle la ruta que había tomado y el resultado de su investigación. Delia escuchó atenta, absteniéndose de hacer preguntas. Luego le pidió que la llevara a su cuarto, y así lo hizo. La ayudó a acomodarse en la cama y se despidió de ella con un beso. Antes de apagar la luz, Delia le dijo: “Tú tienes que ir a la policía, mi amor. Recuerda lo bien que se portó el comandante Medina aquella vez que la cogieron por manolarga.”

Recién bañado y refrescado, decidió continuar la búsqueda. Se subió al auto y se fue derechito a la comisaría temiendo que su mujer se hubiese metido en un lío y estuviera encarcelada. ¡Mira Tina, que si yo te encuentro presa otra vez…! ¡Te mato, Tina! ¡Te mato! El oficial que lo atendió le confirmó que Tina no estaba presa y que no podían hacer nada hasta pasadas 24 horas. “¡Coño, oficial! ¡En 24 horas se puede armar una revolución! ¡Exijo hablar con el Comandante Medina! El hombre lo miró con ojos cansados, “Mira, chico, el comandante Medina salió ayer de vacaciones y no regresa hasta dentro de un mes, pero si tu mujer no aparece para mañana, yo me encargo personalmente de buscarla”. Diego comenzó a pensar en lo peor.

Se detuvo en los hospitales temeroso de que hubiese sufrido un accidente. ¡Coño, Tina! ¡Qué los niños no se cuidan solos! ¡Cómo tú hayas andado de coqueta y te haya cogido una guagua cruzando la calle…! Ninguna mujer con las generales de Tina había ingresado en las últimas horas y le sugirieron ir a la morgue. ¡Más te vale que no estés muerta, Tina, porque entonces no voy a tener a quien matar!

Diego le pidió a Monsiváis, ex-compañero de secundaria y ahora médico forense, que le mostrara los cuerpos de las mujeres que había recibido durante la noche. Sabía que ninguno correspondía a la descripción física de Tina, pero no tuvo corazón para decirle que no. Eran tres. El último cuerpo asomaba una cabellera de rizos oscuros que creyó reconocer.  Diego Balart levantó la sábana y comprobó, con cierto alivio, que no era ella. “¿Tú también saliste a comprar hielo, putica?”. Monsiváis lo vio con un poco de lástima y le recomendó ir a la policía. “De allá vengo, mi hermano”. Diego continuó la plática con el doctor más que nada por el aire acondicionado y, un poco después, bastante refrescado, se despidió. Eran casi las ocho de la mañana y la brisa del Caribe que apenas le rozaba el cuello, anunciaba un día igual o más caliente que el anterior. ¿Pero dónde coño te has metido tú, Tina? ¡Mira que cuando te encuentre!

Llegó a la tienda del barrio y la empleada, una negra de tetas rebosantes y un culo todavía más espectacular que el de Tina, le dijo que su mujer había pasado por ahí, pero no había comprado hielo, sino cigarros. No sabía para donde había virado al salir. Todo esto se lo dijo con las tetas apoyadas en el mostrador. A Diego se le hizo un nudo en la garganta y con la voz cortada le dio las gracias y salió de ahí. ¡Ay, Tina! ¡Ay, Tina! ¡Ojalá tú estés muerta!

El olor a congrí tan temprano, lejos de reconfortarlo, le dio mala espina. Delia aplastaba unos tostones cuando escuchó a Diego entrar. Sin dejar de golpear los plátanos fritos, le dijo que había un telegrama urgente sobre la mesa de la entrada. El hombre tomó el sobre y se dirigió a la cocina. Se sentó en la mesa y leyó el telegrama en silencio, mientras Delia le daba un vaso de agua con hielo.  ME HE IDO CON MEDINA A BUENOS AIRES. STOP. NO NOS BUSQUES. STOP. CARIÑOS A LOS NIÑOS. STOP.

– ¿Qué es lo que dice, mi amor?

Diego, con las sienes empapadas de sudor, se bebió el vaso de agua de un solo trago, respiró profundo y se guardó el telegrama en el bolsillo de la camisa.

– Que regresa en un mes, mami.

 

 

CAROLINA HERRERA (Monterrey, México) Licenciada en Ciencias Jurídicas, Universidad Regiomontana (1989), Master en Escritura Creativa, Universidad de Salamanca, (2019).  #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016) es su primera novela y obtuvo el primer lugar del International Latino Book Award en la categoría Mejor Primera Novela (Mariposa Award) y Mención Honorífica en la categoría Mejor Novela – Romance. Ha participado en las antologías Ni Bárbaras, ni Malinches (Ars Comunis Editorial, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s de Chicago (El BeiSMan Press, 2018) y Lujuria (serie Pecados Capitales, Editorial Abigarrados, 2019). Miembro del Consejo Editorial de El BeiSMan. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

La obra de Rebecca Wolfram: entre la modernidad y la barbarie

Gilgamesh y Enkidu, primer encuentro. Detalle de la instalación Gilgamesh in the Accelerator Room en Elmurst College, 2011.

por Franky Piña

 

“Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro.”
Carta a Oskar Polla, Franz Kafka

 

Esta metáfora podría llevarse al contexto de la plástica. La obra no solo debería invitarnos a la contemplación sino cimbrar el alma gélida hasta penetrar los confines del espíritu. La obra plástica de Rebecca Wolfram es esa punta de lanza invernal que pincha la conciencia. Cada una de sus obras crea una eufonía con trazos, texturas, matices e ideas. La totalidad de su obra plástica conforma un hilo visual que se mueve entre el tiempo y el espacio, la prehistoria y la modernidad, la civilización y la barbarie.

Su destino estaba trazado en el universo de la creación y las artes, desde temprana edad tanto las letras como la plástica fueron su pulsión. La obra literaria de Saul Bellow la llevó a las aulas de la Universidad de Chicago donde se graduó del departamento de Artes Visuales en la convulsiva década del setenta.

Durante tres décadas, enseñó inglés a inmigrantes que recién habían llegado a Chicago. Después de clases, regresaba a casa y en la soledad de su estudio se dedicó a ir plasmando su obra pictórica.

El corpus visual de Wolfram abarca pintura, dibujo, arte objeto, instalación. Pinta al filo entre la forma y el fondo. Sus pinceladas y texturas son continuidad de las pinturas rupestres en la cueva de Maltravieso y también alcanzan la contemporaneidad y el ingenio de Käthe Kollwitz y Kara Walker. Los motivos que habitan la pintura de Wolfram cuestionan jerarquías, invitan a la experiencia cognitiva, a la vivencia sensorial y a descolonizar la enajenación. No obstante sus cuadros no son panfletos. A través del color, el dibujo y la transfiguración de siluetas, Wolfram manifiesta la expresión más elevada de la condición humana: el espíritu.

Walter Benjamin imagina lo que mira el Ángel de la Historia: “En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar”. Ese es su acercamiento al monoprint Angelus Novus, de Paul Klee. “El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido.” Un huracán intentará arrastrar al ángel; para él “este huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. El Ángel de la Historia de Benjamin y la obra de Rebecca Wolfram se reflejan.

Basta asomarse a la ventana, abrir el periódico, recorrer con el pulgar la pantalla del smartphone para descubrir el estado político y socio-económico del mundo así como la crueldad del ser humano con el reino animal. Se ha abusado del concepto de modernidad para justificar la opresión y la barbarie. En esta época postmoderna de ángeles caídos, la obra de Rebecca Wolfram deviene en un destello de esperanza.

Present Continious, 2016.

 

FRANKY PIÑA es gestora cultural, activista por los derechos de la comunidad transgénero, escritora apasionada del arte y directora editorial de El BeiSMan. En Chicago, ha sido cofundadora de revistas literarias como Fe de erratas, zorros y erizos, Tropel y contratiempo. Es coautora del libro Rudy Lozano: His Life, His People (1991). Participó en las antologías Voces en el viento: Nuevas ficciones desde Chicago (1999) y Se habla español: Voces latinas en USA (2000). Ha editado varios catálogos de arte:  Alfonso Piloto Nieves Ruiz: Sculpture (2014), Barberena: Master Prints (2016) Raya: The Fetish of Pain (2017), Wolfram: We Are Capable People (2019), entre otros.

 

The Barber of Seville

Adam Plachetka, Marianne Crebassa, Lawrence Browlee. Photo Credit: Lyric Opera

 

by Carolina Herrera

 

For the first time, I attended Opening Night at the Opera. I told my rookie companion to wear a jacket and to be prepared for lots of drama and at least one sad aria. Clearly, the only thing I knew about The Barber of Seville was that it was set in Seville, and of course, the famous Overture. Boy was I in for a surprise! But before I tell you my impressions about Rossini’s magnificent ouvre and the Lyric’s incredible production, let me talk about the fashion. Opening night is the night to keep your eyes extra-open. Old men in tuxedos accompanied by beautiful women in gowns are the norm, but there are also the fashionistas, the fashion-forwardistas, and some like me, who weren’t going to the ball, but thought best to put some bling because you don’t want people to think you missed the turn to Soldier Field. I saw turbans, long trains, kimonos, a lot of red and gold, but mostly, a lot of happy people basking in the greatness of the Lyric Opera’s lobby and the great performance ahead of us.

The Barber of Seville Overture played, and one of the most recognizable pieces of music prepared the audience for a real treat. Once it was over, the curtain was raised to show a beautiful set in warm tones and ironwork, reminiscent of a Spanish town. Lindoro (who in reality is Count Almaviva and performed by the powerful tenor Lawrence Brownlee) serenades Rosina at dawn and later recruits Figaro, the barber, to help him win her. I immediately recognized Adam Plachetka from his role as Papageno in The Magic Flute (2016) and was astonished by his ability to hit the right notes and make people laugh. Mr. Plachetka not only has an incredible voice, but a stage presence that is difficult to match.

The mezzo-soprano, Marianne Crebassa, in the role of Rosina mesmerizes with her voice and the ability to do “whatever I want with it”. Rosina lives with her guardian, an old, cranky man (the hilarious Alessandro Corbelli) who wants to marry her, and suspects that he is being two-timed. Figaro, a most resourceful barber, is also a matchmaker, which kind of makes sense, because who hasn’t confided their most intimate secrets to their stylist? Although this barber is of the proactive kind. What happens next is the equivalent of a long episode of I love Lucy, but in a great stage, with beautiful costumes, and wonderful music and singers. I never knew Opera could be so funny and spent the whole time laughing.

This is an opera for the whole family, that provides a light and fun perspective to a genre that is associated with drama and tragedy. If you have never been to the Opera, this is the place to start, and fortunately, opening night is only once a year, so you won’t have to wear a jacket, or too much bling, just please leave the Bears hoodie at home.

The Barber of Seville is a MUST for all Opera fans out there! You can take a rookie and they will enjoy it!

Playing until October 27.

The Barber of Seville at the Lyric Opera of Chicago

 

CAROLINA HERRERA. (Monterrey, Mexico). Juris Doctor, Universidad Regiomontana (1989), MA Creative Writing, Universidad de Salamanca (2019). Her first novel #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016), was awarded First Prize at the Latino Book Award, in the Best First Novel category, and Honorable Mention in the Best Novel – Romance category. She has been included in several anthologies, including: Ni Barbaras, ni Malinches (Editorial Ars Comunis, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s en Chicago (El BeiSMan Press, 2018), and Lujuria (Editorial Abigarrados, 2019). She’s a member of El BeiSMan’s Editorial Board. TEDx Speaker. She lives in Naperville, Illinois.

Destinos: Las delicadas lágrimas de la luna menguante

 

por Antonio Del Toro

 

El festival internacional de teatro latino en Chicago, Destinos (del 19 de septiembre al 27 de octubre), estrena su tercer año con una obra contundente, Las delicadas lágrimas de la luna menguante, de la dramaturga venezolana Rebeca Alemán, bajo la dirección de Iraida Tapias en el Steppenwolf Theater en Lincoln Park.

La obra consiste en la rehabilitación de una periodista, Paulina (Rebeca Alemán), luchando contra las adversidades de su condición física y el descubrimiento de acontecimientos dolorosos, tanto en el ámbito físico, personal y en la geopolítica de su país, el cual podría ser cualquier nación latinoamericana. La dramaturgia no arredre ante sus denuncias contra la corrupción junto a la violencia que la acompañan; el sufrir de los pueblos indígenas, los feminicidios y demás malestares sociales que agobian al continente. Es gratuito decir que la trama toma inspiración de eventos reales, ya que estos peligros son considerados cotidianos para una persona que ejerce en periodismo. Sin embargo, la obra exige que el espectador haga a un lado el cinismo y el desafecto de estos incidentes para que reflexione sobre el costo humano de la violencia normalizada, diseccionando los traumas y mostrando la devoción hacia la justicia social.

La escenografía es un espacio acogedor que consiste en una recámara que sirve como lugar de reposo al igual que un calabozo, donde Paulina contiende ante sus temores y las memorias elusivas de un pasado borroso. El escenario emplea unas ventanas que sirven como un proyector, empleando la técnica mixta de una manera elegante con sus transiciones entre sueños, recuerdos y el presente. La frustración y la confusión son una estática constante en la vida de Paulina que sobrelleva el peso de su rehabilitación con la ayuda de su mejor amigo, Rodrigo (Ramón Camín), quién posee secretos sobre los males de Paulina. La interacción entre ambos actores es de una dinámica formidable, la amplia trayectoria actoral de ambos reluce en Las delicadas lágrimas de la luna menguante, manteniendo al espectador cautivo con nostalgia y momentos conmovedores.

La producción no escasea de circunstancias sombrías, pero también tiene instancias de esperanza, mostrando la fuerza que ejerce la perseverancia y la importancia de los vínculos interpersonales entre estos confidentes que, a su propia forma, tratan de superar las condiciones que la corrupción y la violencia desenfrenada les han impuesto en sus vidas. Esta puesta en escena ha creado un precedente elevado para el resto de las obras participando en el festival de teatro Destinos.

 

Las delicadas lágrimas de la luna menguante surge de la organización sin fines de lucro Water People Theatre. La obra continuará su temporada hasta el 13 de octubre. Para más información y compra de boletos visiten www.steppenwolf.org. 

 

ANTONIO E. DEL TORO (Guadalajara, México) Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

El negro zumbón de Federico Palomera

 

por Carolina Herrera

 

El negro zumbón de Federico Palomera Güez
Editorial Karima (Julio 2, 2019), 217 páginas, ISBN-13: 978-8412075809

 

A poco menos de dos años de haber publicado la colección de cuentos El cuaderno del pendolista, Federico Palomera Güez se aboca al género de la novela con una historia centrada en un traductor y una bailarina, dos profesiones que conozco bien. Siendo traductora, me sentí identificada con las partes de la historia que describen los retos del que es bilingüe. En la editorial Boecio las cosas no marchan muy bien y le han encomendado a Jaime, el traductor de planta, que sea “el negro” de la biografía de Mitzuko, una bailarina de antecedentes exóticos, cuyas aventuras con algunos personajes de la high, son caramelo para las masas. La editorial apuesta a que la historia de Mitzuko los saque del apuro, pero Jaime no está muy convencido, sin reparar en el hecho de que la evolución del traductor a la escritura es algo natural y la literatura universal tiene grandes ejemplos (Borges, Cortazar, Navokov, Beckett, entre otros). Jaime acepta la comisión por necesidad, y se entrega al estudio de Mitzuko sin medir el magnetismo que un artista puede tener en un mero mortal.

El autor enhebra las historias del “negro” y de la bailarina, a manera de pas-de-deux, revelándose en mudas espaciales y temporales que, al principio, mueven la historia un tanto despacio, dada la cantidad de referencias históricas y culturales, pero conforme el lector se adapta a la estructura narrativa y va conociendo a los personajes, se torna más dinámica. Federico Palomera describe con destreza la fisonomía y los movimientos de Mitzuko, haciendo énfasis en la disciplina y el sacrificio que exige una carrera de ballet clásico (Madame Strepovna, la maestra de la bailarina, me recordó a mi propia maestra y los varazos que nos daba cuando relajábamos un músculo). Una bailarina de ballet es bailarina las 24 horas del día. Sus movimientos y sus alimentos son calculados, la disciplina es dios, y el sufrimiento tiene un solo fin, alcanzar la perfección del cuerpo y del arte. De alguna manera, los traductores (y los escritores), buscan ese ideal, tratando de cazar la palabra precisa, en pos de una perfección que los elude, pues el traductor es, por naturaleza, “traidor”.

Aunque los peligros a los que se enfrentan los protagonistas son más psicológicos y emocionales que físicos, El negro zumbón es una lectura interesante y en momentos divertida (hay un pasaje relativo al caviar muy gracioso). Es la historia de ella, más que de él, y el giro final brinda el impulso que debió haber llegado antes, dejándonos con un misterio por resolver.

Aprecio la dedicación y el trabajo de Federico Palomera, pero no sería honesta en mi reseña, si no apuntara lo que me preocupa de este libro: le faltó rigor editorial. Como escritor, uno revisa y revisa y revisa, y con frecuencia se nos van los dedos y se cansa la vista, pero eso lo remedia fácilmente un buen editor, cosa que no sucedió aquí. Es evidente que la casa editorial encargada de publicar la novela se limitó a reenviar el manuscrito a la imprenta sin darle una pasada. Las numerosas faltas tipográficas, desafortunadamente, entorpecen la lectura de una historia que hubiera resultado mucho más amena y fácil de leer. Federico Palomera Güez, es un autor para un lector  culto, es decir, es un escritor para ojos críticos y creo que las fallas en la edición impedirán que su historia se disfrute tanto como lo merece.

 

CAROLINA HERRERA (Monterrey, México) Licenciada en Ciencias Jurídicas, Universidad Regiomontana (1989), Master en Escritura Creativa, Universidad de Salamanca, (2019).  #Mujer que piensa (El BeiSMan Press, 2016) es su primera novela y obtuvo el primer lugar del International Latino Book Award en la categoría Mejor Primera Novela (Mariposa Award) y Mención Honorífica en la categoría Mejor Novela – Romance. Ha participado en las antologías Ni Bárbaras, ni Malinches (Ars Comunis Editorial, 2017), Palabras migrantes, 10 ensayistas mexican@s de Chicago (El BeiSMan Press, 2018) y Lujuria (serie Pecados Capitales, Editorial Abigarrados, 2019). Miembro del Consejo Editorial de El BeiSMan. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois. 

El barbero de Sevilla: entre el sur y la risa de Eros

Marianne Crebassa y Adam Plachetka en El Barbero de Sevilla de Rossini en el Lyric Opera of Chicago. Foto: © Todd Rosenberg

 

por Yoandy Cabrera

 

A Jessye Norman (1945-2019)

 

La puesta de El barbero de Sevilla estrenada en la Lyric Opera of Chicago el 28 de septiembre de 2019, en la que hizo su debut como directora Tara Faircloth, reafirma algunos de los sentidos que sigue teniendo ir hoy a la ópera: dinamismo, espontaneidad, diversión, belleza. En una sociedad como la actual, ciberconectada las 24 horas e hipersexualizada, una buena puesta de El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini (como la dirigida por la debutante Tara Faircloth) rescata formas de diversión y disfrute estético que escasean cada vez más. Se trata de una representación en que el divertimento y el humor sostenido abarcan y contienen los demás temas: el amor, el deseo, el interés, las diferencias generacionales, el matrimonio, la corrupción, el arte, lo popular; todo ello sin llegar nunca a lo tremebundo. Toda denuncia, sátira o crítica en esta pieza pasa por el filtro de la vis comica. Tanto en la comedia latina, como en la comedia española de los Siglos de Oro y en la tradición operística son comunes y muy famosas las comedias de enredo y suplantación de identidad.

El barbero de Sevilla fue estrenada en el Teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816 y, en el Lyric Opera of Chicago, se interpretó por primera vez el 6 de noviembre de 1954. Se trata de la ópera bufa más famosa de la historia en la que claramente se evidencia una fusión entre espontaneidad, capacidad de registros y comicidad. La pieza es una clara prueba de que no porque se trate de una comedia se relaja en lo más mínimo la precisión estética y artística, al contrario: el humor en esta obra descansa en simetrías y convivencias discursivas varias, así como en una sincronización humorístico-matemática entre las acciones de unos y otros personajes. El gran logro de Rossini y, por suerte, también de la puesta de la Lyric Opera of Chicago, es hacer que todas estas precisiones y simetrías tan bien engranadas descansen en la naturalidad de las interpretaciones, de modo que todo parece muy espontáneo y sencillo, cuando en verdad, para lograrse, se ha necesitado de todo lo contrario.

Tanto en el caso de El barbero de Sevilla como en el de sus antecedentes, estamos en presencia de piezas en que el ayudante, el que fuera muchas veces un esclavo en la comedia latina o un sirviente en la española, se convierte en elemento principal de la puesta y la trama, como es el caso de Fígaro en la obra que nos ocupa. La pieza, de este modo, lleva el nombre no del conde enamorado de Rosina, ni de su celoso doctor pretendiente, sino del barbero del pueblo. Y es en este sentido que la ubicación de la trama en Sevilla (una de las ciudades más famosas e importantes del mundo de entonces por su conexión comercial directa con las Américas) cobra todo sentido: es difícil imaginar en otro entorno europeo de entonces, al menos de forma realista, a un personaje como Fígaro, conocido por todos en el vecindario, enterado de todos los dimes y diretes por ser, justamente, el barbero del pueblo. Su figura permite la conexión de los espacios más diversos y polarizados, de lo popular y callejero con los interiores.

Un problema central que aborda la pieza es el de los matrimonios a la fuerza: Rosina, quien es huérfana, debe casarse con el Dr. Bartolo que es su apoderado, pero ella está enamorada del conde Almaviva. El convencimiento de este amor nos llega en la pieza a través de la comicidad: el espectador no duda de esta relación justamente porque, durante todos los posibles momentos furtivos y cómicos, tratan de estar juntos y de mostrarse afecto. Si el Eros tiene un sentido o conduce a un desenlace en esta obra es solo a través del humor continuo, dueño absoluto de toda la puesta. Tanto es así, que el amor es directamente proporcional al estado de ánimo de los personajes: aquellos que son los más alegres y traviesos (Fígaro, el conde y Rosina) son, a su vez, los representantes y defensores del amor verdadero; aquellos que siempre están más amargados o que adoptan una postura más seria (como el Dr. Bartolo y don Basilio) son los desengañados y los burlados al final de la trama. Pero eso sucede dentro de la historia pues, desde fuera, desde la perspectiva del espectador, todos los personajes (alegres, serios o resabiados) tributan a la vis comica de la puesta. De este modo, el Dr. Bartolo nos regala algunos de los momentos más divertidos de la dramatización, precisamente por su fuerte carácter y sus manías.

Exactamente diez años antes de El barbero… se había estrenado en Madrid El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín, obra del mismo tema, en la que la joven Francisca explica y defiende sus razones personales para no casarse por el interés con un hombre mucho mayor que ella, y para poder estar con la persona que ama. En ambas piezas se trata de una defensa del amor verdadero opuesto a los matrimonios arreglados, concertados u obligados. Pero Rosina no da en la ópera sus razones usando largos discursos, el diálogo fuerte lo tienen el conde y el Dr. Bartolo. Una vez que el doctor sabe que se puede quedar con la dote, se relaja completamente y accede a que los jóvenes se casen. Rosina, teniendo a un pretendiente adinerado, aceptó, sin embargo, el amor de quien ella pensaba que se llamaba Lindoro, pero que resultó ser un conde. A diferencia de lo que sucede en el ballet Giselle, cuando Rosina descubre que su amado es conde, eso le trae aún más razones de felicidad.

En El barbero de Sevilla se utilizan orgánicamente también las características tradicionales del canto operístico como parte activa de la comicidad. Las comunes repeticiones de frases por parte de cada uno de los personajes en ciertos momentos de tensión permiten que se juegue con las convenciones del canto lírico y que, a su vez, se utilicen como parte de lo humorístico. Esto sucede, por ejemplo, cuando Rosina, el conde y Fígaro deben escapar por el balcón, pero se demoran tanto cantando y repitiendo la misma frase que, al llegar, han retirado la escalera. Las prácticas de canto de la joven Rosina también permiten la diversidad de formas musicales, al mismo tiempo que da lugar a las divertidas críticas musicales por parte del Dr. Bartolo.

Por otra parte, la persistente presencia del dinero y la búsqueda continua de beneficios por parte de la mayoría de los personajes (incluido el casamentero Fígaro) permiten entender la obra y al personaje del barbero en especial como una versión light de La celestina de Fernando de Rojas, más concentrada en la diversión que en los vicios y los actos violentos de la pieza española. Sin anular la deliciosa ligereza de esta obra y sin que se caiga en ningún tipo de solemnidades tan ajenas a esta ópera, en El barbero… el amor del conde y Rosina representa, como sucede con Calisto y Melibea, lo no vendible, lo que no se puede comprar, y así mismo lo reconocen ambas parejas de enamorados en sus respectivos contextos.

Las fabulosas actuaciones del elenco que interpretó la pieza el 28 de septiembre de 2019 en la Lyric Opera of Chicago bajo la dirección de Tara Faircloth tributan a todas las ideas señaladas previamente: el humor es el dueño absoluto de la escena desde el comienzo, la belleza musical indiscutible y sus arias más famosas son interpretadas priorizando la naturalidad, pero sin descuidar en absoluto la técnica. El praguense Adam Plachetka (en el papel de Fígaro) es todo espontaneidad en gestos, posturas e interpretación. Su fabulosa voz le permite concentrarse tranquilamente más en darle frescura y campechanía a sus intervenciones y despreocuparse de la ya de por sí asegurada técnica. En la interpretación de Rosina por parte de la mezzo soprano francesa Marianne Crebassa pudo percibirse un contraste entre el primer y el segundo acto: en el inicial, su fabulosa voz y su gran tecnicismo fueron más evidentes, pero en el segundo se notó más el uso de todas esas habilidades al servicio de la comicidad y el jugueteo amoroso. Ese contraste permite comprender la manera en que influye la presencia de su amado dentro del espacio opresivo: una vez que el conde disfrazado irrumpe en casa del Dr. Bartolo, la joven se entrega a la diversión y a lo lúdico, que en esta pieza se funde con el sentimiento amoroso. Alessandro Corbelli, interpretando al Dr. Bartolo, da vida a uno de los más entrañables personajes de esta puesta. A pesar de todos sus resabios, uno no puede dejar de sentir empatía y afecto por la fabulosa actuación de este barítono nacido en Turín. Sus reacciones extremas, sus gestos, la expresividad de ojos y rostro regalan muchos de los mejores y más divertidos momentos de este nuevo montaje del clásico decimonónico de Rossini. El multipremiado tenor estadounidense, Lawrence Brownlee (como el conde Almaviva), el bajo polaco Krzysztof Baczyc (que interpreta a Don Basilio, el profesor de canto de Rosina) y la soprano Mathilda Edge nativa de Illinois (quien, en este su debut en la Lyric Opera, con una voz descomunal, interpreta a Berta) también tuvieron, sin dudas, ejecuciones memorables.

La puesta dirigida por la estadounidense Tara Faircloth para la Lyric Opera juega con un doble lenguaje continuo a lo largo de toda la trama: por un lado, lo que se dice/canta, y por el otro una retórica gestual paralela a lo cantado que permite, por contraste, hacer más evidente y consolidada la comicidad. El diseño escenográfico y de luces, además de reflejar muy bien tanto fachadas como interiores de una típica casa colonial sevillana, está concebido de una forma muy funcional y dinámica: cambia y se mueve al ritmo de la música y la progresión dramática.

Entre la ilusión y la recreación artística, Mozart y Rossini contribuyen con sus obras sobre el barbero sevillano a expandir la fama de la ciudad del Sur de España. Estos personajes y sus interpretaciones captan un sentido del sur que, para los que lo conocemos, nos es entrañable y tangible a la vez. Está en Carmen de Bizet y en el ballet Don Quijote. Un sentido de lo español en que se mezclan la picardía, la inocencia y la espontaneidad con las formas del amor más puro. Sin renunciar a un entorno lúdico e idílico, las interpretaciones de Fígaro y Rosina en esta puesta nos devuelven (a los que amamos el sur, a los que amamos España) una forma de vivir hacia afuera, de mezclarlo todo, un modo de interacción y de desenvoltura que nos resulta conocido, cercano y cálido.

 

The Barber of Seville at Lyric Opera of Chicago

 

 

YOANDY CABRERA (Cuba) Doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad Texas A&M y profesor de Español y Clásicas en Rockford University. Cursó estudios de Maestría en Filología Hispánica en CSIC-UNED y de Filología Clásica en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido profesor de Lenguas y Literaturas Clásicas, Gramática Española, Literatura Colonial y Poesía Contemporánea en la Universidad de La Habana, el Colegio San Gerónimo y la Televisión Cubana. Ha realizado la edición crítica de la poesía de Delfín Prats y de Félix Hangelini (ambas en Ed. Hypermedia, 2013). Colabora también como editor en las editoriales Verbum y Betania en Madrid, y como poeta y crítico de poesía en varias publicaciones periódicas. Ha estudiado y prologado, además, la obra de importantes autores hispanoamericanos como Damaris Calderón, Lina de Feria, Jesús J. Barquet, Magali Alabau y Luis Martínez de Merlo. Sus artículos aparecen en revistas especializadas como Guaraguao, IntiRevista de Estudios Hispánicos, Arbor y Caribe. En 2013 publicó el poemario Adán en el estanque (Ed. Betania) con prólogo de la helenista Elina Miranda. En enero de 2014 fue antologado en Katábasis. Siete viajeros cubanos sobre el camino (Ediciones La Mirada, Nuevo México), volumen lírico realizado por el escritor, crítico, investigador y profesor universitario Jesús J. Barquet y la poeta Isel Rivero. Es editor de la revista de crítica Deinós.