Il Trovatore

Il Trovatore puesta en escena por el Lyric Opera of Chicago

por Carolina Herrera

Enrico Caruso alguna vez dijo que era muy fácil montar Il Trovatore, solo hacía falta conseguir a los cuatro mejores cantantes del mundo. Les aseguro que, en este caso, el Lyric Opera no se quedó corto. Cuatro maravillosas voces en escena que hicieron vibrar al público de principio a fin. Comenzaré con la soprano Tamara Wilson, quien tiene una larga trayectoria en el mundo de la ópera, e hizo su debut en el escenario. ¡Dios! ¡Qué voz! Yo no soy una experta en cantantes de ópera, es más, ni siquiera soy experta en ópera, pero me encanta y puedo reconocer una gran voz, y la de Tamara Wilson es, sin duda, una de las mejores voces que he escuchado en mi vida.

Il Trovatore, de Giuseppe Verdi, se desarrolla en España y comienza con el Capitán Ferrando (Roberto Tagliavini) contando la historia del Conde de Luna (Artur Rucinski), quien está enamorado de la princesa Leonora (Tamara Wilson) y ésta, a su vez, lo está de un misterioso trovador, Manrico (Russell Thomas). Éste último es hijo de la gitana Azucena (Jamie Barton), quien busca vengarse del Conde pues años atrás, los padres del Conde quemaron a la madre de Azucena después de acusarla de haberles robado a uno de sus hijos. Es pues, una historia de amor, pero también de venganza, los dos grandes motores de las pasiones humanas y es precisamente esta pasión lo que mueve la historia.

Tras el telón que muestra una de las pinturas “negras” de Goya, en el escenario se observa una enorme pared con unas escaleras por donde desciende el Capitán Ferrando para dirigirse a sus soldados. Al terminar la escena, la pared gira y vemos a Leonora dentro del castillo con su dama de compañía, y así va girando la pared, pasando por el Coro de los Yunques (donde un coro de gitanos martillea los yunques al ritmo de la orquesta), hasta terminar en la pira donde yacen Azucena y Manrico… pero no les voy a contar el final.

Todas las voces de los personajes son maravillosas, pero las cuatro voces principales no le piden nada a nadie, aunque debo apuntar que las mujeres se llevaron la noche. Alegría, tristeza, desesperanza, determinación, todo esto y más es capaz de transmitir la soprano Tamara Wilson, representando todas las etapas del amor, con esa voz que hizo retumbar el recinto y me sacó un par de lágrimas (y eso es decir bastante). Ni qué decir de la potencia de la voz de Jamie Barton, la joven mezzo-soprano que canta con los colores de la venganza.

Il Trovatore es una ópera relativamente corta, dura solo dos horas, veinte minutos. Además, tenemos un mexicano en el repertorio, el tenor Mario Rojas en el papel de Ruiz, el ayudante del Conde, quien también deleita con su voz pristina.

Il Trovatore se presenta en el Lyric Opera hasta el 9 de diciembre.

 

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

Las criadas

Las criadas de Jean Genet, dirigida por José Burgos y puesta en escena por Repertorio Latino Theater Company. Foto: cortesía

Por Antonio E. Del Toro

La ciudad de Chicago está pasando por un nacimiento de artes escénicas en español como nunca se había visto; cosa que se debe apoyar. En el transcurso de la temporada otoñal 2018, se han establecido nuevos teatros, nuevas escuelas de actuación, las cuales están produciendo eventos que abarcan desde monólogos hasta musicales. Sin embargo, también están surgiendo obras que van más allá del uso de las tablas como un medio de entretenimiento, apelando a las sensibilidades de un público que demanda poesía y no sólo diversión.

Repertorio Latino Theater Company se atrevió a montar una obra que cumple con estas características. Alejándose de la comedia y de la danza, obliga al espectador a acurrucarse dentro de la filosofía y a cobijarse con las incomodidades de las divisiones socioeconómicas mostradas en la literatura de mediados del siglo XX, Las criadas de Jean Genet fue un excelente preámbulo al teatro de lo absurdo. El drama es complejo y exige la atención absoluta de la audiencia, la cual es pagada con una exposición poética del clasismo y la modernidad francesa en la década de 1940.

El montaje de Las criadas bajo la dirección de José Burgos es un trabajo minimalista en cuanto al uso mesurado de efectos de sonido e iluminación; la magia del teatro en este caso se fundamenta en lo actoral. El escenario se aleja del cubo típico y opta por una plataforma hexagonal que inmiscuye a la audiencia dentro de la obra y crea una intimidad entre las actrices y el público, rompiendo la pared entre espectadores y elenco; el auditorio se transforma en testigo ocular de un crimen, cómplices y no nada más mirones, así cumpliendo con la función artística del teatro, la retroalimentación enérgica, rebasando el mero espectáculo y transportándonos a un juego de poder perverso entre la clase opulenta y sus subalternos.

La obra se mantiene en pie debido a la labor de las actrices: Paula Aguirre (Clara), Mafer Roussell (la Señora) y Andrea Leguizamón (Solange). El elenco traslada y conmueve al público, exponiendo la complejidad de la condición humana de una manera actoral sin depender de los trucos técnicos o la ambientación. Hay varios inconvenientes en la obra, pero abordaré dos.

El primero, que genera un bajón de calidad y un rechinar de nuestras capacidades auditivas, fue el innecesario uso del dialecto de Castilla, no sólo porque desentona, sino porque se emplea erróneamente. Los errores gramaticales no son culpa de la actriz mexicana; sospecho que es producto de una mala traducción del libreto o una pobre adaptación directoral. Sin embargo, esto se puede corregir fácilmente al permitirle usar su dialecto natural. Las hermanas marginadas se apegan a sus respectivos acentos, una al argentino y la otra al colombiano y no les quita presencia escénica. El personaje de la Señora perfectamente puede acoplarse al léxico de la clase alta mexicana. Es urgente que se efectúe ese cambio para utilizar las facultades actorales de Mafer al máximo y así eliminar esa distracción. Ella es la que tiene mayor formación académica como actriz y no se le está aprovechando.

El segundo inconveniente que se tiene que analizar es la ejecución del monólogo de Solange; la culminación existencial de un ser fragmentando y disfuncional queda plano. Se tienen que eliminar los gritos de la primera parte de la obra para acentuar el desplome de la cordura que se expone en la segunda. Las emociones están demasiado elevadas durante el curso del soliloquio, necesita bajar de vez en cuando para permitirle un suspiro al público. Esta sección es el mayor reto de la obra, es la parte más delicada y se tiene que manejar con suma cautela. Andrea hace hasta lo imposible para desplazarse de un polo emocional al otro, yendo desde la risa enfermiza hasta las lágrimas. Hay instancias en las que se percibe un doble caos; el del personaje y el de la actriz tratando de mantener varias emociones fuertes en crescendo en un monólogo que sobresale por extenso. Andrea ha crecido muchísimo como actriz y su rango de actuación continua extendiéndose. Sin embargo, hay una apelación gratuita al grito no solo en esta obra sino en muchas otras obras que se han presentado recientemente en Chicago. Es necesario auxiliarse del manejo de los tonos, de los titubeos, de los gestos, temblores del rostro, mesurar las pisadas; al igual que en la música, los silencios en el teatro acrecientan el arte. Con un grito se tilda un clímax, con dos se salta una corazonada, ya con tres o más me mandan a la algarabía de un mercado.

La obra es recomendable postula una propuesta teatral más elevada a la del teatro que estamos acostumbrados a ver en la comunidad hispana de Chicago. Las criadas nos incita a un acercamiento a un teatro más moderno, apegado al existencialismo. José Burgos ha tomado un riesgo que no solo se debe de respetar y reconocer, sino apoyar. Así es como el teatro en español puede dar sus grandes saltos.

 

Las criadas continuará su temporada en este nuevo espacio teatral hasta el 16 de diciembre en 3622 S. Morgan St. Chicago, IL en el corazón de Bridgeport. Los boletos están disponible en internet a través de Brown Paper Tickets.

Antonio E. del Toro nació en Guadalajara. Trabaja como intérprete y traductor en Chicago. Gracias a un interés en tecnología y literatura, ha encontrado el teatro y su complejo proceso de producción. Otros intereses incluyen cine y técnica mixta.

 

Fernando del Paso, forever

por Humberto Gamboa

Un día de noviembre de 1992, deambulando por los amplios pasillos de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara (FIL) me topé de frente con la figura entrañable del escritor Fernando del Paso. Me emocioné hasta los huesos. Lo reconocí inmediatamente por las fotos suyas publicadas en Proceso y en las solapas de sus libros. Quise acercármele pero dudé, por mi extrema timidez. Lo estuve siguiendo un buen trecho, y por fin, armándome de valor, me atreví a importunarlo. Le dije que era su lector muy agradecido, que su libro Palinuro de México (1977) lo llevaba en el alma, y que leía con devoción cada artículo suyo que aparecía en Proceso y en otras revistas. Me pidió que lo acompañara un rato y (mientras caminábamos) le contara un poco de mí y de lo que hacía en Chicago. Le dije de mi oficio de librero y de mis empeños con mis amigos en sacar una revista. Le regalé un ejemplar que llevaba del número 4 de tres américas (dedicada a José Emilio Pacheco) y le señalé que en la revista teníamos un pequeño espacio (Azul) dedicado a los niños, distinguido por su color. Me preguntó Del Paso si yo sabía que él mismo había publicado un libro de poesía para niños. Le dije que por supuesto, señor Del Paso, su De la A a la Z por un poeta (1988). Y él me dijo bueno, pues Ediciones ERA me acaba de publicar otro de esos libritos (Paleta de diez colores) y quizás les pueda interesar alguno de esos poemitas para su revista. ¡De mil amores, señor Del Paso!, le contesté. Pues entonces vámonos ya con mi querida amiga Neus Espresate (directora de ERA) para que de una vez sepa ella que usted y sus amigos cuentan con mi autorización para reproducir lo que quieran… y por favor Humberto: no vuelva a llamarme señor Del Paso, dígame Fernando a secas, ¿le parece bien? Tragué saliva de gusto.

Cuento esta anécdota sólo para ilustrar la sencillez y la calidad de persona que fue este bello y sabio hombre de letras. El gran renacentista: poeta, ensayista, dramaturgo, dibujante, pintor, locutor de la radio BBC de Londres, diplomático, académico, y uno de los mayores novelistas del siglo XX, gloria de México y del mundo (Premio Cervantes 2015). Su deceso, ocurrido el 14 de noviembre de 2018, me ha dejado conmocionado. Leyendo Proceso en línea, me he venido a enterar de su fallecimiento en la ciudad de Guadalajara. Tenía mi ilusión de volver a verlo y escucharlo el próximo 27 de noviembre en la FIL, donde estaba programada su participación en un tributo a Juan José Arreola (él es coautor del hermoso libro Memoria y Olvido, Vida de J.J. Arreola contada a F. del Paso, 1994). Ahora seguramente el homenaje los incluirá a ambos. Será una velada triste. Después de 15 años sin ir yo a esta Feria del Libro, mi mayor placer iba a ser divisar desde una butaca en el auditorio al gentil y muy querido Fernando. Ahora viajará conmigo a la FIL y a todas partes.

Para aquellos infortunados que no conocieron nuestra añorada fugaz revista tres américas, y como mínimo tributo a nuestro inolvidable autor, reproduzco ahora los dos poemitas que nos regaló don Fernando, aparecidos en la sección Azul del número 5 de tres américas, con fecha de Verano 1993. Son como son todos los niños, como quiso ser siempre don Fernando: muy chiquitos, alegres y explosivos. Van entonces dos de esos colores de su paleta: EL AMARILLO “Son/ un solo sol,/ cuando son un solo brillo,/ el oro y el amarillo.” y EL ROJO “El rojo apagado/ se hace rojo vivo/ de unos labios prendado,/ a una boca prendido.” (Paleta de diez colores, ERA/CIDCLI). También como mínimo homenaje anexo (¿otra vez?) una antigua notita mía sobre su magistral Noticias del Imperio. La redacté para que coincidiera con la tradición de las fiestas mexicanas en Chicago, un 5 de mayo ya muy lejano. Y finalmente les ruego un minuto de silencio, y luego un gran aplauso, forever and ever, para don Fernando del Paso.

Chicago, 18 de noviembre de 2018

Noticias del Imperio de Fernando del Paso

La caída del último imperio mexicano

Para mi querida Estela, en nuestro Aniversario

Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, Editorial Diana, 1987

“Yo soy mamá Carlota. Ellos, los mexicanos, me hicieron su madre, y yo los hice mis hijos. Yo soy Mamá Carlota, madre de todos los indios y todos los mestizos, madre de todos los blancos y los cambujos, los negros y los saltapatraces. Yo soy Mamá Carlota, madre de Cuauhtémoc y La Malinche, del cura Hidalgo y Benito Juárez, de Sor Juana y Emiliano Zapata. Porque yo soy tan mexicana, ya te lo dije, Maximiliano, como todos ellos. Yo no soy francesa, ni belga, ni italiana: soy mexicana, porque me cambiaron de sangre en México”.

Nos encontramos en Bélgica, en el Castillo de Bouchout, en 1927. La espectral figura que así delira, en aquel desolado castillo, es María Carlota Amelia Victoria Clementina, hija de Leopoldo, Príncipe de Sajonia-Coburgo y Rey de Bélgica, prima de la reina de Inglaterra, Emperatriz de México y de América. Tiene ochenta y seis años de edad y sesenta de vivir en silencio. En aquel año, su último sobre la tierra, rompe su mutismo y dialoga interminablemente con el fantasma de su adorado Max. A través de su soliloquio reviviremos el espectáculo de lo que fue el último imperio mexicano.

María Carlota es apenas un pálido recuerdo de aquella mujer ambiciosa que desembarcara en Veracruz el 28 de mayo de 1864, al lado de su esposo Fernando Maximiliano José, Archiduque de Austria, para tomar posesión del trono de México. Es la última sobreviviente de aquella aventura infame, cuando los sueños imperialistas de Napoleón III, de Francia, fueron desquebrajados por la férrea voluntad de un pueblo y la dignidad y sabiduría de su presidente: don Benito Juárez.

El escritor Fernando del Paso, quizá el más laborioso y brillante de todos los novelistas mexicanos contemporáneos, dedicó 10 años de su vida a investigar minuciosamente uno de los periodos más críticos de su país, los años conocidos como de la intervención francesa, cuando la joven República Mexicana se vio amenazada por la invasión de tropas extranjeras. El óptimo resultado de su tarea lo tenemos hoy a la vista: Noticias del Imperio, una de las novelas más fascinantes aparecidas en las últimas décadas, publicada por primera vez en 1987.

No es la primera vez que la tragedia de Maximiliano y Carlota ocupa la imaginación de un escritor. Otro mexicano, Rodolfo Usigli, escribió su drama Corona de sombra, en 1943, basado en ese hecho histórico. Y también, como anota Del Paso, existe media docena de poemas escritos por autores europeos, y hasta una obra de teatro, Juárez y Maximiliano, escrita por un austriaco, Franz Werfel. Pero sin duda alguna, es Fernando del Paso quien somete el tema hasta sus últimas consecuencias.

La exhaustiva investigación de los personajes de la tragedia aportó un sinfín de detalles interesantes que la historia oficial jamás menciona. Algunos chuscos, quizá intrascendentes, pero que exhiben el aspecto humano de los emperadores; por ejemplo, el hecho de que la primera noche que pernoctara la pareja imperial en el castillo de Chapultepec, su cama estuviera plagada de chinches, obligando a Maximiliano a dormir sobre el único mueble libre de los insectos: una mesa de billar. Y los arrebatos de celos de Carlota, enterada de las constantes infidelidades de su marido. El éxtasis del emperador ante el descubrimiento de la maravillosa flora y fauna mexicana. Y su deseo sincero de sentirse mexicano, y de ser aceptado como tal, llegando al extremo inaudito de aparecer en público vestido de charro.

La figura de Benito Juárez que retrata Fernando del Paso es verdaderamente inolvidable. Aquí, el Benemérito de las Américas, aparece investido de un gran sentido del humor, restándose importancia en lo personal, pero siempre consciente del enorme peso de sus responsabilidades. Los diálogos con su secretario nos revelan muchos de los aspectos de su vida privada, y al mismo tiempo nos indican los posibles motivos de las acciones que se vio obligado a emprender, tales como el no perdonar la vida de Maximiliano, al caer éste preso de las fuerzas republicanas.

A la famosa Batalla de Puebla, ocurrida el 5 de mayo de 1862, donde el invicto ejército francés sufriera tremenda derrota, asestada por las tropas del general Ignacio Zaragoza, se le ha concedido —a juicio de Del Paso— valor excesivo. Durante el curso de sus investigaciones, cayó en sus manos el diario del coronel Francisco Troncoso, referente al otro sitio de Puebla, ocurrido un año después, en 1863. En una entrevista publicada en La Jornada, en octubre de 1993, Del Paso contaba al periodista Martín Solares: “Vi que era necesario que el pueblo se diera cuenta de que la verdadera lucha heroica de los mexicanos no fue el 5 de Mayo, sino los 62 días del sitio de Puebla (del 17 de marzo al 19 de mayo de 1863) que, como digo ahí, a final de cuentas la ciudad tuvo que ser tomada colonia por colonia, manzana por manzana, calle por calle, casa por casa y, a veces, cuarto por cuarto”.

Desmitificar algunos pasajes de la historia no significa de ninguna manera atentar contra los valores nacionales, como podrían pensar algunos puristas despistados. Es saludable crear el debate en torno a figuras y hechos históricos. Y Del Paso lo logra de una manera efectiva e inteligente. En toda su obra narrativa, en sus dos novelas anteriores (José Trigo, 1966, y Palinuro de México, 1977) y en la que hoy nos ocupa, aparece como constante su análisis de las sociedades, su radiografía implacable del poder.

En Noticias del Imperio, Fernando del Paso examina las verdaderas motivaciones de los franceses, que justificaban la invasión del territorio mexicano con el pretexto de “salvarlo” de la nefasta influencia anglosajona, apelando a su “latinidad”. Tal es el origen del nombre que América Latina ostenta hasta la fecha. También cabe destacar que, dentro de esta voluminosa novela (670 páginas en esta edición), aparecen insertados algunos magistrales relatos que muy bien pudieran leerse independientemente, sin perder sustancia ni originalidad. Tal es el caso, por ejemplo, del regocijante capítulo “Seducciones: ¿Ni con mil Avemarías?”

Pero es la voz adolorida de Carlota la que imprime el verdadero carácter de la obra. Es su locura, provocada por el derrumbe del imperio, y las palabras finales de Maximiliano, antes de morir fusilado en el Cerro de las Campanas, lo que nos conmueve.

“Sentémonos a contar tristes historias de muertes de reyes”, reza el estribillo shakespeariano. Sentémonos pues, y escuchemos el delirio sin fin de la última emperatriz de México:

“Yo tengo alas de ángel; me crecieron anoche mientras soñaba contigo, mientras te imaginaba. Porque yo no soy nada si no invento mis recuerdos. Porque tú no serás nadie, Maximiliano, si no te inventan mis sueños… El otro día vino el mensajero disfrazado de Benito Juárez y tenía, entre las manos, la tapa de un cráneo que rebosaba de sangre. Era la sangre, me dijo, de todos los mexicanos que habían muerto durante la Intervención y el Imperio”.

 

Publicado en el semanario ¡Éxito! en su edición del 5 de mayo de 1994

Humberto Gamboa. Nació en Durango, en la navidad de 1954, en un pueblito llamado La Purísima, localizado a 50 kilómetros de Santiago Papasquiaro, la cuna de los Revueltas. La primera vez que oí de esa familia debe haber sido en 1962, durante una de mis frecuentes vistas a Santiago, donde mi hermano Fidel estudiaba su secundaria. Caminando un día por esas calles con mi madre, descubrí, incrustada en la pared de una casa que lucía pobre y abandonada, una vieja plaquita donde aún podía leerse: “Aquí nacieron los Revueltas, orgullo de México y del Mundo”. En agosto de 1968, cuando me fui a estudiar a la Ciudad de Durango fue cuando realmente caí en cuenta de la enorme importancia de José Revueltas. El Movimiento Estudiantil había llegado a la provincia y Durango estaba, como el resto del país, convulsionado. Su nombre estaba en boca de los manifestantes y en los diarios. Después de Tlatelolco, muchos jóvenes comenzamos a leer con fervor a José Revueltas. Durante 33 años, Gamboa fue librero (6 en la librería Europa y 27 en Tres Américas) y, al mismo tiempo, durante 10 años se dedicó a escribir reseñas de libros y entrevistas en la revista Tres Américas y en el semanario ¡Éxito!

 

Siegfrido en el Lyric Opera de Chicago

Siegfried en el Lyric Opera de Chicago. Foto: cortesía

Siegfried es la tercera de las cuatro operas que componen la tetralogía de El Anillo de los Nibelungos de Richard Wagner, y si usted se pregunta si es la versión operática de El señor de los anillos de Tolkien (o de Peter Jackson para los que se fueron derechito a Netflix), advierto que no lo es… pero sí lo es, pues Tolkien se basó en Wagner, y Peter Jackson se basó en Tolkien y muy probablemente Game of Thrones de George R.R. Martin (via Random House o HBO) es otro de sus descendientes. Lo segundo que voy a enfatizar sobre esta gran opera es que dura cinco horas, es decir, no es para principiantes. Si usted nunca ha ido a la ópera, no comience aquí.

El primer acto comienza con Mime el nibelungo (la raza enana de la mitología germánica) y quien ha criado a Siegfried, forjando una espada para que su entenado mate al dragón que custodia “el anillo” y después deshacerse del muchacho. Mime se entera por Woltan (el rey de los dioses) que solo la hoja forjada por “el que no conoce el miedo” (el propio Siegfried) será capaz de hacerlo con los restos Nothung, la espada que pertenecía al padre del joven protagonista. El escenario es una enorme pared blanca pintarrajeada con crayola donde se observa el nombre de Siegfried, el sol, un dragón y otros motivos dibujados por una mano infantil. El travieso Siegfried regresa del bosque y aquí comienza un intercambio entre los dos tenores (Brukhard Fritz en el papel de Siegfried y Matthias Klink como Mime) donde queda patente la arrogancia del muchacho y los planes de Mime. No se qué me decepcionó más, ver a Fritz vestido exactamente igual que el Chavo del Ocho o su voz, que no podía competir con la de Klink… o será que estaba sentada muy atrás. Me pareció que no proyectaba bien, pero aun así, el primer acto es uno lleno de color y movimiento, donde entran y salen mimos con cajas de Amazon para que Siegfried arme una fragua y pueda forjar la espada que su difunto padre sacó alguna vez de una piedra (y no es Arturo, el de las leyendas inglesas, lo que me lleva a pensar que la espada en la piedra es un tema que predomina en otras mitologías).

El segundo acto comienza en el bosque, cerca de la cueva del dragón, con Woltan, en una magnífica interpretación del barítono Eric Owens y Alberitch (Samuel Youn), el creador del anillo y hermano de Mime, a quien éste último le quiere quitar el poder. Luego aparece el enorme dragón, Fafner, y Siegfried se enfrenta a él hasta que lo poncha, literalmente. Ya llevamos tres horas de opera y todavía tengo ánimo de continuar escuchando la hermosa música de Wagner y las magníficas voces del elenco, pero nunca hay más de dos actores en escena, y solo los mimos que entran y salen a iluminar el escenario le dan un movimiento. Siento un bostezo que me quiere salir por los ojos y trato de disimularlo.

El tercer acto abre con el mano a mano entre Wotan y Erda, la diosa de la tierra (la impresionante Ronnita Miller), quien aparece coronando un volcán dibujado en metros y metros de tela que los mimos mueven rítmicamente (reminiscente del paracaídas de Gymboree). Ellos son los padres de Brünhilde, la valkiria que Siegfried encuentra momentos después profundamente dormida. Es aquí donde la soprano Christine Goerke nos deleita con la potencia de su voz, pero después de una hora de “te quiero, no te quiero, soy diosa, no quiero ser humana, pero te quiero, cómo le vamos a hacer” con el no muy sexy Siegfrido… confieso que mi cabeza bamboleó. Aún así, en este tercer acto, escrito doce años después de los dos primeros, se revelan las notas wagnerianas más reconocibles. Alguien me dijo alguna vez que no le gustaba la opera porque “te hacen el cuento muy largo”, y Siegfried peca de esto, pero no hay manera de modificarlo. Wagner escribió una opera de cuatro horas (cinco con los intermedios) y cada nota es imprescindible. Siegfried es una ópera para conocedores o fanáticos de las óperas de Wagner.

 

Siegfried en Lyric Opera de Chicago hasta el 16 de noviembre a las 6:00 pm.

Carolina Herrera. Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.

 

Palabras migrantes: testimonio del espíritu en tránsito

 

El 10 de noviembre se presentó el libro Palabras migrantes en LaLuz Gallery de Pilsen, en Chicago. El compilador, José Ángel Navejas, leyó las siguientes palabras a manera de presentación.

 

Palabras migrantes es un tomo que reúne los escritos de diez autores mexicanos y mexicanas que tienen ya varias décadas viviendo en Chicago. Por lo tanto, es una obra que refleja la experiencia particular de cada uno de los autores en esta ciudad. Ahora bien, si Palabras migrantes es una manera de narrar e imaginar nuestra vida en esta urbe, es también una manera de partir. Este tomo es testimonio de un rompimiento, una señal de madurez e independencia intelectual. En el pasado, algunos de los que formamos parte del fenómeno literario en español que se ha venido dando en Chicago durante las últimas décadas nos hemos engañado. Hemos pensado que nuestra obra podría adquirir valía sólo una vez que fuera legitimada por los sacerdotes literarios de nuestros países de origen, sin darnos cuenta de que la vida y la experiencia no necesitan validación alguna. No obstante, por mejor intencionadas que fueran, las opiniones de las figuras canónicas de nuestras letras no podían dejar de ser eso: opiniones emitidas desde centros culturales y ceremoniales distantes y ajenos a una realidad que sólo a nosotros nos atañe. Eso explica, hasta cierto, punto la sensación de extrañeza que uno siente al recorrer las páginas que se escriben en lugares remotos y que disertan sobre nuestra comunidad, la comunidad que estamos construyendo en este país y, más al caso, en esta ciudad. Al adolecer de experiencia concreta, las obras que se han escrito sobre nuestra comunidad tienden a ser de naturaleza abstracta, y son en ocasiones imágenes distorsionadas, esperpénticas de lo que somos. Lo cual no es ninguna sorpresa, ya que mucho se ha dicho y escrito sobre el inmigrante mexicano, pero sólo en raras ocasiones se le ha escuchado o leído.

Yo creo, quizá ingenuamente, que la publicación de obras como Palabras migrantes marca un cambio de paradigma en la manera que el inmigrante mexicano imagina su relación con las letras y entiende su sitio en el mundo, en esta complicada encrucijada en la que nos encontramos y desde la cual nos pronunciamos. Después de todo, escribir en español en Chicago es, de cierta forma, escribir desde los márgenes de la sociedad. No obstante, es una tarea que asumimos con la convicción de que acudimos y somos parte de una importante transformación sociocultural cuyos resultados todavía no podemos prever pero que podemos ya sentir. Y, así, Palabras migrantes se ofrece como testimonio del espíritu en tránsito. La pregunta ahora es, ¿hacia dónde?

Presione el enlace para leer un adelanto de la crónica de Julio Rangel publicada en Palabras migrantes: “Red Line Blues”.

José Ángel Navejas. Llegó a Chicago en 1993, donde ha vivido desde entonces. Su libro autobiográfico Illegal: Reflections of an Undocumented Immigrant (University of Illinois, 2014), aparecerá en traducción al español en 2019. En la actualidad es candidato a doctorado en literatura latinoamericana por la Universidad de Illinois en Chicago.

Red Line Blues

Recientemente se publicó la antología Palabras Migrantes: 10 ensayistas mexican@s de Chicago. Esta colección, la primera en su clase —ciertamente en Chicago y probablemente en todo Estados Unidos— reúne a un grupo de mexican@s radicad@s ya de manera permanente y por varias décadas en una de las principales urbes estadounidenses. Como tal, representa también el esfuerzo conjunto de un grupo de autores ante una encrucijada sociopolítica. Son actores todos de un importante devenir, autores de su propia narrativa, agentes culturales en un momento de transición histórico, conscientes todos de sus circunstancias y su papel en el desarrollo y la evolución de una nueva cultura en Estados Unidos, un país donde, a pesar del hostil clima político actual, el idioma español se sigue afianzando, aunque no sin tensiones. Por lo tanto, una de las principales inquietantes que emanan de esta antología se plantea como una paradoja: ¿cómo ser mexicano y chicagoense al mismo tiempo? A manera de adelanto, El BeiSMan ofrece un fragmento de la crónica de Julio Rangel.

 

Foto del Chicago Subway de Harold Allen

El tren urbano, el metro de Chicago, es el lugar donde la gente puede coexistir al margen de su posición social, en un espacio neutro de convergencia y civilidad que evita en lo posible el contacto durante los minutos que dura el trayecto. Pero es también un termómetro social donde se materializa lo que existe como abstracción en el ciclo de noticias; donde los headlines que barremos del teléfono con el dedo índice encarnan testarudos. Donde las políticas de austeridad se visibilizan. El cierre de cinco centros de atención a la salud mental en 2015, que afectó a diez mil pacientes de bajos recursos en Chicago y la propuesta del gobernador Bruce Rauner de cortar 82 millones de dólares en programas de atención a la salud mental, los recortes en servicios sociales como albergues para la gente sin techo, el cierre de centros comunitarios de asistencia, todo eso en algún momento se hará presente en tu trayecto cotidiano.

Ves esa persona que duerme en la hilera transversal, ocupando cuatro asientos, el rostro cubierto con una lustrosa chamarra. De pie, a su alrededor, pasajeros jóvenes, yuppies que huelen a recién salidos de la ducha, miran distraídamente sus teléfonos, cumpliendo el pacto silencioso de no meterse en donde no los llaman. Ellos saben que hay una historia detrás de ese hombre, pero su mera presencia allí, durmiendo profundamente en hora pico, tiene un elemento desafiante que rebasa el impulso aparente de empatía. En ocasiones, el olor fétido que irradia un indigente crea un círculo vacío a su alrededor que aglutina a los pasajeros en la otra mitad del vagón.

 

 

El tren de Chicago es un espacio público, pero no es obviamente el ágora, ese lugar donde el pueblo debate asuntos sociales. Los cuerpos han sido reunidos por un flujo aleatorio de asuntos o por la agenda fija del trayecto diario. El tiempo y el espacio que dichos cuerpos comparten es un trámite requerido, un enlace entre los puntos A y B, un paréntesis forzoso que habrá de ser llenado con el impulso de la productividad (laptops desplegadas, libros de texto abiertos, las llamadas de negocios que ocasionalmente se imponen por sobre los amortiguados patrones rítmicos que escapan de los audífonos) o con el gratificante aturdimiento del ocio (los juegos en el teléfono, la mirada distraída a los periódicos).

Este es un ejemplo de lo que Marc Augé llama los ‘No lugares’, espacios transitorios marcados con un propósito utilitario, pero sin valor significativo.

Pero, a pesar de esos pactos de civilidad que lo convierten en un lugar de todos y de nadie, el transporte público es también un espacio de confrontación, donde un inesperado intruso perforará la burbuja protectora de tus audífonos o el monitor de tu laptop con el recordatorio de la precariedad, allí está la mendicidad que increpa tu privilegio con dramatismo o que susurra en una letanía sus carencias.

Es también el territorio del predicador, la persona que decide que este es el lugar perfecto para propagar el evangelio, dado que el público está indefenso y cautivo. Y por supuesto, necesitado de salvación.

 

 

Por la línea naranja hacia el sureste, bajo en Kedzie y avanzo hacia el sur por los bordes difusos entre Gage Park y Back of the Yards. Caminar por la retícula interminable de casas o andar por Kedzie, en ese tramo polvoso y congestionado bordeado de comercios, es la disyuntiva.

La mañana soleada se antoja tranquila entre las casas; gente mayor asoma cada tanto, algunos saludan. Es esa calma de los vecindarios durante el horario laboral, cuando sus moradores han salido a alimentar el dínamo del comercio cotidiano, a ofrecer sus servicios, a vender sus destrezas. El contraste al volver a la avenida es drástico: taquerías, talleres mecánicos, franquicias de comida rápida.

Fue precisamente el desarrollo de los ferrocarriles en la segunda mitad del siglo XIX y el perfeccionamiento del vagón frigorífico lo que llevó al florecimiento de las plantas procesadoras de carne en esta zona. A finales del siglo XIX y principios del XX el vecindario estaba habitado por diestros carniceros, pero más que un paraíso industrial, el periodo quedó fijado como una estampa dantesca: la imagen que Upton Sinclair creó en su novela The Jungle, que denunciaba las formas inhumanas de explotación a que eran sometidos los obreros. La ciudad era entonces un semillero de activismo socialista y anarquista que veía en Chicago un terreno promisorio de utopías. Primero habitado por alemanes e irlandeses, posteriormente por checos, eslovacos, lituanos, hoy son mayormente mexicanos quienes pueblan el barrio.

La situación en 2017 no se ve ideal tampoco para los trabajadores. Martín Atilano ha vivido en el área desde que llegó a la ciudad en 1987, procedente de su natal San Juan de los Lagos, Jalisco. Hoy trabaja como director de educación religiosa en la parroquia de San Gall, un populoso centro de convergencia comunitaria en el sureste de Chicago. Hace treinta años que llegó al vecindario, sus hijas nacieron aquí, conoce las dramáticas transformaciones de este barrio obrero.

—Aquí tenemos cerca la Nabisco, que de 1,200 empleos se deshizo de 600 para llevarlos a México, y pagar más barato sin ofrecer beneficios.

Menciona también la planta de pollos Tyson, en la esquina de avenida 43 y Ashland, en Las Empacadoras. Dice que allí se perdieron posiblemente más de cuatrocientos trabajos.

—Si sumas eso estamos hablando de mil familias de la comunidad que se quedaron sin empleo en los últimos dos años.

La conversación con Atilano fue sostenida en 2016, ocho años después de la crisis hipotecaria en Estados Unidos que repercutió en los mercados financieros de todo el mundo.

—Este es el barrio de todo el Medio Oeste donde más se sufrió. En los mapas se señalaba con un punto rojo las casas que se perdieron, y esta área se veía todo rojo.

Aunque el territorio del suroeste de la ciudad parece vasto y sobrepoblado, Atilano sabe de familias que se han ido a Texas, a Colorado, a la Florida a buscar trabajo.

—La comunidad tiene que organizarse para dar respuesta a los problemas de desempleo, de falta de vivienda.

Yo vuelvo a remontar las calles de regreso a la línea naranja. El tramo de Kedzie, bordeado por un strip mall al oeste y los amplios espacios de carga de Central Steel and Wire, la distribuidora de acero al este, enmarca la perspectiva que corta perpendicular el puente del tren. Como un fantasma deslavado viene a mi memoria la consigna aquella que profiere un activista obrero al final de The Jungle: “Chicago will be ours!” La frase desaparece como un eco melancólico entre los camiones de carga.

Presione el enlace para leer la presentación de José Ángel Navejas: “Palabras Migrantes: testimonio del espíritu en tránsito”.

Julio Rangel. Escritor mexicano residente en Chicago. Fue incluido en La densidad del aire, antología de cinco poetas publicada por la UNAM en su colección El ala del tigre. Publicó el ensayo “El arte objeto de Marcos Raya” en el libro Marcos Raya, y el ensayo “Certezas e intuiciones” en el libro René Arceo: Between the Intuitive and the Rational. Es cofundador de la revista contratiempo en Chicago.

Poemas de Alma Cervantes

Pintura de Lino Lago

Verdad vertiginosa 

—¿Quieres la verdad?
Me voy a enamorar de ti,
Te dije.
Y tú no supiste la hecatombe
que se te avecinaba.
No tendrás paz
en la oscuridad,
porque no apagaré
las luces,
seré esa voz que empuñará
el bolígrafo
y te lo lanzaré a los ojos
para que veas,
me veas…

 

 

Ave palpitante

Me gustaba ponerte dentro de mí,
Parecías un pájaro aleteando
palpitando, asfixiándote.

Entre mis manos, entre mis piernas,
cerca de mi boca, ahogándote
en mi saliva, en mi poesía.

Ave rígida que quiere volar,
tan bullicioso sobre mí,
niño investigando dentro,
creciéndome dentro,
olor antiguo mío.

Me gustaba ensalivarte y guardarte
un rato en mi corazón aburrido
y después tirarte como quien tira
una goma de mascar ya sin sabor.

 

 

Agonía

A veces el sexo de los
hombres es un racimo
de uvas dulces,
me endulza
para no ser piedra
que rueda
golpeando todo,
para seguir amando
la palabra y la gestión
de la carne…

A veces la luna es una
agonía en mayúsculas
que no sana,
una burla,
el ano dilatado
de un dios luminiscente
cagándose sobre mí,
ensuciándolo todo
con su resplandor
que duele.

A veces llorar ya no
es una buena alternativa.

A veces la palabra
no mata,
machaca la herida,
enceguece,
crea acuerdos difíciles
de realizar,
se levanta la poesía
en un altillo,
pájaro que escupe
conciencias,
serpiente que muerde
la teta cerca al corazón,
pero no mata,
nos crea una soga en el cuello
pero nadie se anima
a patear la silla
para quedar pendiendo,
como badajo de campana
en domingo,
se vuelve inútil la palabra
entonces…

A veces, solo a veces
hay que simular
que uno no existe,
acercarse a la tierra
tumbarse en ella,
hacerse el muerto,
y esperar nacer
nuevamente.

Alma Cervantes. Escritora, promotora y provocadora textual… Ha participado en diversas actividades culturales y tiene un par de libros inéditos.

Luis Leal: Memories of Chicago IV

Marc Zimmerman and Mario T. García

Opening Note:

What follows is Part IV of Marc Zimmerman’s extended interview with Luis Leal, an iconic pioneer of Mexican and Chicano literature, and longtime Chicago resident. The earlier installments have appeared in previous issues of El BeiSMan; and the entire interview, re-edited, appears as a key text in Zimmerman’s new edited volume, The Mexican Experience in Chicago: Early Memories and Echoes in Our Time (Chicago: LACASA 2018), a volume plotting the history of Mexican Chicago and the development of Chicago Mexican and Latino studies through the research findings of Zimmerman’s students during his last years in the Latin American and Latino Studies Program at the University of Illinois at Chicago. Essays about Chicago Latinos and Mexicans set the stage for the Leal interview evoking the city’s Mexican life from the 1920s through the 1950s. Next comes a compilation of comments made by and about early Chicago Mexicans as found in the first studies of this population. A final essay shows how the study of Chicago Mexicans from Guanajuato, can offer new insights affecting our overall view of Chicago’s Mexican population. Taken together, these materials, sum up and enrich earlier studies, but also anticipate, corroborate and at times challenge Chicago Latino research that has been bourgeoning in recent years. In this installment, Leal sets forth important information about early Chicago Mexican creative writing and literary outlets in the 1950s.

The launching of The Mexican Experience in Chicago will be the occasion for a panel discussion and book signing sponsored by El BeiSMan, Pilsen Outpost and LACASA Chicago on Chicago Mexican History: What’s Been and What’s to be Done, chaired by historian Juan Mora-Torres and with other writers on Mexican Chicago, Xochitl Bada, Carlos Heredia, Nicole Marroquín and Leonard Ramírez, to be held Saturday December 15, 2:15-4:45 at the Lozano Branch, Chicago Public Library, 1805 South Loomis Street, Chicago, IL 60608. Zimmerman’s book is available at the Community Bookstore on 18th Street and through Amazon.com.

Art: William L. Ortiz. Linocut—black and white, but here reproduced black on orange, as in the cover of Jones and Wilson, The Mexican in Chicago 1931, when the image was published for the first time.

Section IV

Early Chicago Mexican and Latino Publications and Writers

MZ: Don Luis, let’s review your participation in Chicago publications before and after the war, as well as your knowledge about some of the early Chicago Mexican writers and writings.

LL: Well, in Chicago, I wrote and edited work for several publications. First there was A.B.C., major weekly newspaper was owned by Armando Almonte, in which I published works on Mexican culture in the 40s.

I also collaborated some with La Revista Rotaria, the Spanish edition of the Rotarians’ magazine (but with its own independent Latin American content, including some Chicago materials) which was published in Chicago by another Mexicano Manuel Hinojosa Flores, who distributed his journal throughout all of Spanish America from his office on Michigan Avenue. And then there was Nueva Séptima Página, where some literary work appeared. And then came Vida Latina, a magazine that was published until the end of the 1950s, which included a few literary pieces, but lots of advertisements, announcements, photographs, and news.

MZ: Even before WWII, in any of these or other publication you can remember before 1950, do you recall seeing any literary work written by mexicanos or Latinos in Chicago?

LL: Yes, there were a few who wrote and published their work in A.B.C. and elsewhere. I can remember one of them—a Señor Miguel Uribe, who wrote poems and stories in Chicago, in the 1940s and 50s. He published a lot, but few people noticed. I found his work by chance, took an interest and helped him publish some of his things. I met him a few times. And from what I remember, he didn’t speak any English. He was Mexican, but I don’t remember where he was from. What I do remember is that he often published pure sonnets, but he seemed best in satirical things. He had not read Octavio Paz, but he drew on another, older tradition behind him. Some of his works were parodies of classic Mexican poems, like Sor Juana’s “Hombres necios”.

MZ: But you helped him publish some of his work?

LL: Yes… Here (he points to a poem from Nueva Séptima Página that he has on his table—the transcription is illegible). I think this is a funny poem about “un maestro de la escuela mexicana”.

MZ (looking at the text): Hmm, is this a poem about a teacher in Mexico, or one who teaches according to, maybe, something he considers to be the Mexican school of teaching …?

LL: To me it’s clear that it’s about somebody teaching á la mexicana but in Chicago…

MZ: Teaching the Boricuas Mexican Spanish!

LL: Yes, and teaching in parrot-like style that the poet mocks.

MZ: So it’s clear that it’s a poem written in and about Chicago—and it’s by the first Mexican creative writer we now know about in the city!

MG: And the title—

LL: It’s called Audacias. “Audacities”—and he published some other things too. And this was at a time when there were no specifically Latino literary journals, few outlets for the few who tried to write.

MZ: And this poem was written and published before there were many Puerto Ricans in the city.

LL: Yes….

MZ: And you also published some other things by Uribe in Vida Latina

LL: Yes.

MZ: Can you remember any other writers who published in A.B.C. or other publications?

LL: I think there were. Let me see if I find another poem (He looks through an assortment of materials he has placed on the table). Look, look here! It’s another very long piece–look! A love story by Agustín Medina.

MZ: (reading/translating what Leal hands him): “I want to say goodbye to poetry, I want to erase all I have said if you are saying goodbye.”

LL: So there may be a whole body Chicago Mexican and Latino literature that still needs to be catalogued and studied. If we were younger, we could get Nick Kanellos’ list of Chicago Latino newspapers, magazines and the like and then go through the collections at the Chicago Historical Society or maybe even the Newberry Library.

MZ: Yes, that was a project I had on my “to do” list, and I even secured some modest funding from Kanellos for Carlos Cumpián when he was a student and had access to Antonio Delgado’s collection of Vida Latina issues. But Carlos found mainly poems and short pieces that were written in Latin America and then published in the magazine.

LL: Yes there was a lot of that, because our Vida Latina was a magazine focused on Chicago Latino life, but it wasn’t a literary or cultural journal like Ventana Abierta at UCSB, which I still co-edit. I seem to remember us publishing some poems by Chicagoans, but I can’t remember, and I don’t have access to Vida Latina here.

MZ. I have read several numbers of the magazine, and find it pretty revealing about the way you and others involved imagined the community you were trying to deal with.

LL: Vida Latina was published by Arturo Barbas Madero who owned the International Publishing Company Press on West Roosevelt Road, where they printed the magazine with the first issue appearing on February 1st, 1952. The general editor was Olimpo Galindo a medical doctor. …

MG: A Latino doctor in those early days…

LL: Yes, at least by the late 1940s, there were at least some Mexican and Latino doctors in the community, though most or all probably came already professionalized at least in part from Latin America…

MZ: And Dr. Luis Leal was the associate editor…

LL: Claro but not a medical doctor—not a physician.

MG: Dr. Galindo probably thought listing you as a doctor gave the magazine some added clout.

LL: Yes, but my first byline indicated my community affiliation and not “Professor Luis Leal”–to an article on “The Contributions of the Mexican People to American Culture.”

MG: Meaning U.S. culture…

LL: Yes, the United States

MZ: And where could one buy this magazine–in stores?

LL: It sold a lot on Halsted–on the street corners, where they sold newspapers. There were also grocery stores where they sold copies. Here (he turns to a photo in the Vida Latina’s first issue). Here is the Consul and here is Jaime Torres Bodet, the director of UNESCO at a party we had for him in West Chicago. … Once I got involved with Vida Latina, my own projects became more directly cultural than political as I sought to help make the magazine a vehicle for all Latino social sectors, helping to forge a multi-layered community that could then take on all kinds of agendas. And that meant that we needed a popular journal that would advertise community dances, plays, concerts and all kinds of events—even weddings, quinceañeras, whatever….

MZ: Look, “Men needed to work in Factory.”

MG (reading): “Permanent job. No experience needed. Tanning company.”

LL: For Mexicans ‘tanning’ is dangerous, difficult, and ugly work. With the laundry next to the packing houses they had the tanning houses, the acid tanning houses were among the worst jobs the Mexicans got.

MG: These advertisements are historical gems! The same for all these announcements about community dances, quinceañeras, weddings–all those events…

MZ: Yes, it certainly gives us a sense of Latino life and is clearly a valuable document for studying the period, maybe more so than other magazines I can think of. But I sense that its greatest weakness is just where you would have your greatest impact during your career—the question of literature.

LL: This is true, but remember that Vida Latina had much in English, and the fact is I devoted myself to Mexican and Latin American literature in Spanish at the University. My interest in Chicano literature came later.

MG: Well I think it’s time to talk about Chicano literature…especially from Chicago.

Marc Zimmerman has authored and edited some 30 books, including Lines on the Border and The Italian Daze (2017), and The Short of it All (forthcoming in 2018).  He is a regular contributor to El BeiSMan.

Mario T. García is a major Chicano historian, with important books tracing the key generational stages of Chicano and Latino history as well as countless books of Chicano oral history,  One of his recent books, Literature as History (U. of Arizona Press 2017), opens the door to a rich, interdisciplinary approach to Chicano and Latino studies.

Samir Amin: cambiando la geografía de la razón

Samir Amin

 

Lewis R. Gordon

Traducido por Alejandro de Oto

 

Samir Amin fue ganador de este año del Premio “Frantz Fanon Lifetime Achievement” de la Asociación Filosófica del Caribe. La ceremonia en la que recibió su placa se llevó a cabo en la Universidad Cheikh Anta Diop en Dakar, Senegal, en junio.

Al recibir su premio, Amin ofreció una emocionante reflexión sobre los desafíos políticos globales de hoy con un recordatorio de que la revolución no es un evento logrado de la noche a la mañana. Requiere una lucha comprometida a largo plazo.

Era apropiado que Amin fuera honrado de esta manera en una universidad que lleva el nombre de uno de los grandes revolucionarios africanos del siglo XX. También fue conmovedor porque a pesar de ser un africano de ascendencia egipcia y francesa, su corazón también se encontraba en Senegal, donde dedicó buena parte de su vida al Foro del Tercer Mundo que cofundó allí.

Que el lema de la Asociación Filosófica del Caribe sea “Cambiando la geografía de la razón” es también un testimonio de la influencia de Amir.

Su crítica del eurocentrismo inspiró a muchos intelectuales en todo el Sur Global. La Asociación Filosófica del Caribe no fue fundada como un espejo de las prácticas intelectuales en el Norte Imperial. Sus objetivos no fueron sólo valorar las ideas del Sur Global, o el lado de abajo de cierta euromodernidad, sino también para estimar el hecho de ser valorado por ese mundo.

Samir Amin estimaba ser valorado por un mundo cuyos objetivos trascendían la euromodernidad. Compartió el escenario esa noche con el famoso filósofo senegalés Souleymane Bachir Diagne, el economista y músico senegalés Felwine Sarr y el novelista y ensayista brasileño Conceição Evaristo.

No había forma de que ninguno de nosotros supiera que estábamos compartiendo un momento preciado en el último mes y medio de la vida de este gran intelectual. Samir Amin falleció el 12 de agosto, para consternación de tantos en todo el mundo.

Muchos obituarios se refieren a él como egipcio y marxista, pero como vimos en nuestro breve tiempo con él, también era un africano cuyas casas eran Egipto, Francia y Senegal, y, como intelectual, el mundo. Él era muy querido.

En su presentación de la conferencia de la Asociación Filosófica del Caribe “Samir Amin y el Futuro de la Filosofía del Caribe”, el sociólogo, filósofo y economista político de Antigua, Paget Henry, expresó, en nombre de todos nosotros, su aprecio por el trabajo pionero de Amin sobre la importancia del Tercer Mundo, ahora el Sur Global, los pueblos que se hacen cargo del camino de la historia.

La necesidad histórica no debe ser, como el filósofo alemán G.W.F. Hegel y muchos pensadores eurocéntricos confesaron, europea.

Amin entendió, en una larga tradición de pensadores africanos, la centralidad de lo contingente y lo incierto.

A diferencia de otros pensadores orientados al marxismo, muchos de los cuales esperaban una dialéctica de desarrollo lineal de los acontecimientos mundiales, Amin entendió, en una larga tradición de pensadores africanos, la centralidad de lo contingente y lo incierto.

No se pronostica que la única forma de transformar el futuro y producir condiciones de libertad es convertirse en personas de color con máscaras blancas.

La articulación de Amin de la dinámica de la dependencia, no solo en los arreglos económicos del colonialismo y el neocolonialismo, sino también en sus fundamentos culturales fue nada menos que una demanda para que las generaciones futuras construyan alternativas creativas para un futuro viable.

La placa que Amin recibió extendió esta observación de la siguiente manera:

L’ASSOCIATION CARIBÉENNE DE PHILOSOPHIE

décerne le 2018 Frantz Fanon Lifetime Achievement Award

à

SAMIR AMIN

pour votre excellent travail en économie politique

et en théorie pour être un chercheur de premier plan mondial, un constructeur d’institutions et un penseur radical engagé envers la dignité humaine, la liberté et la transformation révolutionnaire du savoir

En español: “A Samir Amin por su excelente trabajo en teoría política y economía política como investigador líder en el mundo, creador institucional y pensador radical comprometido con la dignidad humana, la libertad y la transformación revolucionaria del conocimiento”.

Samir Amin nació el 3 de septiembre de 1931 en El Cairo, Egipto. Sus padres eran médicos que, sin duda, le inculcaron un compromiso inquebrantable para sanar el mundo o, al menos, facilitar uno más sano.

Continuó su formación de posgrado en ciencias políticas, estadística y economía en París, Francia. Fue un militante a lo largo de sus años de estudio, durante los cuales se convirtió en miembro del Partido Comunista Francés.

Inauguró una influyente línea de estudios críticos del “subdesarrollo”.

Su tesis doctoral, con elementos que más tarde expandió y desarrolló, inauguró una influyente línea de estudios críticos del “subdesarrollo”, en la que se unieron posteriormente luminarias como Almícar Cabral, Frantz Fanon, Sekou Touré, Steve Bantu Biko, Walter Rodney, Thomas Sanakara, Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Sylvia Wynter y Angela Y. Davis. La gente no es subdesarrollada, todos están de acuerdo; se ve forzada a aparecer así.

A pesar de lograr su doctorado en economía en 1957, Amin no tomó al principio la ruta académica. Trabajó como investigador y asesor económico en Egipto y Mali antes de enseñar en Senegal y Francia desde 1963 hasta 1970, cuando se convirtió en el director del Instituto Africano de Desarrollo Económico y de Planificación en Dakar, Senegal, cargo que ocupó hasta 1980 cuando se convirtió en Director del Foro del Tercer Mundo en la misma ciudad.

Las contribuciones de Amin son sobre todo sus ideas. Sus libros y artículos son demasiado numerosos para mencionarlos en esta breve conmemoración. Las bibliografías de sus escritos están disponibles en varios sitios web, incluidos los Foros del Tercer Mundo. En su tributo, Vijay Prashad declara acertadamente:

En su libro más importante, La Acumulación a Escala Mundial: Crítica de la Teoría del Subdesarrollo (1974), que lo impulsó a la vanguardia de la teoría de la dependencia, Amin mostró cómo fluían los recursos de los países de la periferia para enriquecer a los países del núcleo a través de un proceso que llamó “renta imperialista”.

Muchas de las personas que usan el término “eurocentrismo” hoy en día no saben que fue acuñado por Amin en su libro que lleva ese nombre: L’eurocentrisme (1988).

En ese trabajo se centró en el capitalismo como un sistema cultural en lugar de un conjunto de expectativas algorítmicas basadas en el beneficio y la eficiencia, tal como lo propusieron sus defensores en microeconomía.

Hoy el término se usa a menudo sin una comprensión de las condiciones materiales del capital cultural, que revela la importancia continua de leer y volver a leer el pensamiento de Amin sobre el tema.

Que la expresión se despliegue en todo el mundo es un testimonio de lo que elucida y la presciencia de la visión de Amin.

Jeremy Glick, miembro del Comité de Premios de la Asociación Filosófica del Caribe, dijo esto, que se incluyó en la carta que Amin recibió el 1 de enero de 2018:

Samir Amin es para mí una figura como Gramsci o Fanon o The Beatles, alguien de quien he estado aprendiendo toda mi vida. De hecho, no puedo imaginar mi vida intelectual y política sin las intervenciones de Amin.

Muchos estarán de acuerdo. La ex presidenta de la Asociación Filosófica del Caribe Jane Anna Gordon y yo nos reunimos con Samir en su oficina en el centro de Dakar el pasado mes de junio justo antes de la conferencia en la que se lo honraba.

La oficina estaba debajo de su departamento en el Tercer Foro Mundial. Pasamos una tarde maravillosa discutiendo sus recuerdos de conversaciones y colaboraciones con grandes revolucionarios a quienes todos admirábamos, como Cabral, Fanon y Touré, cada uno de los cuales conoció personalmente, y luego pasamos a la situación global contemporánea.

Samir comentó sobre la situación contemporánea de las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, los desafíos a la Unión Europea y la complejidad de lo que China está haciendo como líder mundial en este momento negativo de renovación de la acumulación primitiva. Hablamos sobre la anemia de muchos grupos izquierdistas nacidos de su alergia al poder.

Reflexionamos sobre el impacto de la posmodernidad en la vida política contemporánea, donde incluso hay fascistas posmodernos que reivindican el antiesencialismo y se unen en contra de su supuesta victimización.

Nos burlábamos de la tontería de enfrentarnos a la clase, el género y la raza, en lugar de pensar, como lo hizo Thomas Sankara, en su interconexión y múltiples formas de producción bajo el capitalismo global. Y hablamos sobre la importancia de entender la libertad y el florecimiento de la vida como objetivos políticos.

A Jane y a mí nos conmovió el regalo de un momento íntimo con un intelectual que simplemente es quien es y dice lo que piensa. Aunque hay muchos estudios y retratos que se han escrito sobre Samir Amin, y sin duda habrá muchos más por venir, lo que presenciamos fue una pasión central por la dignidad y el respeto a la vida marcada por la madurez y el coraje.

La Asociación Filosófica del Caribe y la Sociedad Filosófica de Senegal organizaron una celebración maravillosa después de que Samir y otros recibieron su premio.

La banda senegalesa Nakodjé cantó y tocó música en movimiento con una variedad de instrumentos tradicionales que atrajeron a todos a la pista de baile.

Se formó un círculo en el que saltaron muchos, incluidos Bachir y Conceição, para expresar su alegría y presentar su caso, en la danza, para la celebración continua de la vida.

Entre ellos estaba Samir, cuyo rostro revelaba la alegría y la luz de un corazón abrumado.

Aunque muchos de nosotros continuaremos leyendo sus palabras, aquellos de nosotros que tuvimos la buena fortuna de estar allí esa noche lo recordaremos en ese momento de una metáfora perfecta acerca de todo, que es la danza de la vida con la humildad y el compromiso con una causa que es mayor que nosotros y que siempre vale la pena luchar por ella.

 

Este breve video, ofrecido aquí con el permiso de Mireille Mendes-France, quien realizó la grabación, habla por sí mismo:

Este artículo se publica con la autorización de su autor.

Lewis Ricardo Gordon is Chairperson of the Awards Committee of the Caribbean Philosophical Association. He is Professor of Philosophy and Africana Studies, with affiliations in Caribbean, Latina/o, and Latin American Studies and Judaic Studies at the University of Connecticut at Storrs; Europhilosophy Visiting Professor at Toulouse University, France; and Nelson Mandela Visiting Professor of Political and International Studies at Rhodes University, South Africa. He is the founding President of the Caribbean Philosophical Association (2003–2008).

La rapsodia ochentera de Queen

Bohemian Rhapsody de Bryan Singer

Rapsodia Bohemia es precisamente eso, una composición sin mucha estructura que expresa un gran rango de sentimientos, sobre todo para los que crecimos con la música de Queen. El director tuvo dos grandes aciertos. El primero fue abrir y cerrar la película en el día del concierto Live Aid, el 13 de Julio de 1985. Se me enchinó la piel, pues yo recuerdo bien ese día. Mi hermana y yo nos despertamos más temprano que de costumbre para poder ver a decenas de estrellas del rock unidas en un esfuerzo de recaudación de fondos para combatir el hambre en África, y me mantuve ahí, esperando a que Phil Collins volara del estadio de Wembley en Londres, al de JFK en Filadelfia y ser el único artista en tocar en los dos estadios. Pasé no menos de 14 horas pegada al televisor.

El segundo fue el casting de cada uno de los miembros de la banda, empezando por el petite Rami Malek en el papel de Freddie Mercury. Malek, en una actuación que seguramente le valdrá una nominación al Golden Globe, se transforma en Mercury y es justo en el plano secuencia de la caminata hacia el escenario de Live Aid, mostrándolo de espaldas, donde vemos la reencarnación total del adorado y malogrado artista. El parecido de los otros tres actores, Gwylim Lee como Brian May, el baby face Ben Hardy como Roger Taylor, y Joseph Maziello como John Deacon, es impresionante. Aplaudo al genio que se le ocurrió ofrecerle a Mike Myers el papel de Ray Foster, el productor que les dijo que Bohemian Rhapsody no iba a pegar. El que entendió, entendió y el que no, no.

Lo único que aprendí de la película fue que, si no hubiera pegado la banda, Taylor sería dentista y May astrofísico. Estos muchachitos tenían un Plan B por si la tocada no funcionaba… y funcionó gracias a Freddie Mercury. Fuera de eso, la historia es bastante conocida y el guión no contiene muchas desviaciones, aunque el orden cronológico de sus éxitos no es completamente correcto. La verdad es que no me importó, pues me la pasé bailando en mi asiento de principio a fin sin importarme lo que pensara la rígida señora sentada a mi izquierda, y tampoco me importa que la voz de Malek (mezclada con la de Marc Martel para alcanzar el rango vocal de Mercury) no sea igualita a la de Mercury (para eso hay miles de videos de él en YouTube).

Queen fue una banda bien avenida hasta que Freddie se dejó llevar por su estilo de vida y fue precisamente eso lo que lo llevó a la muerte durante la crisis del SIDA de la década de 1980. Los otros tres, hombres de familia, nunca le hicieron segunda saliendo del concierto, pero lo que sí es cierto es que para Freddie su banda era su familia, y como toda familia disfuncional, acabó peleándose con ella. No fue sino hasta que le llegó el rumor de Live Aid, que el hijo pródigo regresó para dar el performance de su vida. Freddie Mercury murió seis años después y la banda se desbandó (valga la redundancia). John Deacon se retiró y jamás ha vuelto a tocar en público. Brian May y Roger Taylor continúan tocando los éxitos que los llevaron a la fama, pero sin Mercury, nada ha sido igual.

Una película palomera que los ochenteros de corazón disfrutarán al máximo (mi hermana reportó llanto incontenible), pero también para todas las generaciones siguientes que han crecido escuchando We Are The Champions y We Will Rock You en los estadios sin tener idea de quien las parió (y mucho menos cómo). Yo me quedo con Killer Queen…dynamite in a laser beam… aunque muchas veces, como le espeta Ray Foster a Mercury después de escuchar Bohemian Rhapsody, ¡no entiendo que carajos está tratando de decir!

Queen

Carolina Herrera.Su primera novela, #Mujer que piensa (El BeiSMan PrESs, 2016), recibió primer lugar en la categoría Mejor Primer Libro-Novela del International Latino Book Award. Es parte de Ni Bárbaras, ni Malinches: antología de escritoras latinoamericanas en Estados Unidos (Ars Comunis Editorial, 2017). Su historia forma parte del volumen IV de la serie Today’s Inspired Latina, Life Stories of Success in the Face of Adversity (2018). Es miembro del consejo editorial de El BeiSMan y contribuye a la revista con regularidad. Oradora TEDx. Vive en Naperville, Illinois.