Cantar a los narcos

Amaruc Lucas Hernández Publicado 2015-08-01 08:21:07

 

Cantar a los narcos. Voces y versos del narcocorrido, Juan Carlos Ramírez-Pimienta,
México, Editorial Planeta Mexicana, 2011, 247páginas, $16.04, ISBN-10: 6070707206, ISBN-13: 978-6070707209

 

El tema de los corridos y de los narcocorridos en México es una clara expresión musical que representan a un sector de la población mexicana y que sin duda alguna refleja el gran problema por el que atraviesa nuestro país: el narcotráfico. Por su popularidad, expansión, relevancia y presencia en todos los estados de la República Mexicana ha despertado el interés de muchos investigadores de diversas disciplinas de las ciencias sociales y humanidades como la historia, la etnomusicología, la antropología y la literatura. Entre estos últimos se encuentra el Dr. Juan Carlos Ramírez Pimienta, con su más reciente producto de investigación del que ahora tenemos el gusto de reseñar.

El libro consta de un prólogo, que tituló En busca del primer narcocorrido que es el acercamiento preciso y el porqué del texto posterior, que divide para su estudio en seis capítulos, en donde hace una investigación exhaustiva de cada uno de los corridos que alude, desde documental, hasta entrevistas con algunos de los personajes que el texto contiene, ya fuera hechas por él o por referencia de otros; es interesante la manera en que el trabajo está conformado, considerando que el autor se ha desarrollado de manera profesional mayormente en el país vecino, aunque con tópicos de la cultura mexicana.

El primer capítulo titulado Contrabando y leyenda es donde marca la primera etapa de los narcocorridos. Comienza el recorrido con la época de Porfirio Díaz (1876-1911) y el corrido de Mariano Reséndez, traficante de textiles y otros productos de Estados Unidos a México, como el primer sujeto de corridos compuestos en su honor y que vacilaban entre el vecino país y nuestra nación; reconocido como el corrido de Reséndez.

Explica el corrido de la muerte de Reséndez y el de su ejecución, así como otros: El golpe del año, El avión escondido, Metlatónoc, Nacotráfico fustiga, Décimo informe, Esclavos de los cárteles, Piden Amnistía, Dramática la violencia. Se consideraba una temática de bandidos sociales, apoyados por el pueblo.

Posteriormente pero en la misma línea de la captura y muerte del contrabandista, presenta otro corrido, ahora dedicado al que ejecutó a Reséndez, el coronel Nieves Hernández, titulado, igual Nieves Hernández de un autor no precisado. A diferencia del corrido anterior, éste se presume como un “encargo” de los nietos, por ende se muestra una figura positiva, aunque dice que no tiene forma de probarlo.

Ya entrado el siglo XX, el contrabando se mantiene hacia México y continúa la “producción” de corridos, aunque aquí marca que ya existe el contrabando de sur a norte. Indica El Corrido de Mier conocido también como La Aduana de Mier y El Resguardo; con Eleazar García “Chelelo” como alguno de sus intérpretes se puede notar el tinte cómico de ésta etapa.

Desglosa la historia y contexto del corrido La canela referenciada de 1973, cantada por los Alegres de Terán, resalta que su escritura debió ser mucho tiempo atrás. Nombra al fiscal Emen Rodríguez de manera contradictoria y al contrabandista Fortunato, este último si adulado.

Los dos contrabandistas es señalado en este trabajo, donde se específica que el estilo es el de no provocar malestar en ninguno de los personajes, aunque se explica que, por ser los personajes americanos (aduaneros) frente a los contrabandistas mexicanos (victimizados).

Llega a las décadas de 1920 y 1930 donde el centro de atención fueron los corridos de contrabandistas tequileros teniendo como contexto la Ley seca, implementada en Estados Unidos. De ahí se rescatan Los tequileros, Ignacio el Tequilero, Los de Parás, El contrabando del Paso, El corrido de los Bootleggers, el Contrabando de San Antonio y la Venganza del Contrabando de El Paso (serie en tres). Esta etapa corresponde a dar a conocer la consigna de “portarse bien” o el lamento del prisionero. En la contraparte estaban los que mostraron la imagen negativa de las autoridades estadounidenses. Expone Los tequileros como ejemplo de corridos de conflicto intercultural.

Otro corrido “antirrinche” —como lo cataloga— en el mismo sentido fue el renombrado Los de Parás o Corrido de Oliveria o Corrido de Oliveria y Aguilar o Corrido de Dionicio o Corrido de Dionisio y Dionisio Maldonado, según diferentes fuentes citadas por Ramírez-Pimienta, pues sus protagonistas eran Dionicio Maldonado, Crescencio Oliveira y Eulalio Aguilar.

En esta misma línea estudia el corrido de Juan García y el de los rinches, de la década de 1960, aunque cita una excepción, es decir, un corrido de “buena imagen” de un “enemigo” el de Charles Stevens. En este momento los corridos eran en otro sentido, como lo afirma el autor, el de García por ejemplo, se da con una huelga de trabajadores agrícolas del sur de Texas; y así es como cierra analizando el corrido de los bootleggers donde empieza a enlazar pobreza-ilícito.

Lo que se puede considerar una verdadera serie de narcocorridos como tal, lo ubica en el capítulo dos, titulado “La otra carga prohibida… la droga”. La primera mención es la de Por morfina y cocaína de Manuel C. Valdez grabado en 1934 en San Antonio, Texas. Contrabandista es el que cronológicamente le siguió creado por Juan Gaytán; éstos mantienen el estilo del prisionero que lamenta su condición.

            Explica que narcorrido se entiende como el canto a los narcotraficantes, por ende, el que se acerca a la definición es el de El Pablote de José Rosales en 1931, aunque a diferencia de los ya revisados, éste no se fija en enaltecer un héroe, sino que critica la necedad y prepotencia de Pablo González, uno de los primeros capos de México. Nuevo Corrido del Pablote, también se hace del mismo; se aúna el Rey de la Morfina, compuesto por Merced M. Durán e interpretado por Francisco el Charro Avitia.

Agrega como parte de la definición de narcocorrido las características que debe llevar una narrativa donde la mayoría de las veces muestra al protagonista de parranda, gozando de la impunidad que obtiene, gracias a su poder. Frente a Juan Charrasqueado el corrido deja de ser rural y pasa a ser urbano, prolifera en la capital mexicana aunque continuaba la temática rural.

Entrado el año de 1935 aparece El Corrido del hampa interpretado por el dueto de Flores y Durán, que se cataloga como una verdadera crónica del narcotráfico en la Ciudad Juárez de principios del siglo XX y como el comienzo de la “narcocultura” en la frontera. El único objetivo de éste tipo de corrido fue la de “mostrar” el circulo de prostitución, adictos, y criminales de dicha ciudad. A estas alturas se vislumbra ya el narcocorrido como actualmente se hacen, con la interrelación entre el político, el policía y el narcotraficante.

Es de resaltar que en su muy minucioso rastreo de los contextos de los corridos que refiere hace algunas acotaciones que se aplican actualmente y que tienen que ver con la “información” que proveen los corridos en sí mismos, por ejemplo, la relación de parentesco con políticos que permiten creerse a los “malhechores” como inmunes; también presenta la parte “buena” de las actividades ilícitas que se reflejan en beneficios a la población que llama “el narcotraficante generoso” el que con obras comunitarias, comprado el aprecio de la población y brindando protección crea una base social.

En esta misma línea de información, completa que El corrido del hampa, es la narración de Ciudad Juárez en lo que respecta a las actividades del narcotráfico a nivel regional con personajes y situaciones, con múltiples personajes y a la vez solo uno: la ciudad.

En Carga blanca fechado en el final de la década de 1940, composición de Manuel Cuéllar Váldez y reinterpretado por varios artistas, se ejemplifican algunas características que se irán afianzando en los corridos contemporáneos, como son el lamento por andar en dicho negocio turbio y la exaltación a dejar los malos pasos, pero agrega la traición en el contrabando. El papelero es el más crudo, a decir de Juan Carlos, pues habla en primera persona de la presunción del uso de las drogas y una actitud despreocupada ante la cárcel; muestra entonces una “evolución” en cuanto a temática.

“Los Tigres del Norte y el resurgimiento de un género” es un capítulo dedicado a dicho grupo y su historial, con tres páginas de seguimiento de Los Alegres de Rosa Morada a Los Tigres del Norte nos hace entender el sentido de un grupo mexicano-americano que representa el contexto del México que les tocó vivir.

En lo que concierne a los corridos, se marca como el inicio de Los Tigres con su primer álbum Cuquita en 1971 que contenía Custodio y el más conocido Jacinto Treviño. Este último, con temática del conflicto intercultural mexicoestadounidense. Le siguió en esta línea Juana la traicionera regrabada de ellos mismos. Aunque no propiamente trataban del contrabando de droga hasta Carga Blanca que fue la primera grabación con materia de narcotráfico. Siguió la producción “Contrabando y traición” en 1973, con la que se adentraron adecuadamente a los corridos de narcotraficantes, teniendo como protagonistas a Camelia la Tejana y Emilio Varela, le siguieron Ya encontraron a Camelia y El hijo de Camelia. Es de mención que éstos corridos fueron mitad real, mitad fantasía, a diferencia de los hechos en años anteriores.

Aunque algunas características de los corridos en su esencia si las rescata cuando habla del corrido de La banda del carro rojo, regresando a los conflictos fronterizos, enalteciendo a los personajes aunque fueran malos, pues el resentimiento contra la comunidad norteamericana, de la comunidad mexicana era más trascendente en el colectivo popular, con Lino Quintana como protagonista.

Sólo secuelas continuaron sin mayor pena o gloria, con dificultades para establecer autores o musicalizadores, tal fue el caso de La muerte del soplón y Cande Romero este último hecho a un agente de la ley, como homenaje. Hasta 1877 aparece dentro del álbum Vivan los mojados, Margarita la de Tijuana y el Hijo de Camelia, es aquí donde se evidencia que Los Tigres del Norte giraban en dos vertientes, en corridos de traficantes y por el otro de emigrantes, logrando Reloj maldito reunir ambas pendientes, pues la historia gira en torno a un personaje que cruza el río Bravo en busca de fortuna y en ese camino se involucra en algún tipo de contrabando acabando en la cárcel.

Poca fue la producción de narcocorridos que siguió en el haber de los Tigres, Jaula de oro y el Gallo de San Juan fueron los más representativos. En adelante se enfocaron más a partir de 1986 a 1988 a la condición del emigrante, resultando: El otro México, Gracias América sin fronteras e Ídolos del pueblo. La puerta negra, América, Sin fronteras, les trajo un Grammy.

Fue hasta 1989, que retomaron con Corridos prohibidos el asunto del presente libro, Jefe de jefes, grabado en 1997 y La Reina del Sur en 2002. De los doce corridos de esta producción discográfica cinco son de narcotráfico y narcotraficantes, tal es el caso de Los tres gallos, La camioneta gris, El zorro de Ojinaga, el R-Uno y La mafia muere. Pablo Acosta y Rafael Caro Quintero fueron los personajes de “el zorro” y “el R-Uno” respectivamente. Pedro e Inés de “la camioneta gris”.

El Gato Félix, a diferencia del El avión de la muerte, fue un relato de la muerte de un periodista en Tijuana en condiciones extrañas, por ello, fue totalmente prohibido. “El avión” por su parte si fue de un narco que planeó y ejecutó su muerte en el avión que lo trasladaba. Norma Corona, defensora de los derechos humanos, fue otro sujeto de la producción de un corrido, asesinada en Sinaloa, por denuncias contra el narco, así que la temática versó sobre una crítica al narco.

Propiamente narcocorridos fueron La bronco negra y el celular, pues el grupo al interior vivía una serie de conflictos que no les permitieron seguir avanzando, dando paso a la llegada de otros grupos del género como los Tucanes de Tijuana y Chalino Sánchez. Fue hasta 1995 que se retornó a los corridos con nuevos productores musicales, surge Pacas de a kilo aunque con un lenguaje ambivalente, al igual que Jefe de Jefes y uno si dedicado aunque no de manera exacta y abierta al narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, Muerte anunciada.

Continuó la producción al llegar El tamal, La fama de la pareja y Morir matando de los narcocorridos. Los tres de Zacatecas muestra el regreso a las bases del narcocorrido, pues explica el autor que es de tinte de lamento del prisionero, migración y narcocorrido, con crítica al gobierno de Estados Unidos. Este último elemento lo compartió con El general. El reportero y El circo son más bien críticas hacia el gobierno mexicano, aunque con cierta permisiva, lo cual quita todo sentido a un corrido.

En la producción Jefe de Jefes, resalta un regreso a la esencia del corrido y aunque los mismos interpretes lo niegan un regreso al narcocorrido, pues aparecen El tarasco, que Juan Carlos Ramírez determina como ostentación de la impunidad más la amenaza de lo que ocurre cuando el “mal actuar” termine. En contraparte está El dolor de un padre donde se hace una condena moral al consumo de drogas, aunque con temor a ser el contrario al traficante.

Las novias del traficante habla de alejarse de las drogas, aunque en clave y con final trágico; este último, tiende a ser romantizado y si el castigo es la muerte ésta convierte los personajes en héroes. En la categoría anterior se incluyen las mujeres como se establece en el corrido También las mujeres pueden. Por debajo del agua es sobre un comandante de la policía federal de caminos que rehúsa aceptar un soborno y por ello asesinado.

Continuaron los Tigres sus producciones musicales de diversa índole y estilos, en lo que concierne a corridos resaltó el de Crónica de un cambio que causó revuelo, en el tiempo del presidente de México Vicente Fox, al pensar que lo aludía. El resto del texto, lo dedica al estudio de los programas, premios y actividades del grupo que lo llevaron a consolidarse como un icono cultural.

Se llegó pues, al año del 2002 cuando surge la producción de “La Reina del Sur” que les abrió las puertas a países de España. Continúan la producción musical aunque en lo que a corridos se refiere aparece No tiene la culpa el indio como tema que concierne a la delincuencia por falta de oportunidades, asimismo en el contexto de Fox. Relata el autor, la desagradable anécdota que vivió el grupo, al ser acusados de lucrar con los feminicidios de Juárez al interpretar Las mujeres de Juárez.

2006 fue un año con varias producciones, no obstante se mantienen sólo con una o dos creaciones relativas al narcocorrido, en este caso Regalo caro y El Zacatecas. El primero es un subordinado que mata al enemigo de su jefe y se lo da de regalo de cumpleaños; el segundo es de temática de enfrentamiento entre el sujeto y policías. 2007 los recibió con premios y un nuevo álbum, Un hombre de ley y Cuidado con la mesera son los únicos en cuanto al medio del hampa interpretaron, éste último habla de una policía encubierta. La huella del Alacrán es la historia de un personaje de la parte serrana del territorio traicionado por un familiar y que es metido a la cárcel desde donde jura regresar y vengarse. Raíces es la producción última referenciada del grupo de los Tigres, a los cuales el autor cataloga como agentes sociales, creadores y modificadores de la percepción pública.

Entrado ya en el capítulo cuatro, que tituló Caro Quintero en el narcoimaginario mexicano cambia un poco el estilo de escritura pues bien dejó el caso del narcotraficante Caro Quintero Camarena, junto a su antagónico en esta historia Enrique Kiki Camarena, agente encubierto de la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA en inglés) documentalmente establecido en poco más de treinta páginas.

No obstante no dejó de lado el objetivo de su trabajo, se apoyó en los corridos hechos a los personajes inmiscuidos, pues consideró que dicho caso transformó el género a su vertiente de narcocorrido que en palabras de Juan Carlos, evolucionó en una nueva noción de antiheroicidad, el nacimiento del corrido “duro”, así como logró la permanencia en el gusto popular. Comenzó su relato desde 1985 y lo cerró en el 2007.

Entre los corridos que reforzaron los argumentos de la historia del suceso de talla internacional que fue la captura, proceso y desenlace se encuentran La captura de Quintero interpretado por Los Tigrillos; La denuncia de Chihuhua, de Fiden Astor. La banda del Marquís Negro de Fidel Valadés refleja la zaga y continua con El número uno interpretado por Los Incomparables de Tijuana y lanzado en el álbum “16 corridos famosos”. En La captura y La banda del…. La temática del conflicto intercultural se encuentra, incluso al hacer mofa del FBI, por no atraparlos.

Rafael Caro Quintero fue el título de otro corrido, de hecho considera el más exitoso dedicado al llamado Capo de Sinaloa, compuesto por Reynaldo Martínez y popularizado por Los Invasores de Nuevo León, con él argumenta que las razones por las que fue procesado: el asesinato de un agente norteamericano (Camarena) y por el robo de una tapatía (Sara).

El número uno interpretado por los Incomparables de Tijuana, es un corrido tan personalizado que incluso se fantasea en él con liberarlo de la prisión. La fuga del Rojo, interpretado por los Tigres del Norte, compuesto por Paulino Vargas, da un tinte más internacional cuando habla de la participación de Caro Quintero en la revolución salvadoreña.

El corrido La captura de Quintero, es un vocero de la voz popular del pueblo que se une a lo que el mismo capo dice, negar la culpabilidad por la muerte de Camarena, reforzado por el de El número uno. Con dinero baila el perro interpretado por El Coyote rinde homenaje a Caro Quintero en prisión.

A partir de aquí, los corridos con referencia al Capo sinaloense fueron en otro sentido, a los sujetos de éstos se les trataba de relacionar con él, tal es el caso de El jefe de la mafia del grupo Exterminador. El personaje tuvo tan fuerte influencia que no se limitó exclusivamente a los narcorridos, se notó su imagen en la música urbana del tercer milenio, es el caso del rapero mexicoamericano Dyablo que interpreta Corrido Quintero en el álbum “Revoluxion” basado en el interpretado por los Invasores de Nuevo León del mismo nombre.

Otro personaje que fue resaltado musicalmente fue el de Sara que si bien no inspiró un narcocorrido propiamente si una canción de amor al ritmo y estilo del Tri, interpretada en “Otra tocada más” si no es un narcocorrido, si tiene algunos tintes como hablar de droga y el personaje de Caro Quintero.

El piloto Zavala, informante de Camarena, secuestrado y muerto junto a él, fue sujeto de la escritura artística musical, aunque solo como referencia al personaje principal, El agente Camarena es el título del corrido interpretado por Los Tigrillos, que ayuda a la crónica de dicho pasaje.

Hasta aquí toda la información obtenida de los corridos giró en torno al principal personaje Caro Quintero y después como referencias el de Sara y Zavala, no obstante, el autor reseñado también resaltó la contraparte, los corridos referentes al Agente Camarena. Tal es el caso del Corrido de Enrique Kiki Salazar-Camarena compuesto e interpretado por Jesse W. Diego, acompañado por Cal-Mex con origen y difusión en Caléxico, California.

Al análisis, se resaltó ser el único corrido que trata la relación Caro Quintero-Camarena que presenta a Camarena dentro del paradigma del héroe de corrido, pues se le describe como valiente, víctima de la traición.

Al finalizar el texto viene el quinto capítulo dedicado al mal considerado padre del narcocorrido, por ello lo tituló “El mito del Pela Vacas”, Chalino Sánchez. Si bien como se mencionó el autor no marca a Chalino como el iniciador del estilo de narcocorridos, no se puede negar que su influencia en este estilo si fue mucha y en diferentes niveles, su legado, como lo explica Ramírez Pimienta, fueron los numerosos corridos que grabó acompañado por una banda y grupos norteños y los más de 150 corridos compuestos en su memoria desde su asesinato en 1992. La característica específica de estos es que nunca antes se había dedicado tanta producción musical de narcocorridos a una sola persona, quien además vivió lo que cantaba.

Se le atribuye también el haber llevado los narcocorridos al gusto del público joven que no consideraba la música norteña como parte de su vida, fue Chalino quien revitalizó éste género, de hacer que seguidores nuevos se agregaran, además se le supuso el primer mártir de ello. Sus personajes fluctúan entre el hombre ordinario y el ya establecido estándar del héroe hecho por el corrido. De los muchos que hay, destacan para el autor del libro Chepe Herrán, Óscar Barraza, dentro del género del hombre cotidiano.

Un pasaje resaltado fue el de su primera experiencia con la muerte que dio a quien deshonrara a su hermana y que le obligó a dejar su tierra natal para ir y vivir el resto de su corta vida en el vecino país. Surge de ello El corrido de Rosalino que él mismo se compuso y en referencia a dicho suceso.

Otras líneas resaltadas en los más de doscientos corridos atribuidos a Chalino se encuentran los relacionados con las profesiones de los protagonistas que brincaban desde el aduanal, contrabandista, asesino, sembrador ilegal, ganadero, ex convicto, ex trabajador del gobierno, excomandante, ranchero y hasta ex pistolero. Aunque la mayor parte del personaje central de su producción fue de la profesión del narcotráfico. En tal caso se analizaron El contrabandista y El corrido contrabando en la frontera, El Gallo de Sinaloa y Hermanos Quintana, estos últimos más claros y específico en su contenido.

Modesto Villareal y el Corrido de Rigo Campos, más ambivalentes y El corrido de Badiraguato que muestra más que al personaje, el lugar donde se desarrollan los sucesos. En el Cabo Saucedo, se trata de redimir al personaje pues afirma no era contrabandista, mismo caso del Homenaje al Pollero.

La redacción del texto se centra pues, en describir quien fue Sánchez, los personajes que lo rodearon, su esposa, hijos, la muerte temprana de uno de ellos: Adán; su hermano mayor y su inexplicable muerte, sujeto de varios de sus corridos, así como sus inicios como contrabandista.

Ya convicto, comercializó su producción musical, pues la realizaba por encargos o a cambio de dinero y ya después en algunas empresas disqueras. El autor hace pues, el seguimiento de esta actividad de Sánchez de toda la época de los ochenta, aunque resalta que ninguna estación de radio pasaba sus canciones, no obstante la fama y reconocimiento llegaban a él.

Como corte, Juan Carlos marcó en veintiuna páginas el suceso de su “atentado” en Coachela California, pues considera la vida de Chalino antes y después de esa eventualidad. Reconstruida en base a una amplia gama de fuentes de consulta describe su presentación en Plaza los Arcos y el desenlace que tuvo de años, con Eduardo Gallegos como culpable de agresión hacia Sánchez con su respectivo seguimiento legal.

Insinúa que después de dicho pasaje las ventas de la producción musical de Chalino se multiplicaron, incluso comenzó a incursionar en el radio. No obstante el éxito no le duraría mucho pues en 1992 le ofrecieron un contrato atractivo para que cantara en Sinaloa, sin imaginar que sería la última vez que lo haría. Se explica entonces el suceso fatídico de Chalino Sánchez del 15 de mayo de 1992 en Culiacán, acontecimiento del cual se desprendieron diversas versiones que retoma y culmina con algunas reflexiones propias.

Posterior a ello hace una analogía entre Chalino y Villa, donde muestra varias semejanzas entre ellos, rescatando el aspecto de la serranía, que en el caso Chalino conlleva un capital simbólico, de ahí se marca que en los setenta y ochenta los grupos eran “del Norte” por ejemplo Tigres el Norte, Huracanes del Norte, Rieleros del Norte, entre otros; después de este icono todos en los noventas eran “de la Sierra” como El As de la Sierra, El Halcón de la Sierra, K-paz de la Sierra, Los Alteños de la Sierra, Los Alegres de la Sierra, Los Brujos de la Sierra, Los Diferentes de la Sierra y muchos otros más, aunque no fueran precisamente todos provenientes de la serranía. Cierra pues afirmando que la chalinomanía es un mecanismo de empoderamiento y mexicanización.

Termina el texto, con una estructura diferente, pues el tema así lo demandaba, desde el título se vislumbra porqué, “Oaxaca también compone narcocorridos”; es todo un apartado a la justificación de la producción de corridos y narcocorridos oaxaqueños. El narcocorrido o el corrido mismo se considera “nativo” del norte, por ende al hablar de corridos oaxaqueños el autor resalta sus particularidades muy específicas.

La base de este fenómeno, lo aplica al recorrido de los oaxaqueños al norte, sea éste Sinaloa, California, Oregón o Las Vegas y, su retorno, de nuevo al Sur. “Sueños norteños: migración y narcocorrido” es la parte donde aborda las primeras manifestaciones del ámbito musical propio de Oaxaca en donde el centro de la temática fue la migración pero también la naturalización del narcocorrido en Oaxaca.

Para tal afirmación hace una revisión estadística y documental de las principales áreas donde se gestaron estos movimientos, donde resalta dos opciones posibles para cambiar su contexto de pobreza: emigrar o sembrar amapola. Es así que se establece que la combinación de cultivo de la violencia, miseria, desesperación, las experiencias de las migraciones a Sinaloa y Estados Unidos les hicieron entrar a la narcocultura en el vestir y la música, que les llevó a adoptar el narcocorrido y su simbolismo a los oaxaqueños.

El corrido en Oaxaca como tradición e innovación es una producción cultural eminentemente oral y cuyos referentes forman parte del pensamiento colectivo, es así que los personajes son locales y conocidos. Empero a diferencia de los corridos de otros estados, cumple con una función muy clara, promover cohesión e identidad colectiva, es decir, es regionalista.

Como características del narcocorrido oaxaqueño se enlistan varias, primero es distinto al tradicional de los “valientes”, pues las posesiones materiales son más importantes, de ahí que surgen corridos como La Lobo del año, La Lincoln, Las rines de oro, y La 4x4 todas del grupo Acción Oaxaca o La Navigator del grupo Los Alteños de Oaxaca, si no eran los sujetos principales las propiedades de carros, si se mencionaban en referencia en algunos otros, por ejemplo en El corrido del Gavilán, Benito López, Los tres compas, el Chato Esteban y en Agustín Santos. Prueba de la muestra de derroche es El rey de los necios de Grupo Poderoso.

Y en donde se enfatiza el modelo de los valores de la narcocultura que promueve el crimen como la vía lógica hacia el progreso despreciando el camino de la educación es el corrido de El Zorro de Oaxaca del grupo Diablos Negros. Otra característica de los narcocorridos oaxaqueños es la humildad, diferente a los de otros estados, por ejemplo El corrido de Agustín Santos o más visible en el corrido de Eclipse norteño Orgulloso de Oaxaca.

Pero al querer formar parte de los corridos producidos como en el norte, busca insertarse en la tradición del narcocorrido “duro” o “perrón” tal fue el caso de El corrido del Neo, del grupo Acción Oaxaca, igual que Armas de ley del grupo Fórmula Salvaje. En esta línea de seguir los corridos del norte, aparece Agustín Santos del grupo Acción Oaxaca, que verbaliza un homenaje a Sinaloa. Oaxaca y Sinaloa del grupo Fiesta Musical, de igual manera.

Semejante a otras regiones, indica, que los corridos oaxaqueños igualmente buscan su imaginario geográfico narcocorridista, tal es el caso de Los pesados de Oaxaca de Eclipse Norteño que hace un recorrido por Oaxaca y le ayuda a integrar su “narcoidentidad”.

En la búsqueda del reconocimiento estatal e internacional de su identidad, se utiliza el corrido o narcocorrido, buscan su orgullo étnico en él, para decir, “no me avergüenza mi origen”. Ejemplo de ello es El Oaxaca del grupo Poderoso, Recordando a mi estado de Acción Oaxaca, Orgulloso de Oaxaca, entre otros. Otra estrategia utilizada como identidad nacional es la figura de Benito Juárez, que aparece en Orgulloso de Oaxaca, El Oaxaca, El Gallo de Oaxaca este último del Grupo Sentimiento, Lorenzo Torres y Agustín Santos ambos de Acción Oaxaca.

En la mentalidad oaxaqueña Estados Unidos representa otra oportunidad posible de salir de las penalidades económicas que su localidad les niega. Es por eso que parte de la temática de los corridos sea en éste sentido, pues si bien se enaltece la figura de quien progresa en Oaxaca es de mayor relevancia si lo hace también en el vecino país del norte. La Lobo del año y el corrido del Gavilán son muestra de ello, La rines de oro, Arturo Pimentel y La 4x4 de igual forma.

Pero a la par, en sentido contario los hubo, de Estados Unidos hacia Oaxaca, como en Valentín López y Los tres compas, cuando se dice de vuelta, significa que ya vienen de regreso a su ciudad natal después de estar en Estados Unidos.

A pesar de su singularidad, el corrido oaxaqueño no se pudo salvar de los corridos por encargo, El Corrido del Neo, fue uno de ellos; pero hay uno que es muy especial, que se constata al revisar el minucioso análisis que hace Ramírez Pimienta del corrido de Dos grandes de Oaxaca del grupo Poderoso donde se usa la ambigüedad para hacer creer que se trata de narcotraficantes cuando no es así. La historia es realmente de dos empresarios oaxaqueños dedicados a la comercialización, uno de mezcal artesanal y otro del chocolate.

Lo interesante es como plantea Juan Carlos algunas interrogantes como por qué estos personajes pidieron hacerse un corrido que pudiera tener tintes de narcocorrido y cuál sería el beneficio, lo señala bastante bien al argumentar que eran personajes adinerados y poderosos casi comparables a los narcos, que también tenían posesiones, carros, mujeres, dinero y por ende eran merecedores a un corrido; además de buscar ser parte del “mito del narco”, publicidad para sus productos y hacer ver que el camino del comercio lícito tiene sus beneficios.

Como contraparte al anterior argumento de los beneficios del comercio lícito, surge El Zorro de Oaxaca de Diablos Negros que explícitamente descarta la educación como primera opción hacia el progreso, más bien es un corrido que valida la narcocultura y reniega del estudio.

Cosa característica del género oaxaqueño es que es muy “informativo” como El rey de los negocios de Grupo Poderoso, que es más bien una carta desplegado; en ese mismo caso está En esta zona yo mando aunque con algunas particularidades del personaje principal no como exaltación étnica, sino como un bravío capo regional con cierta mofa del gobierno norteamericano, además de reacio a salir al extranjero o incluso a otras ciudades.

Ya como narcocorrido “duro” se analiza El cocodrilo totalmente centrado en el personaje que lo único que hace es ser consumidor de todo lo posible sin dejar de mencionar la fatalidad a que esto conlleva. Me pase de kilos es de la misma manera, como el autor señala, un tratado de alarde, corrupción y ostentación de tipo norteño, aunque con tanto alarde cae en lo ridículo.

Es importante subrayar que en el corrido oaxaqueño se infiltró ya el tema del narcotráfico tanto en los corridos tradicionales versión norteña y en la que es con instrumentación tradicional oaxaqueña, siendo más tradicional la de banda. Dos tipos de sujetos en los corridos oaxaqueños son lo que cierran el texto: los dedicados a militares y los que retoman el sentir del prisionero, en el primero están Golpe militar en Chacahua, del segundo se estudia Infierno maldito.

 

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Amaruc Lucas Hernández, Instituto de Investigaciones Históricas de laUniversidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

 

 

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