Dificultades organizativas de las organizaciones LGBTIQ

Manuel Antonio Velandia Mora Publicado 2015-06-01 06:33:15

 

No hay pequeños amores, apenas pequeños conflictos.
No hay pequeños amigos, sino grandes desafectos.
No hay pequeñas magulladuras, sino algunas desilusiones.
No somos pequeños en nada, porque somos grandes en todo.
—Carlos Silveira dos Santos.

 

En estos mis primeros cuarenta años de militante marica he tenido la oportunidad de estar en contacto con organizaciones de minorías sexuales en cuarenta y tres países, por supuesto las experiencias son muy diversas pero he llegado a la conclusión que sin importar si son de países muy desarrollados o no tanto, si están en Europa, Estados Unidos o en América Latina, si tienen grandes presupuestos o se reúnen en casa de uno de sus miembros, es mucho mayor lo que tienen en común que lo que las hace diferentes.

No recuerdo cuándo o dónde alguien llamó “sopa de letras” a la cantidad de caracteres que aparecen en las siglas o nombres de las organizaciones de minorías sexuales, bueno no de todas las minorías porque las mujeres también lo son.

La historia de la construcción de las diversidades es bastante similar en los diferentes países pero aun cuando siempre las personas más visibles han sido las Trans también frecuentemente han sido las más invisibilizadas. Primero fueron los grupos de homosexuales, esto es evidente porque es una consecuencia del machismo (algunos optaron por ser gay o Güeis e incluso hay quienes preferimos auto-nominarnos maricas); luego se unieron las lesbianas quienes muchas veces provenían de organizaciones feministas; posteriormente se integraron (o fueron aceptadas) las travestis y transexuales que transitan de lo masculino a lo femenino en el género, el vestido y/o el cuerpo; un poco después llegaron las personas bisexuales, quienes probablemente son las personas cuyas sexualidades son más incomprendidas; enseguida se integraron las personas intersexuales y los transexuales que transitan de lo femenino a lo masculino en el género, el vestido y/o el cuerpo; por último ingresaron los queer y con ellos lo que parecía estar claro condujo a las performidades, a las no identidades y post identidades como también a la revisión de las propias organizaciones y sus discursos y prácticas.

Debo aclarar que no siempre el anterior ha sido el orden de integración a las organizaciones porque si hablamos de visibilidad son las trans y los homosexuales marcadamente afeminados quienes primero han dado la cara e incluso han puesto los muertos, esos seres anónimos de quienes ni su propia familia quiere acordarse.

Con el aparecimiento de nuevas personas y posibilidades en las sexualidades no normativas las letras en los carteles de las asociaciones fueron creciendo L, G, T, B, I, Q… Por otra parte se crearon organizaciones de las diversidades sexuales que integran personas heterosexuales.

La integración de las personas “Q” ha sido probablemente lo más controversial no solo porque para algunos LGTBI los Queer son disidentes sino porque incluso se les identifica con el germen de la “destrucción” de las propias organizaciones.

Algunas asociaciones además se unieron a causas como el sida, el trabajo en drogadicción y a movimientos políticos y culturales.

Las organizaciones de la gran diversidad sexual provocan una intensa e inmensa respuesta social en donde quiera que se han manifestado. Movilizan a la participación ya como miembros o ahuyentando a otros; incrementan el comercio hasta el punto que ya hay cámaras de comercio LGTB; le dan razón de ser a organizaciones religiosas; se integran en las filas de organizaciones políticas que van de la extrema izquierda a la extrema derecha haciendo que el tema se convierta el motivo de campaña ya sea por estar a favor o en contra; se visibilizan y logran el apoyo o la negativa frontal de las instituciones educativas, las fuerzas armadas, la empresa privada; movilizan leyes que les reconocen sus derechos o que les condenan hasta el punto de que el castigo sea la cárcel, el apedreamiento o la muerte; movilizan la opinión pública y le dan tema a los medios masivos de comunicación, los que también toman partido a favor o en contra.

Los grandes desacuerdos de algunos sectores de la sociedad inducen a los miembros de organizaciones y personas de ultraderecha a crímenes de odio en todas sus vertientes, desde el insulto al desplazamiento forzado por parte de las familias, los grupos fundamentalistas religiosos, militares y paramilitares como también a la violencia física, la tortura, la amenaza de muerte e incluso al asesinato.

Todas estas diferentes posibilidades de abordaje generan en quienes intentan ser respuesta, una serie de conflictos que se traducen en crisis tanto particulares, como grupales, institucionales y de vinculación con las demás personas y organizaciones. Ello ha contribuido a que un buen número de organizaciones hayan desaparecido, tiendan a desaparecer y que pocas logren como resultado consolidarse plenamente. Este artículo que parece motivado a aumentar la crisis, no tiene como fin acabar con las pocas alternativas que quedan, sino por el contrario invitar a la reflexión sincera y si se quiere descarnada de nuestros quehaceres.

Los grandes conflictos no solo son con los otros sectores sociales, también lo son al interior de las organizaciones, porque la aceptación de las diversidades se asume como muy complicada.

 

De generación en generación hasta, degenerar

Las personas que se organizan, en cuanto integrantes de la comunidad, provienen de múltiples sectores. Tienen diferentes experiencias previas de trabajo comunitario en otros campos y en muy contados casos en el área de la sexualidad; se soportan en contenidos ideológicos y contradicciones previas cuyos elementos políticos, religiosos o de clase, etnia, sexo, género, orientación y comportamientos sexuales, entre otros, movilizan estigmas, sexismo y discriminación; actitudes que se evidencian en su actividad cotidiana y que fundamentan las filosofías y principios en las que basan sus acciones. Posiciones que igualmente afectan sus relaciones y que cuando no son adecuadamente manejadas imposibilitan el desarrollo de acciones conjuntas.

Las organizaciones proliferan sin ordenamiento lógico de la misma manera como contribuyen a dar respuestas; situación que se ha convertido en actitud que algunas veces perjudica y otras cohesiona la lucha y acciones pertinentes a la consecución de derechos.

 

 

Pongamos todas las letras en la sigla que somos democrático/as

Inicialmente los organizaciones eran solo de homosexuales y en pocos casos de lesbianas o trans, recientemente todas nacen LGTB o LGBT: la L va adelante no precisamente porque las lesbianas sean las de más importantes sino por eso de ser “políticamente correctos con el género”, algunos ponen la B luego de la T porque lo de la B antes de la T les suena a “vete” y no porque unos u otros sean más representativos.

En el afán de aparecer incluyentes las organizaciones suman letras a su nombre, generalmente no porque realmente lo sean sino porque parece “muy feo” ser una organización exclusiva de lesbianas u homosexuales. En esto son más abiertas las personas transexuales a la feminidad y es especial, las que ejercen el trabajo sexual; sin embargo, la asociación entre las dos temáticas —que parecen ir siempre juntas pero que en realidad no es así— posibilita algunas formas de discriminación fruto del desconocimiento que hace que pocas personas trans femeninas puedan asumir cargos importantes en las organizaciones, no porque no lo deseen o no estén formadas para ello sino porque no se les promueve, respalda o acepta.

A la hora de la fiesta, recaudar fondos o montar espectáculos nadie olvida a las personas travestis, transformistas y transexuales e incluso a los dragqueen, dragking, porque en esos momentos a nadie parece importarle que antes las tildaban de “exhibicionistas”. El temor a que aparezcan es aún mayor cuando de marchas del orgullo o parición en los medios masivos de comunicación se trata, ya que muchos/as les parece que tales “amaneramientos” desdicen del deber ser de los movimientos y organizaciones y en cambio sí afecta la transfóbica y/u homofóbica imagen institucional. Más temor aun causan las personas con prácticas sexuales bizarras, cuyas experiencias vitales parecen ser sexual y políticamente incorrectas, porque no puede negarse que la influencia de la visión judeocristiana de la sexualidad prima en la gran mayoría de organizaciones.

Si de ser sujeto político militante se trata considero que una travesti es mucho más contundente en su performance que cualquier otra persona en cualquier otra identidad; ahora bien, no niego que una latina, negra, lesbiana y obispa será muy contundente a la hora de encarnar todos los prejuicios sexuales sociales.

 

El otro, la otra, como un ser extraño

Es para muchas personas difícil aceptarse a sí mismas pero es mucho más difícil aceptar la unicidad en los otros, se olvida continuamente no solo que el ser humano es único sino además irrepetible, evolutivo, dinámico, histórico y a la vez prospectivo. El no reconocimiento del otro o la otra como un auténtico otro hace que sus luchas parezcan menos importantes y su necesidades menos apremiantes; se exige la solidaridad pero se suele ser poco solidario, algunos sectores incluso sufren violencias que emergen del desconocimiento y la falta de aceptación. Los y las bisexuales, por ejemplo, para algunos son “homosexuales o lesbianas en crisis y no personas con una orientación sexual claramente definida”; en este orden de ideas aún más difícil es el acercamiento a personas clasificadas en categorías como HSH Hombres que tiene sexo con otros hombres o MSM Mujeres que tiene sexo con otras mujeres.

Sin embargo, si se habla de dificultades estas parecen generarlas (digo generar no porque las provoquen sino porque ante ellas y su sexualidad emerge la propia ignorancia) las personas que transitan en el género, el cuerpo o la orientación sexual que no se nominan con una letra en especial, como si el estar siendo se limitara a ponerse una etiqueta o a permanecer en ella. Por ejemplo, una persona transexual que transita de la masculinidad a la feminidad y se construye como lesbiana motiva un gran desconcierto, porque en la lógica elemental emerge la pregunta ¿si le gustan las mujeres para qué hacerse mujer si como hombre ya le era fácil? Sin darse cuenta que la propia pregunta niega tres hechos esenciales: primero, que se siente mujer; segundo, que se siente lesbiana; y, tercero, que desea como pareja a una chica lesbiana y no a una chica heterosexual.

En este maremágnum de cambios que surgen con el reconocimiento de la gran amplitud de diversidades sexuales se hace pertinente reflexionar si es necesario ampliar las definiciones para que todos y todas quienes a ella se subscriben se sientan incluidos. En esa línea de ideas yo he intentado generar nuevas definiciones que sean más incluyentes, por ejemplo:

(Velandia Mora M. A., 2008), denomina orientación sexual homosexual a la de un hombre (biológico, optado o transformado) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y eroticidad, a partir de manifestaciones homodeseantes, homoeróticas, homoafectivas y homogenitales, hacia otro hombre biológico, optado o transformado; a partir de su deseo, erotismo, afectividad, genitalidad y/o la conciencia que se tiene de dicha orientación.

Sin embargo cabe aquí una pregunta que no pretendo resolver ¿es necesario tener una identidad?

 


Casco antiguo de Finestrat. Foto: Manuel Antonio Velandia Mora 

 

Agua que no has de beber, ensúciala

Las personas que trabajan promueven la defensa de los derechos humanos y los derechos sexuales, incluyendo en algunos casos los derechos reproductivos, siendo la lucha por los derechos uno de los objetivos fundamentales de sus acciones; por tanto, la no-discriminación y la solidaridad hacen parte de sus principios ideológicos. Pareciera ser que hay un principio de trabajo subyacente en muchas personas y organizaciones con relación al trabajo de otras organizaciones e incluso entre los miembros de la propia organización: “Sobre el cadáver de las de tu propia letra quedas más alta/o”.

En las relaciones con otras organizaciones y entre sus propios miembros, los derechos fundamentales ya no lo son tanto; situación que repercute en que personas y organizaciones se niegan a avalar a otras personas u organizaciones o a realizar acciones conjuntas, ya que, en su proceso de “competencia” el objetivo buscado parece no estar fundamentado en el servicio a la comunidad, sino en lograr sobresalir “parándose en los restos” de “sus iguales”. Llegándose incluso al extremo de aprovechar “los vínculos” para extraer información, proyectos, fuentes de financiación, contactos e incluso voluntarios y usuarios.

Me sorprende la incapacidad para reconocer que alguien que trabaja junto a ti o en temas comunes puede ser bueno e incluso mejor que tú mismo; las personas sostienen luchas encarnizadas en las que para lograr ser mejor o aparecer más se fundamentan en el debilitamiento o “exterminio” del otro que en el crecimiento personal e institucional. Esta violencia no sólo se vuelve personal sino que pareciera que no se es amigo de alguien si la animadversión que dicha persona siente y expresa no se asume como propia. Hablar mal, demeritar, ignorar la producción, denigrar de ella son formas frecuentes de expresar el desacuerdo.

Es una imperiosa necesidad consolidar redes que cohesionen las organizaciones, posibiliten sus acciones conjuntas, las representen ante el Estado y la comunidad, y que oferten servicios especializados a sus usuarios. Una red no tiene sentido en cuanto cada organización pretenda ofrecer todas las respuestas, tenga poca o ninguna confianza del quehacer de las otras y dicha desconfianza se traduzca en demeritar las acciones externas como una manera de meritar las propias. Cada vez son más frecuentes las redes virtuales, trasnacionales, por afinidad conceptual que por orientación sexual o identidades, estoy seguro que funcionan mejor las redes de mujeres incluyendo aquellas a las que pertenecen las personas que han transitado a las feminidades.

 

Primero yo, segundo yo y tercero…

El valor de la producción teórica es una cualidad que en general se desconoce. Por tanto, las organizaciones no publican los resultados de sus propias investigaciones y experiencias de trabajo; cuando lo hacen consideran que citar trabajos que "están en el mismo nivel" resta valor al propio, por dicha razón suelen aparecer exclusivamente referencias bibliográficas internacionales, cuando no se llega al extremo de considerar propias las investigaciones y experiencias de los demás negando como fuente a aquellos con quienes conjuntamente se podría encontrar soluciones a sus problemas.

Los dos mayores aprendizajes que yo he podido tener con relación a que No hay nadie de quien no aprendamos algo… así sea descubrir que ese algo es precisamente lo que no nos gustaría hacer, han sido, comprender que: 1º. Nadie piensa en contra mía sino a favor suyo; y que, 2º. Mi producción tiene poco peso si no se soporta en muchas fuentes. De todas formas también me queda claro que nuestra forma de ver, sentir, expresar o actuar, son tan únicas y particulares que de aquello en que parecemos tener acuerdos emergen bifurcaciones que nos llevan por caminos totalmente diferentes, pero el trabajo conjunto se basa precisamente en apoyarse y respetarse en aquello pequeños acuerdos en vez de centrarse en los pequeños desencuentros.

 

Es como yo digo y nada más

Cuando el Estado y las agencias internacionales no financian proyectos esto puede estar fundamentado en que las organizaciones no cumplen con las condiciones exigidas o con las expectativas de los financiantes; otra causa de la no financiación se relaciona con la manera como las organizaciones se promocionan, proyectan la imagen, ofertan sus servicios, e incluso por la información que de ellas provee la competencia, situación que cuando es tendenciosa motiva a que pasen de “aliadas” a enemigas. Algunas agencias internacionales y programas gubernamentales, a su vez, consideran subversivas las propuestas de quienes no están de acuerdo con sus políticas, y generalmente éstas incluyen a los más “normalitos”, exceptuando aquellas situaciones en que el político de turno debe mostrarse inclusivo y políticamente correcto.

Hablando de política, es cada vez más frecuente que las personas relevantes políticamente con relación a su sexualidad se presenten como candidatas a cargos en las corporaciones públicas, sin embargo la experiencia me dice que las personas en la gran diversidad sexual, a la hora de votar, no se comportan como sujetos sexualmente politizados sino como el típico ciudadano que vota tradicionalmente por un partido y no por una idea; una buena parte de los políticos una vez en el cargo frecuentemente dejan de ser militantes, aun cuando algunas veces cuando no han hecho su “coming out” por medio del outing se les obliga a hacerse públicos y a asumir su identidad abiertamente.

 

¿Una luz al final del túnel?

El hecho de que se presenten conflictos entre las organizaciones o entre sus miembros no implica que éstos sean indisolubles. Indica apenas que es necesario que éstas logren entender cuáles son las razones en las que se fundamenta el desacuerdo.

El primer paso en la resolución consiste en hacer una revisión, en lo intraorganizacional, de los principios filosóficos que fundamentan sus acciones, de sus razones para actuar, de cómo sus miembros se sientan vulnerables, sujetos de separación social, estigma o discriminación, y de las actuaciones propias y con relación a las otras organizaciones.

El segundo paso implica una revisión de los vínculos y desvinculaciones con los demás, de cómo se las concibe, valoran sus acciones, filosofías, razones de actuar y actitudes en el servicio; para así, en tercera instancia, tener claridad sobre el propio rol y función en lo particular, en las organizaciones y redes y del de los demás.

Por último, es necesario entender que las crisis son necesarias, posibilitan el crecimiento y el tránsito de obstáculos; que asumir las diferencias permite entender a los demás en su propio valor, y sobre todo, generar una autoimagen clara y vínculos reales con quienes al igual que nosotros entienden que sus derechos y sus problemas son también su cuestión de vida.

 


De regreso al BN Return to the BW. Foto: Manuel Antonio Velandia Mora 

 

Manuel Antonio Velandia Mora (Colombia-España). Cofundador del movimiento homosexual colombiano, refugiado político y asilado por orientación sexual en España. Ha dirigido organizaciones LGTB en Colombia y España. Pionero en gestión y promoción de la lucha por la diversidad sexual en Colombia. Fotógrafo profesional. Actor y Marica de tiempo completo. Maestro universitario e investigador SU texto es tomado de: Nuevas definiciones para las orientaciones sexuales y los tránsitos identitarios: Diversidades e Identidades sexuales transitadas. Recuperado el 20 de noviembre de 2012, de es.scribd.com: http://es.scribd.com/doc/59451960

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