Yourcenar y su lucha contra sí misma

Martha Cecilia Rivera Publicado 2015-03-01 05:12:34


Marguerite Yourcenar

Alexis o el tratado del inútil combate, Marguerite Yourcenar
Punto de lectura, 136 páginas, 2005, $9.47, ISBN-10: 9871106971

"Ana soror", Como el agua que fluye, Marguerite Yourcenar
Punto de lectura, 304 páginas, 2011, $18.68, ISBN-10: 8466321829

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar
DeBolsillo/Random House, 309 páginas, 2011, $20.99, ISBN-10: 6073103220

 

No es fácil ser una escritora solitaria, e independiente del mundo masculino, y elegir a Marguerite Yourcenar como tema de mi colaboración para El BeiSMan en su edición de marzo dedicada a las mujeres. La razón de la dificultad estriba, como ocurre con frecuencia, en el estereotipo y el prejuicio. Y es que Marguerite Yourcenar fue, en una época en la que este tipo de cosas no se ventilaba públicamente (y esto es un eufemismo óptico), una mujer bisexual con el valor de vivir con su pareja femenina toda su vida en los albores del siglo XX. Entonces, cuando empiezo a escribir sobre ella, no puedo evitar pensar en un caballero que conocí recientemente y quien en menos de diez minutos llegó a la convicción para él incuestionable de que a mí no me gustan los hombres, creo que basado únicamente en su lectura personal de varios hechos, ellos sí irrefutables: que él no me atrajo en absoluto; que vivo sola; y, que soy independiente del criterio masculino. Creo que en su mente el silogismo era algo así como: Soy un hombre que le gusta a las mujeres. Martha Cecilia es una mujer pero yo no le gusto. Por lo tanto, a Martha Cecilia no le gustan los hombres. Sé, sin lugar a dudas, que mis lectoras femeninas entenderán muy bien a qué me refiero cuando digo que lo que no me gustó de este personaje no fue su género sino su petulante carencia de cerebro.

Me sirvió el encuentro con él, sin embargo, para darle contexto introductorio a esta nota, y para recordar la verdad de algo que se encuentra casi siempre atrás de la obra de los grandes genios de la expresión artística humana, me refiero a los grandes maestros de la literatura, la pintura, y la música, entre otras artes: un sufrimiento moral profundo. ¿Cuánto debió costarle a Marguerite Yourcenar el prejuicio y el estereotipo en su momento de la historia? Mi lado cínico no puede evitar pensar que quizás fue gracias a eso que su obra fue lo que es, para beneficio de esta raza humana a la que esos genios torturados elevan con su arte sin que lleguemos a darnos cuenta.

Ese sufrimiento moral profundo de la Yourcenar parece no ser el hecho mismo de su bisexualidad, sino la desgarradora convicción de reconocerlo definitivo al cabo quizás de una lucha intensa contra él, cuando pensó que podría vencerlo. Esto es algo que se refleja en varias de sus obras. En una de sus primeras novelas, Alexis o el tratado del inútil combate (1929), Marguerite explora el tema general de la homosexualidad, y más específicamente, del esfuerzo del protagonista por sobreponerse a lo que en más de un momento de su vida consideró algo pasajero, una especie de enfermedad de la que repondría por arte de magia para vivir después una vida corriente dentro de los cánones de la sociedad de su tiempo, incluyendo matrimonio e hijos. Con frases tan hermosas que quitan el aire, y que constituyen una colección irrepetible de prosa poética muy fina, Alexis narra a su esposa Mónica, por carta, cómo se engañó a sí mismo creyendo que sí llegaría a vencer sus inclinaciones, hasta cuando debió admitir que fueron ellas las que vencieron. La carta termina con una frase tremendamente reveladora: “Te pido perdón, lo más humildemente posible, no por dejarte, sino por haberme quedado tanto tiempo.

El tema de la lucha inútil contra una verdad estructural e íntima que es inaceptable tanto para la persona como para la sociedad, ya había sido tratado por Yourcenar en “Ana, soror...” (1925). En esta ocasión el tema también fue escandaloso: incesto. Desde muy temprano en su vida, en realidad desde su adolescencia, Don Miguel de la Cerna lucha contra su sentimiento incestuoso por su hermana, Ana, con todas sus fuerzas. Cuando Miguel se hace consciente de sus sentimientos, y sobre todo de su deseo, decide rehuir a Ana, la ignora, se entrega a toda clase de mujeres y toda clase de placeres y aún así su inclinación por ella acaba por reinar y se enseñorea. Miguel y Ana, con el tiempo, tienen una noche como pareja. También aquí, lo inevitable gana de una manera poética que parece más un recurso de Yourcenar para obtener el indulto del lector, o quizás el del tiempo: “Se acercó a la puerta sin ruido, parándose repetidamente y acabó por apoyarse en ella. Sintió que Ana se apoyaba también; el temblor de sus dos cuerpos se comunicaba a la madera. Estaba oscuro por completo: cada uno de ellos escuchaba en la sombra el jadeo de un deseo igual al suyo. Ella no osaba suplicarle que abriese. Para atreverse a abrir, él esperaba sus palabras. El sentimiento de algo inmediato e irreparable le helaba la sangre”.

En “Memorias de Adriano” (1951), una Marguerite Yourcenar que es ahora veinticinco años más madura como escritor y como persona, ya sabe que lo que se es, es lo que es, y lo acepta sin combatirlo: “Solo en un punto me siento superior a la mayoría de los hombres: soy a la vez más sumiso y más libre de lo que ellos se atreven a ser. Casi todos desconocen por igual su justa libertad y su verdadera servidumbre”. También, “...Como en definitiva todo es una decisión del espíritu, aunque lenta e insensible, que entraña así mismo la adhesión del cuerpo, me esforzaba por alcanzar gradualmente ese estado de libertad —o de sumisión— casi puro”.

Me parece que la gran dicotomía entre tomarse la libertad de ser lo que se es (lo estructural e íntimo que la sociedad rechaza) y someterse a eso, o combatirlo, es lo que estuvo en el centro de ese dolor moral profundo al que me refería más arriba, y que quizás fue lo que dio cuenta de la necesidad de escribir de Marguerite Yourcenar. Y esto me lleva de regreso a un lugar en el que ya estoy, en el que quizás he estado siempre: se escribe por una necesidad moral definitiva, una a la que no es posible combatir, una ante la cual solo queda someterse.

Chicago, Febrero 2015.

 

Martha Cecilia Rivera. Narradora y poeta colombiana. Su obra incluye la novela Fantasmas para noches largas, el volumen de relatos Opera de un hombre que buscaba,y el poemario, Peldaños de Brecht. Puede leer su blog presionando el enlace.

 

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