Narraciones de una Lesbiana Conversa

Luisa Menstruadora Publicado 2015-03-01 09:06:44

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #1

Antes de devenir lesbiana, llevaba una vida hetero de chica de izquierda “liberada”. Solía tener varias parejas a quien les daba servicios afectivos y sexuales sin recibir nada a cambio, incluso mi cuarto les servía de hotel, era yo, por omisión, una convencida guardiana del heteropatriarcado. Al momento de iniciar mi proceso de devenir lesbiana, me relacionaba con un hombre de manera poliamorosa, llevábamos un poco más de dos años en ese estilo de vida que en tanto heterosexual no transgrede pero nada, sin embargo, ahhhh, suspiraba, la liberación soplaba mis cabellos, les notaba uno que otro gesto o actitudes machistas pero nada más, en eso consistía mi feminismo, en mirar las actitudes, no los sistemas de opresiones.

Ellos tan izquierda, tan chaqueta verde militar, tan viva el EZLN, tan se saben de memoria a Quijano y a Mignolo, sabían que yo a veces me nombraba bisexual, el gran término heterocéntrico por excelencia, y no habían manifestado mayor problema porque al final, no me acongoja decirlo y puede venir aquí la policía de la diversidad heterocapitalista: la bisexualidad es binaria, comodina y no le hace ni cosquillas al heteropatriarcado.

Terminé con ellos tan lentamente como avanzaban mis cuestionamientos que me llevarían a la lesbiandad. A mi parecer acabamos bien. Nos vemos, que tengan una buena vida, me despedía sonriente sin saber a donde iba yo a parar. Es que aunque una está convencida, la heterosexualidad es tan fuerte que te hace pensar: quizá un día un hombre “no patriarcal” me gusta, “porque los hombres me gustan y eso no va a cambiar”, me repetía por aquellas tardes sin saber que dejaría de desearlos, me dejarían de gustar y no iba a quererlos muy cerca. 

Cuando esos sujetos con los que ya no salía se enteraron que había elegido la lesbiandad, por aquel 2013, yo aún los consideraba “amigos”, digo, no era radical como quizá ahora lo soy y además habíamos terminado bien, de manera chida. Vaya cosa, no tardaron mucho en convertirse en mis más asiduos trolls. En Twitter se encargaron de darle mucho empuje a las lesboterroristas con sus comentarios de odio y difusión de conversaciones privadas del pasado, entre otros machirrines anónimos. Para mí entonces se volvió tangible que no les dolía mis devenires, sino que la rabieta consistía en que había dejado de darles servicios no remunerados a ellos y a los hombres en general.

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #2

He estado cocinando un pastel con mis hermanas menores y con ayuda de Youtube, cosa que nunca hemos hecho y no ha sido tan horrible como pensamos. La más grande me preguntó si me acordaba de la vez que un novio vino a casa a traerme un pastel de manzana que sabía a rayos. No me acordaba, pero sí me acordaba. Desde quinto de primaria, como a los 11 años, las niñas de mi salón tenían novios y a mí, como marca la norma, me gustaban los niños que a todas gustaban. Porque si la “normalidad” es heterosexual y “lo anormal”, la homosexualidad heterocentrada, que rara vez se miraba por mi pueblo, no iba a cuestionarme qué rol desempeñaba en ese salón de clases, entre mis lecciones de geometría. Tuve novio hasta la prepa y de ahí no paré, los invitaba a mi casa a conocer a mi ma y pa, y ellos-novios creían que me había vuelto loca porque eso significaba formalizar algo, para mí era una acción cotidiana, así que mi familia ya se había acostumbrado al desfile de novios a los que les ponían apodos para reconocer, justo el que recuerda mi hermana es un vecino con el que anduve a los 17, creo que en esta casa le llamaban “el tipo de la colonia”, quien me trajo un pastel cuando cumplí 18. ¿Cómo entonces me iba a volver lesbiana si desde quinto me gustaban los hombres? ¿Cómo si coleccionaba relaciones heterosexuales que ventilaba a los cuatro vientos? ¿Cómo devenir fugitiva desde un aferrado heterocentrismo?

En la prepa me besaba con mis amigas de vez en cuando, pero ellas no me gustaban, una hetero besa a sus amigas en el calor de la fiesta, cuando sabes que puedes culpar al alcohol, que nadie te vio tomar, porque ya en primero de prepa, habíamos aprendido que hasta Britney se podía besar con Madonna en los MTV y al igual que ellas, íbamos a seguir siendo bien hetero, ya que la norma no se resquebraja con unos besos entre mujeres si no se es capaz de analizar el régimen heterosexual capitalista que ha normado nuestros cuerpos, deseos, pensamientos y no solo eso, sino con estrategias diarias de fuga...así que besarnos no nos conflictuó nunca. En la universidad me seguí besando con las amigas de los novios con los que salía, de vez en cuando nos metíamos al mismo tiempo al baño del bar, unos cuantos besos, y salíamos siendo bien heteros, hola, aquí no ha pasado nada, nos sonreíamos entre las cervezas sin mayor caos, pues ninguna práctica sexual por muy entre mujeres que sea, va a derrumbar el sistema si no se analiza y escapa, o se intenta escapar, a las categorías de opresión. 

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #3

De los besos con mujeres, pasé a follar. Mi primera vez fue después de una de esas fiestas defeñas trans/cuir en la época en que no pedían cover, me parece que era 2012. Una conocida lesbiana cumplía 26 años y cierta amiga de ambas había venido de Oaxaca solo a festejar. Yo que seguía siendo bien hetero miré sin preocupaciones que esa amiga también hetero se quedara a dormir conmigo después de aquella fiesta donde todas las lesbianas se besaban entre sí mientras sus bigotes hechos con cabello y sostenidos con diurex se les despegaban de sus rostros. Gabriela esperaba que yo follara con ella apenas entráramos a mi departamento, porque pensaba que yo había follado con mujeres ya. Verás, no me atrevía a decirle, no tengo la menor idea de qué hacer. Ella estaba excitada y temerosa, pero esperaba a que yo hiciera algo, qué miedo, yo temblaba con el cobijo de la oscuridad y quizá eso ayudaba a que me viera segura o probablemente no. Oye, te dejo aquí mi cama, voy a dormir afuera en la colchoneta, le dije mientras salía asustadiza de mi habitación y me acomodaba en un rincón de la sala. La pude ver arrugar el gesto decepcionada antes de que yo me fuera, escuchándola susurrar: ¿Es en serio?, así que me sentí tan mal recostada en mi colchoneta negra mirando al techo que le di vueltas a la situación un poco. Ella me gustaba, sí, yo quería experimentar desde hacía mucho tiempo, también. Ay, qué miedo. Regresé entonces. Nos besamos como lo habíamos hecho en la fiesta y luego en el taxi que nos trajo de la Doctores a San Fernando, el departamento donde vivía. Seguimos besándonos y ella se aventuraba más. Miedo. Miedo. Miedo. Pronto llegó lo que temía que llegara, otra vulva, otra vulva húmeda, con otro olor, otra forma, texturas, movimientos. Qué miedo, terror y qué interesante. La estimulé mientras la observaba cambiar su rostro, la besaba, me encontraba fascinada con la suavidad de su piel. ¿Es así como se hace? Quién sabe, no lo sé, me repetía en mente con mucho estrés, seguimos tocándonos, pero mi orgasmo se cebó, no sé si ella tuvo alguno. Estehhm, oye, debo irme a dormir allá afuera, creo que hemos hecho mucho ruido y mi roomie duerme en la habitación de a lado. Sí, se acomodó para dormir. En la colchoneta tuve confusión, era mejor no despertar, pero la mañana llegó y no quería verla, qué pena. Que alguien me salve de aquí. Hola, se levantó feliz para despertarme, ¿salimos a algún lado? Sí, está bien, podríamos ir a algo aquí en el sur, no sé, el MUAC nos queda como a 15 minutos en el metrobús. Nos alistamos y salimos. En el museo todo ocurrió tranquilamente, dos amigas que vistan un museo un domingo, a ver no sé qué exposición, de vez en cuando ella me abrazaba y yo me sentía requeteincómoda, pero estaba a gusto. No es aquí donde me empecé a cuestionar algo, pero sí me animó a follar con más mujeres, poco a poco, hasta que ya después el horror y miedo pasaron a convertirse en deseo y placer, porque los deseos los hemos aprendido tan bien que sin perseverancia, es fácil caer en discursos naturalistas. Al otro año la volví a encontrar, ya hecha toda una lesbiana, creo que se convirtió antes que yo. Ahí supe que pensaba que yo bien que había follado antes con mujeres y esa noche no quería estar con ella. No era así, nunca antes vi a una mujer desnuda ni excitada, le confesé. ¿Entonces nos convertimos al mismo tiempo? Ehmm, sí, respondí, convenciéndome también.

 
Monique Wittig. 

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #4

A principios de 2013, cayó en mis manos un texto de Monique Wittig que platiqué en los viajes de mudanza con Carlos, uno de mis amigos, de esos que desaparecieron cuando me declaré lesbiana. Que la categoría de sexo, y no solo género, es una construcción social. Bam. Sí, que es la opresión la que crea la idea de dos sexos y no al revés, después de todo no es la naturaleza la que nos habla enseñándonos que un helecho se llama helecho, sino que es la clasificación humana la que lo crea. Que hombres y mujeres son categorías políticas y económicas, dos clases sociales, una sustentada en la dominación de la otra. Que entonces las lesbianas son desertoras de su clase, fugitivas al escapar de varios mandatos de género. Nononono, espera, no, él intervenía parando de tajo mi relato que me sacudía en placer y hacía subir el volumen de la voz. Yo conozco, bueno, unas amigas de las amigas de mi amiga que son pareja blablablá. Me narraba una de esas relaciones románticas entre mujeres que reproducen la heterosexualidad, lesbianas también les llaman, llenas de celos, drama y violencia que nos sacan cual cuento de terror para que no nos salgamos del corral. No hay nada más allá afuera, me quería decir sin decir, en cualquier lado es lo mismo.

Seguíamos el camino nocturno de Av. San Fernando a Salto del Agua, con unas viejas sillas tubulares atravesadas en el renault rojo que de haber chocado nos hubieran perforado al instante. 

Es sorprendente, le señalaba, que no podamos pensar nada más allá del esquema heterosexual, de ahí la existencia de esas lesbianas que son eso, heterosexuales. Él negaba un poco, pero no decía nada frente al volante. Así que eso explica, le decía mientas andaba el auto por Calzada de Tlalpan, por qué yo me asuma en la normalidad, esa normalidad que tan es legítima que se han inventado la existencia de una “diversidad” ajena a ella, con todo y siglas, esa es la razón por la que no me he cuestionado nada aunque sostenga prácticas esporádicas con mujeres. Es que no hay duda, Carlos: el deseo es aprendido. Pero no solo es deseo sino que esto es un sistema donde las mujeres servimos a los hombres, viviendo a su alrededor en tanto sigamos siendo heterosexuales, ¡eureka! ¡eurekaaaaaaa! 

Quería detener el carro y bajar corriendo desnuda por la calle, no sé por qué desnuda, solo imaginaba. Detén el auto, que no sé qué he hecho con mi vida hasta ahora. Me reía sin decir nada e imaginaba una vida alterna lésbica. Él me pasaba un cigarro en mis silencios y le subía al CD de Lana del Rey, el álbum que me gustaba escuchar azotada en un drama vintage aspiracional y secreto. 

Fueron varias vueltas de auto porque no es fácil mudar siete años en el sur de la ciudad a un cuartito en el centro, traíamos ropa y libros de a poco, eran noches de humo y cerveza compartida, lo más lejano que pude escucharle decir fue: “hay muchos que dicen que no necesitan probarlo para saber que no les gusta, no es así, que no puedas erotizar, vamos, algunos ni tocarle la mano a otro hombre, no es que naturalmente no puedas, simplemente es que así fuimos educados, como heterosexuales”, fue lo más lejano que se atrevió pensar. 

Comencé a vivir en Salto del Agua, en un departamento de tres habitaciones donde yo dormía en un cuarto improvisado junto a la pared y ventana del baño, ambientado con ruidos y sonidos intestinales de tres morras más, que conocí porque colgaron su aviso en el sitio segundamano. Una lesbiana, una bisexual, otra heterosexual, parece ser que entre mis lecturas y la nueva gente, el caldo de cultivo para mi devenir lesbiana ya estaba, pero no era mi nuevo hogar lo que me alesbianaría, porque después de todo hay movimientos y libros y licenciaturas y expertxs que sostienen que las lesbianas solo y exclusivamente nacen, que hay que tener un gen. Así que mi devenir estaba estancado...

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #5

¿Has intentado con mujeres? Sí, claro, contesté. ¿Y no te gusta? Sí, claro. ¿Pero y entonces? ¿Entonces qué? No, nada, se contenía. 

Estaba en la Feria de las Nieves en Tláhuac con Selene, comiendo una quesadilla que me compartía ante mi hambre y falta de dinero. Pues es que me gustan los hombres. ¿Por qué? No sé, por muchas cosas. A mí antes me gustaban, sentenció. Guardé silencio porque nadie se espera a que diga eso una lesbiana del activismo elegebeté o al menos no lo esperaba yo. Soy una conversa. ¿Una qué? Una lesbiana conversa, para mí no se nace, se elige, es una posición política. Comíamos entre otras amigas en común que hablaban no sé de qué en la misma mesa y que dejaban de existir ante el huracán de una plática en un tianguis. ¿Elegir? ¿Conversa? Esta tipa se ha vuelto loca.

Selene seguía hablando. Digo, yo no voy a negar las experiencias lesbianas de nadie porque hay quien dice que nació, pero yo lo elegí, es una posición de resistencia ante el heteropatriarcado y no tiene qué ver con prácticas sexuales, aunque son tan placenteras que también lo recomiendo. Por primera vez se me juntaba la teoría y la práctica de lo que yo deseaba como feminismo. ¿Esto es real? ¿Hay quienes eligen? Ella me mostraba que era posible lo que había leído con Wittig, pero no hablábamos de autoras. Supongo que ésta, jugando a la adivina, me iba respondiendo dudas por adelantado y acompañaba con más casos, chismes, más bien. ¿Ubicas a tal? Pues ella es conversa. ¿Neta? Sí, somos muchas conversas, bueno, yo le digo conversas, de conversión como en la religión, porque suena bien, me contaba mientras se reía como quienes la han visto reírse saben que lo hace. Lesbiana conversa era el término que Selene entre risas y placer, había acuñado para quienes después de vivir en la heterosexualidad de noviazgos, dietas, dramas, amor romántico y demás opresiones aprendidas, elegían renunciar y devenir lesbianas, un término pegajoso y delicioso como chicle tutti frutti. 

Regresé alterada a mi departamento en Salto del Agua, ¿se puede devenir lesbiana? ¿Yo puedo? Tenía por esos días una amiga lesbiana de la diversidad, una de esas roomies, ella desde su discurso del gen me alentaba porque era yo, en realidad y según ella, lesbiana de siempre. Todas anduvimos con hombres, pero nacimos lesbianas, mira, ve estas fotos de mis amigas, están bien guapas. Mira esto, mira lo otro, me alentaba con la idea de identidad. Te falta ser más femenina, así no lograrás nada, ¿eres activa, pasiva, inter?, seguro eres pasiva ¿no? Pero ese no era el chiste, esto no consistía en jugar a las identidades heterocentradas, no iba a asumir que era pasiva o activa emulando una relación heteropatriarcal, tampoco iba a comprar un paraguas de arcoíris ni a ver The L Word, tampoco me gustaban las mujeres al pasar por la calle, ni quería cosificarlas. Basta, es que quizá y después de todo no iba a poder, mejor no, sabes qué, frente al espejo, mejor no. En aquellos días seguía saliendo con mi noviecito poliamoroso y con dos que tres hombres más, pero ya estaba cansada y me aburrían, así que empecé a poner pretextos para no verles y estar sola, quiero estar sola. ¿Nos vemos? Ehm, no, tengo trabajo. ¿Nos vemos? Ehm, tengo una ITS. ¿Nos vemos? Es que este fin viajo a ehmm, Chapultepec. Quiero estar sola, tomaba la cámara prestada y me tomaba fotos desnuda, semidesnuda, de mi nariz, mis piernas, los ojos. Caminaba por el Centro, escuchaba los sonidos del baño, le subía a la música, buscaba moneditas de mi cuarto para reunir para las comidas, acariciaba a la gata de la roomie, salía y seguía caminando.

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #6

Entre mi mudanza en enero y platicar con Selene en abril en el tianguis de Tláhuac, habían pasado varias cosas. Me había reecontrado con Abril, la lesbiana cumpleañera de la fiesta trans/cuir donde alesbiané sin alesbianarme. La vi en tuiter y había venido a mi cumple 25, a una de esas noches de sexo colectivo que tenía con mis amigos y amigas en la colonia Guerrero, cerca del metrobús Buenavista. Es que desde mediados de 2012, después de las elecciones donde ganó Peña Nieto, habíamos canalizado la práctica de reunirnos a protestar a reunirnos a follar, lo cual sucedía sin mucho asombro, pues después de todo, el sistema no se derrumbará follando. Pero era mi cumple y eso habría de pasar, esta vez no quería que participaran hombres, era yo la cumpleañera y yo decidía. En la fiesta follamos cuatro. Todas un poco conmigo, dos entre dos, tres entre dos, tres entre tres, hasta que solo quedaron una con una y dos nos quedamos suspendidas en el tiempo, una durmiendo, yo regresé muy pronto a la sala con el grupo de amigues que bebían y fumaban. Fue Abril quien terminó follando con Sandra hasta muy entrada la mañana, cuando después de varios orgasmos descubrieron que la gente de la fiesta se había acomodado en las esquinitas de la cama para dormir, y ya estaban ahí roncando a su alrededor mientras ellas seguían gimiendo con grato escándalo. 

La volví a ver porque venía su cumple y buscaba un vestido ridículo para trasvestirse como mujer. He visto uno, le avisé. Vamos. A mí me gustaba una amiga de Abril, Elena, una de esas chicas que le gustan a todas, de belleza casi hegemónica. Y Abril estaba enamorada de otra chica a la que llamaba de forma cursi. Nos hicimos amigas y se empezó a quedar en el departamento de Salto del Agua, dormía en la sala mientras yo me iba a mi cuarto a dormir en la colchoneta.

Llegó el aclamado cumpleaños donde Abril se besó con más lesbianas como cada fiesta. Yo miraba drama aquí y allá, pero todas lo ocultaban de la mejor manera. Los gajes de despatriarcalizarse es que se sienten celos que no se deben sentir, así que el malestar lleva otros nombres, por ejemplo: “Me duele el estómago y me tengo que ir”, “no estaba celosa, es que me había drogado mucho y por eso no te escuchaba muy bien”, “debo salir afuera un rato porque aquí se encerró mucho el humo”, etcétera.

Elena, con quien yo había follado varias veces, ahora estaba con Teresa, que al mismo tiempo me odiaba un poco porque ya era sabido que Abril, con quien también salía, se quedaba más en mi casa que en la suya, así que jalaba apasionadamente a Elena para besarse frente a mí en una especie de venganza infantil. Recuerdo que le pedí un poco de cerveza a Teresa pues en apariencia éramos amigas, y porque yo no me alcanzaba para comprar una, me contestó tajante pidiéndome que marchara a una tienda, entendí cabal sus celos y me aparté. Minerva estaba besándose con Abril cuando la novia de la primera vino a hacer un drama con pretexto de no recuerdo. En un momento en que Elena estuvo sola, Patricia y Romina vinieron a proponerle un trío. Cuando Teresa lo vio, se marchó enojada diciendo que debía pasar a dejar a Lucía, con quien también salía, pero que era heterosexual. Y cuando Elena acabó de follar en trío y salió a buscar a Teresa, quien ya no estaba, vino conmigo a platicar un rato. A punto de amanecer, me quedé con Abril quien se me montaba en las piernas. Después bailé varias canciones con Daniela y entonces me fui a sentar en medio de una fiesta a punto de morir. Vino Paula a besar a Abril mientras yo cerraba los ojos consiguiendo sueño. “No te hagas la dormida, bien que has visto”, me dijo Paula retándome a no sé qué artimaña patriarcal cuando Abril fue al baño. Luego comenzó a meterme chetos en la boca para hacerme enojar, como si estudiáramos en el kinder. Llegó de nuevo la novia de Paula algo molesta y se marcharon. Abril me dijo que fuéramos a mi casa, acepté.

En casa la dejé en mi cama, que para entonces ya había conseguido un colchón viejo y una base de cama que me regalaron en tuiter y me fui al sillón. Apenas sentí cuarteado el cuerpo por el sillón, entré con Abril. Dormí junto a ella unos minutos, ella aprovechó el momento para decir: Me debo quitar el vestido pues no puedo dormir así. Se quitó de un jalón la ropa y me dio la espalda. No había notado antes el hoyo que se hace entre su cadera y su cintura. La abracé por la cintura, ella volteó y follamos con mi recato heterosexual, es decir, no me atreví a hacer mucho con esa lesbiana de la que había aprendido tanto sobre lesbofeminismo, estaba algo aterrada y obtuve un rico orgasmo. Despertamos a las 6 de la tarde y volvimos a follar al otro día y al otro día y al otro día, en todas las posiciones. Me volví exigente a partir de ahí, si iba a pasar del coitocentrismo heterosexual sin orgasmos a la lesbiandad, iba a ser con la lesbiandad orgasmocéntrica y así fue.

 

Narraciones de una Lesbiana Conversa #7

Anunciar que una es feminista es avisar que se está en un proceso de deconstrucción inacabado. Yo también he sentido celos. Yo también he buscado la aprobación en los hombres. Me he rapado y me he descubierto triste por no recibir ni un solo piropo o acto de violencia sexual por la calle, lo que me hizo pensar en que no hay liberación feminista siendo heterosexual. He subido de peso convencida de no querer vivir atada a dietas y me he encontrado aborreciéndome frente al espejo. Pero ya he aprendido a amarme, a reconocer mi cuerpo, a amarlo. He caminado por horas sintiendo la fuerza de mis piernas y con la cabeza en alto, inmersa en mi seguridad. He andado sola y de noche por barrios oscuros sin recibir ninguna frase sexista, sintiéndome dueña del mundo. He aprendido a relacionarme sin ser mujer, aunque lo sea. He aprendido a ser mujer por estrategia, ya no por naturaleza de nada. He tomado la palabra en espacios donde antes no lo haría. He conseguido vivir sola. He elegido mi trabajo y no tengo jefes. La lesbiandad feminista se me metió por el cuerpo, me dejé abrazar por Abril aquella tarde después de follar y con ello tiré mi negativa a amar a otras mujeres, creé alianzas con muchas en el camino, devine manada, nos encontramos incongruentes, celosas, gordofóbicas, racistas y colonialistas, a pesar del discurso, y nos atrevimos a platicarlo, a mirarnos a los ojos, a llorarnos, a reírnos, a enojarnos, a devenir lesboterroristas. El lesbofeminismo se me metió en mi blusa, en mis pantalones, en los zapatos. Conocí el sexo placentero y las relaciones con mujeres sin competencia por hombres, ni mujeres, así que decidí que nunca más estaría con personas que me trataran con desprecio de ningún tipo. Me alejé de amistades, me encontré siendo yo, como si después de un largo tiempo volviera a encontrarme conmigo, con la seguridad que te arrebatan a los 12 años cuando los senos avisan al mundo que eres un ciudadano de segunda: una mujer, cuando todo alrededor te muestra que tu única preocupación debe ser tener novio o un esposo. Siento que volví a ser yo, como si volviera a instalarme en mi cuerpo, en mi vida donde sé lo que quiero, siento que soy de nuevo la que jugaba con sus amigas en los columpios, la que reía a carcajadas, la que quería ser escritora, periodista, directora de cine y viajera, la que cantaba a todo volumen en su casa, la que no usaba rimel ni cuidaba cada tanto como se sentaba para que no se le marcaran las lonjas. Dejé de ser para otros. Dejé de tomarme fotos para su gusto, el escote, las pestañas, los labios rojos, me aventé en un abismo convencida de que era tiempo de volar. Abril me ayudó entre debates y orgasmos y Selene con provocaciones teóricas y abrazos en la cama. No quise iniciar ninguna relación poliamorosa más y comencé a noamar, el noamor como aspiración a dejar de emparejarme. ¿Cómo me volví lesbiana? No sé, si alguien me pregunta, no lo sé, solo sé que me atreví a conocer más que lo que me enseñaron en la universidad, en casa, con los amigos y los colectivos de hombres. Que me atreví a dejar de ser la guapa. Que me atreví a dejar de ser la amable, la que ríe, la sexy. Sé que la presión heterosexual fue tanta que volví a intentar relacionarme con un hombre, de esos que sabía que me gustaban. Entró a mi cama y nos besamos, intentamos follar y no pudimos hacer mucho porque yo no sentía deseo después de cuestionarme tanto. Salimos a cenar y por la calle aborrecí sentirme segura con su presencia, la gente te trata de diferente manera cuando vas con un hombre. Y a pesar de él, de que no quisiera ser ése, seguía siendo un hombre y viviendo sus privilegios en el heteropatriarcado, ¿cómo iba yo a querer convivir con sujetos que no quieren ni pueden cuestionarse? ¿Cómo convivir con sujetos cuya omisión me violenta? Desde aquella noche fue imposible, ya no había duda: había devenido lesbiana conversa y lesboterrorista.

 

Soundcloud:
Soundcloud: "Noamor" by Menstruadora

 

◊ 

Luisa Velázquez Herrera. Me hago llamar Menstruadora en redes sociales y en algunos espacios feministas mis amigas ya me llaman así. Soy del estado de Puebla, pero vivo en el DF desde hace 10 años, ahora tengo 27 años y me dedico tiempo completo al feminismo, en específico al lesbofeminismo, corriente crítica del feminismo que aborda la heterosexualidad como un régimen político, que no solo como sexualidad hegemónica como han tratado de vaciar algunos activismos. Yo solía ser una heterofeminista con muchas ideas radicales autocensuradas hasta que conocí en 2013 a un par de lesbianas con ideas muy parecidas y nos decidimos a explotar en manada, poco a poco llegaron más. Aprendí de ellas el lesbofeminismo y a arrancarme la heterosexualidad. El lesbofeminismo me atravesó la vida, dejé de creer en identidades, jerarquías, en instituciones, devine sin rumbo y feliz. En estas narraciones de una lesbiana conversa, cuento cómo pasé de ser una feminista heterocentrista a una lesboterrorista. Espero que las disfruten o no, de todas formas yo lo viví.

 

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