Mújica: "Los derechos de los trabajadores son el corazón de la campaña”

Juan Mora-Torres y Franky Piña Publicado 2015-01-04 02:40:25

 

Jorge Mújica lleva un poco más de 25 años viviendo en Chicago. Desde su llegada ha trabajado como periodista, así como de organizador sindical y de inmigrantes. Jorge cobró reconocimiento en la ciudad a partir de las marchas de la Primavera del Inmigrante, en el 2006, y más recientemente, los reflectores de los medios volvieron a iluminar su rostro durante la campaña por incrementar el salario mínimo a 15 dólares por hora. Ahora Mujica ha decidido participar en el proceso electoral a sabiendas que no es político de profesión y bajo las siglas de varios partidos socialistas. El BeiSMan entrevistó a otro de los candidatos, el joven Byron Sigcho, y pronto buscará entrevistar al actual concejal del Distrito 25, Danny Solís.

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Ser candidato del Distrito 25 con el apoyo de grupos socialistas, ¿no es contraproducente por la composición oriunda de los habitantes de este distrito?

No, correr como socialista no es contraproducente porque los inmigrantes mexicanos tienen la tradición de saber que hay una izquierda que participa electoralmente, y en la calle lo toman como algo natural. Dicen: “Ah, de izquierda como el PRD”. Y yo les respondo: “Sí, es como si el PRI fuera el Partido Demócrata; el PAN, el Partido Republicano, y nosotros somos la izquierda. En las poblaciones blancas hay algo de asombro de que alguien se atreva a decir que es socialista. En Chinatown es una reacción mezclada porque el mensaje de ser socialista va junto con pegado al de que estamos a favor de los derechos de los trabajadores; así se interesa la gente porque es una población altamente trabajadora y también explotada. Por tanto, dejan de ponerle atención a la etiqueta socialista y le ponen atención a la plataforma obrera.

 

Como residente del Distrito 25, ¿cuáles son los principales problemas que has identificado?

Los derechos de los trabajadores son el corazón de la campaña. Geográficamente hablando, en el Distrito 25 hay un 80 por ciento de la población que gana menos de 40 mil dólares al año. Además a muchos les roban sus salarios, no les pagan su tiempo extra y tienen que viajar grandes distancias para llegar a su trabajo, pero no ganan lo suficiente para mantenerse decentemente. Así que tienen que agarrar uno o dos trabajos adicionales de medio tiempo. Esto es común tanto en Pilsen como en Chinatown; también lo compartimos con los afroamericanos que quedan en el distrito, ya que Danny Solís mañosamente cortó a los afroamericanos que posiblemente eran un voto de oposición, e integró a la comunidad acomodada de West Loop. Esta última población gana más de 80 mil dólares al año. Obviamente hay una diferencia abismal entre ambas comunidades. 

Por otra parte, cuando vemos la criminalidad en el Distrito 25, la mayoría son delitos menores: robos de menos de 300 dólares. Son robos originados por la pobreza. Hay otros problemas que son secundarios; por ejemplo, el problema de la trasportación donde una línea de autobús deja de dar servicio a las seis de la tarde. Hay problemas relacionados con el medio ambiente; además de la contaminación que ya tenemos, quieren meter otra trituradora de metal. Todo se basa en el hecho de que éste es un distrito de trabajadores pobres. Antes pobre era el que no trabajaba y ahora el pobre trabaja hasta 12 o 13 horas al día y sigue siendo pobre.

 

Hay seis candidatos para concejal en el Distrito 25. ¿Cuáles son los problemas que ves en el regidor actual y cuáles serían las razones para ocupar su lugar?

Danny Solís es una persona que obedece fielmente a las indicaciones del alcalde de Chicago, Rahm Emanuel. Está alineado con el alcalde y 97 por ciento de las veces ha votado a favor de lo que propone Emanuel. Por otra parte, el alcalde responde a los intereses de las grandes corporaciones; por algo le pusieron el Alcalde 1%. Por tanto, Solís no es un alderman independiente que beneficie a la comunidad. 

Solís se ha dedicado a embellecer, invertir y promover Chinatown y ha olvidado completamente el resto del distrito. Tenemos un desierto comercial en la zona afroamericana donde no hay una sola tiendita. Y en Pilsen, ¿en dónde se puede ver un centro comercial del tipo que está en Chinatown, en las calles Cermak y Archer? En ningún lado. Para nosotros no hay ese tipo de beneficio. Pero los beneficios para Chinatown no son para la clase trabajadora sino para las grandes corporaciones. De los cinco contribuyentes mayores de Solís, cuatro son chinos que están involucrados en los bienes raíces y la importación de productos de China. 

Ése es el alderman que está representado al Distrito 25, un distrito que es mayoritariamente pobre. El dinero de los impuestos de los TIF (Tax Increment Financing) se ha canalizado para darle cinco millones de dólares a Home Depot y cinco millones de dólares a cada Target. Ahora somos un distrito que tiene dos tiendas Target. Esos 15 millones de dólares nos hubieran permitido subsidiar a 100 pequeños negocios familiares, que son los que han cerrado en las calles Dieciocho y Cermak.

Toquemos la educación por un momento. Danny Solís es el ex director ejecutivo de UNO, la mayor promotora de escuelas chárter en la ciudad de Chicago. El 54 por ciento de los niños en edad de educación primaria asiste a escuelas privadas o escuelas chárter. Es decir, nos privatizaron la educación sin que nos diéramos cuenta y eso es obra de Solís combinado con UNO. Creo que hay que revertir la tendencia y las escuelas chárter deben regresar a un sistema de gobierno de escuelas públicas. Tenemos que regresar a los consejos escolares tal y como los había planteado Harold Washington. No el remedo de consejo que opera ahora donde les quitaron poder y, asimismo, hay que desprivatizar la educación pública. Hay que encontrar un presupuesto para las escuelas que no dependa de los impuestos de bienes raíces de un determinado barrio porque se cae en un círculo vicioso: barrio pobre, escuela pobre. Y para concluir, hay varios estudios que aseguran que las escuelas chárter ni siquiera proporcionan una educación mejor que las escuelas públicas.

 

Eres más conocido como activista, pues tienes más de dos décadas trabajando en el movimiento inmigrantista y laboral. ¿Cómo se da ese cambio del activismo al movimiento electoral?

No hay cambio. Lo que estamos haciendo con esta campaña es tratar de desmitificar la política electoral. Creo que la izquierda ahí tiene un lugar, pero tiene que ganárselo. Tiene que ocupar ese lugar y tiene que hacer una serie de propuestas que tengan sentido común. Lo que estamos tratando de hacer es llevar el activismo a la oficina del alderman. No se trata de convertirme en político. Yo no soy político. Una cosa es que participe en movimientos políticos y otra cosa es que yo sea un político de traje y de hacer negocios en el ayuntamiento. No se trata de eso. Se trata de meter a un activista al ayuntamiento de Chicago. Tener una oficina de concejal que sea una oficina de activismo, que sea una oficina de la organización de los trabajadores y los residentes de Pilsen, de Chinatown, de Tri Taylor, que sea una oficina que beneficie a la gente. ¿Cuáles son las mayores decisiones que tendría que tomar un alderman? Votar por 13 dólares de salario mínimo para 2019 o votar por 15 dólares ahora, que es nuestra demanda. Es irresponsable que una sola persona pueda tomar esa decisión. Esas decisiones le pertenecen a la comunidad, pero la comunidad debe estar organizada para tomar dichas decisiones. 

La oficina del alderman tiene que servir como un instrumento de organización, que es lo mismo que he estado haciendo por los últimos 25 años en Chicago: organizar trabajadores y organizar gente. No necesitamos capitanes ni sargentos ni tenientes de precinto. Necesitamos consejos de precinto, consejos de manzana que sean los que tomen ese tipo de decisiones. ¿El alderman debe ir al Concilio a votar por 13 dólares la hora para el 2019 o debe votar por 15 dólares ahora? Pero eso se logra con una comunidad organizada. Y nuestra comunidad no está organizada. Son pocos los sindicatos, son pocas las organizaciones latinas o chinas que luchan por la comunidad. Tenemos organizaciones que ofrecen servicios, pero entonces la gente se convierte en cliente y no en participante activo de una lucha determinada. Históricamente son pocas las luchas en las que la comunidad se organizó por algo: la lucha por la Benito Juárez, la lucha por la biblioteca Rudy Lozano. Necesitamos una comunidad permanentemente organizada. ¿Queremos que las escuelas chárter regresen a ser parte del dominio de las escuelas públicas: sí o no? ¿Queremos la trituradora de metal: sí o no? ¿Queremos nuevas líneas de camiones: sí o no? ¿Queremos líneas de peceras? Porque andamos coqueteando para meter una línea de peceras en la calle Dieciocho? Ésas deben ser las decisiones que debe tomar una comunidad organizada.

 

Creo que la comunidad está organizada…

En clubes de fútbol…

 

Claro, en clubes de fútbol y en las congregaciones religiosas. ¿Acaso no será que los líderes comunitarios y los políticos no han sabido leer y trabajar con estas organizaciones?

Se puede decir que “la comunidad está agrupada” en los clubes de fútbol, en las iglesias, en los clubes de oriundos y las federaciones, pero cuando surge un problema en la comunidad ni los clubes de oriundos ni las iglesias atienden el problema. Cuando tenemos una gran cantidad de foreclosures (juicios hipotecarios), nadie pelea contra ello. Hay organizaciones que te dan el servicio para que pagues tu gas, electricidad, pero foreclosures nada. Cuando tu pequeño comercio está fallando porque la economía falla, nadie te ayuda. Ésos son los aspectos esenciales en donde hay que organizar a la comunidad. A las organizaciones tenemos que invitarlas, educarlas y trabajar con ellas para que den el salto y pasen a otro tipo de agrupación, es decir, para que participen políticamente. Que tengan una voz, que sepan en qué se gasta el dinero del TIF, para que se subsidien los pequeños negocios en lugar de patrocinar a Target y Home Depot. Pero hasta la fecha no lo hacen.

 

Si observamos a las organizaciones —mencionaste a los clubes de oriundos— y a sus líderes, caeremos en cuenta que cada cabeza de organización tiene su mente puesta en la nostalgia que deviene por México. Piensan en las elecciones pero de México. Piensan en el voto en el exterior aunque la gente no vote. Los oriundos responden a emergencias, como las de los huracanes, por ejemplo. Sin embargo sus hijos estudian, trabajan y bailan aquí. Esta dinámica de distanciamiento entre el activista/líder y las prioridades organizativas se ha repetido por décadas. ¿No será que las ambiciones personales de los líderes están por encima de las necesidades de la comunidad? ¿Y podríamos seguir llamando democrático a un sistema que permite que se elija a un concejal con poco más de tres mil votos en un distrito de más de 54 mil habitantes?

A Solís lo eligieron 3,800 de 21 mil votantes en aquel tiempo. Ahora tenemos 24 mil votantes. Nueve mil personas votaron en las elecciones en noviembre. Es decir, un treinta por ciento solamente. Hay un voto amañado, porque, como Committeeman, Solís decide en dónde se pone la única casilla de votación temprana; en otras palabras, tienes la oportunidad de votar temprano durante 15 días pero solo que estés en Chinatown. Si vives en Pilsen, no tienes oportunidad. Si abrieran la casilla temprana en la biblioteca Rudy Lozano a lo mejor se animaba más la gente. Pero sobre todo, creo que ha habido una falta de alternativas claras en las candidaturas. Mucha gente me dice que hace cuatro años Cuauhtémoc Morfin perdió porque prácticamente su lema de campaña era: “Yo no soy Danny Solís, voten por mí”. Pero no había mayor diferenciación entre un personaje de traje y otro personaje de traje. Y entre la primera y la segunda vuelta, mil personas dejaron de votar. En la primera vuelta votaron ocho mil y en la segunda votaron siete mil, y con 3,800 votos se eligió a Solís en un Distrito donde vivían 80 mil personas. Es ridículo. El cinco por ciento de la población está mandando a un alderman al Ayuntamiento por cuatro años.

Ahora bien, con mi candidatura se pretende decir: “espérense, hay una persona que ya conocen porque lleva décadas peleando por los derechos de los trabajadores, organizando por los derechos de los inmigrantes. Esa persona ahora es candidato a alderman. No para convertirse en político. No para vestirse de traje y pasársela en el Ayuntamiento sino para seguir haciendo lo que ha estado haciendo: seguir organizando a la gente y seguir combatiendo por sus derechos”.

Esperamos que esta candidatura sí atraiga la atención de la gente y la haga darse cuenta que sí hay una alternativa, y ojalá que salga a votar en esta ocasión. Toda elección es un experimento, por supuesto. Si no fueran experimentos nunca veríamos ganar a la oposición. Así que veamos si un activista y organizador sindical puede atraer a la gente. Si votan los mismos siete mil que votaron hace cuatro años, pues no hay forma.

 

Chicago es una ciudad dividida entre los que controlan los grupos financieros, las grandes empresas y su hombre en el poder es Emanuel y sus 46 aldermans que tiene al lado. Hay muy pocos independientes…

Veintinueve. La cuenta de los incondicionales se supone que es 29; los demás…

 

Pero sigue dividida, quien domina es el poder. Es el dinero. Chicago es una ciudad global. Pareciera que los candidatos sirven a los intereses de las empresas, de los bancos… ¿Qué poder tienen los barrios en este mundo donde el capital lo determina casi todo?

El poder que tienen los barrios está ahí. Es latente. Es el mismo poder que logró que se construyera la secundaria Benito Juárez, la biblioteca Rudy Lozano, la secundaria en La Villita. El poder de los barrios ahí está, pero no está organizado para pelear…

 

Ahora es otra época…

Claro, pero ¿por qué dejamos de hacer lo que hacíamos antes? Cuando había problemas de recolección de basura en Pilsen —y ahora hay problemas otra vez de recolección de basura en Pilsen— agarrábamos la basura y la íbamos a votar enfrente de City Hall. ¿Te acuerdas de eso con Rita Bustos? Pero ahora no se hace. Cuando había problemas de discriminación porque la compañía de gas no contrataba latinos, ¿qué se hacía? Íbamos a pagar con centavos. Le cambiábamos a la gente su dinero para que fuera a pagar a las ventanillas con monedas de un centavo. Pero eso no se hace porque la política está controlada por parte de la maquinaria y por ciertas organizaciones no lucrativas que dependen de sus buenas relaciones con los políticos en el poder. De ahí que tengan el lema de “no hagan olas, no protesten, no salgan a la calle, no marchen”.

¿Por qué se acabaron las marchas del 2006? Porque vino la consigna directamente desde arriba: “Dejen de marchar. Ya lo vamos a arreglar todo; dedíquense a registrar votantes y a votar por el Partido Demócrata”. En ese momento perdimos el movimiento por la Reforma Migratoria en el 2006, 2007 y el 2008. Todo lo que se logró fue elegir a Obama. Y nos la pasamos los siguientes siete años —en lugar de marchar y de llevar el empuje de la comunidad— de elección en elección. Las elecciones no resuelven los problemas. Si así fuera no tendríamos problemas. Hay elecciones cada dos años de un tipo o de otro. Lo que necesitamos es una comunidad organizada que sepa protestar y que sepa demandar. No se pudo evitar el cierre de las 50 escuelas públicas, pero la comunidad se organizó, se movió y creó un clima que hoy, dos años después, va a repercutir en las elecciones indudablemente. Rahm Emanuel no se va a ganar el voto afroamericano porque le van a cobrar las 50 escuelas cerradas. Ése es el tipo de movimientos que tenemos que generar y constantemente retroalimentarlo.

Nunca debimos de haber dejado de marchar. Los grandes problemas políticos se resuelven cuando le creas un dolor de cabeza tan fuerte a los políticos que se despiertan cada día pensando que tienen que resolver el problema, sean demócratas o sean republicanos. Comúnmente la gente dice: “el enemigo es el partido republicano. Ellos son los culpables”. En Chicago no hay partido republicano y hay problemas. ¿Quién es el responsable? El Partido Demócrata y su maquinaria. Entonces hay que ir y protestar y convertir los problemas de la comunidad en problemas políticos.

Juan Mora-Torres. Historiador, autor de The Making of the Mexican Border. Co director editorial de El BeiSMan.

Franky Piña. Co director editorial de El BeiSMan.

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Artículos relacionados con las elecciones del Distrito 25 en Chicago:
“Activist Byron Sigcho wants Pilsen voters to elect him alderman,” by Antonio Zavala

 

 

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