Los escritores latinos de Chicago y el reconocimiento

John Barry Publicado 2014-10-16 06:44:03

Diez años después de la muerte de John Barry —profesor de español que, más que cualquier otro en la academia, prestó y dedicó su tiempo al estudio de la literatura en español escrita en Chicago—, sacamos a la luz un texto inédito de su autoría. Es una reflexión que presentó en un panel sobre la literatura latinoamericana de Chicago. Tomó lugar como parte de una conferencia que se realizó en la Universidad de Illinois, en Chicago, en colaboración con el Great Cities Program y el Programa de Estudios Latinos y Latinoamericanos de UIC durante el mes de septiembre de 1998. Por una razón u otra, la ponencia permaneció en mis archivos electrónicos. Y recordando el aniversario de su fallecimiento lo busqué y lo hallé. Lo publicamos en este número que El BeiSMan ha dedicado al español en Estados Unidos. —Marc Zimmerman

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En la conferencia pos-LASA titulada Mapping Latino/Latin American Chicago: Theoretical and Cultural Dimensions in the Age of Globalization del pasado septiembre, un grupo de escritores y otras personas interesadas en la literatura latina de acá se reunieron en la Universidad de Illinois en Chicago para intercambiar ideas. Para mí la conversación confirmó una serie de nociones que yo he estado formulando respecto a los problemas que enfrentan los escritores latinos de mi ciudad. En lo que sigue trataré de resumirlas, y a la vez presentar un resumen de los conceptos expresados en nuestra pequeña sesión. Todas estas ideas están relacionadas de alguna manera con el reconocimiento, o la falta de ello.

1. El reconocimiento de nuestros escritores latinos fuera de Chicago. Muy pocos escritores y escritoras latinos de Chicago que escriben en inglés han alcanzado reconocimiento fuera de nuestra urbe: en primer lugar podría mencionarse a Sandra Cisneros, Ana Castillo y Luis Rodríguez; David Hernández, Beatriz Badikian, Carlos Cumpián son menos conocidos pero han sido incluidos en bibliografías y antologías. Sin embargo, en realidad casi nadie piensa en Chicago como un centro de producción literaria hispana en el país.

Y mucho menos cuando se trata de textos escritos en español. Es cierto que algunos de nuestros autores que escriben en español han publicado cuentos o novelas acá y allá, y hasta han ganado premios en concursos literarios, pero en realidad ellos son casi invisibles fuera de Chicago. Con por lo menos veinte escritores y escritoras publicando textos en español y quién sabe cuántos en inglés, me parece que la Ciudad de los Vientos debiera tomarse en cuenta un poco más en este sentido.

2. El reconocimiento dentro de nuestra ciudad misma. Y para echar más sal en la herida, estos autores ni siquiera son muy reconocidos en la ciudad donde residen y escriben. De vez en cuando uno de los periódicos señala o reseña la obra de alguien, y recientemente dos periódicos semanales importantes en español, La Raza y Éxito!, se han comprometido a involucrarse más con los artistas y escritores de la ciudad. Es una iniciativa que promete ayudar bastante, pero hace falta más. Es cierto que ha habido lecturas públicas de poemas en varios cafés, librerías, o bibliotecas públicas del área. Además, vale la pena mencionar las buenas revistas literarias fundadas aquí, revistas que han tenido que hacer un tremendo esfuerzo sólo para sobrevivir y sacar otro número más. Pero no hay una consciencia como tal de esta presencia de talento dentro de Chicago —no existe un auténtico reconocimiento y el concomitante apoyo de los que escriben aquí. (Por ejemplo, casi nadie compra y lee estas mismas revistas literarias que menciono.) Este fenómeno es muy característico de nuestra ciudad históricamente, en que con la pintura, la música (el jazz y otros géneros), y el teatro, los artistas han tenido que exiliarse de Chicago para establecerse y recibir el apoyo concreto que les hace falta en New York, California o en otras partes de la nación. En cuanto a los que escriben en español, la falta de reconocimiento se debe quizás a que Chicago no tiene una base de lectores en español, y quizás tampoco en inglés con respecto a la literatura latina, lo suficiente grande para sostener a un grupo de escritores. Pero nuestra ciudad podría hacer mucho más respecto a sus artistas latinos, especialmente los escritores, siguiendo la iniciativa de La Raza y Éxito! O sea, las casas editoriales, la Academia, la crítica, las revistas y los periódicos y los otros medios (radio, televisión) podrían darse cuenta de las posibilidades artísticas y literarias que existen aquí en nuestra propia urbe y enfocarlas mucho más.

3) El reconocimiento dentro de la Academia. Es notorio la falta de imaginación que existe dentro del mundo académico. No sólo es que la originalidad crítica sea escasa sino que también hay mucha redundancia: se estudian los mismos textos, autores y lugares (comunes) una y otra vez. Mejor un “nuevo” estudio sobre Amor el los tiempos de cólera que sobre El coronel no tiene que le escriba o El otoño del patriarca; mejor un nuevo análisis de Hasta no verte Jesús mío que uno de Querido Diego, te abraza Quiela, mejor otro estudio sobre Bless Me, Ultima, que uno sobre Cuentos de la Patagonia de Alejandro Ferrer, este último siendo uno de los mejores escritores de nuestra área y que corre el peligro de pasar totalmente desapercibido por la Academia excepto en dos o tres universidades de Chicago. Imagínese cómo reaccionaría la Academia estancada y tradicionalista al estudio de un libro escrito en español por un chileno exiliado durante décadas en Chicago, como es el caso de Ferrer. Pero, ¿por qué no? Es aquí donde yo quiero poner mi grano de arena, y espero sacar pronto una antología de cuentistas titulada Voces en el viento: el cuento desde Chicago, con Grupo Editorial Esperante. Otros profesores, otros especialistas, podrían hacer lo mismo: interesarse en la producción literaria de Chicago. Podrían determinar por su propia cuenta de la calidad literaria de nuestra literatura y no caerse en la trampa de creer que nada realmente bueno u original en el arte podría venir de esta ciudad.

4) El reconocimiento dentro de la “comunidad” de los escritores mismos. Pero hasta algunos de los escritores mismos de Chicago no quieren reconocerse los unos a los otros. Se ha establecido una polémica, mayormente falsa en mi opinión, sobre la cuestión del idioma: ¿cuál debiera ser la lengua de expresión: inglés o español? Es una cuestión estéril, porque si un texto es bueno es bueno, y nadie pide a Milan Kundera que escriba en checo, y que yo sepa, nadie sugiere que Joseph Conrad debiera haber escrito en polaco o Nabakov en ruso. Un escritor auténtico escribe primero lo mejor que puede y luego piensa en el mercado. De modo que la sugerencia de que nuestros escritores que escriben en castellano deban tener en cuenta el idioma de su posible público antes de escribir es totalmente absurda.

Por otra parte, algunos que escriben en español consideran a los que escriben en inglés menos auténticos (¿me atrevo a decir menos latinos?) que los que emplean el español. Otra idea absurda. Y no se olvide que si el texto es realmente valioso, es traducido al otro idioma (véase el caso de la traducción de Elena Poniatowska de The House on Mango Street). Entonces toda la problemática de cuál lengua debiera emplearse me parece de escasa importancia. Y todo el mundo debe apoyar (y criticar honestamente) a todo el mundo, y nada de discriminación en cuanto a la lengua de expresión.

5. El reconocimiento de la necesidad de la crítica (la autocrítca) para elegir entre la buena y la mala literatura. Finalmente, quiero tocar otro tema delicado: la necesidad de más (auto)crítica. Es decir, hace diez años o más casi cualquier cosa escrita en inglés o en español por un escritor latino fue recibida con el mismo entusiasmo por las revistas literarias y por el (pequeño) público en las tertulias y lecturas literarias. Con los años se ha formado un criterio artístico más severo: no se presenta o se publica un texto simple y sencillamente porque el autor o autora es latino/a. Este proceso de maduración crítica es natural y es importante que se imponga más y más.

En conclusión, pido al público, a la Academia, a los medios de comunicación, y a la crítica local y nacional que lean a nuestros escritores y escritoras sin prejuicios. “Post-analysis, not pre-judgement” como pide el crítico chicano Juan Bruce Novoa.

Octubre, 1998.

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