Diske Uno, el artista culichi que dibuja RAÍCES

Rocío Santos Publicado 2017-12-14 11:07:57

Nosotros los huicholes pensamos con el corazón.

“Artistas urbanos habemos pocos. Ya cuando fueron saliendo diseñadores existió el arte urbano. Ahorita ya la gente lo está aceptando, pero antes tú ibas a pedir una barda y te decían simplemente ‘no’. Para ellos era vandalismo y de ahí no los sacabas”, así resume Diske Uno el ámbito del street art en Culiacán, Sinaloa, una ciudad ubicada a más de 3,000 kilómetros de Chicago y cuya población se aproxima a un millón de habitantes. En ese extremo del noroeste caliente es donde arranca el modus vivendi de un plebe que a los diez años encontró en el grafiti un estímulo para su misión artística que lo ha colocado como un exponente importante en la escena mexicana del arte urbano.

Con un bagaje callejero, estudios en diseño gráfico y encuentros con la comunidad wixárika, Diske no quiso “salir a pintar nada más por pintar”. Este morro se dio cuenta que podía provocar la curiosidad a través de un trazo colorido y místico en el lienzo y las paredes. En estos medios la flora, la fauna y el ser humano conviven en armonía. En un principio, Diske no tomaba el arte seriamente porque entre su familia este lenguaje no existía, excepto por algún tío que dibujaba, pero que no se dedicó a ello.

Diske sortea sus memorias y recuerda un episodio que lo acercó a su expresión: “Cuando estaba chiquillo, vivíamos en Sinaloa, recuerdo que en el Mercado Garmendia llegaban los danzantes en Semana Santa a pedir dinero, ¿no? Los pascolas, que vienen siendo los fariseos, traían unas mascaras que daban miedo. Recuerdo que se te ponían a un lado y te pedían dinero. Tons mi apá lo hacía como de aldrede, me daba el dinero a mí para que ellos vieran que yo traía el dinero. Y ellos me bailaban, me bailaban, y yo corría asustado. Tenía entre curiosidad y miedo porque sus máscaras son un poco aterradoras, y el que te estén bailando, que vayan tras de ti bailándote y haciéndote esos movimientos... Entonces cuando empiezo a pintar, pinté un fariseo por el temor que les tenía, y me dije esto es algo hermoso que tenemos como mexicanos y es que hay gente que se va olvidando de las raíces”.

Diske brincó del diseño gráfico al dibujo a los veintitrés años de edad e impulsado por su compañera se animó a pintar su primer personaje: un pájaro. En aquel tiempo supo que tenía un compromiso más grande y se dijo: “Pues yo quiero mostrarle algo a la gente, pero ¿qué les puedo mostrar? ¿Qué me gustaría que conocieran de mí? Me puse a pensar por qué no hablar de mi tierra, de México, de las raíces, de las etnias. Tengo ese gusto por seguir descubriendo más sobre ellos”.

Diske también vivió en Santiago Papasquiaro, Durango, su conexión con las raíces de sus progenitores y sus abuelos, y donde tuvo contacto directo con los tepehuanos y los huicholes. Aquellos encuentros fueron determinantes para la construcción de su universo pictórico que abarca las raíces indígenas de México en tiempos donde la apropiación cultural es el pan de cada día. Diske busca contribuir con “un granito de arena” representando a estas comunidades de una manera respetuosa y activando la curiosidad por conocer y valorar a estas etnias al norte del país.

En el 2016, Diske llegó a Chicago para establecer un puente con su familia radicada en este lado del charco. Ese mismo año se encontró con el barrio de Pilsen, creó vínculos con la comunidad artística Latina y presentó Visiones de la forma interior como parte del paseo del arte Pilsen Open Studios en la galería Olín Studio. A tan sólo un año, Diske regresó a montar su primera exposición individual RAÍCES que arrancó el primero de diciembre en la galería Pilsen Outpost —uno de los rincones más importantes de la ciudad para el descubrimiento de artistas emergentes locales e internacionales. 

En RAÍCES, Diske propone una danza con la Wimakame conectando temas como la espiritualidad y la libertad. Con una colección de trabajos que abarcan el 2016 y 2017, el artista nos invita a un recorrido hacía la mitología huichol a través de pinturas en madera caoba y nogal, serigrafías y figuras de papel maché. Algunas de estas pinturas rinden homenaje a voces invisibles, revelan la belleza de la mujer indígena, su piel oscura, sus cuerpos flotando en absoluta libertad con sus vestimentas tradicionales y coloridas entre flores que transitan rítmicamente. Otra de las pinturas, nos muestra una cara más íntima de Diske Uno, quien inmortalizó a su abuelo en el lienzo, un cuadro donde se le aprecia sosteniendo la cabeza de una venado —una de las figuras sagradas para los wixárikas y que se asocia con la divinidad— flotando entre flores y un peyote, el cactus sagrado que apunta arriba de la cabeza del hombre: “Decidí tomar el venado como máscara porque es un animal sagrado para los huicholes. Cuentan los ancianos que el primer cazador, bueno el primer animal que cazó fue el venado, y en cada gota que iba derramando cuando el cazador lo flechó iba creciendo un peyote. Entonces los huicholes usan el peyote para ceremonias y dicen que donde hay venado hay peyote. Quise integrar el venado como máscara para que los mismos huicholes vean a través de sus ojos, para que sea una guía. Es algo así como la reencarnación del ser humano”.

El arte de Diske Uno unifica la política y el espíritu con la otredad y la reencarnación. “¿Qué puede pasar si existe una reencarnación?” cuestiona Diske. ¿Podríamos renacer en un mundo gobernado y habitado por seres insensibles? ¿Podríamos renacer para mirar al otro y abrazarlo? Observar la obra de este joven detenidamente provoca estos cuestionamientos. Y es que hay algo más profundo que conecta a los espectadores en la apertura de RAÍCES. Algunos no han estado en una galería y ahora observan con atención esos mundos con matices que les revela las tonalidades de sus ancestros, esa otra cara de México que quizá no conocían. 

Diske Uno es el artista culichi que ejemplifica el compromiso y la chispa de una generación sin miedo, que estimula el desarrollo de las artes y la cultura en una ciudad donde se puede morir por crear arte; un enclave que flamea, y no necesariamente por figurar en la nota roja sino por su ebullición de esperanza.

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Rocío Santos. Productora de radio, conductora, podcaster y disc jockey en Vocalo 91.1FM (Chicago Public Media). Los miércoles cede al rock’n’rol como co-presentadora en el programa Rock Sin Anestesia, WLUW 88.7FM. Todos los días escucha un álbum completo, a veces escribe para descubrir y forma parte del Consejo Editorial de El BeiSMan.

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