Emmanuel García: activista queer de voz disidente

Franky Piña Publicado 2016-06-09 09:25:05


Emmanuel García. Foto: cortesía

 

The impossible is always possible.
—Selena

 

Chicago es una ciudad de contrastes. La arquitectura del Lakefront cautiva y la violencia en sus calles apabulla. Sus barrios son el botón de prueba de una ciudad bifurcada entre el norte pudiente y el sur deficiente, entre la adulación del crimen organizado de Al Capone y la prosa cruda de Nelson Algreen. Ciudad segregada, imparcial y carente de equidad. Es la ciudad que sonrió ante el espectáculo de Michael Jordan y lamentó el asesinato de Laquan McDonald. Chicago, ciudad global que niega su historia y le apuesta a la incertidumbre del futuro. Ciudad de mártires y matices. Ciudad crisol donde las antípodas de la pobreza y la riqueza se rosan pero nunca se funden. La visión más frívola maniobra desde el downtown mientras que otra visión menos tibia se desenvuelve en la División Street o habita La Casa en Mango Street. En Chicago, como en cualquier otra ciudad, son los habitantes de a pie los que en verdad llegan a definir su temperamento: “City of the Big Shoulders”. Y aunque el individuo sea una representación infinitesimal del núcleo social, son sus actos quienes surten de luz a una comunidad. En el Chicago de principios del siglo XX, la comunidad y su contexto fueron la materia y la razón de ser de sociólogos de la talla de Jane Adams y Saul Alinsky. En nuestros días, la palabra comunidad se ha ido deslavando. Ha perdido peso. Los políticos y líderes de barrio de tanto pronunciarla la han confinado a la levedad. Sin embargo, hay excepciones que quebrantan las reglas. Desde el margen de una comunidad ya de por sí marginada se comienzan a escuchar voces frescas. Voces articuladas desde el dolor del rechazo, la exclusión y el denuedo. La voz de Emmanuel García es el arquetipo del activista que ha logrado asociar el discurso y el compromiso con el trabajo constante: el trabajo de pico y pala.

García lleva ya más de tres lustros afinando su voz, definiéndola. Hoy en día transmite una voz que reverbera y cuestiona. Es una voz suave y elocuente. Es una voz de activista queer, de activista disidente e invita a la reflexión: “El liderazgo latino es muy complicado. A la política la asocio con la corrupción en todas las esferas e incluyendo nuestra comunidad y ‘nuestros líderes’. En Chicago nunca se sabrá quién compró la silla en la que está sentado tal concejal. La corrupción es generacional. El poder es incestuoso. Los medios no informan con veracidad porque son propiedad de las corporaciones que apoyan a tal político. Tampoco sé si se pueden rescatar las manzanas podridas de la canasta política. Lo que sí creo es que hay esfuerzos legítimos de personas que están conscientes de las necesidades sociales y buscan el cambio. Tenemos el caso del concejal Carlos Rosas, quien representa a una generación nueva de políticos progresistas y está intentando romper con esquemas antiguos de hacer política. Por mi parte, respeto el activismo social porque propone e impulsa una agenda política. El activista cambia la narrativa de lo que se quiere contar. De ahí que necesitamos mayor activismo tradicional y político. Dejemos de poner las responsabilidades solamente en los políticos corruptos. Y como sociedad aceptemos nuestra responsabilidad. Necesitamos involucrarnos y pedir a los políticos rendición de cuentas”. 

Emmanuel García soñó con ser un intérprete musical, una estrella del espectáculo. Sueño inconcluso. Por mientras la vida otra estrella iluminó un camino distinto. Hoy vive comprometido con la comunidad LGBTQ Latinx. Es un activista autodidacta moldeado por los golpes de la vida y el contento de lo gozado. Su visión política es orgánica. Nace de su familia y de la experiencia de haber habitado tantos espacios donde las voces y experiencias de los latinos no se han escuchado. Su labor es doble. Trabaja con la comunidad latina y dentro de ella, con la comunidad LGBTQ. A García siempre le preocupó la otredad, el indocumentado, las chicas trans, la gente de color. En el despertar del milenio, comenzó a frecuentar organizaciones LGBTQ y en no pocas reuniones se preguntó: “¿Por qué no habemos más latinos en la mesa?”

García se graduó de la high school en el 2000. Pertenece a esa generación que sería “el futuro” de Estados Unidos: generación millenial. Nació en 1982, hijo de padres de clase trabajadora. Vivió en el seno de una familia que profesaba la doctrina apostólica. Creció sobreprotegido. Su niñez no es ajena a aquella del filme de Arturo Ripstein, El castillo de la pureza. En casa no tenía televisión, no escuchaba música secular, su círculo de amigos giraba en torno a la congregación Asamblea Apostólica. A pesar de la fe que anidaba en su hogar al crecer comenzó a sentirse diferente. Se asumió diferente. Se sintió diferente. Pero no sabía que sentirse así era algo “malo”. Recuerda: “En un campamento infantil de verano comenzamos a revelar quién nos gustaba y yo mencioné el nombre de un niño. Los demás empezaron a llorar y me dijeron que me iría al infierno. Rápidamente se tomaron de las manos, formaron un círculo y comenzaron a rezar por el gay boy. A mis diez años me di cuenta que no sería aceptado en esa ‘comunidad’”. Intuitivamente la dialéctica se asentó en su imaginario y comenzó a cuestionarlo todo.

Mientras continuaba creciendo no podía ocultar los manierismos, el andado al caminar, la manera de expresarse. Para romper con los señalamientos moralistas en la escuela, tuvo que convencer a sus padres que lo mejor era atender a una escuela pública. En segundo año de high school, logró transferirse a una en Cicero. Y por primera vez se rozó con niños que no profesaban su religión. Pero seguía sin encajar socialmente hasta que un día se paró en Morton East Gay Straight Alliance (MEGASA). Para entonces ya era junior y aún no había aceptado que era gay. No lo había exteriorizado. MEGASA le brindó la oportunidad de salir del clóset. Descubrió que no había nada malo con él; al contrario, había algo mal con sus padres y con la religión. Dejó de asistir al templo. De acuerdo a sus padres, Irma y Joel García, cuando el joven comenzó a aceptarse, comenzó a cambiar pero negativamente. Para Emmanuel era cuestión de aceptación y para que el estigma de ser gay pasara a un plano inferior buscó maneras de rebelarse. Un día se apareció con el cabello teñido de morado. Y su madre le preguntó: “¿te gustan los hombres?” Emmanuel respondió: “no todos”. Para ella fue un insulto y después de haber llorado le preguntó si alguien le había hecho algo. Emmanuel respondió negativamente y la madre musitó: “ojalá y que alguien lo hubiera hecho para que tuvieras una mejor excusa”. Emmanuel comprendió que su madre tendría que aceptar que tenía un hijo gay y trascender ese proceso le correspondía a ella.

Cuando era senior en high school tomó una clase de arte y su maestra fue la primera persona que creyó en su talento. Sus palabras lo empoderaron y quiso ser artista. Se inscribió en Columbia College. Pero no estaba preparado para ir al colegio ni para pedir ayuda. Su familia tampoco estuvo preparada para brindarle ese apoyo. Los García trabajaban tanto que solo querían que consiguiera un trabajo. No pensaban como otros padres inmigrantes que creen que la educación es lo más importante. 

García no terminó el colegio, pero no dejó de formarse. Creció con disciplina autodidacta y tuvo el privilegio de encontrarse a sí mismo. Como ya había adquirido experiencia organizativa en la high school se involucró en el activismo LGBT de la ciudad. En aquel entonces, si andaba con amigos latinos la conversación giraba sobre lo latino y cuando andaba en un ambiente LGBTQ el círculo era predominantemente anglo hasta que conoció a Julio Rodríguez, presidente de la mesa directiva de ALMA. Rodríguez lo invitó a los eventos de la comunidad latina LGBTQ. A punto de cumplir 21, Emmanuel y Tony Alvarado, establecieron una beca para que un joven latino LGBT pudieran continuar sus estudios universitarios. Y con el apoyo de ALMA crearon un Classy Bitch Ball para recaudar los fondos. La comunidad LGBTQ poco a poco fue ganando visibilidad y conquistando espacios a pesar del poco interés que existía por la problemática de este sector. García empezó a escribir para Windy City Times y tiempo después se sumó al equipo de Homofrecuencia en Radio Arte. La vida de García se convirtió en pulsión poética: el pulso sostenido por la pasión de hacer algo “para mi comunidad y en comunidad. Y eso ya nunca cambió”.

 


Reunión de trabajo para crear carteles en La Villita en preparación para la marcha de apoyo a las bodas del mismo sexo en Springfield, Illinois, en octubre de 2015. Foto: cortesía

 

Al cumplir 25 años, García ya había definido su identidad queer y se había consagrado al activismo de la comunidad LGBTQ. No obstante todavía sentía un vacío familiar. El reencuentro con su abuela, Filiberta Trujillo, vino a rescatar su historia familiar y a inyectarle una dimensión política. Comprendió lo que el proceso migratorio hizo con su familia y con las familias de otros inmigrantes, que al desconectarse de su origen se ensancha un vacío cultural. El cordón umbilical es físico y es metafórico: ¿en dónde quedan los recuerdos? ¿En dónde queda la identidad: en los abuelos que permanecen en México o en los hijos que ya nacieron en Estados Unidos? Y ¿los hijos a qué raíz cultural se aferran?

García encontró otro motivo en su vida y desea “escribir la historia de mi abuela porque ella también es mi historia y dice la historia de mi familia. Y dice la historia de muchos inmigrantes. Al averiguar mi historia, comencé a sentirme más completo. Me identifiqué con mis padres y con su historia. Y he llegado a sentir orgullo por mi origen que me transmitió mi abuela”. 

La reconciliación familiar en la familia García ha sido complicada pues no apoyan su identidad de género porque no está en sus creencias ni en sus valores. García sabe que lo aman, pero si su familia pudiera cambiar su identidad de género lo haría. A la vez sabe que su madre lo apoyará cuando se trata de colaborar en eventos. Lo hará sin formular preguntas y “nunca me dará la espalda. Mi ma ha preparado pozole para Queer Prom y para la conferencia Mi Jente, entre otros. Ella sabe quién está comiendo su comida y cocina de corazón. Por una parte, estoy consciente que hay mucho dolor, mucho coraje y una herida muy grande en el mundo. Veo a mucha gente sufriendo y pasándola muy mal. Y por otra parte, otros miembros de la comunidad LGBTQ tienen familiares en la misma situación que yo y esto es una oportunidad para apoyarnos mutuamente. La familia de Tony siempre me ha apoyado y se han convertido en mi segunda familia. Nunca imaginé ser tan afortunado. Ahora tengo la sensación de haber vivido muchas experiencias que la mayor parte de la gente no ha experimentado. Siento que la cantidad de amor que recibo es muy grande e incluye a la señora de la panadería que dice que me vio en la tele o pegando carteles. Son esas cosas pequeñas que me hacen sentir aceptado”. 

En noviembre de 2015, Emmanuel García ingresó al Chicago LGBT Hall of Fame por su trayectoria y compromiso con la comunidad LGBT. García que siempre había trabajado alejado de los reflectores ahora lo enfocaban. El reconocimiento “significa mucho y no significa nada”. No piensa en ello, pero está consciente que provee otra plataforma para seguir realizando el trabajo cotidiano. “Sé que la presea lleva mi nombre, pero no se trata sobre mí y nunca lo ha sido. Esta es una oportunidad más para hablar sobre los temas que afectan a nuestra comunidad LGBTQ”. 

Recientemente, García participó en la organización y la logística de la primera conferencia Mi Jente. Un organismo juvenil latinx que busca crear una plataforma política para ventilar problemáticas y temas concernientes a la población latinx y ejecutar acciones para transformarlas. Asimismo, ha comenzado a servir de vínculo entre la organización Familia Familia Trans Queer Liberation Movement y Mi Jente. “Con Familia seré un enlace localmente porque es importante estar involucrado en trabajo de justicia social. Algo que no es muy característico de la comunidad LGBTQ Latinx. Siento un poco de celos de LA y la costa este por que son muy progresistas, agresivos y radicales en su activismo. Eso no lo tenemos aquí y se echa de menos. Por eso, como comunidad queer en Chicago, veo la necesidad de arremangarnos las camisas y las blusas y realizar más trabajo. Hay la necesidad de politizarnos más. Tenemos líderes increíbles como Tania Unzueta, que es queer, y ha hecho mucho trabajo en torno a inmigración. Pero la visibilidad de la comunidad queer como tal casi no existe. Y quisiera contribuir a cambiarlo”.

Emmanuel García junto a Antonio Elizondo y Joshua Trujillo fundaron Vives Q y este verano será la cuarta vez que durante tres meses se realicen eventos mensuales con la intención de promover un movimiento LGBTQ a través de el arte, la música, la danza, la historia horal y el spoken word. “Vives Q comenzó ante la ausencia de diálogo entre las generaciones LGBTQ y entre la multiplicidad de identidades. Es una manera de concientizar y movilizar políticamente a nuestra comunidad. Me pregunto por ejemplo: ‘¿qué necesidades tiene la comunidad trans? Y ¿cómo podemos reunir todos los recursos para esta comunidad en un solo lugar? ¿Por qué es tan difícil hacerlo? ¿Por qué no estamos trabajando en grupo para lograrlo? Todos sabemos cuáles son las problemáticas. Y si necesitamos una campaña efectiva para visibilizar la comunidad trans, pues hagámosla. Trabajemos en conjunto en soluciones tangibles”. 

La persona que hoy encarna Emmanuel García, su moral y sus valores, ha sido reflexionada. García ha llegado a ser a partir de sus actos y de un cuestionamiento. No es porque sus ideas han tomado forma a partir de lecturas, noticias o algún tipo de adoctrinamiento. Su moral y espiritualidad deviene de su cuestionamiento incesante. No profesa religión alguna y su espiritualidad está ligada a su trabajo. Emmanuel promueve la armonía, el amor, la aceptación y el bien común. Ese es Emmanuel García, una voz que cuestiona, una voz de la comunidad LGBTQ que propone. “Hay muchísima gente haciendo mucho trabajo comunitario y la gente seguirá haciéndolo después de mí partida. Por mi parte, dejaré este planeta con la conciencia tranquila de saber que intenté hacer el bien”.

 


Como coorganizadores de la marcha en Springfield, se organizó a un grupo de jóvenes LGBTQ para ir a apoyar la medida Marriage Equality, 22 de octubre de 2015. Foto: cortesía

∴ 

Franky Piña. Escritor y diseñador gráfico. Ha sido cofundador de varias revistas literarias en Chicago: Fe de erratas, zorros y erizos, Tropel y Contratiempo. Es coautor del libro Rudy Lozano: His Life, His People (1991). Un cuento de Piña fue publicado en la antología Se habla español: Voces latinas en USA (2000) y Voces en el viento: Nuevas ficciones desde Chicago (1999). Fue productor y editor de los siguientes libros de arte: Marcos Raya: Fetishizing the Imaginary (2004), The Art of Gabriel Villa (2007), René Arceo: Between the Instinctive and the Rational (2010), Alfonso Piloto Nieves Ruiz: Sculpture (2014). Es director editorial de El BeiSMan.

 

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